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Liberia: veinte años de ayuda a las víctimas del conflicto

10-11-2010 Entrevista

En 2003, finalizó una guerra que dejó a Liberia en ruinas. La recuperación, con asistencia internacional, es lenta y muchos liberianos luchan por sobrevivir. Según Karin Hofmann, jefa de la delegación del CICR, los más vulnerables siguen necesitando ayuda humanitaria. La Institución despliega actividades en Liberia desde hace dos décadas.

     
©CICR 
   
 

         

  ¿Cuáles son las actuales actividades del CICR en Liberia?    

Una vez terminada la guerra, la delegación reorientó gradualmente sus operaciones, pasando de los programas de asistencia masiva y las actividades de protección a las víctimas del conflicto, a proyectos destinados a las personas más vulnerables, sobre todo mediante el apoyo a los programas de la Cruz Roja de Liberia. Además, seguimos facilitando el acceso al agua potable en la parte urbana de Monrovia mediante la construcción de plantas distribuidoras de agua. Además, proporcionamos ayuda técnica y financiera a proyectos relacionados con la agricultura y la salud en el condado de Lofa, y ayudamos a mejorar el acceso al agua, al saneamiento y a la atención de la salud en las cárceles de Liberia.

Al igual que en otros lugares del mundo, en Liberia, el CICR promueve el respeto del derecho internacional humanitario (DIH) y de los principios fundamentales del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Aquí, el CICR realiza actividades de difusión del DIH destinadas a las tropas de la Misión de las Naciones Unidas en Liberia (UNMIL), al ejército, a la policía, a otros servicios de seguridad y al público en general. El CICR también presta apoyo al Gobierno en la aplicación de los tratados del DIH.

  ¿Se retirará el CICR de Liberia algún día?    

¡Espero que sí! Pero es difícil predecir cuándo. La decisión sobre las futuras dimensiones de la operación del CICR dependerá sobre todo de la estabilidad política del país después de las elecciones presidenciales y legislativas de 2011, del desarrollo de un sector de la justicia y la seguridad que sea funcional y que mantenga la estabilidad tras la retirada de la UNMIL y por último, pero no menos importante, de las necesidades humanitarias que persistan.

En mi opinión, sería erróneo determinar el fin de la acción humanitaria en función de un calendario en vez de pensar en las necesidades. ¿Cuánto tiempo se le da a un país para que se reconstruya tras décadas de guerra? ¿Cuánto debe durar una fase de " emergencia " o de " recuperación temprana " ? Esas preguntas no tienen respuesta. En realidad, las preguntas deberían ser: " ¿Cuáles son las necesidades humanitarias? ¿Se están encarando? "

  ¿El CICR debería quedarse hasta la satisfacción de todas las necesidades de índole humanitaria?   

Ese objetivo no sería realista. Pero, en mi opinión, la permanencia del CICR depende de la medida y la gravedad de esas necesidades y de quién responde a ellas, y de qué manera. De hecho, lo que más me impresionó cuando llegué a Liberia, hace más de un año, fue la enorme devastación que los 14 años de guerra civil causaron en el país y cómo afectó la vida de todos los liberianos y sigue afectando a la mayoría de la gente en la actualidad. Desde muchos puntos de vista, las necesidades son mayores que las que yo he visto en otros países afectados por conflictos.

  ¿En qué sentido las necesidades son mayores?  

En todos los sentidos. Tomemos, por ejemplo, la infraestructura. Hay muy pocas carreteras, y las que existen están en malas condiciones. Cada año, la estación de las lluvias, que dura casi seis meses, desbarata los esfuerzos del gobierno por reparar y mantener las carreteras. Todos los que han pasado por Liberia recuerdan que desplazarse por aquí es como participar en la competencia del Trofeo Camel: ¡los caminos tienen pozos tan grandes que se tragan camiones enteros! Sin carreteras, todo resulta muy difícil. Las mercancías son demasiado caras y no llegan fácilmente a las zonas remotas; ese problema afecta también a los alimentos para las personas detenidas, los medicamentos para las clínicas, los salarios de los médicos, docentes, funcionarios públicos...

Tomemos otros ejemplos. En Liberia, la mortalidad materna es una de las más altas del mundo. Dos décadas de guerra han dejado a varias generaciones sin educación. Desde la guerra, se graduaron sólo seis médicos. Solamente el 17% de los liberianos tiene acceso a instalaciones de saneamiento, para no mencionar la falta de acceso a la atención médica, al agua potable, a los ali mentos y a otras cosas, que afecta a la mayoría de la población. Aunque los avances hechos en Liberia una vez finalizada la guerra fueron muy importantes, los desafíos pendientes también lo son.

  ¿Por qué toca al CICR responder a las necesidades humanitarias en situaciones posteriores a los conflictos?  

El CICR puede aportar una ayuda importante en esta fase de la recuperación, que es esencial, y puede mantener la asistencia humanitaria hasta que el país haya alcanzado la estabilidad política y social, sea por sus propios medios o con el apoyo de asociados para el desarrollo. En el mejor de los casos, este enfoque no sólo satisfará las necesidades humanitarias básicas restantes de la población, sino que también ayudará a estabilizar el país y a prevenir la reaparición del conflicto.

En países estables pero todavía frágiles, es fundamental mantener una buena red de contactos, de recursos humanos y de capacidad logística, por si la situación se deteriora. Sin embargo, la estructura debe ser pequeña y sencilla. No es necesario realizar acciones de gran envergadura, sino acciones que respondan de manera eficiente y eficaz a necesidades que, de otro modo, quedarían insatisfechas. Además, hay que mantener la capacidad de la delegación para responder a las situaciones de emergencia que se presenten.

  ¿No pueden hacer lo mismo otras organizaciones humanitarias?       

Sí y no. Por un lado, muchas organizaciones no gubernamentales humanitarias luchan por obtener suficientes fondos para ejecutar proyectos en situaciones posteriores a conflictos. Por otro, la disponibilidad de fondos suele estar atada a criterios como la buena gestión, la estabilidad de la economía, y otras consideraciones.

Además, el CICR está en una posición inmejorable para intervenir en algunos ámbitos. El cuidado de las personas detenidas es un ejemplo de esa capacidad. Ninguna otra organización cuenta con la vasta experiencia del CICR, tanto en lo que respecta a proteger la vida y la dignidad de decenas de miles de detenidos, como a mejorar sus condiciones de vida a través de proyectos de abastecimiento de agua, de saneamiento o de atención de la salud en las cárceles. Tomemos el caso de Liberia. Con un presupuesto reducido y con déficits en todos los sectores (salud, educación, seguridad y otros) las cárceles obviamente no ocupan un lugar importante en el programa del gobierno. Al mismo tiempo, muchos donantes no desean financiar los programas destinados a mejorar los lugares de detención. En este caso, el CICR puede ser una de las pocas organizaciones capaces de responder a las graves necesidades de los detenidos, porque cuenta con los fondos y los conocimientos necesarios para hacerlo.

  El CICR cumple veinte años de actividades. ¿Está usted orgullosa de la labor del CICR en Liberia?      

¡Ya lo creo que sí! Ser la jefa de la delegación en esta etapa es un honor para mí. Sin embargo, hay que rendir homenaje a los centenares de colaboradores y delegados que contribuyeron a los logros del CICR en Liberia durante los pasados veinte años. De hecho, en todos mis años de servicio con la Institución, nunca trabajé en un contexto donde la labor del CICR haya sido tan aceptada y apreciada por todo un país. Éste es el logro de un grupo de colaboradores excepcionalmente dedicado, que lo dio todo por proporcionar protección y asistencia a la población de Liberia durante épocas terribles, a veces arriesgando su propia vida.

 

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