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Haití: una enfermera de Puerto Príncipe recibe la medalla Florence Nightingale

12-07-2010 Reportaje

La medalla Florence Nightingale es la más alta distinción internacional para enfermeros o asistentes de enfermería voluntarios. Este año se ha otorgado a tres haitianos que dieron prueba de un coraje y una dedicación admirables al ayudar a las víctimas del devastador terremoto que se produjo el 12 de enero. Michaëlle Colin – "Miss Colin" para sus colegas y pacientes–, enfermera del sanatorio de Puerto Príncipe, es una de las tres personas galardonadas.

     
©CICR/v-p-ht-e-00641 
   
Miss Colin, acompañada de una colaboradora del CICR conversa con una paciente. 
               
©CICR/v-p-ht-e-00643 
   
El sanatorio de Puerto Príncipe tenía varios edificios bien equipados. Ahora sólo puede prestar servicios ambulatorios en las diez carpas que le entregó el CICR. 
               
©CICR/v-p-ht-e-00642 
   
Miss Colin delante de las ruinas de los dormitorios del sanatorio que habían sido refaccionados y alojaban a más de 200 enfermos. 
               
©CICR/v-p-ht-e-00644 
   
Una paciente del sanatorio de Puerto Príncipe. 
           

Hace sesenta años, las flamantes instalaciones del sanatorio resplandecían en medio de la profusa vegetación del barrio Carrefour-Feuillies. Los pacientes podían contemplar desde sus ventanas la vista abierta al Mar Caribe. Hoy en día, el paisaje es muy diferente: en las colinas se despliegan tristemente miles de viviendas en ruinas. Un campamento improvisado al lado del hospital aloja a centenares de desplazados; son pocas las personas que se arriesgan a circular por entre los escombros y las piedras.

Sin embargo, a unas decenas de metros de esos edificios, cuyas ruinas demuestran la violencia del sismo, el sanatorio sigue funcionando en carpas montadas justo abajo del antiguo patio. A las nueve de la mañana, sonriente y enérgica, Miss Colin, la jefa de enfermería del hospital, comienza su ronda. Saluda a los enfermos, verifica atentamente la distribución de medicamentos y alimentos, y atiende a una joven paciente. " Se llama Ruth, tuvimos que sacarle líquido de los pulmones, pero ahora está bien " , nos confía en voz baja.

  "Nunca perdí la esperanza"  

Miss Colin tiene 61 años y ha pasado 26 trabajando en el sanatorio. Recuerda centenares de historias felices. Se le ilumina el rostro al contar la historia de un adolescente enfermo y asustado, al que tranquilizó, cuidó y finalmente ayudó a sanar. También ha cuidado de centenares de detenidos que fueron enviados para recibir tratamiento en ese establecimiento especializado en la lucha contra la tuberculosis. Llegaban delgados, con la tez amarillenta, recuperaban peso y, unas semanas más tarde, pod ían irse transformados.

" Una enfermera debe ser fuerte. " Miss Colin no olvida tampoco los períodos difíciles, como el comienzo de la pandemia del SIDA, cuando centenares de enfermos morían de tuberculosis. " Pero, sin duda, la prueba más dura para mí ha sido el terremoto " , agrega.

  "Todo cambió en 35 segundos"  

El barrio donde vive, que no está lejos del sanatorio, fue devastado por el terremoto. Su casa quedó destruida, y varios amigos murieron. Inmediatamente numerosas personas acudieron a pedir auxilio y consuelo a esta persona tan conocida en el vecindario. " No había mucho tiempo para pensar, había que actuar con rapidez. Como no había ningún médico, tuvo que asistir también a una joven que dio a luz apenas unas horas después del terremoto. "

" Estábamos Miss Colin y yo, de pie, al sol, delante de las ruinas del sanatorio, el patio estaba repleto de heridos " , cuenta la Directora del hospital, Jocelyne Dorlette, otra mujer enérgica y dedicada. " Todos los pacientes del sanatorio sobrevivieron, pero algunos de nuestros colegas murieron en su domicilio. Nuestra infraestructura quedó en ruinas, y el material fue destruido o saqueado. Pero, aunque no teníamos nada, debíamos continuar como fuera y encontrar la manera de atender a los pacientes con tuberculosis, para que la enfermedad no avanzara. "

  "El hospital también es su casa"  

     

Miss Colin trajo uno de los primeros elementos para arreglar el hospital devastado: la mitad de una lona que había recibido para cubrir su propio techo. " Estaba en la calle, pero compartía lo poco que tenía con el sanatorio " , cuenta la doctor a Dorlette. " Para ella, el hospital también es su casa. "

En los días siguientes, otros médicos y enfermeros retomaron sus tareas en el sanatorio. Mientras tanto, el CICR pudo desagotar el agua del patio, instaló carpas y un generador, construyó duchas y retretes, y entregó material para las radiografías. Los pacientes fueron regresando, y desde marzo, más de 800 adultos y niños, de los cuales cuarenta son casos nuevos, han pasado por la clínica cada mes.

" Ahora nuestra lucha es para crear un espacio de internación " , explica Miss Colin. " Por ahora, estamos obligados a derivar a otros establecimientos los casos graves, que deberían quedar en observación. Lo vamos a lograr, ya tenemos algunos colchones, les hemos cosido unas fundas plastificadas para adaptarlos a las necesidades hospitalarias. "

El optimismo y la energía de Miss Colin son más contagiosos que las enfermedades contra las cuales lucha todo el día. Por ello, suele estar acompañada de enfermeros jóvenes que están formándose y de los que se ocupa voluntariamente. " Es una verdadera enfermera, una luchadora, un modelo. De verdad se merece la medalla Florence Nightingale " , continúa la doctora Dorlette. " El sanatorio sobrevivirá siempre y cuando contemos con personas como ella. "

     
 
   
En Haití, desde el 12 de enero de 2010, el CICR:
   
  • ha efectuado la búsqueda, en estrecha colaboración con la Cruz Roja de Haití, de los familiares de 121 niños que quedaron solos después del sismo, así como de los niños desaparecidos de unas 60 familias. Por otro lado, 17 niños fueron reunidos con sus familiares, y se restableció el contacto entre familiares en otros 50 casos;
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  • ha distribuido más de 300 toneladas de alimentos y artículos de primera necesidad para más de 30.000 víctimas y para 10 orfelinatos y escuelas de Puerto Príncipe;
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  • ha entregado medicamentos y material a 15 estructuras médicas, así como a 14 centros de salud que abrió la Cruz Roja de Haití inmediatamente después del sismo, en Puerto Príncipe y Petit-Goâve;
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  • ha prestado apoyo a cuatro puestos sanitarios de la Cruz Roja de Haití en Cité Soleil y Martissant, donde fueron atendidos 5.648 enfermos o heridos; 751 casos graves fueron derivados a diferentes hospitales;
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  • ha continuado la reparación de la red de abastecimiento de agua de Cité Soleil afectada por el terremoto, en beneficio de más de 200.000 residentes;
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  • ha efectuado visitas en 32 cárceles y comisarías a más de 5.000 detenidos y ha prestado apoyo a las autoridades penitenciarias para la rehabilitación de infraestructura y la gestión del servicio de salud en las cárceles.
    Seis meses después de la catástrofe, el CICR sigue participando en la respuesta humanitaria del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en Haití, sobre todo a través de su programa de restablecimiento del contacto entre familiares. Se concentra, además, en sus actividades tradicionales de respuesta a los problemas humanitarios en los lugares de detención y en los barrios populares.