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Perú: una nueva esperanza para los familiares de desaparecidos

25-03-2009 Reportaje

Tras 25 años de espera, familiares de 61 personas desaparecidas en Huanta, Ayacucho, en 1984, participaron del 9 al 23 de marzo en las exhumaciones y en la toma de muestras de ADN para identificar los restos de 50 víctimas que posteriormente podrán ser restituidas a sus deudos.

Viviana Araujo, una comunera del Centro Poblado Menor Culluchaca, que se ubica a dos horas de la ciudad de Huanta, tuvo que sortear la lluvia y la inclemencia del clima de las alturas para llegar a tiempo al inicio de las exhumaciones. La Fiscalía la había citado para que participe de ellas ya que los restos óseos de su padre, Emilio Araujo Romero, desaparecido en 1984, podrían estar entre aquéllos que sacarían de la tierra los expertos forenses.

Su presencia, así como la de los otros familiares convocados, es de suma importancia para clarificar la identidad de las víctimas. Viviana no sólo brindó toda la información sobre aspectos físicos y rasgos de su padre -que fue recogida en una ficha antemortem-, sino que además estuvo atenta a la recolección de muestras de saliva para determinar el ADN.

La recuperación de los cuerpos y los análisis de laboratorio son para las familias una luz de esperanza para encontrar a sus seres queridos, pero también la espera por resultados positivos revela una ansiedad controlada durante muchos años.

A raíz de la desaparición de personas registrada durante el conflicto armado que vivió Perú en la década del 80, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) realiza una labor de sensibilización tanto de las autoridades como de la sociedad civil. Entre otras actividades, promueve programas de acompañamiento psicosocial para familiares de personas desaparecidas y proporciona ayuda humanitaria a quienes deben desplazarse hasta el lugar de las exhumaciones.

     
©CICR/ J.Atauje /pe-e-00370 
   
Familiares marchan al Cementerio de Huanta para presenciar exhumaciones. 
          “Cuando se llevaron a mi papá, yo me quedé sola con mis hermanos y mi mamá. Ella está viva pero enferma de preocupación desde que mi padre desapareció; nunca se recuperó. Por eso ahora he venido a ver si encuentro su cuerpo, para después enterrarlo”, dice Viviana en medio de lágrimas.
 

El 9 de marzo, con una marcha desde el Municipio de Huanta hasta el Cementerio general de la jurisdicción, los familiares de más de 61 personas desaparecidas en 1984 iniciaron el proceso de exhumación de 50 víctimas del conflicto armado interno, encontradas en una fosa común en la localidad de Pucayacu.

Más de 43 comuneros de Culluchaca, junto con sus hijos, y otros familiares de las localidades de Calqui, Uyuvire, Lucanamarca, Huanta y Huamanga, marcharon mostrando las fotos y proclamando los nombres de los desaparecidos.

En el Cementerio General de Huanta, el equipo de peritos del Instituto de Medicina Legal (IML) está a cargo de las exhumaciones y miembros del Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF) participan como peritos de parte. En estas exhumaciones, dos fosas descubiertas en agosto de 1984 serán reabiertas. En forma paralela ambas instituciones tomarán muestras de ADN a los familiares directos que servirán para identificar los cuerpos.

     
 
             

La Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh) patrocina a 17 familias, y la Asociación para el Desarrollo Humano Runamasinchiqpaq (ADEHR), a los familiares de otros 40 deudos. Rosa Luz Pallqui, fundadora de ADEHR, esposa del periodista Jaime Ayala Sulca, corresponsal del diario La República, desaparecido igualmente en 1984, afirma que el dolor sigue presente, pero las esperanzas también. “Durante estos 25 años he sido perseguida. Yo tenía un hijo de tres meses, estudiaba educación y tuve que dejarlo todo para poder sacarlo adelante, y a la vez tenía que luchar para encontrar el cuerpo de mi esposo " , manifiesta Rosa Luz.

" Hoy nos reencontramos muchas de las mujeres que hace 25 años estábamos en la puerta del Estadio (que fue la Base Militar de Huanta) y seguimos juntas por esta lucha para encontrar a nuestros familiares. Mi hijo sigue los pasos de su padre como periodista, y con él no descansaremos hasta que el cuerpo de mi esposo sea enterrado dignamente”, sentencia Rosa Luz.

     
©CICR/ J.Atauje /pe-e-00371 
   
Primeros restos encontrados por peritos forenses en fosa común. 
         

Mientras las primeras osamentas comienzan a aparecer, el dolor se hace presente otra vez. Rostros acongojados, lágrimas y sufrimiento se manifiestan. Boris Ayala Pallqui es quizás quien describe con mayor fortaleza el sentir de los familiares. " Hace 25 años tengo el gran dolor de no saber qué pasó con mi padre, siento desolacióny frustración acumulada por los años de incertidumbre.

Esto es bastante traumatizante, y así como yo, hay muchos jóvenes aquí en la misma situación. Pero, al mismo tiempo, también tenemos esperanzas de encontrar los restos de nuestros seres queridos, para por fin enterrarlos y poderles llevar un ramo de flores " , se emociona Boris, rompiendo en llanto.

La principal actividad del CICR en este marco es el apoyo a iniciativas de diversas organizaciones de la sociedad civil y de las instituciones del Estado involucradas facilitando el traslado de los deudos. Así, familias procedentes de Lima, Huamanga, Luricocha y Culluchaca, cuyos parientes desaparecieron en Huanta entre el 7 de julio y el 15 de agosto de 1984, han acudido a las exhumaciones con la esperanza de encontrar a sus parientes.