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Día Internacional de los Desaparecidos: poner fin al silencio

17-08-2011 Reportaje

Son 50.000 los nombres que figuran en el Registro Nacional de personas desaparecidas de Colombia. Jan Powell, del CICR, se reunió con algunas de las personas que tienen parientes registrados en esas listas para saber qué más puede hacerse en su ayuda.

Sandra

En un suburbio de Bogotá, Sandra vive con Bryan, su hijo de nueve años. En las paredes del pequeño apartamento de Sandra, se exhiben con orgullo los diplomas y las fotografías de su marido, Francisco, con su uniforme del ejército. Bryan está sentado junto a su madre, cuando ella empieza a narrar la historia. No ha visto a su marido desde octubre de 2008. Cinco meses después se le comunicó que había “desaparecido en acción”.

Desde entonces, Sandra no ha tenido información fidedigna sobre lo que le sucedió a su marido. Han circulado muchos rumores, y Sandra se mantiene aferrada a la esperanza de que podría estar con vida, en algún lugar. A medida que pasan los meses, tratar de presionar a las autoridades para que sigan investigando. Pero el tiempo pasa lentamente, y Sandra hace todo lo posible por mantenerse positiva. “Lo que mata es el silencio”, dice llorando.

Julia

En un poblado rural de la provincial norteña de Urabá, otra mujer llora mientras describe sus últimos recuerdos de Luis, su hijo de 19 años. Julia y su marido, Elías, han caminado durante horas en medio de la selva desde su pequeña propiedad para reunirse conmigo. Me muestran la única foto que tienen de su hijo, una pequeña foto de pasaporte con un joven sonriente. Sospechan que Luis se sumó a un grupo armado activo cerca de su propiedad. “Los jóvenes de hoy escuchan a sus amigos, no a sus padres”, dice la pareja.

Nueve meses después de que Luis desapareciera, Julia y su marido supieron que su hijo había resultado muerto en un enfrentamiento con el ejército. No han tenido pruebas de su deceso y con desesperación necesitan saber qué le sucedió. “Si realmente está muerto, quiero enterrar su cuerpo y llevarle flores a la tumba”, dice Julia, entre lágrimas.

Dos mujeres, una historia

Julia y Sandra viven a cientos de kilómetros de distancia, pero tienen una historia en común. Se cuentan entre las miles de familias colombianas que atraviesan la agonía de desconocer el paradero de un cónyuge, hijo o padre. Sin una prueba de la muerte o un cuerpo para velar y sepultar, muchas familias se aferran a la esperanza de que su pariente podría estar con vida en algún lugar.

Ahora hay cerca de 50.000 nombres ingresados en el Registro Nacional de Desaparecidos de Colombia. Esas personas desaparecieron durante las décadas de conflicto que ha vivido el país. Hace poco se han descubierto varias fosas clandestinas, por lo que ha aumentado el número de cuerpos que nadie ha reclamado y que aún no han sido identificados. Cada semana se descubren más cadáveres; cada uno corresponde a alguna familia que, en algún lugar, espera recibir noticias.

La recuperación, la identificación y la entrega de los restos a las familias es un reto enorme para las autoridades. Colombia es uno de los pocos países que se esfuerza por investigar casos de personas desaparecidas mientras sigue librándose el conflicto. Además de los combatientes muertos en los enfrentamientos pero cuyo paradero no ha podido establecerse, en Colombia se recurrió a las desapariciones forzadas a gran escala. Numerosos civiles y combatientes enemigos capturados fueron asesinados y luego “desaparecidos”, luego de ser cortados en pedazos, enterrados en fosas clandestinas o arrojados al río, a fin de sembrar el terror de sus parientes y amigos. Guilhem Ravier, experto del CICR en materia de personas desaparecidas en Colombia, reconoce que ello exacerba las dificultades. “No caben dudas de que muchas familias tienen demasiado miedo como para declarar la desaparición”, dice Guilhem. ”Las cifras sin duda son mucho más altas que las de las listas oficiales.”

Voluntad de ayudar

Para muchas familias, la búsqueda terminará en el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia, con sede en Bogotá, adonde son trasladados los restos de los cuerpos para su identificación. En la planta baja del edificio, las familias completan ansiosas una gran cantidad de documentación y solicitan información. En los pisos de arriba, los equipos de expertos realizan numerosos exámenes, como el de ADN, y analizan restos óseos y retazos de vestimenta. Existe una verdadera voluntad de responder a los miles de pedidos de identificación, pero la magnitud de la tarea parece abrumadora. “Cada vez más personas denuncian la pérdida de un familiar, y cada vez se recuperan más cuerpos. Podríamos trabajar las 24 horas del día”, dice el doctor Carlos Eduardo Valdés Moreno, director del Instituto.

Guilhem cree que se podrían facilitar los trámites que deben realizar los familiares. “El proceso de identificación es largo y complejo”, explica. “Es como un laberinto. El lenguaje es burocrático y difícil de comprender; pueden pasar meses sin recibir información.”

El CICR trabaja con las familias necesitadas, las ayuda a atravesar ese complejo proceso. Además, trabaja con instituciones estatales, como el Instituto Forense, para ayudarles a mejorar su respuesta. Pero Guilhem está convencido de que se puede hacer más para ayudar a los familiares. “Necesitan recibir información con regularidad, en términos que puedan comprender, que se les explique por qué el proceso lleva tiempo, cuáles son las dificultades, qué expectativas pueden tener. Deben ser tratados como adultos y necesitan apoyo para superar la angustia.”

El día después de mi visita, Julia y Elías son invitados a la morgue. Tras meses de incertidumbre, se les muestra una fotografía del cuerpo de un joven. Elías está convencido de que es su hijo, Luis. El paso siguiente será un examen de ADN formal. Tendrán que esperar entre tres y seis meses más. Pero tal vez a Julia se le cumpla su deseo: sepultar el cuerpo de su hijo y llorar su pérdida.


Fotos

Bogotá, Colombia. El marido de Sandra, Francisco, es oficial del ejército. Lo vio por última vez en octubre de 2008, cinco meses antes de que desapareciera. En esta fotografía, Sandra conversa con Guilhem Ravier, experto del CICR en material de personas desaparecidas en Colombia.  

Bogotá, Colombia. El marido de Sandra, Francisco, es oficial del ejército. Lo vio por última vez en octubre de 2008, cinco meses antes de que desapareciera. En esta fotografía, Sandra conversa con Guilhem Ravier, experto del CICR en material de personas desaparecidas en Colombia.
© CICR / J. Powell

Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Bogotá, Colombia. Un especialista examina y registra restos óseos. Es una etapa fundamental del proceso de identificación. 

Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Bogotá, Colombia. Un especialista examina y registra restos óseos. Es una etapa fundamental del proceso de identificación.
© CICR / J. Powell