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El CICR refuerza su acción en favor de las víctimas

24-06-2011 Entrevista

Con motivo del Día internacional en Apoyo de las Víctimas de la Tortura, el CICR reafirma su firme compromiso en la lucha contra la tortura y los tratos crueles, inhumanos o degradantes y da a conocer su nueva política de acción contra ese flagelo. Édouard Delaplace, asesor en la Unidad Personas Privadas de Libertad, del CICR, en Ginebra, explica las bazas y los objetivos del enfoque del CICR.

     
© CICR 
   
Edouard Delaplace 
           

 ¿Cuál es la posición del CICR respecto de la tortura?  

Es muy clara. La tortura es un intolerable atentado de lesa humanidad y contra la dignidad. Debe prohibirse de manera terminante. Defendemos y promovemos no solamente una exigencia jurídica, sino también, sobre todo, una convicción ética y humana. No hay razón alguna, política, económica, de seguridad, cultural o religiosa que pueda justificar el recurso a la tortura y a otras formas de malos tratos

El CICR, que desde hace más de un siglo efectúa visitas a los detenidos, dispone de un amplio conjunto de conocimientos sobre los problemas relativos a la tortura. Durante los últimos años, el CICR ha visitado a más de 500.000 detenidos en unos 80 países. Somos testigos del desamparo y de la deshumanización que, todos los días, en carne propia y mentalmente, sufren miles de personas, a veces de manera irreversible. Este contacto privilegiado con las víctimas de la tortura forja nuestra convicción y refuerza nuestra voluntad de actuar para luchar contra esas prácticas. 

Asimismo, se debe recordar que los actos de tortura y los tratos crueles, inhumanos o degradantes entrañan la semilla de la destrucción del vínculo social en una comunidad o en una sociedad. Por último, son una violación palmaria del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de los derechos humanos.

 ¿Tiende a desaparecer la práctica de la tortura? ¿Qué han comprobado ustedes?      

Desafortunadamente, no. Es una práctica muy generalizada. No hay país alguno, ni sociedad, en los que no se registra este fenómeno, de una forma u otra. Puede tratarse de un acto aislado en una comisaría policial, en una cárcel, o también puede tratarse de una práctica sistemática e institucionalizada. Pero, cualquiera sea el caso, para el CICR es una razón de gran preocupación.

Aunque es muy difícil obtener cifras para hacerse una idea exacta del alcance de esa práctica, el CICR publicó, en 2009, los resultados de un estudio que realizó en ocho de los países más afectados por los conflictos armados o la violencia armada –Afganistán, Colombia, República Democrática del Congo, Georgia, Haití, Líbano, Liberia y Filipinas– , a fin de intentar comprender mejor la manera en que está afectada la población civil. Entre las victimas directas de la violencia, un 17 % declaró haber sido torturado. No se puede extrapolar esa cifra, pero da una idea de la prevalencia de la tortura en periodo de conflicto armado.       

 ¿Cuál es la orientación principal de la acción del CICR en la lucha contra la tortura? ¿Qué hay de nuevo?  

 La lucha contra la tortura es una prioridad para el CICR. Recientemente, acabamos de examinar el marco de nuestra acción (la doctrina que versa sobre "El CICR respecto de la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes infligidos a las personas privadas de libertad") (en inglés), para refrendar el firme compromiso del CICR, consolidar las prácticas desarrolladas en el curso de los últimos años y proponer nuevos derroteros de trabajo.  

Nuestro objetivo es prestar protección y asistencia a las víctimas de malos tratos, así como a sus familias. Son los beneficiarios finales de nuestra acción. 

La novedad es la labor que efectúa el CICR, en asociación con otros actores, para la readaptación de las víctimas de la tortura o de otras formas de malos tratos. A esto se añade el apoyo que presta a las autoridades, a fin de mejorar las prácticas profesionales relativas al trato debido a las personas privadas de libertad, y su participación en la implementación o en el fortalecimiento de un entorno normativo, institucional y ético que contribuye a prevenir la tortura, tanto a nivel nacional o local como a nivel internacional o regional. 

 Concretamente, ¿qué hace el CICR para ayudar a las víctimas de la tortura?  

 La acción del CICR se basa en las visitas que efectúa a las personas privadas de libertad, para evaluar sus condiciones de detención y el trato que reciben.

Sabemos que los riesgos más altos de tortura o de otras formas de malos tratos se registran en el momento del arresto y en los días siguientes a éste; la finalidad de nuestras visitas es proteger a las personas privadas de libertad. Evidentemente, nuestra sola presencia no siempre es suficiente para poner término a los malos tratos o prevenirlos. Pero, con frecuencia, los detenidos nos dicen que esas visitas son para ellos un momento de alivio.

Para los hombres y las mujeres que han sufrido torturas, la visita de un delegado del CICR durante su detención suele ser sinón imo de un reconocimiento de su existencia y de su sufrimiento. Volver a dar a cada persona su dignidad, mediante una entrevista con ella, otorgándole tiempo y atención, es el primer acto concreto de un delegado del CICR, cuando habla con un detenido. Las visitas del CICR también pueden brindar a la víctima de malos tratos la oportunidad de mantener una entrevista con un médico, quien, por ejemplo, puede informarle acerca de las posibles secuelas de los malos tratos sufridos.

En estas visitas, el CICR puede ofrecer otros servicios: los detenidos pueden especialmente ponerse en contacto con sus familiares e intercambiar con ellos noticias de índole familiar, mediante los mensajes de Cruz Roja.

Por último, fuera de los lugares de detención, el CICR prevé participar más y de manera más sistemática en las actividades en favor de la readaptación de las víctimas, en cooperación con instituciones especializadas.

 ¿El auge del terrorismo internacional, la multiplicación y la radicalización de los conflictos armados han favorecido un entorno más tolerante respecto de la tortura?  

 El debate sobre la tortura vuelve a surgir, con regularidad. Probablemente, nunca habrá tenido tanta repercusión como durante el decenio pasado; nunca habrá estado tan amplificado, a raíz del acceso, casi ilimitado y en tiempo real, a la información. En un entorno de radicalización de conflictos, de resistencia a todo lo que se considera una injerencia en los asuntos internos, y de mundialización de la lucha contra el terrorismo, se ha vuelto a esgrimir el argumento según el cual la tortura sería útil y que ésta sería el precio que se ha de pagar a cambio de nuestra seguridad. Es un razonamiento utilitarista que niega completamente el valor del ser humano.

El asunto de la tortura nos plantea a todos, como individuos y como sociedad, cuestiones de índole ética. ¿Qué importancia se debe otorgar a la protección de la dignidad de las personas privadas de libertad? ¿Puede ejercerse la preservación de la seguridad individual y colectiva en detrimento de la dignidad de la persona humana, sea ésta un presunto terrorista, un oponente político, un traficante, un delincuente común o una persona cualquiera?

El derecho ya ha zanjado sin equívocos estas cuestiones. La prohibición de la tortura y de los tratos crueles, inhumanos o degradantes es terminante. Y el CICR tiene la intención de seguir reafirmando y defendiendo esta rotunda prohibición.

Sin embargo, el tema es muy sensible. El entorno que usted menciona nos invita a reexaminar nuestras respuestas y a dar con otras nuevas, cuya base ha de ser el derecho y que han de ir más allá del derecho. Esta vigilancia respecto de las bazas actuales permitirá, especialmente, fortalecer la prohibición de la tortura y proteger mejor a las personas privadas de libertad. 

 ¿Como puede el CICR contribuir a la erradicación de la tortura? ¿Nos puede dar unos ejemplos?  

El fenómeno de la tortura es sumamente complejo y su nacimiento, su reaparición o su aumento se deben a múltiples factores individuales, pero también normativos, institucionales y éticos.

El CICR adopta un enfoque global, cuyo objetivo primero es la protección, la asistencia y la readaptación de las víctimas. Pero, su acción también contribuye al establecimiento y a la potenciación de un entorno normativo, institucional y ético propicio para la prevención de dichas prácticas.

Actúa sobre el entorno normativo, a fin de que la prohibición de la tortura y de otras formas de malos tratos se integre en los textos constit ucionales, y de que esas normas se traduzcan a diferentes niveles. Así pues, por ejemplo, las normas relativas al empleo de la fuerza por las fuerzas del orden o, también, el código de deontología de los abogados, magistrados o médicos deben incluir disposiciones relativas a la prohibición de los malos tratos y a la prevención de los mismos. 

También actúa en el entorno institucional: para prevenir la práctica de la tortura es menester, de hecho, que haya algunos mecanismos de control y medidas disciplinarias. Puede tratarse de mecanismos de seguimiento y de observación, bajo la forma de visitas de una ONG, o de un apoyo por parte del colegio de abogados–, así como de mecanismos de represión de las violaciones, como comisiones de encuesta policiales, judiciales o del ejército, que deben desempeñar esa función. El CICR trabaja para reforzar esos mecanismos.

El reto más grande es quizás el fortalecimiento del entorno ético. Si algunos valores no están profundamente arraigados en la sociedad, será mucho más difícil luchar contra los malos tratos. Para el CICR, los argumentos de índole ética han de situarse en primer plano; en este sentido, el CICR debe ejercer influencia en los debates sobre la tortura, a fin de tener verdaderas repercusiones.