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Georgia: cuando el amor ayuda a luchar contra la tuberculosis

22-03-2010 Reportaje

Las personas que tienen la desgracia de contraer tuberculosis (o TB) en un país como Georgia por lo general no lo dicen. El miedo, la falta de comprensión y la costumbre heredada de la época soviética de aislar a las personas infectadas han dado origen a una suerte de tabú sobre el tema. Anna Nelson, del CICR, fue hasta Tiflis junto con un renombrado fotógrafo afgano-suizo, Zalmai, para reunirse con dos hombres que están ayudando a romper con el estigma de la TB.

     
©CICR/ A. Nelson 
   
Alexander Kvitashvili, ministro de Salud de Georgia, ha llevado adelante una exitosa batalla personal contra la TB. 
               
©CICR / Zalmaï / V-P-GE-E-00667 
   
Vano busca en Tina apoyo emocional cuando la carga física y psicológica de su tratamiento por TB le resulta muy pesada. Con frecuencia, los pacientes con TB sufren efectos colaterales que incluyen psicosis, pérdida de cabello y problemas hepáticos. 
               
©CICR / Zalmaï / V-P-GE-E-00670 
   
Venera (izquierda) y Vano (derecha) Vardosanidze caminan junto a Tina Karanadze (centro), de la Cruz Roja de Georgia, la cual trabaja con enfermos de TB para incentivarlos a que no abandonen el tratamiento hasta estar curados. 
               
©CICR / Zalmaï / V-P-GE-E-00669 
   
Tanto Vano, de 40 años, como Tina (izquierda) creen que el amor puede convertirse en un arma secreta en la lucha contra la TB. 
           

A primera vista, Vano y Alexander parecieran tener poco en común.

Vano Vardosanidze, ebanista de oficio, vive en el centro de Tiflis, en el viejo edificio de lo que fuera una fábrica, con Venera, su esposa de 24 años, su hijo y su hija adolescentes. Vano tiene puesto un conjunto deportivo negro informal, sonríe con facilidad y no duda en expresar su afectuosidad. 

Alexander Kvitashvili es el Ministro de Salud de Georgia y trabaja en una espaciosa oficina a unos pocos kilómetros de donde viven Vano y su familia. Si no fuera por el traje gris y la corbata roja, la apretada agenda y la formalidad de sus modales, fácilmente se lo podría confundir con un musculoso jugador de fútbol o de rugby.

Si estuvieran sentados junto a otros hombres en un restaurante o en el autobús, sería imposible decir que han librado una dura batalla contra la TB, una enfermedad muy contagiosa que se propaga por el aire y causa la muerte de casi dos millones de personas por año a nivel mundial.

Si bien Kvitashvili se curó totalmente hace varios años y Vardosanidze prácticamente ha terminado su largo y doloroso tratamiento, ambos hombres siguen compartiendo el deseo de contar sus historias, con la esperanza de desterrar el estigma y la vergüenza que suelen asociarse a la tuberculosis en Georgia. 

  Sorpresa total  

“Me diagnosticaron TB en un control médico de rutina, cuando hacía los trámites para solicitar una visa de estudio en Estados Unidos, en 2002 " , explica Kvitashvili. “Ya había pasado el pico de la enfermedad, por eso las cicatrices esta ban comenzando a curar cuando me descubrieron la enfermedad. El médico estaba tan sorprendido como yo. "

Cuando le dieron ese diagnóstico, Kvitashvili parecía estar en perfecto estado de salud. Se cuidaba en las comidas, se ocupaba de su salud y, hasta el día de hoy, no sabe cuándo o cómo contrajo la enfermedad.

" Eso me hizo pensar en la falsa idea de que la tuberculosis sólo afecta a personas enfermas o que viven en la pobreza. Si yo la contraje, cualquiera podría contraerla. "

Hoy en día, como funcionario a cargo del bienestar del país, trabajo para terminar con los estereotipos sobre la enfermedad, así como para sensibilizar sobre sus peligros y la necesidad de prevenir y brindar el tratamiento adecuado.

“En los últimos años hemos avanzado mucho en la lucha contra esta enfermedad, me hace muy feliz saber que nuestra estrategia nacional contra la tuberculosis ha dado resultado. Ahora tenemos un hospital eficiente y moderno para brindar tratamiento y hacer el diagnóstico, pero el estigma que rodea a la enfermedad sigue siendo un problema grave " , dice el ministro.

" Al no contar con información sobre la enfermedad, la gente le tiene miedo. Además, todavía vivimos con el legado soviético acerca de las enfermedades infecciosas. Las personas eran aisladas en centros de curación. Eso agrava el temor. No digo que alguien que tenga una enfermedad infecciosa debería usar, por ejemplo, el transporte público, pero cuando se aísla a alguien, se alimenta el estigma; por eso tenemos que seguir trabajando sobre ese aspecto, sin descuidar el aspecto médico. "

Según la Organización Mundial de la Salud, Georgia tiene una de las tasas de prevalencia más altas de la tuberculosis multidrogorresistente en el mundo. Esta tuberculosis, conocida con la sigla TB-MDR, es una forma de la enfermedad cuyo tratamiento es difícil y ca ro, y que no responde a las drogas de " primera línea " .

" Muchas personas piensan que es culpa del paciente o del sistema cuando alguien contrae la TB-MDR " , dice Nana Deisadze, especialista en TB que trabaja para el CICR y que ha pasado los últimos quince años trabajando con las autoridades para erradicar la enfermedad de las cárceles de Georgia, que son lugares donde la enfermedad se reproduce con facilidad. 

“Lo que por lo general se cree es que padecen la tuberculosis común, dejan la medicación y se vuelven resistentes. Pero la terrible verdad es que la TB-MDR puede transmitirse de persona a persona tan fácilmente como cualquier otra cepa de la enfermedad. Para contagiarse, basta con que uno esté dentro de la distancia de respiración de una persona que padece la enfermedad " , agrega Deisadze.

  Un duro camino  

     

Vardosanidze, de cuarenta años, lo sabe mejor que nadie. Al igual que Kvitashvili, no sabe cómo contrajo tuberculosis, pero a diferencia del ministro de salud, Vardosanidze se contagió el tipo multirresistente, mucho más letal, que requiere tomar una medicación exactamente a la misma hora todos los días durante 24 meses.

Él y su esposa no vacilan en admitir que al principio fue muy duro.

“Al comienzo, cuando los fármacos tenían efectos colaterales muy fuertes, él no se sentía bien. Varias veces estuvo tentado de beber alcohol, que interfiere con el tratamiento " , dice Venera, que estuvo junto a su marido todo el tiempo.

" Hubo algunos períodos, dos o tres veces, en que quise dejar todo. Estaba cansado, pero después pensé en mi hija y en mi hijo y, de alguna manera, me las ingenié para seguir adelante... Además, estaba Tina " , dice Vano, mirando con gran afecto a la otra mujer que está en la sala.

  Compasión contagiosa  

Tina Karanadze es una asesora de seguimiento del tratamiento que trabaja para la Cruz Roja de Georgia y, sin duda, una verdadera socorrista. Con sus botas de lluvia color rosa, sus ojos verdes y una chaqueta de la Cruz Roja, Tina es una mujer de una gran fuerza, que parece iluminar cada lugar adonde va. Todos los meses atraviesa Tiflis de un lado a otro para visitar a familias afectadas por la tuberculosis; les da aliento, consejo y un hombro firme donde recostarse.

Tres o cuatro veces por semana, llama a Vano para asegurarse de que ha tomado los fármacos. Cuando ve que las cosas no están muy bien, va hasta su apartamento y le recuerda que hay esperanza y que pronto estará totalmente recuperado.

" Tina dice que ya casi termino y que tengo que soportar un poco más. La respeto mucho. Sus palabras son como una ley para mí y las llevo en mi corazón " , dice Vano que, a su vez, ha ayudado a otras personas con tuberculosis a atravesar algunos momentos muy oscuros.

Vano ha sobrevivido lo peor de la pesadilla que significa padecer tuberculosis y ahora está esforzándose por volver a la vida normal: acompañar a su hijo adolescente, que recibe cada vez más premios de karate; observar cómo su hija de ojos rasgados va convirtiéndose en una jovencita; volver a su trabajo con la madera y disfrutar de las comidas caseras de su esposa.

Él y Venera concuerdan totalmente con el ministro de salud: seguir el tratamiento a rajatabla y los consejos del médico es fundamental para curarse. Pero también creen que el amor es un remedio secreto para combatir la tuberculosis.

" Cuando supimos que él podría transmitir la enfermedad, traté de proteger a los niños, pero s iempre tuve esperanza y creí que nuestro amor me daría inmunidad. Nunca lo traté en forma diferente, y creo que eso ayudó " , dice Venera.

Karanadze asiente. “Ahora estoy trabajando con unas 50 personas que luchan a diario para curarse y puedo decir, por la experiencia, que el amor hace la vida más fácil. "

Si la compasión fuera tan contagiosa como la tuberculosis...