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Yemen: historia de Itidal

07-03-2013 Reportaje

Para las mujeres detenidas en Yemen, es vital contar con alguien a quien expresarle lo que sienten y que les traiga noticias del mundo exterior. A esa tarea se ha dedicado durante años Itidal Abdul Nasser, voluntaria de la Media Luna Roja de Yemen. Jessica Barry, del CICR, escuchó su historia.

En una tierra donde la indulgencia no es moneda corriente, los sentimientos de humanidad y compasión siguen inspirando a muchas personas. Itidal Abdul Nasser, asistente médica, recuerda que fueron esos valores los que sus mayores le inculcaron desde pequeña.

“Hay valores por los que he tratado de guiarme a lo largo de mi vida", dice esta abuela, de 55 años de edad, que también es voluntaria de larga data de la Media Luna Roja de Yemen.

Originarios de Aden, en la que entonces era la República Democrática Popular de Yemen, Itidal, su marido y sus tres pequeños hijos huyeron cuando hombres armados ingresaron en el hospital donde ella trabajaba, tomaron cautivo al personal y lo mantuvieron incomunicado y recluido por varios días. Fue en 1986, durante un conflicto violento que se prolongó durante un mes y que dejó como saldo miles de heridos y decenas de miles de personas obligadas a abandonar sus hogares. "Allí nuestras vidas corrían peligro; pensé en mis hijos", recuerda. "Dejamos todo lo que teníamos, nuestra casa, nuestras pertenencias, todo. Tuvimos que caminar quince días por las montañas hasta encontrar un lugar seguro."

Hoy, 27 años después, Itidal vive en Saná, la capital de Yemen. Trabaja para el Ministerio de Salud, brinda cursos de capacitación vocacional y de formación en primeros auxilios. Sigue siendo una fiel voluntaria de la Media Luna Roja.

“No es fácil ser voluntaria, pero lo llevo en la sangre", confiesa.

Entre 2001 y 2012, el CICR prestó apoyo a un programa de capacitación vocacional para detenidas, en cuyo marco se les enseña a leer y a escribir y técnicas de bordado, entre otras competencias. Itidal supervisó la conducción del programa en calidad de voluntaria de la Media Luna Roja de Yemen. Además, entregó a las detenidas mensajes de sus familiares, escuchó sus problemas y organizó la prestación de apoyo psicológico para las detenidas que corrían el riesgo de cometer suicidio. También enseñó primeros auxilios al personal penitenciario.

“Hay muchos motivos por los que una mujer puede ser condenada a prisión", explica. "Puede tratarse de robo u homicidio, pero en general el motivo que justifica las acciones de las mujeres es la pobreza, el hecho de proceder de un hogar desintegrado o alguna otra causa. Pero es difícil que alguien de afuera lo entienda. Muy lentamente, hablando con las personas a lo largo de los años, he logrado sensibilizarlas acerca de estas cuestiones."

Además de la cárcel central, Saná tiene un centro de deportación donde se aloja a migrantes detenidos (hombres y mujeres) antes de deportarlos a sus países de origen. El personal del CICR, incluido un médico, visita el lugar con regularidad, brinda asesoramiento médico, entrega alimentos y artículos de aseo para los reclusos. Itidal cumple un papel clave como voluntaria: organiza y supervisa la distribución de la ayuda. Además, en este lugar conoció a Shirin Hanafieh, delegada del CICR a cargo del programa de apoyo a los migrantes. Desde entonces trabajan en forma conjunta.

Al verlas sentadas una al lado de la otra para esta entrevista, al escuchar a Shirin traducir los testimonios de Itidal, la empatía entre ellas se hace evidente. En un momento, Itidal se detuvo, sobrecogida por la emoción. "Esto me lleva a veinte años atrás", dice, mientras Shirin la abraza.

En la casa de Itidal en Saná, dos cuartos están vacíos para recibir a detenidas que no tengan adónde ir al ser liberadas de la cárcel. "Yo lo llamo mi centro de tránsito", bromea. A veces, presta uno de los cuartos durante unos meses a alguna joven mientras busca trabajo e intenta reinsertarse en la sociedad.

Sin embargo, esa dedicación a los demás no es gratuita para Itidal.

“He tenido una vida fascinante", observa. "Pero a veces me despierto sobresaltada y pienso: ¿qué he hecho para mí en todo este tiempo? Y entonces siento que estoy sola en el mundo."

“Deseo que todas las mujeres del mundo tengan una vida digna, simple y honesta", dice con convicción al final de la entrevista. "Más allá de los problemas que se nos presenten, las mujeres siempre debemos mantenernos fuertes."

Itidal se aferra a esa creencia, al igual que a los sentimientos de humanidad y compasión que le fueron inculcados de niña. Y los transmite cada vez que sonríe.


Fotos

Itidal Abdul Nasser y Shirin Hanafieh, en la oficina del CICR en Saná.   

Itidal Abdul Nasser y Shirin Hanafieh, en la oficina del CICR en Saná.
© CICR / J. Barry

Una mujer de 25 años de edad mira por la ventana en el centro de deportación de Saná.  

Una mujer de 25 años de edad mira por la ventana en el centro de deportación de Saná.
© CICR / C. Martin-Chico / ye-e-00813