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En Juan, la persistencia de la vida

24-04-2013 Reportaje

Carmen* salió de la cocina al escuchar la algarabía y vio a su hijo inconsciente, bañado en sangre, tirado en el piso y respirando lo que ella creía era su último aliento. Lo alzó en sus brazos y empezó a correr y correr –no sabe cuánto tiempo, pero fueron horas–, hasta encontrar a alguien que la ayudara.

Juan, su hijo, que ese mismo día cumplía siete años, fue víctima de la explosión de un artefacto que casi le quita la vida y que sacudió la tranquilidad de su finca en el Catatumbo (Norte de Santander), a ocho horas de carretera desde Ocaña “y luego a tres más a pie”. Esas tres horas a pie, las hizo Carmen corriendo, sin zapatos, con su hijo en brazos. Solo en el pueblo consiguieron transporte para salir hasta Ocaña, donde Juan recibió los primeros auxilios.

Gracias a la gestión del CICR, el niño fue trasladado de emergencia a Bogotá en un avión médico de la Fuerza Aérea y recibido en la unidad de quemados del Hospital Simón Bolívar.

Al llegar, el diagnóstico médico era desesperanzador: “Había que cortarle la mano derecha y el pie izquierdo”. Además había perdido un ojo y tenía su cuerpo lleno de esquirlas. El día que Juan despertó en el hospital, completamente vendado, no veía nada, y el dolor más grande lo sintió Carmen cuando Juan le pidió desesperadamente que le prendiera la luz.

Pero la historia dio un giro sorpresivo y la vida fue mostrando su persistencia en Juan, que empezó a recuperarse: las heridas sanaban y se descartó la amputación. “De verlo como él luchaba para vivir yo sacaba fuerzas”, cuenta su mamá.

En el ojo que perdió, Juan recibió una prótesis. En el otro, le realizaron un trasplante de córnea en la Clínica Barraquer. Aunque todavía no ha recuperado completamente la visión, hay esperanzas de que vuelva a ver. Carmen también recibió acompañamiento de una psicóloga del CICR, que le enseñó a enfrentar el miedo, a ganar seguridad, e incluso a tomar el bus desde el albergue hasta el hospital.

El CICR les brindó apoyo económico para alojamiento, transporte, alimentación y medicamentos, así como orientación sobre cómo acceder a las ayudas del Estado para las víctimas de contaminación por armas. En este caso, también para las ayudas por desplazamiento, pues Carmen y sus hijos no podrán volver a la misma finca.

Hoy Juan sigue luchando. Las esquirlas le dejaron heridas en todo el cuerpo que con el paso de los años irán sanando. Lo más importante es que, empezando a superar el trauma que inicialmente le quitó el habla, ya corre, juega y podrá celebrar junto a sus hermanos su próximo cumpleaños.

* Nombres cambiados

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Colombia 2012


Fotos

Bogotá, diciembre de 2012. Juan, un menor víctima de contaminación por armas, y su mamá, reciben acompañamiento permanente. 

Bogotá, diciembre de 2012. Juan, un menor víctima de contaminación por armas, y su mamá, reciben acompañamiento permanente.
© CICR / E. Alfonso