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Pakistán: entre un desastre natural y la violencia armada

15-10-2010 Entrevista

Las inundaciones sin precedentes que durante dos meses afectaron Pakistán y el reciente deterioro de las condiciones de seguridad anuncian un futuro sombrío para millones de pakistaníes. André Paquet, jefe adjunto de la delegación del CICR en Islamabad, explica las actividades de la Institución para hacer frente a la situación.

  Colección de fotos: El CICR distribuye alimentos entre las víctimas de las inundaciones
   
       
©CICR/M. Naseer/pk-e-00979 
   
Lehri, distrito de Sibi. Mujer desplazada, con su paquete de alimentos. 
                 
©CICR/M. Naseer/pk-e-00980 
   
Depósito del CICR y la MLR de Pakistán, Sibi. El depósito puede almacenar hasta 50.000 paquetes de alimentos, que se distribuirán entre la población del Baluchistán este. 
               
©Cruz Roja Neerlandesa/J. Oerlemans/pk-e-00821 
   
Campamento para personas desplazadas en Swabi. Niños recogen alimentos distribuidos por la Media Luna Roja de Pakistán. 
               
©Cruz Roja Neerlandesa/J. Oerlemans/pk-e-00839 
   
Distrito de Swabi. Campamento para personas desplazadas que recibe apoyo del CICR y de la Media Luna Roja de Pakistán. 
           
     
 
   
André Paquet, jefe adjunto de la delegación del CICR en Islamabad 
         

  Ocho semanas después de que comenzaran las operaciones de socorro por las inundaciones en Pakistán, ¿qué situación vive la población?  

Grandes partes del país siguen anegadas por el agua. En el norte, la población está regresando poco a poco a viviendas que han quedado destruidas. En el sur, las aguas estancadas todavía cubren áreas enormes, por lo que la población sigue necesitando asistencia vital. Para millones de personas, la crisis está lejos de haber terminado. Los daños a la infraestructura y los medios de sustento son severos y sus consecuencias son a largo plazo.

Las necesidades son tantas que ningún organismo o gobierno puede satisfacerlas por sí solo, sea a corto o a largo pl azo. Se necesita un esfuerzo combinado del gobierno, el ejército, la comunidad internacional, la ONU, las ONG, los donantes y, por supuesto, las propias comunidades.

En asociación con la Media Luna Roja de Pakistán, el CICR ha distribuido raciones de alimentos suficientes para un mes, así como artículos de higiene, para 575.000 víctimas de las inundaciones. Además, entregó artículos domésticos y material para construir refugios para otras 345.000 personas en áreas seleccionadas, sobre todo al oeste del río Indus. El CICR también ha ayudado a los miembros de más de 800 familias a mantenerse en contacto a través de los servicios de búsqueda y permitiéndoles hacer llamadas telefónicas. Por otro lado, continúa prestando apoyo a las unidades de salud y a las unidades de tratamiento de la diarrea de la Media Luna Roja de Pakistán, que hasta ahora han atendido más de 60.000 consultas.

A pesar de que la respuesta humanitaria tras las inundaciones fue de gran magnitud, millones de personas siguen necesitando asistencia de emergencia, y muchas más necesitarán apoyo para los medios de sustento cuando hayan regresado a sus hogares. El CICR está preparándose para ayudar a unas 350.000 personas a recuperar sus medios de sustento rurales en los próximos meses en las zonas donde está presente. Les entregará semillas, herramientas y otros artículos agrícolas. La magnitud de las necesidades es, simplemente, abrumadora.

  ¿Qué dificultades se presentan a la realización de actividades de ayuda humanitaria en Pakistán?  

No olvidemos que las inundaciones vinieron a sumarse a la violencia armada que ya estaba afectando varias partes del país.

Por ello, la principal dificultad para el gobierno pakistaní y las fuerzas de seguridad es responder de forma adecuada y cabal al desastre natural y sus consecuencias y, al mismo tiempo, res petar plenamente las normas que rigen la conducción de operaciones de seguridad, además de facilitar la labor de los organismos humanitarios en zonas sensibles.

El CICR está concentrando sus esfuerzos en algunas partes del país, como Jyber Pajtunjwa,

las Zonas Tribales bajo Administración Federal, la parte de Cachemira administrada por Pakistán y Baluchistán, donde no solo participa de la respuesta a las inundaciones, sino que también sigue ayudando a las víctimas de la violencia armada. En particular, continuamos prestando apoyo a más de 200.000 personas desplazadas por los enfrentamientos en el noroeste.

Para el CICR, el principal desafío es obtener acceso. Por supuesto, hay problemas de seguridad vinculados al delito, y hay restricciones logísticas, que nos impiden un despliegue total y sin obstáculos. Sin embargo, los principales escollos que impiden la labor humanitaria se deben a las restricciones impuestas por las autoridades.

Como no se autoriza el acceso a los especialistas expatriados que están trabajando para ayudar a las víctimas de las inundaciones, nuestra capacidad de acción resulta limitada. Por ejemplo, no podemos fortalecer la capacidad de la Media Luna Roja de Pakistán de entregar ayuda. Además, la falta de acceso provoca resentimiento y desconfianza hacia los organismos humanitarios, sobre todo los internacionales, que son percibidos como ineficaces o como si tuvieran fines políticos o de seguridad.

Para ser eficaces, tenemos que lograr que la labor que realizamos conjuntamente con las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja sea reconocida como un conjunto de acciones estrictamente humanitarias. La independencia con la que actuamos, que es clave para dar una respuesta imparcial basada solamente en las necesidades, debe ser plenamente reconocida por las autoridades. En particular, necesitamos que se nos autorice el acceso para realizar nuestra labor en favor de las víctimas de la violencia armada y de las inundaciones donde sea que estén.

  Las últimas noticias referidas a Pakistán hacen más hincapié en la seguridad que en las inundaciones. ¿De qué modo la falta de seguridad afecta las actividades del CICR en favor de los damnificados por las inundaciones?  

La situación de seguridad tiene un efecto mayor y más inmediato en los pakistaníes que en los organismos de ayuda.

De todos modos, es cierto que, en Pakistán, los trabajadores humanitarios corren riesgos físicos graves a causa de la delincuencia y de la hostilidad por motivos políticos. Nadie puede ayudar a las víctimas de la violencia armada y de las inundaciones en Pakistán, a menos que se mantenga cierto nivel de seguridad.

Como el trabajo del CICR consiste en prestar protección y asistencia en situaciones de conflicto y en otras situaciones de violencia armada en todo el mundo, contamos con procedimientos rigurosos para garantizar la seguridad de nuestro personal, incluso en las situaciones más volátiles. En Pakistán, el CICR es conocido por la labor que ha realizado en el país a lo largo de varias décadas en favor de las víctimas de conflictos, de otras situaciones de violencia armada y de desastres naturales. Como hemos estado trabajando aquí durante tanto tiempo, nuestras acciones y nuestro programa humanitario son absolutamente transparentes y bien comprendidos. Con regularidad informamos al gobierno y a los organismos de seguridad acerca de nuestros planes y no actuamos si no hemos confirmado que se ha comprendido y aceptado lo que hacemos y cómo lo hacemos.

Creemos que, para lograr la aceptación y el respeto de la población en el terreno, la acción debe ser estrictamente humanitaria e imparcial, sin ningún otro propósito más que ayudar a los necesitados.