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Afganistán: desafíos de un futuro incierto

29-02-2012 Entrevista

Durante este período de transición y antes la retirada eventual de las fuerzas internacionales, el jefe de la delegación del CICR en Afganistán, Reto Stocker, reflexiona en esta entrevista sobre los desafíos humanitarios y la situación de los afganos atrapados en este conflicto.

¿Cómo ve la situación actual en Afganistán?

Muchos afganos simplemente dicen que quieren irse de su tierra natal. Y se preguntan qué ha mejorado después de diez años de conflicto. Por supuesto, muchas cosas han cambiado. Ha habido mejoras en la infraestructura y la comunicación, por nombrar sólo dos ámbitos. Pero, para la amplia mayoría de la población, Afganistán sigue siendo un país en guerra. Tienen pocas esperanzas de que la situación mejore pronto. En muchas partes del país, y en diversos grupos sociales, lo que predomina, según podemos ver, es un sentimiento generalizado de desesperanza.

Una de las principales preocupaciones del CICR es que los heridos y los enfermos puedan acceder en forma segura a la atención médica. ¿Cuál es la situación en ese sentido en Afganistán?

Cada vez más nos llegan historias de médicos a los que se ha impedido cumplir su tarea porque una u otra parte en el conflicto no ve con agrado que sus opositores reciban tratamiento médico. Ello contradice directamente nuestro cometido. Nuestra Institución se aboca a salvaguardar el derecho de toda persona herida o enferma a tener acceso en forma segura y oportuna a la atención médica.

Parte del papel del CICR es ayudar al Ministerio afgano de Salud y su personal, en hospitales, clínicas rurales y puestos de salud, a continuar su labor. Por ejemplo, hemos prestado gran apoyo al hospital regional Mirwais, en Kandahar. Hemos respaldado a las autoridades del hospital en todos los ámbitos de su trabajo en favor de unos tres millones y medio de personas. Y hay siete centros de rehabilitación física que dirige el CICR. Han ayudado a más de 100.000 adultos y niños con discapacidades a llevar una vida productiva dentro de la sociedad, a lo largo de las dos últimas décadas.

Las cuestiones relativas a la detención son prioritarias para el CICR. ¿Cuál es su opinión respecto de la transferencia de detenidos a la autoridad afgana?

Las cuestiones respecto de la primacía del derecho en Afganistán están en un momento crítico. Las fuerzas internacionales están transfiriendo detenidos a las autoridades detenedoras afganas, y los responsables de ese proceso tienen la obligación, conforme al derecho internacional humanitario, de asegurarse de que los detenidos sigan gozando de condiciones satisfactorias y reciban un trato correcto. Por ello es tan importante hacer un seguimiento antes y después de las transferencias, y corresponde a la autoridad que realiza la transferencia efectuar ese seguimiento. Los detenidos también están protegidos por las garantías procesales y judiciales, mientras se encuentran detenidos. En ese aspecto el CICR puede tener cierta influencia, al comunicar sus observaciones en forma confidencial a todas las partes y explicándoles sus obligaciones al respecto en virtud del derecho internacional humanitario.

También debemos hablar de sostenibilidad. Sostenibilidad en el sentido de que es necesario que exista un sistema penitenciario dirigido por las autoridades afganas que sea capaz de recibir al número cada vez mayor de detenidos que van a ser transferidos al sistema carcelario afgano antes de finales de 2014.

Me satisface decir que hemos tenido un diálogo cada vez más coherente y positivo a lo largo de los años, tanto con las fuerzas internacionales como con las autoridades afganas en materia de detención. También mantenemos un diálogo permanente con la oposición armada, incluidos los talibán, la red Haqqani y el grupo Hisb-i-Islami,  sobre el hecho de que ellos también tienen obligaciones conforme al derecho internacional humanitario, por ejemplo la obligación de tratar a los detenidos con humanidad.

¿Y qué puede decirnos acerca de la reducción de las fuerzas internacionales de aquí a 2014?

El debate actual sobre una posible retirada acelerada de las tropas internacionales tiene consecuencias para el CICR en el sentido de que nuestro diálogo con ellas acerca de la conducción de las hostilidades y la protección de los civiles deberá dirigirse muy muy rápidamente a las fuerzas afganas de seguridad nacional. Estados Unidos y otros países que contribuyen con sus tropas apoyan y auspician al ejército nacional y la policía de Afganistán, y también a varios grupos de defensa civil; el más reciente de ellos es la policía local afgana. En virtud de los Convenios de Ginebra, esos países tienen la obligación jurídica de velar por que esas fuerzas nacionales respeten el derecho internacional humanitario en todo momento, incluso después de que se hayan retirado la mayoría de las tropas internacionales.

Además, mientras se analiza una eventual reducción de las fuerzas de seguridad afganas, es necesario hacer esfuerzos para que funcione ese complicado proceso, incluidas las etapas de desmovilización y reinserción.

En cuanto a la población civil, cuando vine a Kabul por primera vez, hace trece años, la ciudad tenía 400.000 habitantes. Ahora tiene cerca de cinco millones; la mayoría de ellos son personas que han regresado de Pakistán y de Irán. Algunas regresan con competencias que han podido poner en práctica y les han permitido prosperar, pero otras no. Estas personas, y otras comunidades de pocos recursos, como los campesinos, se las arreglan para sobrevivir en parte gracias a la economía de guerra de Afganistán. Si bien, en comparación, son muy pocas las personas que se han hecho muy ricas gracias a esa economía, es cierto que se han creado empleos en el sector de la seguridad para jornaleros. Estos trabajadores han podido alimentar así a sus familias, por ejemplo.

Pero como esta economía de guerra se irá reduciendo en los meses y años venideros, y el interés de la comunidad internacional va decreciendo, todos los sectores de la sociedad se verán afectados, incluidos los que están luchando por sobrevivir y los que se han acostumbrado a un nivel de vida confortable. El año pasado, tras una gran reducción de la financiación de USAID, varias ONG internacionales interrumpieron sus proyectos y comenzaron a despedir al personal afgano. Ese es sólo el comienzo.

Las organizaciones humanitarias que permanezcan a largo plazo en Afganistán, como el CICR, que está presente desde hace 25 años, deberán aumentar su carga de trabajo, ya que tendrán que atender a las necesidades de las comunidades afectadas por el conflicto y las de una población cada vez más pobre. Me hubiese gustado lo contrario, pero me temo que nos queda mucho por hacer en Afganistán, incluso mucho después de 2014.


Fotos

Reto Stocker 

Reto Stocker
© CICR

Hospital Regional Mirwais, Kandahar. Una enfermera examina el estado de salud de uno de los tantos bebés en incubadora en la guardia del hospital. 

Hospital Regional Mirwais, Kandahar. Una enfermera examina el estado de salud de uno de los tantos bebés en incubadora en la guardia del hospital.
© CICR / J. Barry / v-p-af-e-01803

Kandahar, Hospital Regional Mirwais. 

Kandahar, Hospital Regional Mirwais.
© CICR / J. Barry / v-p-af-e-01801