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Filipinas: salvar vidas en la cárcel de Antipolo

17-03-2010 Entrevista

El hacinamiento es una amenaza para la salud en muchas cárceles de Filipinas. Pero algo puede hacerse, como ha podido demostrar Carolina Borrinaga, la superintendenta de la cárcel de Antipolo, con el apoyo de la jerarquía y del CICR. A continuación, nos informa Allison Lopez, del CICR.

     
© Cortesía de la cárcel de Antipolo. 
   
Carolina Borrinaga, superintendenta de la cárcel de Antipolo. 
               
© Cortesía de la cárcel de Antipolo. 
   
Toma de rayos X a un detenido para confirmar el diasgnóstico de tuberculosis. 
           

En junio de 2009, con su uniforme gris y una gran sonrisa, la superintendenta asumió sus funciones en la cárcel de Antipolo, ciudad que se encuentra a unos 30 kilómetros al este de la capital, Manila.

Sin embargo, la sonrisa de Carolina poco a poco fue desdibujándose. Cuando comenzó a hacer sus rondas, pudo ver una gran cantidad de reclusos enfermos en los corredores y en los rincones oscuros de las celdas. El pesado humo del fuego de leña llenaba el ambiente. Los internos apenas se dieron cuenta de la presencia de su nueva guardia.

" Cuando llegué a la cárcel de Antipolo, quedé muy consternada. Había muchos enfermos. Estoy acostumbrada a las cárceles —muchas veces he inspeccionado cárceles—, pero esta era extraordinaria, porque el hacinamiento era muy grave " , dice con voz temblorosa.

El hacinamiento sigue siendo un problema grave para la Oficina de Gestión de Cárceles y Penología, que tiene el control administrativo de las 1.132 cárceles de las ciudades, distritos y municipios de Filipinas. Según esa oficina, la población carcelaria pasó de unos 35.000 internos el año 2000 a más de 58.000 en agosto de 2009.

  Alta tasa de mortalidad  

La cárcel de Antipolo, que fue construida para alojar unos 200 reclusos, según los estándares internacionales, tenía cerca de 800. Pero a diferencia de otras penitenciarías, la cárcel también tenía una alarmante tasa de mortalidad, por lo que la Oficina decidió destinar a Carolina a ese establecimiento. Una evaluación posterior demostró que unos 100 reclusos padecían afecciones que iban desde tuberculosis hasta heridas de bala que no habían recibido ningún tipo de tratamiento.

La situación era urgente; la tarea más difícil en la carrera de Carolina, tal como dijera más tarde. En una reunión con el director de Antipolo y el CICR, la señora Borrinaga pidió ayuda para prestar asistencia médica a los detenidos y refaccionar las instalaciones de detención.

La respuesta fue rápida y efectiva, gracias a la buena coordinación: las autoridades penitenciarias hicieron listas de los internos enfermos y obtuvieron autorizaciones del juzgado para trasladarlos; el gobierno local asignó médicos, y el CICR asumió los gastos de radiografías, otros exámenes de diagnóstico y algunos medicamentos.

A su vez, la señora Borrinaga aprovechó lo que había aprendido por ser miembro de tres grupos de trabajo del proceso " Llamado a la Acción " lanzado por el CICR en 2007, al que se adhirió la Administración de la cárcel.

  Llamado a una acción concertada  

La finalidad del Llamado a la Acción es coordinar los esfuerzos de las autoridades ejecutivas, legislativas y judiciales tendientes a identificar y abordar las causas del hacinamiento en las cárceles y sus consecuencias en la salud y las condiciones de vida de los internos.

Jean-Daniel Tauxe, jefe de la delegación del CICR en Filipinas, dice: " El CICR vio la necesidad de trabajar con las autoridades para abordar la situación en las cárceles, concentrándose en tres cuestiones principales; mejorar las instalaciones penales, tratar la tuberculosis en las cárceles, y mejorar el proceso de justicia penal para los detenidos. El Llamado a la Acción es un proyecto piloto que comenzó aquí, pero pensamos que puede reproducirse en otros países " .

El 17 de marzo de 2010, funcionarios de alto rango de organismos filipinos co mo la Oficina de Gestión de Cárceles y Penología, el Departamento del Interior, el Departamento de Salud, el Congreso, la Corte Suprema, se reunieron en la conferencia nacional de " Llamado a la Acción " para presentar los logros de estas iniciativas y determinar los planes de acciones futuras.

" Hemos identificado estos problemas hace mucho tiempo, pero hay que poner en práctica las soluciones " , dice Carolina Borrinaga. " El proceso del Llamado a la Acción nos ha ayudado a reconcentrar la energía y los recursos, y nos ha recordado que nuestra misión no es sólo la custodia de los internos, sino también su desarrollo. "

  Poner en práctica los cambios  

     

Con los aportes del " Llamado a la Acción " y con todo el apoyo de la Oficina, la señora Borrinaga utilizó la cárcel de Antipolo como sitio para la prueba piloto. Comenzó mejorando las instalaciones a través de la compra de una cocina a gas para eliminar el humo del fuego de leña y de la designación de áreas específicas para secar la ropa y fumar.

" Priorizó la salud de los reclusos y es muy insistente con la higiene. Es muy activa y está decidida a resolver los problemas de la cárcel " , comenta Juan Perfecto Palma, enfermero del CICR que ha trabajado mucho con la superintendenta.

Hacia finales de 2009, Carolina ha podido cumplir en gran medida su promesa de aliviar el hacinamiento a través de la inauguración de un anexo. Esta ampliación, construida por el grupo de ministerios penitenciarios locales con el apoyo del CICR, reúne los requisitos internacionales en materia de condiciones de detención. Unos 120 reclusos están alojados en el anexo, donde gozan de mayor comodidad.

La transformación de la cárcel es algo más que una renovación física de las instalaciones, ya que los internos, y sus guardias, comenzaron a elevar su autoestima y a asumir más la responsabilidad de su propia persona.

" Les digo que se valoren, que dejen sus casos a los jueces, pero que se ocupen de ellos. ¿Cómo se preparan para la vida fuera de la cárcel? " , dice Carolina Borrinaga.

  Una segunda oportunidad  

     

Los reclusos, insiste, merecen que se los trate con humanidad y que se les dé la oportunidad de vivir dignamente tras las rejas.

" Ellos también son humanos; tienen una sola vida. Los que han estado aquí durante años me han dicho que es la primera vez que viven algo así. Su estadía en la cárcel es una oportunidad para cambiar su vida. Les digo que lo tomen como un llamado a despertarse " , agrega.

Palma, el enfermero del CICR, dice: " De todas las penitenciarías donde he estado, Antipolo es ahora una de las más avanzadas. Nos damos cuenta de que los cambios realmente dependen de la motivación de la administración penitenciaria y del pleno compromiso de la autoridad detenedora. "

Carolina Borrinaga cree que ella misma ha cambiado un poco en Antipolo. " Estar en contacto con ellos me ha hecho mejor persona. Son tantas las cosas que una puede hacer para ayudar a otras personas. Sólo necesitan alguien que las guíe " , dice.

 

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