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Terremoto en Haití: cuando la tierra tembló

21-01-2010 Reportaje

Chantal Pitaud, de 43 años, está a cargo del programa de restablecimiento del contacto entre familiares, al que se sumó en 1991. Como todos los habitantes de Puerto Príncipe, Chantal se vio profundamente afectada por el sismo del 12 de enero. Desde hace una semana, se está ocupando de reunir a familiares separados por la tragedia. A continuación, su testimonio.

     

©CICR/M. Kokic 
   
Chantal Pitaud en un campamento improvisado por familias damnificadas en Puerto Príncipe. 
         

" No me di cuenta inmediatamente de que se estaba produciendo un terremoto. Salí con mi padre y nos quedamos afuera, en la calle. Por milagro, nuestra casa no resultó dañada. Al igual que todos los demás, pasé la noche en la calle, con mi padre.

Primero llamé por teléfono a mis seres queridos aquí en Puerto Príncipe, pero nada funcionaba, no encontraba a mi madre. Mis hermanos y mis hermanas viven en Estados Unidos. También traté de llamarlos, pero nada. Temía que mi madre hubiera muerto. Protección Civil vino a buscarme al día siguiente para pedirme que les ayudara a conseguir sacos mortuorios para los cadáveres. Vinieron a verme porque yo sabía lo que había que hacer.

Pasé por el CICR al día siguiente, cerc a de mediodía. En la delegación me pidieron que trabajara en el restablecimiento del contacto entre familiares (tengo capacitación en ese tema) y que participara inmediatamente en los esfuerzos.

  Encontrar coraje, más allá del dolor  

La gente estaba preocupada, buscaba a familiares que estaban en la escuela o en la oficina cuando tembló la tierra. Todo era muy angustiante. Yo tenía miedo, pero me dije que iba a hacer algo inmediatamente para contribuir, para ayudar. Y en esos casos hay que encontrar coraje, más allá del dolor. Los primeros días, cuando me despertaba, lloraba porque me daba cuenta de que ya no había más vida, no había esperanza.

     
©ICRC/M. Kokic/ht-e-00455 
   
Un voluntario haitiano de la Cruz Roja presta asistencia a las personas que desean comunicarse con sus seres queridos por teléfono satelital para decirles que están sanas y salvas. 
         

Cuando comencé a trabajar en el restablecimiento del contacto entre familiares, es decir para mantener los lazos más sagrados que existen, me hallaba bien en ese cargo. Pero hoy es diferente, me siento útil. Creo que soy útil a la gente, a mis comp atriotas. Hay tantas necesidades en Puerto Príncipe que tengo que hacer todo lo que puedo para reunir a las víctimas con sus familiares.

Hace dos días, recibí una llamada de una persona de Afganistán para saber si estaba bien, si estaba viva. Era alguien que se había beneficiado de los servicios de restablecimiento del contacto entre familiares de la Cruz Roja de Haití, un militar americano-haitiano, y ello me permitió ver que, más allá de mi familia, mis amigos y mis colegas, hay personas a las que he ayudado y que piensan en mí. Unos pocos días después de los hechos, fue algo muy importante. "