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República Democrática del Congo: Rachel, o el peso del agua

12-06-2009 Reportaje

A causa de los numerosos desplazamientos, la población de la ciudad de Goma, capital de Kivu Norte, se ha triplicado desde 1994. Dado que la infraestructura no estaba preparada para ese aumento, más de la mitad de la población no tiene acceso regular al agua potable. Esa es la causa de enfermedades y de la falta de higiene, sobre todo en la población desplazada que se ha refugiado en la ciudad. A continuación, presentamos el retrato de tres personas desplazadas que día a día luchan para abastecerse de agua potable.

     
© CICR/O. Miltcheva 
   
Rachel se prepara para su travesía hasta el lago. Cada día, con el bidón en la espalda, camina cuatro kilómetros desde su casa hasta la orilla del lago Kivu, y otros cuatro de vuelta. 
               
© CICR/O. Miltcheva 
   
Faleke, de cinco años, muestra sus manos callosas. La falta de agua les impide higienizarse adecuadamente a ella y a otros cientos de personas desplazadas de Kivu Norte que viven en su mismo edificio. 
               
©CICR/O. Miltcheva 
   
Cerca de uno de los tanques instalados por el CICR, Elisabeth prepar musururu. Gracias al acceso regular al agua, ahora puede tener toda la que necesita, e incluso inició un pequeño emprendimiento comercial. 
           

  Seis de la mañana en Kasika, uno de los barrios más pobres de Goma  

     

Descalza sobre piedra volcánica, apenas despierta, Rachel se coloca el bidón sobre la espalda. En medio de la bruma, la espera un laberinto de callejuelas de barro. Tendrá que caminar dos horas para poder llenar el bidón de agua a orillas del lago Kivu.

Rachel es una niña de doce años, algo tímida, algo soñadora, asediada por el lejano recuerdo de su aldea verde en las colinas de Masisi, lugar que tuvo que abandonar para huir del conflicto que asola a su país desde hace tantos años. Desde hace cinco meses, Rachel, su familia y más de 500 desplazados originarios de la misma región han hallado refugio en Goma, bajo el techo perforado de un gran edificio dañado por la erupción volcánica en 2002.

Por la noche, todos los habitantes duermen apretados unos contra otros, en el piso. Llegado el día, los adultos salen a ganarse el pan, mientras que los niños, grandes y pequeños, inician el largo recorrido del agua.

" Preferimos venir a la ciudad en lugar de quedarnos en los campamentos de desplazados, porque aquí a mis padres les resulta más fácil encontrar trabajo " , explica la niña. " Pero es más difícil sobrevivir, muy difícil. "

Uno de los grandes problemas que estos desplazados comparten con los varios miles de residentes del barrio es el acceso al agua potable. Como Kasika no tiene suministro de agua, los habitantes tienen pocas opciones: comprar agua a revendedores a precios exorbit antes o ir a buscarla al lago Kivu.

El agua del lago es gratuita, pero puede estar contaminada por los desechos de la ciudad. Allí donde vive Rachel varios desplazados están acostados en el piso polvoriento, con dolores abdominales y diarrea.

Además, la ruta del lago es larga, por lo que la cantidad de agua que pueden traer cada vez es limitada y, lamentablemente, nunca alcanza para asearse, lavar los platos y mantener limpio el lugar. Faleke, una prima de Rachel, que tiene cinco años, muestra con tristeza las manos cubiertas de llagas. A causa de la falta de higiene, la sarna poco a poco le va carcomiendo el cuerpo.

  Ocho de la mañana en el barrio de N'dosho  

     

Como cada mañana, Elisabeth, de 58 años, también escapada de los combates en la zona de Masisi, inicia los preparativos del musururu —una cerveza local a base de sorgo—, cuya producción le permite ganarse la vida en la gran ciudad.

" He tenido mucha suerte " , cuenta. " Cuando llegué aquí hace dos años, había perdido todo. Estaba tan enferma que apenas podía caminar. No habría podido ir hasta el lago a buscar agua. Ahora, gracias a los tanques de agua construidos por el CICR, puedo tener agua para beber, para asearme e incluso para mantener mi pequeño negocio de musururu. "

En esta parte de Goma, más de 250.000 personas —un tercio de la población de la ciudad— tienen un acceso regular al agua potable, gracias al sistema de abastecimiento instalado por el CICR. Sin embargo, la red está muy alejada del barrio de Kasika y de la ruta de Rachel...

  Diez de la mañana a orillas del lago Kivu  

     

Sin aliento, Rachel llega con su bidón de diez litros a la playa pública. Es uno de los pocos lugares de la ciudad donde hay acceso directo al lago, ya que la costa de Goma está totalmente cubierta por construcciones privadas.

Con los pies en el agua, la niña se hace paso entre un centenar de mujeres y niños, desplazados y residentes, que han venido con el mismo objetivo. Las olas derriban a un niño cuando intenta desesperadamente llenar un bidón casi tan grande como él.

" Antes de ayer, una niña que vivía con nosotros se ahogó en este mismo lugar. Eso pasa con bastante frecuencia porque el agua del lago no es buena " , explica Rachel. " El agua puede llevarse a los niños y también provocar enfermedades. Si pudiera elegir, no vendría nunca a buscar agua aquí. Pero... "

Se encoge de hombros, luego inicia el camino de vuelta, encorvada bajo el peso del agua.