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Israel y los territorios ocupados: familiares de detenidos palestinos, entre la esperanza y el temor

25-05-2012 Reportaje

Miles de familias palestinas que viven en Cisjordania tienen parientes recluidos en lugares de detención israelíes. Es difícil mantener el contacto directo entre los detenidos y sus familiares, y esta situación es motivo de sufrimientos y problemas para los miembros de las familias. Las autoridades israelíes suspendieron las visitas de familiares durante la reciente huelga de hambre emprendida por los detenidos palestinos entre marzo y mayo de 2012, lo que causó intensa ansiedad y preocupación tanto a los detenidos como a sus familiares.

Durante los últimos 45 años, el CICR ha facilitado las visitas de familiares para los detenidos recluidos en lugares de detención israelíes. La Institución tramita los permisos de visita para los familiares y les proporciona los medios para viajar hasta los lugares de detención.

Nazmieh

“Wafi, mi esposo, ha pasado varios años en detención administrativa, pero nunca se nos informó la razón. Quisiera que lo procesaran, para saber de qué se trata”, dice Nazmieh. Desde la detención de su marido, Nazmieh ha cumplido el papel de madre y padre de sus seis hijos. Su único hijo varón, Oussama, de 21 años, recientemente ha asumido más responsabilidades en el hogar.

Visita a Wafi

Nazmieh y dos de sus hijas son los únicos familiares autorizados a visitar a Wafi en la cárcel. Esta mañana a las 7:00, abordaron el autobús junto con otros 150 palestinos que viajaban para visitar a familiares recluidos en lugares de detención israelíes.

Tras atravesar rigurosos controles de seguridad y varias horas de camino, finalmente pueden ver a Wafi detrás de una barrera de vidrio y hablarle por teléfono. La visita dura 45 minutos. "Cada vez que mis hijas ven a su padre en la cárcel, lloran. Todas las visitas son muy difíciles desde el punto de vista psicológico", dice Nazmieh.

Puesto de control de Jalameh

Younis Daragmeh, colaborador del CICR, ayuda a Nazmieh, a Bisan (de 16 años) y a Ansam (10) en el puesto de control de Jalameh, situado entre Cisjordania e Israel. Todos los meses, el CICR ayuda a 9.500 personas a visitar a sus familiares detenidos en lugares de detención israelíes.

A muchos familiares se les deniega la autorización de visita por motivos de seguridad. Los hombres de 16 a 35 años de edad sólo pueden visitar a sus familiares una o dos veces al año.

Regreso de la visita

Nazmieh ha regresado de la visita a su esposo. Sonriendo, nos dice que él se encuentra bien y que estaba feliz de verla a ella y a sus hijas.

Durante esas breves visitas, Nazmieh le lleva noticias de sus otros hijos, que no tienen permiso para visitarlo. Tiene tres hijas en edad de casarse y no sabe qué hacer al respecto. "Necesito que mi marido esté con nosotros para decidir".

Yafa y su madre Abir

El padre de Yafa, de 7 años, llevó adelante una huelga de hambre de casi un mes de duración, junto con otros 1.600 palestinos detenidos. Abir, su madre, y una de sus hermanas tienen prohibido visitarlo.
La vida normal de la familia quedó suspendida durante la huelga de hambre. "Fumaba medio paquete de cigarrillos más de lo normal, veía las noticias en la televisión toda la noche y no podía comer", dice Abir.

La última vez que Yafa vio a su padre, en marzo de 2012, pudo abrazarlo, cosa que, en general, no está permitida. Durante la huelga de hambre, el CICR visitaba a su padre en la cárcel y mantenía informada a la familia con respecto a su estado.

Misme, Asma y Hasha

Misme, Asma (centro) y Hasha se reunieron en la ciudad de Jenin, Cisjordania, para celebrar el fin de la huelga de hambre. Hace diez años, el esposo de Asma fue condenado a prisión perpetua. Desde entonces, Asma no ha podido verlo. “Espero que el final de la huelga de hambre signifique, al menos, que mi esposo pueda salir del régimen de aislamiento”.

Para Asma, la detención es un tema cotidiano; casi todos sus familiares han estado detenidos en algún momento. En 2002, Asma, su esposo y su hijo mayor  estaban detenidos simultáneamente. "En ese momento, nuestros otros hijos eran todos menores de edad y el más pequeño de todos tenía siete años. Fue muy angustiante. Yo pensaba en mis hijos todo el tiempo".

Huda y su nieta Iman

El campamento de Balata, en la ciudad de Nablus, es el campamento de refugiados más grande en Cisjordania. Huda sostiene una foto de su hijo detenido, el padre de Iman (de 8 años), a quien acaban de visitar.

Los viajes de ida y de vuelta, más la visita en sí, le llevan 12 horas. “Después de cada visita, estoy tan agotada que tengo que permanecer en cama tres o cuatro días. Es duro también para Iman, porque tiene problemas cardíacos. Una vez, se desmayó en el puesto de control", dice Huda.

Huda tiene nueve hijos. Durante la primera Intifada, todos fueron detenidos simultáneamente. "Estaba desesperada. Lloraba tanto que ya no podía ver con claridad. Pasaba todo el tiempo visitando a mis hijos en los diferentes lugares de detención".

Sanaa

Desde 1998, el período más largo que el esposo de Sanaa ha pasado en su hogar fue de nueve meses. Todo el resto del tiempo, ha estado detenido. Sanaa espera con impaciencia saber si su marido será liberado o si se le renovará la detención administrativa. "Vivo constantemente entre el temor y la esperanza. Debo estar mentalmente preparada por si no regresa". La incertidumbre echa una sombra de temor y estrés sobre toda la familia.

Sanaa trata de aliviarse hablando con otras personas que se encuentran en la misma situación. "Dice un proverbio árabe que, al ver los sufrimientos de los otros, los propios parecen más pequeños".


Fotos

Nazmieh con su hijo Oussama. 

Nazmieh con su hijo Oussama.
© CICR/Andrea & Magda / il-e-02550

Nazmieh junto a una de sus hijas, rumbo al centro de detención para visitar a Wafi. 

Nazmieh junto a una de sus hijas, rumbo al centro de detención para visitar a Wafi.
© CICR/Andrea & Magda / il-e-02549

Nazmieh y sus hijas en el puesto de control de Jalameh. 

Nazmieh y sus hijas en el puesto de control de Jalameh.
© CICR/Andrea & Magda / il-e-02546

Nazmieh regresa, sonriente, de la visita a su esposo. 

Nazmieh regresa, sonriente, de la visita a su esposo.
© CICR/Andrea & Magda / il-e-02545

Yafa sostiene una foto de su padre, quien se encuentra detenido. 

Yafa sostiene una foto de su padre, quien se encuentra detenido.
© CICR/Andrea & Magda / il-e-02543

Misme, Asma (centro) y Hasha, con fotografías de sus parientes detenidos. 

Misme, Asma (centro) y Hasha, con fotografías de sus parientes detenidos.
© CICR/Andrea & Magda / il-e-02547

Huda sostiene una foto de su hijo detenido, el padre de Iman (de 8 años), a quien acaban de visitar. 

Huda sostiene una foto de su hijo detenido, el padre de Iman (de 8 años), a quien acaban de visitar.
© CICR/Andrea & Magda / il-e-02548

Sanaa espera con impaciencia saber si su marido será liberado o si se le renovará la detención administrativa. 

Sanaa espera con impaciencia saber si su marido será liberado o si se le renovará la detención administrativa.
© CICR/Andrea & Magda / il-e-02544