• Enviar
  • Imprimir

Reportajes del CICR en Colombia

14-04-2011 Reportaje

Historias de beneficiarios del CICR contenidas en el Informe 2010 Colombia.

     
©Revista Semana / G. Torres 
   
Proyecto comunitario de producción de cacao apoyado por el CICR en la vereda Santo Domingo, zona del Caguán. 
               
©CICR / J. Gay Crosier 
   
Comunidades indígenas de las etnias embera y wounaan recibieron cerdos como apoyo para el desarrollo de proyectos agropecuarios. 
               
©CICR / M.C. Rivera 
   
Taller de primeros auxilios comunitarios en salud realizado por el CICR con la comunidad embera de Bajo Grande, en la zona del bajo Baudó (departamento del Chocó). 
               
©CICR / C. von Toggenburg 
   
Gracias al envío de mensajes cruz roja, las familias conocen la suerte de sus seres queridos y, en algunos casos, se reencuentran con ellos. 
               
©CICR / E. Tovar 
   
Nacianceno perdió una pierna a raía de la explosión de un artefacto explosivo improvisado. 
               
©CICR / P. Jequier 
   
Con apoyo del CICR, la comunidad de la vereda Monserrate, a orillas del río Caguán, construyó un acueducto para la recolección y distribución de agua potable. 
           

  Cultivos de cacao en el Caguán  

Algunos habitantes de las orillas del río Caguán encontraron una alternativa productiva para hacerle el quite a la pobreza y la lejanía en la que viven. Hace algunos años, el párroco de Remolinos del Caguán, Jacinto Franzoi, creó una pequeña empresa llamada Chocoguán, ganadora del Premio Nacional de Paz, que elabora productos de chocolate a partir de los cultivos locales de cacao. El CICR, en colaboración con Chocoguán, apoyó en 2010 a 118 familias de cinco veredas del Caguán en un proyecto comunitario de producción de cacao agroecológico. Hoy, 32 familias de la vereda Santo Domingo están pendientes del crecimiento de las plantas de cacao.

En esta vereda se implementó un vivero comunitario y cada familia recibió 600 plantas que fueron sembradas por medio de prácticas que respetan el ecosistema de la región. Se prevé que la primera cosecha esté lista para dentro de un año y medio o dos años. “El CICR nos da esperanza con el proyecto comunitario de cultivo orgánico de cacao. Yo participo en los talleres para aprender a sembrar utilizando abono orgánico, y espero vender la cosecha de cacao a buen precio en Remolinos”, cuenta John Jairo, habitante de la zona.

***

  Cerdos, vacas y plátanos, para calmar el hambre en Chocó  

En el bajo Baudó, Chocó selvático y profundo, cinco comunidades indígenas de las etnias embera y wounaan, compuestas por unas 2.000 per sonas, recibieron apoyo para el desarrollo de proyectos agropecuarios. Cerdos, vacas, gallinas, trapiches y semillas, bajaron durante más de tres días por el río para llegar hasta la zona de Docampadó y ser distribuidas entre las comunidades y así contribuir a mitigar el hambre.

“Lo que aquí nosotros vivimos mal es por la cuestión de la comida, no vivimos como vivíamos antes pues no podemos visitar los cultivos por la presencia de grupos armados o si los visitamos tenemos que ir por la mañana y volver por la tarde. Estamos mal de comida, no tenemos semilla para sembrar”, asegura un habitante de una de las comunidades indígenas beneficiadas por los proyectos. Consciente de esta realidad gracias a su trabajo permanente en la zona, el CICR decidió intervenir con distintos proyectos agropecuarios para contribuir a la seguridad alimentaria de las comunidades. Sin embargo, como explica Juan Carlos Calderón, ingeniero agrónomo de la oficina del CICR en el Chocó, también se busca mejorar en el mediano plazo la seguridad económica: “los productos agrícolas y los animales pueden ser intercambiados entre las comunidades o con estas ayudas pueden tener la materia prima para desarrollar sus proyectos productivos”.

***

  Comunidades indígenas del Chocó recibieron capacitación en primeros auxilios  

La comunidad embera de Bajo Grande, que habita la zona del bajo Baudó chocoano, asocia las posibles emergencias en salud con situaciones de la vida cotidiana. Para ellos, un objeto extraño es cuando “trabajando le pueden entrar a uno hormiguitas en los ojos”, atorarse es cuando a “uno comiendo se le atranca una espina” y si “me cortan el brazo me queda media vida porque ya no puedo trabajar en el monte”. En general, a este tipo de situaciones responden de diferentes formas con su sabiduría ancestral. Sin embargo, también escucharon atentos las princip ales lecciones brindadas por el CICR en un curso de primeros auxilios comunitarios, con el fin de capacitarlos para atender diferentes emergencias.

Otros 44 cursos similares se realizaron en 2010 en asocio con la Cruz Roja Colombiana, beneficiando a más de 1.000 participantes de 266 comunidades. ¿Qué hacer cuando alguien se corta, cuando lo pica una abeja, cuando se fractura un hueso, cuando se cae y pierde la conciencia? Estas preguntas fueron respondidas en el curso. Este conocimiento es vital en estas comunidades ya que el hospital más cercano está ubicado en el municipio de Pizarro, a tres días en panga, por lo que muchas personas en situación de emergencia no alcanzan a llegar al centro de salud y es necesario que los primeros cuidados sean, por lo tanto, comunitarios. “Es muy importante porque entonces ya uno sabe qué hacer y entonces se salva”, dijo una de las mujeres que asistió al curso al final de la sesión de tres días.

  ***  

     

  Raúl recibe la visita de su madre antes de ser extraditado  

Gracias al programa de restablecimiento de lazos familiares del CICR y la Cruz Roja Colombiana, Raúl*, un indígena de 22 años, recibió la visita de su mamá y su hermano unas semanas antes de ser extraditado a los Estados Unidos. A los 15 años, Raúl pasó a formar parte de un grupo armado y desde entonces no veía a su familia, su única forma de contacto era telefónica y solo unas pocas veces por año. Su historia incluso movió la solidaridad de sus compañeros de patio, quienes trataron de organizar una colecta para pagar el traslado de la mamá de Raúl a la cárcel de Cómbita, en Boyacá. El CICR habló con Raúl del programa de viajes que podría permitir la visita de su mamá.

Con la emoción por la noticia empezó también su preocupación pues su mamá nunca había salido del resguardo, ¿cómo llegaría si ni siquiera hablaba español? El CICR le manifestó a Raúl que era posible que su mamá viajara acompañada por uno de sus hermanos. Y así fue como los tres se reencontraron antes de que Raúl fuera enviado a los Estados Unidos. Por el momento, el CICR no tiene acceso a los ciudadanos colombianos que visitó en centros de detención en Colombia y que fueron extraditados a cárceles estadounidenses. Mientras busca conseguir este acceso, trata también de facilitar el contacto permanente entre familiares en el país.

* Nombre cambiado para proteger la identidad del entrevistado.

  ***  

     

  A paso de bastón, Nacianceno recupera su movilidad  

Citas médicas, transporte, alimentación y hospedaje para las terapias, bastones y prótesis para su pierna son las ayudas que Nacianceno –así como otras muchas víctimas de contaminación por armas– recibió por parte del CICR en Cali, después de que un artefacto explosivo improvisado se activara cuando trabajaba destapando una alcantarilla en un municipio del Cauca.

Desde mayo de 2010 accedió a la ruta de atención a través del Fondo de Solidaridad y Garantía del Ministerio de la Protección Social (Fosyga) que le permitió recibir todo el tratamiento médico necesario para poder volver a ser una persona autónoma: cirugías, controles y terapias que ahora le permiten pararse con la ayuda de dos bastones que ya va dejando poco a poco.

El CICR además de gestionar las citas y tramitar los viáticos, provee todos los materiales necesarios para la elaboración y uso de las prótesis: “desde una vend a hasta la espuma más delgadita”, afirma una médica de un centro de ortopedia apoyado por el CICR. Ahora Nacianceno luce más entusiasmado, con ganas de caminar sin ayuda. Pero “el cambio ha sido duro. Yo siempre he sido una persona del campo pero no puedo volver porque donde vivíamos es puro camino de herradura, para andar en bestias. Cómo vuelvo así”.

***

  Monserrate ya tiene agua potable  

Antes de que la comunidad, con apoyo del CICR, construyera un acueducto para la recolección y distribución de agua potable el cuento para cocinar, bañarse y tomar agua en la vereda Monserrate, a orillas del río Caguán (Caquetá), era muy distinto: un asunto de cargar canecas, de sacar el agua del río, de consumirla incluso turbia. El agua potable era un líquido escaso y preciado en este lugar.

“Anteriormente cogíamos el agua de unas pendientes pequeñas que quedan aquí alrededor, pero no era suficiente porque primero una persona tenía que tanquear sus timbitos y al otro día la otra persona. Entonces llegaba el verano y nos tocaba coger el agua del río”, asegura Jorge, poblador de la vereda y líder comunal.

Pero hoy la situación es distinta: llega a un tanque de almacenamiento y se filtra, por eso Jorge está convencido de que la obra le cambió la cara a la población “porque si contamos con agua pura, tenemos vida”. Este acueducto hace parte de los proyectos de infraestructura para suministro de agua realizados por el CICR durante 2010. Su construcción benefició a 260 personas que habitan las 81 viviendas de esta vereda. También implicó el compromiso de la comunidad que se organizó para asumir la administración, operación y mantenimiento del acueducto.

Actualmente, la mitad de las viviendas han adecuado su instalación domiciliaria para conectarse al nuevo servicio y se esper a que los habitantes se vinculen a un programa que los capacite en entornos saludables.

“Es un proyecto de alto alcance y desarrollo. Lleva tres meses en funcionamiento y hasta el momento ha sido magnífico. Nunca hemos visto deficiencia de agua. Ha sobrado para todo el mundo y de aquí bombeamos hacia la escuela que nos queda en la parte alta. Por la altura de la escuela sacamos el agua con motobomba. Gracias a Dios hemos solucionado esa necesidad tan grande que es el agua”.