• Enviar
  • Imprimir

Desaparición en Colombia: vivir en medio de la incertidumbre

03-02-2014 Reportaje

Más de 63.800 personas siguen reportadas oficialmente como desaparecidas en Colombia. Esta realidad afecta drásticamente a familias enteras, condenadas a vivir en la incertidumbre del destino de sus seres queridos.

Puerto Asís, Putumayo, Colombia. Ancízar Osorio, de 70 años, lleva más de ocho años sin saber dónde está su hijo Arcesio. ©CICR/S. Giraldo

 

El 8 de febrero de 2013 fue especial para Rubiela*. Ese día ponía fin a la incertidumbre que la había tenido en vilo desde que su hijo Jader desapareciera, tres años atrás. "Le rendimos homenaje y lo enterramos en el cementerio de la vereda. Al fin tengo el alma en paz. Mi hijo reposa en su sitio".

El drama que vivió Rubiela es el que afrontan cientos de familias en el departamento del Putumayo, en el suroeste de Colombia, fronterizo con Ecuador y Perú. “Se conocen por lo menos 1.150 casos de desaparición relacionados directamente con el conflicto”, señala Rubén Darío Pinzón, quien trabaja para el CICR Oficina Puerto Asís y se encarga, entre otros temas, de los desaparecidos.

"Mi hijo estaba aquí, en el cementerio del pueblo"

El 24 de diciembre de 2009, cuando tenía 16 años, Jader decidió ingresar a un grupo armado. A su mamá le dijo que se iba a trabajar para ganar dinero y que en enero regresaría para seguir estudiando. Esa fue la última vez que lo vio con vida.

“Pasados apenas 20 días, la gente comenzó a hablar de un bombardeo. Fue poco después que dijeron que mi hijo estaba entre las víctimas”, cuenta Rubiela. “Cuando llegué a Puerto Asís, ya lo habían enterrado sin una identificación precisa".

Unas fotografías en poder de las autoridades le dieron a Rubiela la certeza que su hijo era una de las personas fallecidas, sin embargo dos pruebas ADN extraviadas y la lenta respuesta de los organismos administrativos hicieron que su drama se alargara. “La incertidumbre me tenía al borde de la desesperación total. Hasta loca me iba a volver de vivir con tanta incertidumbre. Ahora, ya sé dónde está mi muchacho", dice. "Si no hubiera sido por la Cruz Roja, todavía estaría buscando".

En Colombia, el CICR busca aliviar el sufrimiento de los familiares de las personas desaparecidas, escuchando sus necesidades y promoviendo una adecuada respuesta institucional. Con este fin, trabaja para esclarecer el paradero de las personas desaparecidas y prevenir futuras desapariciones, mediante capacitaciones para las autoridades en manejo adecuado de cementerios (delimitación de áreas y protección de la información de los cadáveres no identificados), talleres para autoridades sobre registro de desaparecidos y difusión de normas y leyes.

Además, el CICR orienta y capacita tanto a los familiares como a las autoridades sobre las normas y procedimientos para la búsqueda y el registro de personas desaparecidas y fomenta la coordinación entre instituciones. También difunde, entre las partes en conflicto y otros grupos armados, las normas que prohíben la desaparición de personas.

Luego de varios años de búsqueda y angustia, Rubiela logró darle sepultura a su hijo Jáder. 

Puerto Asís, Putumayo, Colombia.
Luego de varios años de búsqueda y angustia, Rubiela logró darle sepultura a su hijo Jáder.
© CICR / S. Giraldo

"Mi hijo no apareció más"

“En la última llamada que nos hizo, mi hijo Arcesio dijo que iba a venir a vernos”, dice con voz entrecortada Ancízar Osorio, tras ocho años sin saber dónde está su hijo.

Un mes después de la desaparición, los Osorio estaban en el Chocó iniciando la búsqueda, que incluyó entre otros trámites la exhumación y el entierro irregular, a cargo del sepulturero y sin el acompañamiento de las autoridades, de un cadáver que creyeron era el de su hijo. Ocho años después, la ciencia forense confirmó lo contrario.

A través de unas fotografías en poder de la Fiscalía General de la Nación, Ancízar y su familia tienen hoy la certeza de que Arcesio murió y fue llevado al cementerio de Itsmina, donde, sin embargo, ha sido imposible ubicar el lugar en que se encuentran hoy los restos del joven putumayense.

En Colombia, muchas personas son sepultadas sin identificación en cementerios del país, prolongando así la búsqueda e incertidumbre de sus familiares. Consciente de esta realidad, el CICR trabaja para la mejora de la protección e identificación de restos humanos.

Luz Mary viajó del Putumayo a Santa Marta, al otro lado del país, a recibir los restos humanos de su hermano Rodolfo. 

Puerto Asís, Putumayo, Colombia.
Luz Mary viajó del Putumayo a Santa Marta, al otro lado del país, a recibir los restos humanos de su hermano Rodolfo.
© CICR / S. Giraldo

"Me quedé callada por miedo"

El 18 de febrero pasado, Luz Mary viajó a Santa Marta, capital del departamento costero del Magdalena, a recibir los restos humanos de su hermano Rodolfo. Llegó a esa ciudad con la tristeza de saber que nunca volvería a verlo vivo, pero con la tranquilidad de haber encontrado su cuerpo siete años después de su desaparición.

Luz Mary se considera afortunada. A diferencia de muchas familias que buscan incansablemente a sus seres queridos, en su caso todo fue rápido y con pocos inconvenientes: “En 2012 me enteré de que los restos de mi hermano estaban en Santa Marta (Magdalena). La Cruz Roja me colaboró con el transporte y los viáticos para poder ir a traerlos".

“En Colombia hay padres, hermanos, cónyuges, hijos, hombres y mujeres que cada día buscan desesperadamente a sus familiares desaparecidos”, concluye Pinzón. “Para muchas familias, no saber la suerte que han corrido sus seres queridos es la dura realidad de una incertidumbre a la que se enfrentan durante años”.

 

*Todos los nombres en este artículo fueron cambiados para proteger la seguridad de las víctimas.