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Afganistán: reflexiones sobre otra década de protección en favor de las personas vulnerables

03-10-2011 Entrevista

Tras finalizar una misión de dos años con el CICR en Afganistán, Katja Gysin analiza los últimos diez años del conflicto y los cambios que se han producido en la labor que la Institución despliega en favor de los detenidos y de otras personas protegidas por el derecho internacional humanitario.

¿Cuáles son las principales dificultades que el CICR ha encontrado a lo largo de los últimos diez años en sus actividades en favor de las personas protegidas por el derecho internacional humanitario?

En un principio, tuvimos que adaptar nuestra labor a la nueva situación en el terreno, al nuevo gobierno y a muchas otras cuestiones. Lo cual, por supuesto, fue un desafío. Pero pienso que, con los años, hemos podido avanzar sin problemas.

Una de las principales dificultades fue la construcción de un diálogo con las fuerzas internacionales y, sobre todo con las fuerzas estadounidenses. Comenzamos desde cero en 2001 en Afganistán y, en 2003, en Irak. Tuvimos que construir todo un diálogo operacional con un nuevo interlocutor.

Al comienzo, el CICR estaba en un extremo del espectro, y Estados Unidos, en el otro. De modo que tuvimos que encontrar una forma que nos permitiera acercarnos. Ese proceso nos tomó cierto tiempo.

El hecho de mantener el diálogo con la comunidad internacional y con el Gobierno afgano para reunirlos en la mayor medida de lo posible también fue un reto para el CICR, sobre todo al principio. En 2001, el CICR trabajaba en un contexto de conflicto armado internacional y ocupación, que luego se convirtió en un conflicto no internacional internacionalizado, tras el establecimiento de la Autoridad Provisional Afgana, en junio de 2002, que abrió el camino para instituir un gobierno soberano.

Pero pienso que, hoy en día, nuestro diálogo está en un muy buen nivel con todos los interesados en torno a numerosas cuestiones importantes.

Desde el comienzo, entablamos el diálogo sobre detención con las autoridades afganas. Logramos acceder a los detenidos en los lugares de detención afganos paso a paso y hemos hecho avances considerables en estos diez años. Las autoridades afganas comprenden debidamente las ventajas de contar con las visitas del CICR a los lugares de detención, no sólo porque podemos prestar asistencia y ayudarles a mejorar los sistemas de agua y saneamiento, sino también por nuestras actividades de protección. Les podemos brindar asesoramiento sobre el tratamiento debido a los detenidos y sobre el proceso judicial que deben seguir. Hemos mantenido un diálogo confidencial con ellos en temas donde habíamos identificado algunas deficiencias. Todavía queda bastante por hacer, pero hemos avanzado.

Con las autoridades de detención de la fuerza internacional, creo que llegamos a un entendimiento, pero a ellas les llevó más tiempo comprender el papel del CICR, darse cuenta de lo que queremos hacer y necesitamos hacer, y de cómo nuestra labor puede ser beneficiosa para los detenidos y para ellas también.

Dadas las circunstancias, la mayor dificultad ha sido el diálogo con la oposición armada, ya que ellos no tienen una instalación de detención fija a la que podamos acudir para hacer las visitas. Para nosotros, y para ellos, se trató y se sigue tratando de un problema de seguridad. Hicimos visitas a detenidos el año pasado y este año también, pero sólo en unas pocas oportunidades. Por otro lado, hemos mantenido conversaciones en forma permanente con ellos sobre el trato debido a los detenidos.

¿Cuáles han sido los principales logros del CICR en cuanto a las actividades relacionadas con la detención?

Pienso que hemos sido bastante eficientes en movilizar a la comunidad internacional en torno a la detención, dado que el sistema penitenciario afgano necesita mucho apoyo. Podemos ayudar a los interesados a comprender las principales características y las necesidades específicas de las cárceles afganas, así como indicarles dónde y cómo pueden prestar asistencia. Hemos hecho evaluaciones de las condiciones en todas las cárceles provinciales, de modo que contamos con herramientas para ayudar a lograr buenos resultados en la cooperación entre los actores internacionales y la administración afgana.

En cuanto al programa de restablecimiento del contacto entre familiares del CICR, que ayuda a las personas detenidas a mantener el contacto con sus parientes mediante llamadas videotelefónicas y visitas de familiares, no puedo decir que sea un éxito absoluto, pero pienso que es útil y es muy valorado tanto por los detenidos como por sus parientes. Después de muchos años durante los cuales los familiares no estuvieron autorizados a visitar a los detenidos en el centro de detención dirigido por Estados Unidos en la base aérea de Bagram, pudimos implementar un sistema en 2008 que les he permitido ponerse en contacto a través de videoconferencias y de las visitas de familiares.

En mi papel como delegada de protección del CICR, debo decir que las autoridades tienen la obligación de permitir que los detenidos y sus familiares se mantengan en contacto. El programa de restablecimiento del contacto entre familiares es un gran aporte, tanto para los familiares como para los detenidos, pero la finalidad es que las autoridades garanticen ese contacto por sí solas, y no que lo haga el CICR.

¿Cuáles serán las prioridades para las actividades del CICR relativas a la detención, en la medida en que la responsabilidad vaya transfiriéndose de las fuerzas internacionales a las autoridades afganas?

El proceso de transición que está en curso ahora tiene dos vertientes, desde el punto de vista de la protección. La primera se refiere a las condiciones de detención cuando la administración de las cárceles pase a manos de las autoridades afganas. Se plantean cuestiones respecto de la sostenibilidad de esas condiciones, sobre cómo serán dirigidas las cárceles y cómo será su futuro. En segundo lugar, se plantean cuestiones jurídicas cuando los detenidos son transferidos de la detención administrativa al sistema de detención penal.

Para nosotros, el mayor desafío actual es identificar a nuestros interlocutores y definir los temas que deseamos plantearles. Además, debemos precisar quién tiene la obligación de asumir determinadas cuestiones. Estamos en un contexto donde están presentes las autoridades detenedoras tanto afganas como internacionales. ¿Cuál de las dos es responsable de garantizar que los detenidos sean tratados correctamente, que tengan alimentos, condiciones de higiene, vestimenta, y puedan estar en contacto con sus familiares? Es fundamental que esto no termine en una suerte de ping pong. Que unos digan “es su responsabilidad”, y los otros digan “no, la responsabilidad es de ellos”.

Es difícil para nosotros, y para los detenidos. Si uno está detenido, es bueno saber quién es responsable de la detención y quién puede responder a los pedidos que uno tenga. No siempre es fácil lograrlo.

Luego está la cuestión más general de la seguridad, cuando la responsabilidad por la seguridad está siendo traspasada de la fuerza internacional a las fuerzas afganas, y también a iniciativas más locales. Estamos alimentando el diálogo sobre la conducción de las hostilidades con las partes en conflicto, el ejército afgano y la policía, y también con milicias locales que se han formado recientemente.

Existen preocupaciones sobre la seguridad en la medida en que cada vez aparecen más y más grupos armados en el terreno. ¿Cuánto control podrá haber? ¿Cuánta vigilancia? ¿Quién es responsable de esos grupos? ¿Quién se encargará de responsabilizarlos de sus acciones? Pienso que el CICR todavía tiene bastante por hacer en relación con el diálogo que hemos tenido en los últimos años sobre estos temas; debemos facilitar ese diálogo y recordarles a los grupos armados las obligaciones que tienen en virtud del derecho internacional humanitario.

¿Usted está diciendo que todas las partes tienen responsabilidades?

Absolutamente. El artículo 1 común a los cuatro Convenios de Ginebra establece que todas las partes en los Convenios no sólo deben respetar el derecho internacional humanitario, sino que deben hacerlo respetar por las demás partes. Por ello, cuanto más cercana sea la relación de trabajo entre los países, y aquí en Afganistán hay muchos países implicados, más espacio habrá para que tengan cierta influencia mediante capacitación, asesoramiento y financiación para asegurarse de que las otras partes respeten el derecho. Por lo tanto, tienen la responsabilidad de su propia conducta y también de asegurarse de que las demás partes respeten el derecho.

¿Cuál ha sido el aspecto de su misión en Afganistán que más satisfacciones le ha dado?

Afganistán ha sido un gran desafío para mí, por la tarea y por el tamaño de la delegación, por lo que todos hacemos y por la magnitud de las cuestiones que tratamos. He tenido muchas satisfacciones. Ha sido una misión donde una está siguiendo el pulso de las cosas, de lo que está sucediendo, y el país está cambiando.

Las cuestiones que abordamos no son las mismas que cuando yo llegué aquí, hace dos años. Y también hay cambios que se producen día a día. Una puede llegar el domingo y pensar que la semana será de tal o cual manera, pero esa misma noche algo sucede y todo cambia por completo. Tenemos que estar preparados. Es una misión que me ha permitido ver que podemos cambiar las cosas, que tenemos influencia. Una se siente parte de lo que está sucediendo; no es que una golpea y golpea puertas para siempre decir lo mismo y que nada cambie.


Fotos

 

© CICR

Kandahar, prisión central. Un delegado del CICR habla con un detenido de seguridad en la sección juvenil. 

Kandahar, prisión central. Un delegado del CICR habla con un detenido de seguridad en la sección juvenil.
© CICR / M. Kokic / v-p-af-e-00904

Cárcel de Sar-i Pul. Parte de la cocina construida por el CICR. 

Cárcel de Sar-i Pul. Parte de la cocina construida por el CICR.
© CICR / L. Ponchon / v-p-af-e-01354

Oficina del CICR, Kandahar. Familiares conversan con un detenido por medio de una teleconferencia. 

Oficina del CICR, Kandahar. Familiares conversan con un detenido por medio de una teleconferencia.
© CICR / K. Holt / v-p-af-e-01782