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Día Mundial del Agua: el hacinamiento en las prisiones plantea problemas sanitarios y de agua a nivel mundial

18-03-2008 Reportaje

El creciente número de detenidos y prisioneros en muchos de los países afectados por conflictos está poniendo a prueba la capacidad de los centros de detención para cubrir las necesidades de los reclusos en materia de agua, saneamiento y de salud pública en general.

En muchas sociedades, las prisiones son olvidadas o descuidadas, lo que las convierte en campo fértil para la diseminación de enfermedades provocadas por la falta de agua limpia, el acceso limitado a las letrinas, la gestión inadecuada de los residuos, la higiene deficiente y el hacinamiento en las celdas.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) visita anualmente más de 2.500 lugares de detención, que albergan a casi medio millón de personas, en unos 70 países. La evaluación de las necesidades en materia de agua, salud y saneamiento se basan en estas visitas, cuyo objetivo es mejorar las condiciones y el tratamiento de los detenidos donde sea necesario.

  Derechos fundamentales  

“Las infraestructuras actuales no pueden hacer frente al incremento de la población carcelaria, y el problema empeora en todos los ámbitos… no sólo en los países en desarrollo,” declara Robert Mardini, jefe de la Unidad de Agua y Hábitat del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). 

“Con demasiada frecuencia las comunidades prefieren no ver lo que ocurre dentro de las prisiones, pero todos tenemos un derecho fundamental a usar un baño adecuado, asearnos con regularidad, comer alimentos saludables y beber agua segura, incluso aquellas personas que están tras las rejas,” agrega. “Garantizar condiciones de vida adecuadas es también una de las mejores formas de evitar el contagio de enfermedades tales como el cólera, la sarna o la hepatitis entre los reclusos, así como su diseminación a la población no carcelaria.”

Los comentarios de Mardini se anticipan al Día Mundial de l Agua 2008, que se celebrará el 20 de marzo y destacará los desafíos mundiales en materia de saneamiento.

El CICR trabaja en conjunto con las autoridades a cargo de los centros de detención a fin de fomentar y apoyar la realización de mejoras en las condiciones de vida de los reclusos y detenidos. Este apoyo incluye el seguimiento, la experiencia de la Institución para identificar problemas y hallar soluciones, la provisión de materiales y la ayuda en la implementación de proyectos.

“Para el CICR, los problemas en materia de saneamiento, agua, salud y protección van de la mano”, dice Mardini. “Esa es la razón por la cual consideramos a la situación en su conjunto y tratamos de ayudar a los directivos de las prisiones a encontrar soluciones apropiadas, sostenibles e inventivas.”

En Ruanda, el CICR ha encontrado una alternativa innovadora para los tanques sépticos: un sistema de biogás recolecta el gas producido por las aguas servidas y residuales y lo convierte en una fuente de energía adicional que puede utilizarse para calentar las cocinas en las prisiones, lo cual contribuye a reducir los gastos.

“Es un gran ejemplo de cómo se pueden tratar los desechos de forma segura y favorable para el medio ambiente, y transformarlos en un subproducto útil,” declara Mardini. “El problema del hacinamiento en los centros de detención no va a desaparecer en el corto plazo por lo que debemos encontrar soluciones como ésta, que respondan a múltiples necesidades y desafíos.”

     
©ICRC/P. Yazdi/so-e-00092 
   
Somalia, región de Bakool, Bara Brio. El CICR distribuye agua potable. 
         

  Escasez de agua  

El programa de Agua y Hábitat del CICR no se limita únicamente a los centros de detención. Cada año, sus actividades también satisfacen las necesidades de agua y saneamiento de más de 14 millones de personas en más de 40 países. 

La inseguridad y el desplazamiento suelen verse agravados por sequías prolongadas o infraestructura deficiente. Cuando el agua es escasa y el nivel de hostilidades es elevado, esta combinación puede aumentar la competencia entre las comunidades, generar tensiones e incitar a la gente a que abandone sus hogares.

Por ejemplo, algunas zonas de Somalia, país donde se han incrementado los enfrentamientos en la capital, Mogadiscio, han sufrido muy pocas precipitaciones durante más de dos años. En lugares donde el agua escasea, la llegada de personas desplazadas por la violencia puede resultar devastadora. 

" La combinación de la escasez acuciante de agua y de la existencia de pastizales fuera de alcance a causa de la violencia significa para la gente que sólo les queda esperar que llueva " , dice Julian Jones, coordinador del CICR de agua y hábitat para Somalia.

El CICR está trabajando para brindar apoyo a estas poblaciones vulnerables proveyéndoles dos millones de litros de ag ua, que se distribuyen diariamente entre 350.000 personas en las regiones de Mudug, el norte de Bakool, el este de Bay y Galgadud, en Somalia.