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Ruanda: reencuentro de un ex niño soldado con su madre

25-06-2010 Reportaje

Ocho años después de separarse en circunstancias trágicas, un adolescente y su madre se reencontraron gracias a la intervención conjunta del CICR y de la Comisión de Desmovilización y Reintegración de Ruanda.

En 1994, decenas de miles de personas huyeron del genocidio en Ruanda. Entre ellas estaban Judith*, sus dos pequeñas hijas y Jado, su hijo de un año. Tras la muerte del padre de los niños, la familia se trasladó a la República Democrática del Congo.

Poco tiempo después, estalló un conflicto entre grupos armados en Walikale, Kivu Norte, donde se habían asentado. Las familias residentes en la zona comenzaron a ocultar a los niños en el bosque para evitar que los grupos armados los enrolaran por la fuerza.

  Separación  

     

En 2002, la desgracia se abatió sobre la familia: se realizó una importante operación militar precisamente mientras Jado estaba escondido en el bosque. Judith no tuvo más remedio que huir de la zona con sus dos hijas, y perdió el contacto con Jado.

Judith decidió entonces regresar a Ruanda. Angustiada por la pérdida de su hijo, hizo todo lo posible por encontrarlo. Se presentaba con regularidad en la oficina del CICR en Kigali para pedir noticias de él.

  Niño soldado  

 
©CICR 
   
Madre e hijo están juntos de nuevo, por fin! 
         

Tras la huida de su madre y sus hermanas, Jado fue descubierto por uno de los grupos armados. En ese momento, tenía sólo nueve años, y lo obligaron a enrolarse. Durante ocho años, combatió junto al grupo. Pero, un día, sucedió algo que cambió su situación: escuchando la radio, Jado oyó hablar a uno de sus ex camaradas, quien se refirió a la desmovilización y a la posibilidad de empezar una nueva vida en Ruanda. Aunque Jado había nacido en Ruanda, apenas si recordaba el país y tenía muy poca información acerca de su lugar de origen. Sin embargo, la historia que escuchó por la radio le abrió un mundo de nuevas posibilidades, y Jado decidió a regresar a Ruanda.

En abril de 2009, Jado llegó al Centro de rehabilitación de ex niños soldados, en Muhazi (Ruanda), donde se inscribió en un programa de formación especial. El Centro lo puso en contacto con un equipo de delegados del CICR en Kigali, que inmediatamente empezó a buscar a sus familiares.

  "No tengo palabras para expresar mi alegría"  

     

Desde que, en julio de 2008, Judith escuchó por la radio que el CICR realizaba actividades de restablecimiento del contacto entre familiares, seguía todos los programas radiales relacionados con el tema, en particular el denominado Isange mu bawe ( " Tu familia te espera " ), producido por la Comisión de Desmovilización y Reintegración de Ruanda. El 24 de abril de 2010, estaba escuchando la radio como siempre, cuando escuchó a un joven decir que buscaba a su familia. Judith quedó conmocionada, convencida de que había reconocido la voz de Jado. " No podía contener la alegría y corrí a contarle la noticia a toda la familia " .

Mientras tanto, la oficina del CICR en Kigali corroboró los datos que había reunido y confirmó que Jado era, en efecto, el hijo de Judith. Se organizó un encuentro para el día 5 de mayo, con el consentimiento de la Comisión de Desmovilización, en el centro de Muhazi donde vivía Jado, que ya había cumplido 17 años. Mientras se dirigía al Centro en compañía de un colaborador del CICR, Judith no podía dejar de mirar la fotografía que Jado le había enviado. Cuando llegó a la entrada principal del edificio, Judith se encontró con unos 20 adolescentes que gritaban " Es mi madre, es mi madre " .

Con timidez, Jado dio unos pasos hacia adelante. Judith corrió hacia él y, después de ocho largos años, madre e hijo se abrazaron con ternura. 

" No tengo palabras para expresar mi alegría " , dijo Judith, embargada por la emoción.

     

  * Nombre ficticio