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Violencia sexual en conflictos armados: cruel, inaceptable y prevenible

02-03-2011 Entrevista

En el Día Internacional de la Mujer, el CICR subraya el problema muy recurrente pero no inevitable de la violencia sexual en los conflictos armados. Nadine Puechguirbal es la asesora del CICR en materia de mujeres y guerra. En esta entrevista, se refiere a la violencia sexual en los conflictos armados, a las medidas que pueden contribuir a reducirla y a las actividades que realiza el CICR para ayudar a las víctimas a reconstruir su vida.

 

©CICR 
   
Nadine Puechguirbal 
       
   
©CICR / C.Von Toggenburg / co-e-00829  
   
 

       

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 ¿En todos los conflictos hay casos de violencia sexual?  

En casi todos los conflictos armados, se han registrado casos horrendos de violación y otras formas de violencia sexual. En realidad, durante mucho tiempo se subestimó la magnitud del problema. Ello se debe principalmente a que las mujeres suelen callar lo que les ha sucedido, ya que temen que sus familias y comunidades las rechacen. Por ello, es muy difícil decir cuántos casos de violencia sexual ha habido en determinado conflicto. Lo que sí sabemos es que la violencia sexual es un problema generalizado y que, en algunos conflictos, se la utiliza como método de guerra.

 ¿Qué significa eso en la práctica?  

Cuando las fuerzas armadas o los grupos armados utilizan la violencia sexual para dominar una comunidad, atemorizarla o forzarla a instalarse en otro lugar, esa violencia se convierte en un método de guerra. Al abusar sexualmente de las mujeres, los portadores de armas humillan y desmoralizan a los hombres que fueron incapaces de protegerlas. El daño a la vida cultural y comunitaria puede persistir durante generaciones. Una de las instancias más trágicas tuvo lugar en los Balcanes, en los años 1990, cuando se recurrió a la violación sistemática y el embarazo forzado para destruir la identidad de determinados grupos étnicos. En los Balcanes y en Ruanda también, esas prácticas se utilizaron como herramientas de limpieza étnica, tal como pudo saberse en los tribunales de La Haya y Arusha, que juzgaron los crímenes de guerra.

Pero no todos los casos de violación en conflictos armados pertenecen a esa categoría. Soldados indisciplinados y otros hombres armados cometen abusos sexuales porque consideran que es un botín de guerra. Sin embargo, las autoridades no pueden servirse de ese argumento como excusa para no intervenir. Más allá de la motivación que se alegue, la violencia sexual es un acto horrendo e inaceptable que causa sufrimientos inimaginables, y quienes cometan actos de ese tipo deben ser enjuiciados.

 ¿Es posible prevenir la violencia sexual en los conflictos armados?  

Sí, sin lugar a dudas. Es muy importante no considerar que la violencia sexual es un aspecto inevitable de los conflictos armados. La responsabilidad de prevenir la violencia sexual corresponde principalmente a los Estados. Las violaciones y otros abusos sexuales se cometen en forma generalizada cuando impera un clima de impunidad. Los potenciales autores de actos de esa índole lo pensarían dos veces si supieran que sus actos de indecible crueldad no quedarán impunes. Lamentablemente, en muchos casos saben que “no pasará nada”.

La violencia sexual cometida en relación con conflictos armados es un crimen de guerra prohibido por el cuarto Convenio de Ginebra de 1949, los dos Protocolos adicionales de 1977 y el Estatuto de la Corte Penal Internacional. Los Estados tienen la obligación de enjuiciar a todo aquel que esté acusado de violencia sexual y de castigar a los autores de esos actos. Para ello, deben contar con legislación y medidas pertinentes a nivel nacional.

Los portadores de armas deben respetar las normas, así pertenezcan a las fuerzas armadas gubernamentales, a grupos armados organizados no estatales o a fuerzas de mantenimiento de la paz.

Los organismos de ayuda también pueden contribuir a prevenir la violencia sexual. Por e jemplo, las mujeres suelen ser atacadas cuando van a recoger agua o leña lejos de sus aldeas. Cuanto menos leña necesiten, menos estarán expuestas a los ataques. Entonces, si los organismos de ayudan les proveen de alimentos que requieran menos cocción y cocinas que utilicen menos leña, inmediatamente reducen la exposición de las mujeres a la violencia. Instalar fuentes de recolección de agua en lugares seguros, cerca de los usuarios, es otra manera de proteger a las mujeres. Pero, independientemente de lo que hagamos, es fundamental consultar a las mujeres sobre las medidas destinadas a protegerlas, a ellas y a sus niños.

  ¿De qué modo la violencia sexual afecta la vida de la víctima?  

La violación puede tener graves consecuencias físicas, como infertilidad, incontinencia e infecciones transmitidas sexualmente, como VIH/SIDA. Las víctimas también sufren psicológicamente, ya que pueden sentir vergüenza, humillación y culpa, lo que puede provocarles depresiones severas e incluso llevarlas al suicidio.

Otra consecuencia es el miedo a la estigmatización. Muchas mujeres son rechazadas por sus familias y comunidades por haber sido violadas. La culpa de la pérdida del honor suele recaer en la mujer, y no en el violador, sobre todo si la mujer ya ha llegado a la pubertad. La situación es incluso peor cuando la mujer queda embarazada como resultado de la violación; no sólo se percibe que la violación ha “ensuciado” la descendencia, sino que el niño nacido de una violación puede ser abandonado o asesinado y, en muchos casos, la víctima o su familia intentarán el aborto recurriendo a métodos muy riesgosos para su salud.

A pesar de las dificultades, muchas mujeres deciden quedarse con el niño nacido como resultado de una violación. Sabrine, una joven de la República Centroafricana, fue secuestrada por un grupo armado en 2008, cuando tenía doce añ os. Quedó embarazada después de que uno de los secuestradores la violara. Y, sin embargo, llamó a su hijo “Gracias a Dios”, lo que indica que aceptó al bebé porque considera que todo niño es un regalo de Dios.

 ¿Qué tipo de ayuda es el que más necesitan las víctimas de violencia sexual?  

Necesitan la atención médica adecuada, lo más pronto posible, tanto para las heridas físicas como para evitar que contraigan infecciones transmitidas sexualmente, incluido el VIH. Pero una respuesta eficaz debe incluir, además de atención médica, apoyo psicológico y económico.

El apoyo de los familiares de la víctima es fundamental para la recuperación; ellos deben poder darle un entorno de seguridad y comprensión. Las comunidades también cumplen un papel fundamental después de una violación sexual. Los líderes comunitarios deben promover la aceptación de las víctimas y hacer comprender a los miembros de la comunidad que la víctima no es culpable de lo sucedido y, sobre todo, que no se la debe estigmatizar.

En las provincias de Kivi Norte y Kivi Sur, en la República Democrática del Congo, el CICR recientemente ha registrado una disminución del número de víctimas de violencia sexual rechazadas por sus familias o comunidades, ya que una amplia mayoría ha declarado no sufrir esas consecuencias. Una razón probable de ese avance son los esfuerzos de los asistentes psicosociales que alientan a familias y comunidades a aceptar a las víctimas, el programa de sensibilización y la participación de los líderes comunitarios.

Lo que observamos en muchas zonas de conflicto es que las mujeres suelen demostrar una gran capacidad para superar las consecuencias de la violencia sexual.

 ¿Qué está haciendo el CICR?  

El C ICR se esfuerza por prevenir la violencia sexual mediante la formación de las fuerzas armadas y los grupos armados en derecho internacional humanitario (DIH), haciendo especial hincapié en la prohibición de la violación y de otras formas de violencia sexual. El CICR también promueve la inclusión de esa prohibición en la legislación nacional y en los reglamentos internos y los manuales de las fuerzas y los grupos armados.

A fin de ayudar a los Estados a cumplir las obligaciones que tienen en virtud del DIH, el CICR hace gestiones ante las autoridades (si las víctimas están de acuerdo), da detalles de las presuntas violaciones y las insta a que investiguen y enjuicien a los autores de los crímenes.

El CICR también ha establecido programas para apoyar a las víctimas de violencia sexual, que incluyen aspectos médicos, psicológicos, sociales y económicos.

La medida más innovadora probablemente sea el establecimiento de centros de asistencia que reciben el apoyo del CICR, llamados casas de escucha, en la República Democrática del Congo, donde las víctimas de la violencia sexual pueden reunirse con miembros de la comunidad capacitados en apoyo psicosocial por el CICR. Se les brinda así una oportunidad de hablar sobre su trauma, definir sus necesidades y encontrar maneras de superar su situación. Los asesores también pueden derivar a las víctimas a centros médicos y mediar entre ellas y sus familiares para reducir el riesgo de rechazo.

En Colombia, una gran parte de los más de tres millones de personas desplazadas son mujeres, que son particularmente vulnerables a la violencia sexual, no sólo cometida por miembros de grupos armados no estatales sino también de las fuerzas armadas. El CICR deriva a esas mujeres a Profamilia, una organización que brinda atención médica, apoyo psicosocial y asesoramiento jurídico.