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Colombia: la región del bajo Caguán está enferma de olvido

24-08-2011 Reportaje

Esta zona de Caquetá es recordada por los diálogos de paz realizados en el pasado. Hoy, la población que habita las orillas del río del mismo nombre sobrevive en medio del conflicto armado y el abandono. La salud escasea.

El de Jeison fue un dolor paralizante, empezó cuando sintió la mordedura de la culebra. A Jorge le duelen la vejez y los pulmones. Marta tiene un dolor bajito que le pesa en sus cinco meses de embarazo y Gloria*, posiblemente, tenga un cáncer cervical.

Pero este no es su principal problema, todos ellos sufren también la enfermedad del olvido. Viven en los pueblos del bajo Caguán (Peñas Rojas, El Guamo, Santo Domingo y Monserrate), hasta a más de ocho horas en lancha desde Cartagena del Chairá (Caquetá).

Allí, los puestos de salud no tienen dotación ni personal. La gente, la mayoría campesinos humildes, no tiene plata para pagar medicinas y una lancha al hospital más cercano cuesta, en promedio, 120.000 pesos un solo trayecto. ¿Qué hacen los enfermos del Caguán? "Pues tomar hierbas, hacer colecta cuando es muy grave y, casi siempre, resignarnos", cuentan sus habitantes.

Por ahora, el principal acceso a la salud con el que cuentan son las Unidades Móviles de Salud (UMS) que cada cuatro meses realiza el CICR en la zona. Desde hace cuatro años, los médicos del hospital de Cartagena del Chairá dejaron de viajar al bajo y medio Caguán para atender a los enfermos, después de graves infracciones cometidas contra el personal de salud.

Lo ideal, a mediano plazo, es que el equipo médico del hospital vuelva a la zona para brindar atención en salud a esta población; para esto es necesario construir confianza y aceptación, que existan garantías de seguridad y contar con la voluntad de las autoridades departamentales y nacionales.

La situación de las comunidades del bajo Caguán evidencia las dificultades que afronta la población civil que habita en zonas de conflicto armado para acceder a la salud y a otros servicios básicos: lejanía, estigmatización y resistencia del personal médico a ir a las zonas por infracciones contra la misión médica cometidas en el pasado. Esto, sumado a la corrupción y a la falta de liquidez que afecta a todo el sistema de salud nacional.

Los dolores de Jeison

Jeison, de 13 años, se acuerda muy bien del día en que lo mordió la culebra, porque dejó de sentir el brazo izquierdo del dolor. Estaba con su papá, cazando cerca al río, cuando trató de esquivar con la mano una rama y, de repente, lo mordió una "canangucha", una culebra "verde y por debajo amarilla, con tres colmillos".

Como ese día no había médicos, Rubén, su papá, le extrajo el veneno apretando su brazo. Luego lo llevó donde un "señor que reza a los animales" y lo trataron con un remedio tradicional llamado miel de boruga. Días después, Jeison fue a la UMS en Monserrate, el primer pueblo del bajo Caguán bajando por el río desde Cartagena del Chairá, a que le revisaran la herida. Francisco, uno de los médicos, le explicó que tuvo mucha suerte gracias a la reacción rápida de don Rubén.

Sin embargo, la suerte de Jeison no la han tenido otras personas en el bajo Caguán. En Remolinos (poblado que separa al medio del bajo Caguán), un líder comunitario dice que llevan mucho tiempo pidiéndole al Gobierno un bote-ambulancia para mover a los heridos y enfermos: "se nos han muerto pacientes por picaduras de culebras; cuando algo grave sucede nos toca juntar plata y salir corriendo para Cartagena".

Crónicas y respiratorias

El dolor de Jorge, de 77 años, es producido por una "tos que no me deja en el día y menos en la noche. Aparte de eso me pegó una patada una mula, tengo dolor en la cintura, y las vistas me están fallando".

Llegó a la jornada de salud desde la vereda El Convenio, a una hora de distancia del casco urbano de Monserrate, después de no ver a un médico desde hacía un año. Pamela, la médica que lo recibió en el puesto de salud en mal estado, le diagnosticó enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

El caso de Jorge es ejemplo de uno de los tipos de enfermedades que más afectan a las poblaciones en el Caguán: las respiratorias, que por estos meses de invierno la padecen en especial niños y ancianos.

Parto con dolor

Otro de los grandes problemas en materia de salud que acosa al Caguán es el embarazo a temprana edad en mujeres que no acceden a los controles prenatales y que asumen grandes riesgos al tener sus hijos con parteras tradicionales.

Marta tiene 32 años y está esperando a su quinto hijo. "Con mi último hijo me comenzaron los dolores un sábado. La partera apenas alcanzó a llegar y de una el niño nació. Me cortó el cordón con una 'prestobarba' nuevecita y le puso hilo". Según sus cuentas, este hijo que espera nacerá en noviembre y es casi seguro que dará a luz de nuevo con ayuda de la partera.

La de Gloria, de 49 años, es una historia más complicada. Visitó la jornada de salud para recoger los resultados de la citología que le realizaron hace cuatro meses. Las noticias no parecen muy alentadoras. Pamela le explica que debe ir a Florencia porque la citología tiene una anomalía: "nos indica que hay una lesión de alto grado en el cuello uterino".

El CICR le dará dinero para el transporte y para cubrir tres días de viáticos, también le ayudará con la cita médica, pero no podrá apoyarla en el resto del tratamiento. Recibir una noticia de un posible cáncer en la ciudad, con hospitales y médicos disponibles, es difícil, pero recibirla en el Caguán te deja mudo. Pero Gloria, en una muestra de valentía producto de su vida de muchas luchas, solo responde: "uno con llorar no saca nada, hay que tomar las cosas con calma".

Afortunadamente Gloria, como muy pocos pobladores del Caguán, está afiliada al sistema nacional de salud y podrá acceder en Florencia al tratamiento. El dilema será cómo pagar el transporte cada vez que tenga que viajar: seis horas de lancha y tres horas por tierra, para ver al médico. Es que sí, la enfermedad más grave que acosa al Caguán es el olvido, también la distancia. Parece hacer parte de otro país, uno lejano, extraño para los citadinos, ajeno para la mayoría de colombianos.

* Nombre cambiado

 

El CICR desarrollla su labor humanitaria en Colombia con población afectada por el conflicto y otras formas de violencia. Durante 2010 atendió más de 180.000 personas y documentó 768 violaciones al derecho internacional humanitario, como homicidios, amenazas, desapariciones y ocupación de bienes civiles. También registró 35 casos de desplazamiento masivo y atendió a 38.000 personas desplazadas. Otras 700.000 personas se beneficiaron de manera indirecta con su labor, como las poblaciones que pueden aprovechar las obras de infraestructura o la capacitación de líderes comunitarios en primeros auxilios.

Fotos

El principal acceso a la salud que tienen las comunidades del bajo Caguán (Caquetá) son las Unidades Móviles de Salud (UMS) que cada cuatro meses realiza el CICR en la zona. En la imagen, la llegada de las lanchas al pueblo de Monserrate. 

El principal acceso a la salud que tienen las comunidades del bajo Caguán (Caquetá) son las Unidades Móviles de Salud (UMS) que cada cuatro meses realiza el CICR en la zona. En la imagen, la llegada de las lanchas al pueblo de Monserrate.
© CICR / M.C. Rivera

Francisco, uno de los médicos del CICR, revisa a Jeison, el niño mordido por una culebra. 

Francisco, uno de los médicos del CICR, revisa a Jeison, el niño mordido por una culebra.
© CICR / M.C. Rivera

Las jornadas de salud que realiza el CICR, aparte de cubrir las enfermedades crónicas de la población también incluyen la atención  odontológica. 

Las jornadas de salud que realiza el CICR, aparte de cubrir las enfermedades crónicas de la población también incluyen la atención odontológica.
© CICR / M.C. Rivera

Gracias a estas jornadas de salud las mujeres embarazadas reciben sus controles prenatales. En la imagen, un examen de ecografía realizado a una paciente. 

Gracias a estas jornadas de salud las mujeres embarazadas reciben sus controles prenatales. En la imagen, un examen de ecografía realizado a una paciente.
© CICR / M.C. Rivera