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Sudán: una hija secuestrada regresa al hogar

27-04-2011 Reportaje

En 2008, al llegar a su casa, el agricultor de subsistencia Lucas Takido Kuma se encontró con que Jacqueline, su hija menor, había sido secuestrada por un grupo armado que recorría la zona de la frontera entre la República Democrática del Congo y Sudán meridional. Hoy, Jacqueline se ha reencontrado con su padre gracias a la intervención del CICR, que la localizó en la RDC y organizó su traslado.

     
©CICR / I. Edelstein / sd-e-02468 
   
Yambio, Sudán meridional. Lucas se ha reencontrado con Jacqueline, su hija menor. 
               
©CICR / I. Edelstein 
   
Aldea cerca de Yambio, Sudán meridional. Lucas y Dido, voluntario de búsqueda de la Media Luna Roja Sudanesa. 
               
©CICR / I. Edelstein 
Aldea cerca de Yambio, Sudán meridional. Lucas y otros habitantes de la aldea celebran el regreso de Jacqueline. 
           

Lucas Takido Kuma, de 38 años, entra en su casa de barro y vuelve con una pequeña bolsa de plástico, que contiene un vestido azul, una camiseta y un par de sandalias de taco bajo, los únicos recuerdos que le quedan de su hija ausente, Jacqueline. Ella desapareció tres años atrás, cuando unos hombres armados llegaron a su aldea, situada en las afueras de Yambio, en Ecuatoria Occidental, y secuestraron a su hija menor.

" Todos los niños de la aldea huyeron al monte. Los hombres de la aldea organizaron un grupo de búsqueda. Más tarde, los otros niños salieron de sus escondites y regresaron a sus casas. Pero Jacqueline nunca volvió " , dice Lucas en voz baja.

Las comunidades de las ciudades y aldeas cercanas a la frontera entre Sudán meridional y la República Democrática del Congo (RDC) viven con miedo a los ataques. Los grupos armados saquean, roban y raptan niños, incorporándolos a sus filas por la fuerza. Lucas y su hija mayor, Aganes, pensaron que jamás volverían a ver a Jacqueline. Aganes fue la última persona en verla con vida.

" Estábamos en casa haciendo la comida. Eran las seis de la tarde cuando los hombres nos atacaron, blandiendo sus armas. Todos gritaban y huían. Yo miré para atrás y vi que Jacqueline tropezaba. En seguida la atraparon y se la llevaron al bosque. Me sentí absolutamente impotente " , dice.

  Buenas noticias  

En noviembre de 2010, Dido Lafoklio Bage, voluntario de búsqueda de la Media Luna Roja Sudanesa, trajo noticias inesperadas. Jacqueline había escapado de sus captores y estaba sana y salva en la ciudad de Dungo , en la República Democrática del Congo. Había informado a la Cruz Roja de la RDC el nombre de sus padres y de su aldea. Un día después de recibir la información, Dido ya había localizado a Lucas y su esposa Mbusa.

Refugiado de la República Democrática del Congo, Dido conoce el dolor de la separación. " Ayudar a los familiares a reencontrarse " , dice Dido, " es el mejor trabajo del mundo "

Dido trajo consigo un mensaje de Cruz Roja donde Jacqueline expresa cuán agradecida está por haber salvado la vida. Lucas leyó el mensaje tantas veces que el papel ya está rasgado y roto.

Por desgracia, su alegría está teñida de tristeza. Hace dos semanas, falleció su esposa. En 24 horas, sucumbió horas a un ataque de malaria, una enfermedad muy común en Sudán meridional. La comunidad se solidarizó con Lucas y erigió una gran lápida de cemento sobre su tumba, en un claro del bosque, cerca de la aldea. 

  Regreso lleno de emociones  

Como la familia está de duelo, los preparativos para el regreso de Jacqueline son discretos. Con su vestimenta blanca de luto, Lucas aguarda nerviosamente con Aganes, junto a la pequeña pista de aterrizaje de Yambio, la llegada del avión del CICR que regresa de la RDC con su hija.

Cuando Jacqueline baja del avión, Lucas y Aganes lanzan exclamaciones de alegría, corren hasta ella y la abrazan. La familia solloza mientras Lucas aprieta a su hija contra el pecho, deseando no soltarla nunca más. 

Con tantos niños secuestrados en la región que nunca regresan, Lucas creyó que jamás volvería a ver a su hija. Durante sus tres años de ausencia, Jacqueline dejó de ser la niña que era y se transformó en una mujer de 15 años. Parece aturdida e incapaz de comprender que las penurias que sufrió a manos de sus despiadados captores han llegado a su fin.

" Nunca perdí la esperanza de volver a ver a mi familia " , dice. " Ahora, sólo quiero volver a la escuela y empezar a estudiar otra vez " .

En la aldea, todos están emocionados. Jacqueline sonríe por primera vez, al ver a sus amigos. Éstos la levantan y la llevan en andas a su casa. Los habitantes de la aldea empiezan a cantar y bailar cuando Lucas pone la mano sobre la cabeza de Jacqueline y da las gracias por su regreso.

Jacqueline sufrió mucho durante sus años de cautiverio, y todavía no sabe que su madre ha muerto.