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India: renacer lentamente de las cenizas - Comunidades desplazadas luchan por reconstruir su hogar y sus vidas

18-02-2011 Reportaje

Para dos comunidades de los estados de Assam y Meghalaya, en el nordeste de la India, la vida cambió dramáticamente cuando estalló la violencia, y sus casas y pertenencias quedaron reducidas a cenizas. La Cruz Roja de la India y el CICR están ayudando a las familias a reconstruir sus hogares, pero el desafío es grande.

     
©CICR/ D. Etter / v-p-in-e-00072 
   
Mujer de la comunidad de Garo espera para recibir ayuda de la Cruz Roja en su campamento. 
               
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Mujeres desplazadas de la comunidad de Rabha esperan para recibir ayuda de la Cruz Roja en una escuela. 
               
©CICR/ D. Etter / v-p-in-e-00072 
   
Distrito de Goalpara, en el estado de Assam, India. Hombres de la comunidad de Garo llevan artículos domésticos entregados por la Cruz Roja. 
               
©CICR/ D. Etter / v-p-in-e-00072 
   
Distrito de Goalpara, en el estado de Assam, India. Familia desplazada de la comunidad de Garo desempaca los artículos domésticos distribuidos por la Cruz Roja en un campamento. 
           

Al ver a un voluntario de la Cruz Roja, Wellington Marak, de 52 años, rompe en lágrimas. Marak, que lleva vestimenta liviana y zapatos grises polvorientos un poco gastados, se seca el sudor con la manga de la camisa blanca y explica: “Nunca me imaginé que mi vida cambiaría así. Hace unos días, yo era un miembro respetable de mi comunidad. Hoy no tengo nada y tengo que dormir en el piso”. Su esposa Jun Jun Marak lo observa angustiada y, discretamente, se seca una lágrima de la mejilla.

     

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Hasta que se produjo el desastre, Marak era un empresario exitoso; vendía nueces de areca y otros productos agrícolas que cultivaba en su propiedad. Pero sus plantaciones quedaron muy dañadas, y su casa fue incendiada por miembros de una comunidad rival. “He perdido todo lo que tenía”, dice Marak, temblando. “Mi casa, las plantaciones y el ganado. Todo quedó reducido a cenizas en cuestión de horas.”

Estallido de violencia  

En la noche del 5 de enero de 2011, se produjeron enfrentamientos y hechos de violencia entre las c omunidades de Garo y Rabha en los estados de Assam y Meghalaya, en el nordeste de India. Doce personas, por lo menos, resultaron muertas. En total, unas 50.000 personas debieron huir de sus hogares en medio de la noche y tuvieron que abandonar todas sus pertenencias.

Muchas encontraron refugio y seguridad en las aldeas vecinas. Se alojaron en edificios públicos o escuelas, otras decidieron instalaron campamentos improvisados, donde la falta de infraestructura y las precarias condiciones de higiene hacen la vida muy difícil.

En respuesta a las dificultades causadas por la violencia, las filiales de Assam y Meghalaya de la Cruz Roja de la India comenzaron a distribuir artículos de urgencia suministrados por el CICR. Entregaron utensilios de cocina, mantas, baldes, bidones, placas de plástico, jabón y detergente para lavar. Los voluntarios locales de la Cruz Roja también dieron apoyo psicosocial a las personas más afectadas para ayudarles a superar el trauma.

Algunas personas regresaron a ver sus casas incendiadas con miembros de los equipos de la Cruz Roja, pues temen ser atacadas nuevamente si regresan a sus hogares. Mariam Rabha, al ver su casa por primera vez en un mes, muestra algunas de sus pertenencias arruinadas, como un telar para confeccionar ropa, muebles y chapas del techo. Todavía puede sentirse el olor a quemado. “Nadie nos ayuda a regresar a nuestras aldeas y reconstruir nuestras casas. Tenemos miedo de que nos vuelvan a atacar”, observa Mariam, mientras saca de los escombros los restos de un juguete de su hijo, triste prueba para mostrar a su familia y sus vecinos del campamento.

 Vida escolar interrumpida  

Varias de las personas que huyeron de la violencia son maestros, que tuvieron que abandonar sus trabajos y sus alumnos. Par a los niños desplazados, la vida escolar todavía no ha comenzado, aunque algunos de ellos viven en un campamento instalado en el edificio de una escuela. Los niños de las comunidades que alojan a las familias desplazadas también han sido afectados por las tensiones civiles, ya que sus escuelas han sido ocupadas por las personas necesitadas.

Cuando los voluntarios de la Cruz Roja llegaron al campamento de Nirbari Major Vernacular School , cerca de la aldea de Kukarkatta, más de 280 familias estaban apiñadas en el mismo recinto. Las familias preparaban la comida juntas en una cocina comunitaria improvisada. Las autoridades locales les dieron retretes temporarios, bombas manuales para extraer agua y raciones de alimentos básicos.

 Tiempos difíciles  

 Más de un mes después de la violencia entre comunidades, la tensión sigue siendo alta en los campamentos, aun cuando están ubicados en pintorescos campos verde con cocoteros y plantas de nueces de areca. La seguridad es una preocupación permanente para la mayoría de los aldeanos. Mientras las mujeres y los niños se quedan en los campamentos, muchos de los hombres regresan a sus aldeas para ver sus propiedades y para cuidar de los sembrados abandonados y de los animales.

Si bien las distribuciones de artículos de socorro ahora han terminado, la Cruz Roja seguirá trabajando con las comunidades afectadas y prestará apoyo a las personas más vulnerables. El CICR, junto con voluntarios de las filiales de Assam de la Cruz Roja, continuará respondiendo a las necesidades de esas comunidades, verificando sus condiciones de vida y llevando adelante proyectos para ayudar a las personas a reconst ruir sus vidas de la mejor manera posible.

Sin embargo, el desafío es grande, ya que los campamentos están desperdigados en un área de 70 kilómetros cuadrados. En total, unas 2.000 familias desplazadas necesitan ayuda para reconstruir sus hogares y recuperar sus medios de sustento, así como para reemplazar sus preciadas pertenencias.