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No hay civiles "malos" o "buenos" en Siria: debemos socorrer a todos los que necesitan ayuda

05-03-2013 por Pierre Krähenbühl, director de Actividades Operacionales del CICR

La Cruz Roja realiza actividades en ambos lados de las líneas del frente dentro de Siria; no todas las personas que necesitan asistencia se encuentran cerca de alguna de las fronteras o están en condiciones de salir del país.

Artículo publicado por el periódico "The Guardian" el 3 de marzo de 2013, cuya traducción reproducimos aquí con su amable autorización.

 

Mucho se ha debatido a lo largo de las últimas semanas acerca de la supuesta incapacidad de las organizaciones internacionales de ayuda de llegar hasta las personas que necesitan asistencia en las partes de Siria que están bajo control de la oposición. Es saludable y atinado examinar críticamente la respuesta humanitaria ante cualquier conflicto armado, a fin de determinar si las actividades se conducen respetando determinados principios.

Pero las críticas emitidas por algunas organizaciones de ayuda y grupos de activistas han sido más severas y han sostenido que el esfuerzo humanitario se ha caracterizado por un marcado desequilibrio. Algunos Gobiernos han sugerido que la única manera de asistir a los millones de personas que se encuentran en las zonas controladas por la oposición es llevar la ayuda a desde los países vecinos, incluso sin el consentimiento de las autoridades sirias.

Sin embargo, cabe señalar varios conceptos erróneos en ese razonamiento. En primer lugar, la noción de que no llega ningún tipo de ayuda a las zonas controladas por la oposición. Algunas fuentes han calculado que el porcentaje de ayuda que llega a esas zonas se ubica entre el 1 y el 15 por ciento del total de la ayuda entregada. Como suele suceder con las cifras en las guerras, quienes las formulan no tienen medios de respaldarlas. Pero quedan grabadas en la opinión y los debates públicos.

En segundo lugar, si bien la mayoría de los observadores desean ver claras líneas divisorias entre las zonas controladas por el Gobierno y las zonas controladas por la oposición, la realidad en Siria se muestra mucho menos nítida y mucho más compleja: combates en las calles, zonas tomadas por una parte y luego por la otra, líneas del frente que dividen zonas urbanas o las rodean para aislar a poblaciones sitiadas.

Estamos totalmente de acuerdo con que se necesita más asistencia para abordar el inmenso sufrimiento que se vive en general en Siria y, sin duda, el que viven los civiles en las zonas controladas por la oposición. En el Comité Internacional de la Cruz Roja nos esforzamos todos los días por prestar esa ayuda, a veces lo logramos, a veces no. Las limitaciones son muchas. Por los controles excesivos a los organismos de ayuda que trabajan en el país, la fragmentación de la oposición armada y la intensidad de los enfrentamientos militares, el entorno se ha vuelto sumamente volátil e inseguro.

Pero no creemos que las operaciones transfronterizas sean la única respuesta a las necesidades de la población. Muchos de los que sufren no viven en las zonas de frontera; se encuentran en el interior de Siria, en entornos urbanos a los que es muy difícil llegar desde las zonas controladas por la oposición y abastecidas desde afuera. Esto explica por qué hemos elegido montar una operación desde el interior de Siria. Las operaciones de socorro realizadas a ambos lados de las líneas del frente, y no desde las fronteras, son cruciales para prestar ayuda a las personas que más la necesitan.

Junto con los voluntarios de la Media Luna Roja Árabe Siria, hemos podido entregar alimentos y artículos domésticos que se necesitaban con suma urgencia en varias zonas controladas por la oposición —la distribución más reciente la realizamos en Hula, en la provincia de Homs— negociando para cruzar las líneas del frente. Los voluntarios de la Media Luna Roja Árabe Siria también han podido llegar hasta las personas necesitadas en Mambej, Azaz y Atmeh. La asistencia llega a muchas más personas, en ambos lados del conflicto, de las que se puede identificar (la instalación de un generador de refuerzo en la estación de bombeo de la ciudad de Homs ha permitido abastecer de agua potable a más de 800.000 personas, incluso en zonas controladas por la oposición). Y en Aleppo, si bien nuestros equipos no pueden estar presentes debido a los continuos enfrentamientos, trabajamos a través de contratistas privados para refaccionar las bombas de agua e instalar generadores, así como para mejorar las instalaciones sanitarias y las cocinas en los centros donde se alojan personas desplazadas.

Sin embargo, estos argumentos no convencen a quienes insisten en distinguir entre "civiles buenos" y "civiles malos" en función de dónde éstos se encuentren. Cuando se lanza un ataque contra un poblado de 10.000 habitantes y mujeres y niños tienen unos pocos minutos para tomar algunas pertenencias y huir, lo que éstos hacen es ir adonde los lleve la ruta más segura, sin importar quién controla cada zona. La mayoría de las veces la decisión no se toma por motivos políticos, sino por una mera cuestión de supervivencia. Adonde sea que lleguen, tienen derecho a recibir asistencia.

Cuando la respuesta política a una crisis es inadecuada, resulta tentador apoyar una acción humanitaria intervencionista. En Siria, el relato ahora dice que la distribución de ayuda se considera imparcial si llega a la zona que uno apoya.

Se nos ha calificado de ingenuos por creer que es posible dar una respuesta humanitaria verdaderamente imparcial desde el interior de Siria. Somos conscientes de los retos, pero siempre hemos preferido los dilemas que conlleva el hecho de estar presentes y trabajar con denuedo para llegar hasta las personas que necesitan ayuda en todas partes.

En lo esencial, la realidad del conflicto en Siria indica que sólo la acción política contribuirá a resolverlo y a preservar la vida de cientos de miles de personas que siguen en situación de riesgo. La politización de la ayuda no es la respuesta y no significará ninguna mejora para millones de hombres, mujeres y niños cuyas vidas quedarán desgarradas ante la mirada del resto del mundo.