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Irak: proteger la vida de los niños

17-10-2013

Decenas de miles de refugiados sirios huyeron al Kurdistán iraquí cuando se reabrió la frontera con Siria en agosto. A medida que se instalan para comenzar una nueva vida, con dificultades pero relativamente segura, los recién llegados comparten sus historias, esperanzas y temores.

Mientras las autoridades preparan nuevos campamentos, algunos refugiados viven en centros temporales, en condiciones muy básicas.

El 25 de septiembre, el CICR distribuyó artículos domésticos y de higiene a más de 1.300 personas en los campamentos temporales en Bardarash y Qasrouk, en estrecha colaboración con ACNUR.

Nasreen

Nasreen y sus cuñadas Jwan y Fatima huyeron de los enfrentamientos en Damasco con sus siete hijos. “Tenemos un apartamento muy bonito en las afueras de Damasco y mi esposo tiene un pequeño restaurante”, relató Nasreen.

Pero los enfrentamientos se volvieron más frecuentes en esa parte de Damasco. “A menudo caían bombas cerca de nuestra casa y las balas impactaban en las paredes del apartamento”, recordó. “Temíamos morir en cualquier momento. Los niños tenían miedo de las bombas y las explosiones. Mi esposo me pidió que me fuera del país para salvar a los niños”.

Sus dos cuñadas, que vivían en el mismo edificio, se fueron con ella, junto con sus hijos. Viajaron 15 horas en un minibús rentado, desde Damasco, vía Alepo, hasta la ciudad nororiental de Qamishli. “Había puestos de control a lo largo de toda la carretera, algunos a cargo del ejército sirio y otros en manos de grupos armados”, explicó Nasreen. “Nos detuvieron y registraron todo, incluso los bolsillos de los niños”.

Después de pasar dos días con familiares en Qamishli, tomaron otro minibús hasta el último puesto de control, a ocho kilómetros de la frontera con Irak. La carretera termina allí, así que tuvieron que seguir a pie, bajo el sol ardiente. “Caminamos durante más de diez horas”, explicó Fatima. “Los niños se estaban cansando, pero debimos correr para llegar a la frontera con Irak antes del atardecer. De lo contrario, habríamos tenido que pasar la noche a la intemperie”. Finalmente, antes del anochecer llegaron al cruce de Sehela, donde los registraron y luego un minibús los trasladó hasta el lugar de tránsito de Qasrouk.

Sus esposos se quedaron en Siria para vender las casas y las pertenencias familiares. “Nos sentimos muy seguros aquí, pero nos preocupan nuestros maridos”, dijo Jwan. “Todos los días les decimos que se apresuren a reunirse con nosotros”.

Mientras hablábamos, Nasreen recibió una llamada telefónica de su marido, quien le contó que tanto él como los otros hombres habían logrado vender sus pertenencias y que partirían para reunirse con sus familias tan pronto como fuera posible. Al oír la noticia, todos sonrieron. “Parece que finalmente nos reuniremos con nuestros maridos”, dijo Fatima. “Aunque todavía tememos que no lleguen, porque el viaje desde Damasco es muy peligroso. Pero Dios es grande y vamos a orar para que nuestros maridos vuelvan a ver a sus hijos pronto”.

Mutiaa

Azad Sulaiman y Mutiaa Mohammad vivían en Qamishli con sus cinco hijos. La vida era dura. “Trabajaba como obrero jornalero en la construcción de carreteras”, dijo Azad. “A menudo no ganaba lo suficiente para alimentar a mi familia. Vivíamos en una habitación y nos faltaban ropa y mantas porque teníamos que comprar medicamentos para mi hija”.

Su hija mayor Fansa (14) tiene sólo un riñón que, debido a una disfunción, le causa un dolor intenso. El deterioro de la salud de Fansa fue la gota que colmó el vaso; la familia decidió partir.

Viajaron en la parte trasera de un camión, junto con sus vecinos. Cuando llegaron a la frontera con el Kurdistán iraquí, debieron esperar 11 días hasta que se les permitió cruzar. “Teníamos muy poca agua y comida”, dijo Azad. Una vez en Irak, las autoridades los llevaron hasta Erbil, y desde allí se trasladaron a un campamento de tránsito en el estadio de fútbol de Bardarash.

Sentada con sus dos hijas, Mutiaa observa a sus tres hijos, que juegan afuera de la carpa. “Aunque estamos viviendo debajo de las mantas, me siento segura, y tenemos suficiente comida y agua”, explicó. “Ahora mi único anhelo es que Fansa mejore. Necesita una operación, pero no podemos pagarla; en Qamishli no había instalaciones médicas donde pudieran tratarla”.

Azad está preocupado. “Huimos porque mi hija necesitaba tratamiento continuo. Pero si no la tratan pronto, voy a perderla para siempre”.

Fatima

Fatima Jumaa Sleman, madre de siete hijos, también vive en una pequeña carpa en el estadio de fútbol de Bardarash. “Un día, oí que tres personas habían sido detenidas y brutalmente asesinadas en Qamishli”, explicó. “Así que decidí irme, para proteger la vida de mis hijos”.

Al igual que Mutiaa, Fatima decidió irse, en parte porque el conflicto ha deteriorado el funcionamiento del sistema de salud en Siria. Hace dos meses, su hijo de 19 años murió de talasemia, un trastorno genético de la sangre, que requiere frecuentes transfusiones. Dos de sus otros hijos sufren la misma enfermedad y ahora Fatima tiene la esperanza de que se salven.

“Desde que llegamos aquí, su padre los lleva al hospital en Dohuk para que les realicen transfusiones de sangre”, explicó. “No quiero que les suceda lo mismo que a su hermano”.

 

 Nota: Algunos nombres en esta nota fueron cambiados.


Fotos

Con el apoyo del ACNUR, las autoridades instalaron el campamento temporal de Bardarash (gobernación de Dohuk) en el estadio de fútbol, hasta tanto se termine un campamento más grande en Gawilan, una aldea cerca de Bardarash. 

Con el apoyo del ACNUR, las autoridades instalaron el campamento temporal de Bardarash (gobernación de Dohuk) en el estadio de fútbol, hasta tanto se termine un campamento más grande en Gawilan, una aldea cerca de Bardarash.
© CICR / A. Yassin / iq-e-01164

Bardarash. Los refugiados ayudan a los colaboradores del CICR a organizar la distribución de artículos domésticos esenciales y productos de higiene para 763 personas. 

Bardarash. Los refugiados ayudan a los colaboradores del CICR a organizar la distribución de artículos domésticos esenciales y productos de higiene para 763 personas.
© CICR / iq-e-01163

Bardarash. Los refugiados sirios recogen los diferentes productos. La ayuda consiste en artículos domésticos esenciales y productos de higiene (calentador, balde, pava, tetera, termos y una lona impermeable). 

Bardarash. Los refugiados sirios recogen los diferentes productos. La ayuda consiste en artículos domésticos esenciales y productos de higiene (calentador, balde, pava, tetera, termos y una lona impermeable).
© CICR / A. Yassin / iq-e-01165

Campamento de Qasrouk, gobernación de Dohuk. Las familias de refugiados sirios (561 personas en total) reciben asistencia del CICR (artículos domésticos esenciales y productos de higiene). 

Campamento de Qasrouk, gobernación de Dohuk. Las familias de refugiados sirios (561 personas en total) reciben asistencia del CICR (artículos domésticos esenciales y productos de higiene).
© CICR / F. Mohammad / iq-e-01167