República Centroafricana: sobrevivir a las penurias
12-10-2011 Reportaje
Hace varios años que los enfrentamientos que tienen lugar en la zona sudeste de la República Centroafricana (RCA) obligan a los pobladores a huir de sus hogares. Ewan Watson, delegado del CICR en la RCA, cuenta la historia de Denise, una mujer desplazada que, pese a la difícil situación que soporta, se ha comprometido a ayudar a su comunidad.
En el campamento para personas desplazadas de Agoumar, sentada a la sombra de su choza de paja, Denise lanza un extraordinario desafío, en una voz que llama la atención de los presentes: "¿Quién se atreve a dormir a la intemperie, en el monte, con un embarazo de seis meses?" Las mujeres que la rodean, muchas de ellas vecinas de Denise, parecen retener el aliento mientras escuchan su relato.
Al percibir que ha cautivado a su audiencia, Denise sigue hablando: "Y asegúrense de estar allí durante la estación de las lluvias. Una noche dormimos a la orilla de un río, ¡pero hubo una crecida que casi nos arrastró! Además, allá hay panteras, sin hablar de las boas y las mambas. No hay nada para comer, salvo ñames silvestres y algunas frutas. ¿Podrían sobrevivir a todo eso?"
Desde que se intensificaron los enfrentamientos, 20.000 Personas han huido de sus hogares
Tal vez Denise sea una gran narradora de cuentos, pero ésta es una historia real. El relato del accidentado viaje desde su aldea natal de Mbiro hacia el monte, tras el secuestro de su hermano mayor durante un ataque atribuido al Ejército de Resistencia del Señor, sin duda sonará familiar para muchas personas en la zona sudeste de la RCA. Desde que, en 2009, se intensificaron las hostilidades, han abandonado sus aldeas unas 20.000 personas que, por razones de seguridad, terminaron por refugiarse en ciudades más grandes. La modernidad aún no ha llegado hasta esta vasta y despoblada región situada en pleno centro de África. Aquí, para la mayoría de las personas, los teléfonos móviles no son más que un sueño inalcanzable; las noticias se fragmentan y se mezclan con rumores, alimentando una permanente sensación de temor.
Situado en los límites de la ciudad comercial de Rafaï, el campamento de Agoumar se halla en un terreno del monte que Denise y otros desplazados ocuparon hace poco más de seis meses. El campamento, que alberga a casi la cuarta parte de los 4.000 desplazados que se encuentran en la ciudad, está rodeado de una exuberante vegetación que, si se lo permitieran, sin duda lo invadiría todo. Denise reconoce que empezar desde cero ha sido muy difícil.
"Cuando me fui de mi aldea, dejé atrás mi tierra, mi casa, todos mis bienes. Sólo pude traer algunos utensilios de cocina. Aquí, la tierra pertenece a los residentes, y no podemos cultivarla. Les molestaba compartir su agua potable con nosotros. Esto fue un verdadero problema hasta que el CICR instaló más puntos de suministro. Hacemos todo lo que podemos para sobrevivir. Pero, hasta que las condiciones no sean seguras, no volveremos a nuestro lugar de origen".
Tácticas de supervivencia creativas
En Agoumar, abundan las muestras de la creatividad que la gente pone en juego para sacar el mayor partido posible de una situación difícil. Hélène, una de las vecinas de Denise, fabrica jabón hirviendo y colando ceniza de madera, y vende las barras a 50 francos CFA (menos de 10 centavos de euro). Alrededor del campamento, han aparecido huertos en lugares increíblemente pequeños. Algunas personas en Agoumar hacen trabajos ocasionales y cultivan las tierras de los residentes de Rafaï, a cambio de lo cual suelen recibir alimentos básicos, como hojas de mandioca; sin embargo, éstos son trabajos irregulares, sin garantía de continuidad.
Voluntaria de la Cruz Roja y dirigente comunitaria
Denise se ha comprometido a encarar los problemas que afronta Agoumar y presta un apoyo activo a los esfuerzos de la nueva comunidad por organizarse. Inspirada por el ejemplo de los voluntarios de la Cruz Roja que atendieron a los heridos tras un ataque en la vecina ciudad de Zemio, Denise se unió a la sección local y ahora integra un equipo de voluntarios que ayudan a organizar las distribuciones de alimentos del CICR. Además, es la representante de Madres e Hijos para el campamento de Agoumar, y se encarga de registrar los datos de los niños enfermos para que reciban tratamiento y de plantear cuestiones relacionadas con el bienestar de los pobladores ante las autoridades locales.
Y esas cuestiones no faltan: "La escuela no tiene suficiente espacio para acoger a todos los niños nuevos que han llegado a la ciudad: durante las clases, tienen que estar de pie. En estas condiciones, ¿cómo pueden los niños aprender algo? En el campamento, hay mujeres que no tienen colchones y duermen sobre hojas; eso les trae problemas durante el embarazo. Por donde se mire, hay trabajo que hacer".
Denise también ha asumido nuevas responsabilidades de índole más personal. Mirando a la beba que tiene entre sus brazos, recuerda las dificultades que atravesó mientras se hallaba en el monte: "Había oído historias de mujeres que perdieron el embarazo por vivir a la intemperie de esa manera. Cuando corría por el monte después del secuestro de mi hermano, empecé a sangrar y tuve mucho miedo de perder el bebé. Tuve suerte. No todos son tan afortunados". Hace una pausa para calmar sus emociones. "Pero, de allí salió algo hermoso. Aunque, véanla, parece que va a ser muy pícara, ¿verdad?" Lanza una carcajada, y las mujeres que la rodean ríen con ella.





