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Kirguistán/Uzbekistán: perdidas y encontradas

02-07-2010 Reportaje

Los enfrentamientos que tuvieron lugar en Kirguistán a principios de junio causaron muerte y destrucción, así como la separación de numerosas familias, cuyos integrantes huyeron de su hogar y de su país para escapar de la violencia. El CICR colabora con las Medias Lunas Rojas de Kirguistán y de Uzbekistán y con las autoridades, a fin de restablecer el contacto entre familiares.

     
©CICR 
   
Aizirek, de regreso en casa con su madre. 
               
©CICR 
   
Aziza, su madre y una delegada del CICR. 
           

Los efectos de la violencia pueden trastocar muchos aspectos de la vida cotidiana. A veces, las personas más vulnerables son los niños, quienes fácilmente quedan separados de sus familiares en el caos. El 10 de junio de 2010, estallaron disturbios generalizados en el sur de Kirguistán. En pocos días, decenas de miles de personas se vieron obligadas a huir de su hogar, y algunas perdieron el contacto con sus familiares y seres queridos. Dos niñas, Azirek y Aziza, quedaron atrapadas en el caos.

  La historia de Aizirek  

Aizirek, una niña de doce años, se hallaba en tratamiento médico en un centro de salud en la ciudad de Osh cuando, el 14 de junio, ella y otras mujeres tuvieron que salir rápidamente de la clínica para escapar de los enfrentamientos. Su abuela, que confiadamente fue a buscarla al día siguiente, quedó conmocionada al enterarse de que Aizirek había partido al vecino Uzbekistán, donde buscaban refugio decenas de miles de personas. 

La madre de Aizirek, angustiada, acudió a la misión del CICR en Bishkek para que la ayudaran a buscar a su hija. La Institución, cuyos equipos de emergencia ya estaban trabajando en las partes de Kirguistán y Uzbekistán afectadas por los enfrentamientos en Kirguistán, pudo localizar a Aizirek al día siguiente. Aizirek se encontraba en el Centro de Asistencia Social y Jurídica para Menores de Andijan, en Uzbekistán. El CICR puso en contacto telefónico a madre e hija de inmediato, lo cual las tranquilizó mucho. 

Tras ocuparse de las formalidades necesarias para reunir a Aizirek con sus familiares, un equipo del CICR la recogió el 2 9 de junio y la trasladó en automóvil a Tashkent, donde pasó la noche. Al día siguiente, acompañada de un delegado del CICR, Aizirek viajó en avión de Tashkent a Bishkek, donde la recibió su madre con emoción y con gran alivio.

  La historia de Aziza  

" No he dejado de sonreír en todo el día " , exclamó Gulnara Rakhmatullaeva cuando entró a las oficinas del CICR en Bishkek. " Empecé a sonreír cuando supe que mi hija volvería a casa hoy, y ¡ahora no puedo parar! "

La hija de Gulnara, Aziza, de doce años, había viajado desde su casa en Bishkek hasta la ciudad de Osh, situada en el sur del país, para pasar las vacaciones de verano con sus tías y sus primos. Su llegada a Osh, el 10 de junio, coincidió con el estallido de la violencia: centenares de personas murieron y decenas de miles de personas de la etnia uzbeka tuvieron que escapar de su hogar.

Al principio, Aziza y sus familiares se escondieron bajo el piso de madera de la vivienda, y de este modo eludieron el ataque de unos hombres armados. Más tarde, huyeron a través de la frontera a Uzbekistán, donde pasaron las dos semanas siguientes en un campamento para refugiados, sin saber cuándo ni cómo podrían regresar a casa en condiciones seguras.

Frente a esa incertidumbre y desesperada por traer a su hija de regreso a Bishkek, Gulnara recurrió al CICR. " Había hablado con ella por teléfono " , dice Gulnara, " y sabía que estaba sana y salva, pero no sabía cómo sacarla del campamento y traerla de vuelta a Kirguistán. No estaba segura, pero esperaba que el CICR pudiera ayudarnos " . En efecto, los delegados del CICR que trabajaban en los campamentos en Uzbekistán localizaron rápidamente a Aziza y, con la ayuda de la Media Luna Roja de Kirguistán y de las autoridades uzbekas y kirguisas, escoltaron a la valiente niña de regreso a Osh y la hicieron abordar un avión del C ICR que regresaba a Bishkek tras descargar socorros en Osh.

" Estoy muy agradecida al CICR y a la Media Luna Roja de Kirguistán por ayudarme a traer a mi hija a casa " , dijo Gulnara, que seguía sonriendo mientras esperaba en el sector de llegadas del aeropuerto de Bishkek. La espera terminó muy pronto, y Aziza, cansada tras las duras pruebas que soportó, pero feliz de haber vuelto, corrió hacia su madre. La sonrisa de Gulnara se contagió a todos los presentes, cuando madre e hija se abrazaron y besaron y prometieron no separarse más. 

Thérèse Coché, la delegada del CICR que estaba presente cuando madre e hija se reunieron en Bishkek, dijo: " Gracias a los esfuerzos de muchos colaboradores del CICR y de la Media Luna Roja de Kirguistán, una niña se reencontró con su madre. Tras los trágicos acontecimientos de las semanas pasadas, es hermoso poder compartir este momento tan feliz " .