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Malí: el agua sigue corriendo

21-03-2013 Entrevista

En el norte de Malí, una región donde el cólera es endémico, mantener el abastecimiento de agua potable de las ciudades de Gao, Kidal y Tombuctú es un reto mayor de salud pública: la vida de 115 000 personas depende de ello. También es un desafío en una zona que ha sufrido importantes combates desde principios de 2012.

Abdoule-Karim Diomande, el coordinador de las actividades relativas al agua y el hábitat en la región, detalla las medidas tomadas por el CICR en cooperación con los habitantes y las autoridades y con el apoyo de la Cruz Roja de Malí.

¿Cuáles eran los problemas a los que se veían confrontados los habitantes de Gao, Kidal y Tombuctú?

Muchos habitantes empezaron a huir de la región a principios de 2012. Tras la partida de la mayor parte del personal calificado, las instalaciones de servicios públicos —se trate del abastecimiento de agua, de electricidad o de los cuidados de salud— se encontraron abandonados. Garantizar el abastecimiento de agua potable es todavía más necesario si consideramos que su ausencia provoca riesgos de enfermedades como el cólera. Por lo tanto, hemos intervenido para evitar una catástrofe humanitaria.

¿Cuál fue la respuesta del CICR?

Si no hay electricidad para abastecer las estaciones de bombeo, no hay agua. El CICR decidió, pues, proveer carburante para permitir el funcionamiento de los equipos y, por lo tanto, garantizar el abastecimiento de agua potable. El carburante también sirvió para asegurarles a esas tres ciudades algunas horas de electricidad por la noche. Por otra parte, también contribuimos al mantenimiento de las infraestructuras existentes, como el generador de la Sociedad Maliense para la Gestión del Agua Potable, mientras las autoridades malienses toman la posta y suministran el material necesario a los pocos técnicos que han permanecido en el lugar.

¿Esta intervención logró su objetivo?

Los habitantes de Gao, Kidal y Tombuctú se han beneficiado y siguen beneficiándose de agua potable y así hemos podido evitar epidemias de cólera. La enfermedad apareció en algunas zonas rurales, pero ahí también, hemos intervenido rápidamente abasteciendo todo lo necesario para tratar el agua y rehabilitando pozos.

¿Cómo pudo trabajar el CICR en las ciudades presas de los combates?

En Malí, como en otros países, el CICR trabaja en colaboración con las comunidades involucradas. Tras la partida de la mayoría de los empleados de los servicios públicos, la gestión del agua y de la electricidad fue retomada por células de crisis instauradas por la sociedad civil. Los representantes de la población eran, entonces, nuestros principales interlocutores y colaboradores. También estábamos en contacto tanto con las autoridades malienses como con los grupos armados a fin de poder llevar a cabo nuestras actividades con total seguridad.

¿Se están realizando otras intervenciones en el resto de Malí para garantizar el acceso al agua potable?

El CICR ya estaba presente en Malí antes de la crisis actual. La región de Sahel hoy se enfrenta a un problema de sequía endémica, lo cual es una fuente de potenciales conflictos en países donde la actividad pastoral es importante y, por lo tanto, también las necesidades de agua para abrevar a los rebaños. Ya estábamos llevando a cabo perforaciones, construyendo pozos y también extendiendo las redes de agua urbanas. En la actualidad, además de las intervenciones en favor de los habitantes de Gao, Kidal y Tombuctú, estamos rehabilitando sobre todo pozos pastorales y bombas de agua en las zonas rurales. Por último, brindamos asistencia a las poblaciones desplazadas, en especial en Tinzawatene: estamos instalando letrinas y garantizando el abastecimiento de agua potable hasta que la gente pueda volver a sus casas.


Fotos

Abdoule-Karim Diomande 

Abdoule-Karim Diomande
© CICR

Gao, Malí. Bombas a pedal donadas por el CICR y la Cruz Roja Maliense para ayudar a las asociaciones de mujeres que trabajan las huertas, azotadas por las inundaciones de 2010.   

Gao, Malí. Bombas a pedal donadas por el CICR y la Cruz Roja Maliense para ayudar a las asociaciones de mujeres que trabajan las huertas, azotadas por las inundaciones de 2010.
© CICR / A. Ag