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A cien años de instituida la Medalla Florence Nightingale, los enfermeros del CICR afrontan más retos que nunca

11-05-2012 Entrevista

Hace exactamente cien años, el CICR instituyó la primera Medalla Florence Nightingale. Se trata de la más alta distinción internacional que puede otorgarse a enfermeros o auxiliares de enfermería. Philippa Parker, que durante mucho tiempo fue enfermera del CICR en el terreno y actualmente es la jefa de la unidad de Salud de la Institución, describe los retos que hoy afronta el personal de enfermería en países afectados por violencia armada. Hace referencia a la creciente falta de seguridad que amenaza la prestación de una asistencia de salud eficaz. Phillippa también trabaja en el proyecto que lleva adelante el CICR, llamado Asistencia de salud en peligro, cuyo objetivo es reducir las amenazas contra la atención de salud en los conflictos armados y en otras situaciones de emergencia.

¿Por qué cree que hoy en día se sigue hablando de Florence Nightingale, más de cien años después de su fallecimiento?

Diría que es por su humanidad y su convicción de que tenía que hacer algo por los soldados heridos, porque no parecía haber nadie que estuviera haciendo algo por ellos. La guerra es algo tremendo; el mero hecho de saber que hay alguien cerca para prestar ayuda ya significa mucho.

Dado que en su época existía muy poca formación en enfermería, Florence fue prácticamente una autodidacta. Lo que a mí me inspira, y creo que también a muchos colegas del ámbito de la enfermería, es su profundo sentido de la compasión y la humanidad. Su labor ayudó a mejorar el estatuto y la formación de los enfermeros; además, contribuyó a que la enfermería se asocie indeleblemente con un cuidado profundo y sostenido de los pacientes, y a que se reconozca la importancia de su función, sobre todo en conflictos armados y en otras situaciones de emergencia.

Tomemos el ejemplo de Khalil Dale (enfermero del CICR con treinta años de servicio humanitario que estaba supervisando el Programa de Asistencia a Heridos de Guerra en Quetta, Pakistán, cuando fue secuestrado, mantenido cuatro meses en cautiverio y recientemente asesinado). Khalil, al igual que Florence Nightingale, fue alguien que simplemente cuidó de otras personas con suma dedicación.

Otro ejemplo es el de nuestro hospital en Peshawar (Pakistán) y el hospital Mirwais, en Kandahar (Afganistán), así como muchos otros establecimientos en todo el mundo. Es  imposible medirlo, pero el aporte que hacemos con nuestra labor de atención de la salud en esos hospitales es realmente significativo. Permítame ilustrar este aspecto.

Un hombre de las Áreas Tribales bajo Administración Federal de Pakistán llega con su mujer y sus hijos heridos al hospital de Peshawar, donde se quedan durante dos semanas. ¿Por qué vienen a nuestro hospital? En primer lugar, porque nuestro hospital es gratuito, pero además, brindamos atención postoperatoria. No tenemos el equipamiento de alta complejidad que tienen en otros hospitales de Peshawar, pero prestamos “cuidados postoperatorios”. Lo que ese hombre encontró en nuestro hospital fueron personas que realmente cuidaron de sus familiares. Esa persona se fue del hospital conociéndonos mejor como institución y con un respeto mayor hacia nuestra labor.

Y tenemos datos duros que avalan lo que estoy explicándole. El CICR realizó una pequeña encuesta de reputación en la frontera entre Afganistán y Pakistán en 2003. ¿Y por qué nos recordaban en ese lugar? Todos nos recordaban por nuestros hospitales en Quetta, Peshawar y Karte Seh.

Usted recibió la Medalla Florence Nightingale en 1993. ¿Qué significó ese reconocimiento para usted?

Debo decir que creo que significó más para mis padres que para mí (risas).

No, hablando con seriedad, fue un reconocimiento por el trabajo que había estado haciendo desde 1984. Para 1993, ya había estado un tiempo en el conflicto de la frontera de Tailandia con Camboya, en Afganistán, en Pakistán (Peshawar y Quetta) y en Berbera en Somalilandia (Somalia). Quiero decir que alguien vio que las tareas que yo estaba cumpliendo iban más allá de las que usualmente realiza una enfermera.

Lo que también fue importante para mí es que se reconociera que el personal de enfermería puede prestar cuidados a los pacientes que ningún otro miembro del equipo de salud puede prestar. Porque una es como el abogado del paciente, siempre está con el paciente. El cirujano hace una operación y su tarea termina, lo mismo en el caso del anestesista; el fisioterapeuta ve al paciente por, digamos, su pierna izquierda; nosotros, los enfermeros, vemos al paciente en su conjunto y entablamos una relación con él.

Pienso que la Medalla Florence Nightingale ayuda a dar a nuestra tarea el crédito que merece, porque cumplimos un papel muy importante en el cuidado de los pacientes. No realizamos cirugías, pero de todos modos nuestro papel es sumamente importante. Entablamos una relación humanitaria, de persona a persona.

En mi opinión, no he tenido una valentía excepcional; simplemente amaba lo que hacía. Amaba el hecho de estar prestando una ayuda real y de poder hacer algo que tuviera efectos directos en las personas.

¿Cuáles son los principales retos que afrontan los enfermeros y los auxiliares de enfermería que hoy trabajan en países afectados por violencia armada?

El principal reto que afronta el personal de enfermería del CICR directamente es la falta de seguridad. Así estén en un hospital o en el terreno, tratando de realizar campañas de vacunación, o lo que sea, el mayor desafío es la falta de seguridad. Ello se traduce en una falta de seguridad personal para los pacientes que tratan de llegar hasta la atención médica y, en ocasiones, falta de seguridad en los propios hospitales o centros de salud. Con frecuencia, se llega a carecer de infraestructura e insumos a causa de la falta de seguridad.

Los enfermeros o los auxiliares de enfermería locales que viven y trabajan en su propio país también enfrentan el desafío que conllevan todos los demás factores con los que tienen que lidiar tan sólo para sobrevivir y mantener un trabajo al mismo tiempo. Están preocupados por sus familiares, si tienen alimentos suficientes, si tienen que ir a recoger agua. Para ellos es un desafío poder cumplir su tarea, cuando se suman además todos los otros desafíos externos.

Otro reto particular de algunos conflictos internos actuales es que las líneas de frente y las partes en conflicto no están definidas con claridad, lo cual no ocurría en los días de Florence Nightingale. Es mucho más difícil demostrar que se es un trabajador neutral e independiente en los conflictos actuales, en comparación con los conflictos del pasado, porque los conflictos tienen muchas aristas y son complejos, lo cual aumenta los peligros.

Pongamos como ejemplo algunos de los contextos en los que trabajamos hoy en día. Si estoy trabajando en un área en particular, el riesgo puede ser que me consideren como parte del grupo que controla esa área. Si me desplazo hacia otra zona, me pueden considerar como parte del adversario. Y el control de las zonas cambia a diario. El personal del CICR puede ir un día a un lugar y al otro día no, porque ha sido tomado por la otra parte en conflicto.

¿Recuerda algún hecho de su propia experiencia o un ejemplo de labor realizada por enfermeros en situaciones de violencia armada que la haya marcado?

En primer lugar, se debe entender que la magnitud y la brutalidad de las heridas en situaciones de violencia armada nos impresionan a todos, sobre todo al comienzo.

En Kabul, Afganistán, en 1989, recuerdo que estaba en el centro de la ciudad. Comenzó un bombardeo, entré a un comercio; al salir vi que las ventanillas de la camioneta del CICR habían estallado, y pensé: “Ahora estamos en problemas”. Había nubes de polvo alrededor, miré por la calle a un lado, había cuerpos tendidos; miré hacia el otro lado, la misma escena. Al tiempo que intentaba registrar lo sucedido, vi que había unas ocho personas, todas sangrando, que venían hacia nosotros y que, por supuesto, querían subirse al vehículo para ir al hospital. Entonces, las cargamos y las llevamos al hospital.

Pero nunca miré a esas personas que estaban tendidas en la calle. Ahora probablemente lo haría, pero entonces no lo hice. Nunca pensé si eso estaba bien o mal. Estaba muy asustada, y ya teníamos pacientes suficientes para llenar el coche. No sabíamos qué pasaría después, así que llevamos a los pacientes al hospital. Pero, como sabe, en el CICR enseñamos primeros auxilios, enseñamos a hacer el “triage”, es decir la selección de los pacientes para determinar las prioridades médicas. La realidad es que, en esas situaciones extremas, es imposible seguir un procedimiento, o directamente no se lo sigue por la razón que sea. Tan sólo se hace lo mejor que se puede.

¿Cómo ve la relación entre la visión y el legado de Florence Nightingale y la campaña que lleva adelante el CICR, “Asistencia de salud en peligro”?

El objetivo del proyecto llamado Asistencia de salud en peligro es garantizar la seguridad y la prestación de atención de salud eficaz en conflictos armados y en otras situaciones de emergencia. Lo que hizo Florence es abrir el camino hacia el cumplimiento de ese objetivo, sobre todo en cuanto a la prestación de asistencia  y, a su vez, ha destacado el aspecto neutral e imparcial de la atención a los heridos y los enfermos.

Como enfermeros, atendemos a los heridos y los enfermos, sin importar quiénes son ni a qué parte pertenecen. Es todo.


Fotos

Philippa Parker, en el hospital del CICR para heridos por armas en Peshawar, Pakistán. 

Philippa Parker, en el hospital del CICR para heridos por armas en Peshawar, Pakistán.
© CICR

Kandahar, Afganistán. Una docente de enfermería del CICR examina a un niño en la guardia pediátrica del hospital Mirwais. 

Kandahar, Afganistán. Una docente de enfermería del CICR examina a un niño en la guardia pediátrica del hospital Mirwais.
© CICR / M. Kokic / af-e-01196