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Chad: acercar los cirujanos a los heridos

27-05-2009 Entrevista

Más de dos años después del estallido de violencia que afectó la región oriental de Chad, unas 160.000 personas aún no han podido regresar a sus hogares. La proliferación de armas de fuego en la zona y el constante riesgo de enfrentamientos entre el ejército de Chad y los grupos de oposición armada han creado una atmósfera generalizada de violencia, tanto potencial como real. El equipo de cirugía del CICR, con base en Abeche, trata los casos más graves. En la mayoría de los casos, los pacientes son personas civiles. Tras un período de tres meses en Abeche, el Dr. Ali Touati describe la situación. (Esta entrevista se realizó antes de los enfrentamientos que tuvieron lugar a principios de mayo).

     

 
   
Dr. Ali Touati 
         

  ¿Cuándo comenzó el CICR a trabajar en Abeche, y por qué?  

     

Cuando se inició el conflicto en el este de Chad, en 2006, establecimos una base en Abeche para ayudar a la población civil residente en la zona. En ese momento, los cirujanos y otros colaboradores del CICR que se encontraban en Yamena eran enviados a Abeche por períodos fijos, a fin de atender a los heridos.

Después de nuevos enfrentamientos en 2007 y 2008, el CICR fortaleció su presencia en el este, a fin de acercarse a las personas que sufrían los efectos del conflicto y estar preparado en caso de que las hostilidades se intensificaran. En estos momentos, tenemos subdelegaciones en Abeche y Goz Beida, una oficina en Adré, y cinc o bases más: Adé, Dogdoré, Kawa, Guereda e Iriba.

Nada ha cambiado en el este de Chad. En general, los acuerdos celebrados entre el Gobierno y la oposición armada no han sido tenidos en cuenta y la tensión se palpa en el ambiente. Persiste la violencia entre las comunidades y los continuos ataques de los bandidos ponen en peligro a la población. Unas 160.000 personas que tuvieron que huir a causa de las hostilidades aún no han podido regresar a sus hogares.

Por otra parte, los conflictos en el vecino Darfur y, en alguna medida, en la República Centroafricana, en el sur, siguen obligando a la población a cruzar la frontera de Chad, por lo cual los centros de salud locales están funcionando al límite de su capacidad. Esta situación indujo al CICR a intervenir en la zona, sobre todo para atender a las personas que necesitan cirugías urgentes.

  ¿A quiénes trata el CICR?  

     

©CICR/A. Groen 
   
El equipo de cirugía atiende a un hombre con herida de bala en un puesto de atención de la salud en el este de Chad. 
         

Obviamente, hay personas que sufrieron heridas durante los enfrentamiento s, pero también hay civiles de todas las edades que necesitan cuidados de urgencia. Se trata de residentes locales, chadianos desplazados, personas que regresan a su lugar de origen y refugiados de Sudán y de la República Centroafricana. Atendemos a todos, independientemente de su lugar de origen y de la causa de sus sufrimientos.

Gracias a la sólida coordinación con las otras organizaciones humanitarias que realizan actividades en el este de Chad, los casos quirúrgicos de urgencia de toda la zona son derivados a Abeche y tratados por nuestros equipos allí.

  ¿Qué tipo de heridas han visto?  

     

En tres meses, operé personalmente a casi 80 pacientes en el hospital de Abeche; de ellos, casi el 60% tenía heridas de bala o de arma blanca. Muchas de las heridas de arma blanca se situaban en el tórax o en el abdomen. Los otros pacientes habían sufrido heridas en accidentes de tráfico y ésos fueron los casos en que realizamos el mayor número de amputaciones. Como ve, no todos nuestros pacientes son heridos de guerra.

  ¿Cómo y dónde trabaja el equipo de cirugía del CICR?  

     

El equipo está formado por un cirujano, un anestesista y dos enfermeras (una asiste en el quirófano y la otra se ocupa de la atención postoperatoria). Trabajan mayormente en el hospital de Abeche, que es el centro de derivación para toda la zona oriental de Chad, con una población estimada en un millón y medio de personas. Uno de nuestros objetivos es que este hospital desempeñe eficazmente su función como centro de derivación. El CICR opera a todos los heridos de guerra y todos los otros casos de urgencia internados en el hospital. 

De vez en cuando, el equipo viaja a otros lugares para atender a personas con heridas graves que no pueden ser trasladadas a Abeche ni atendidas por otras organizaciones. En febrero, por ejemplo, fuimos a Iriba, cerca de la frontera con Sudán. Viajamos en una avioneta del CICR y en sólo una hora llegamos al lugar. Por carretera, nos hubiera llevado nueve horas, y nos esperaban 48 pacientes con heridas de guerra. Realizamos una operación tras otra, durante cuatro días seguidos.

En estos casos, viajamos con todo el material que necesitamos, y lo instalamos en un puesto de atención primaria de la salud, por ejemplo. Transformamos el lugar en un verdadero quirófano. El equipo es completamente autónomo, aunque procuramos trabajar con los médicos locales siempre que sea posible.

  ¿Se imparte formación al personal médico chadiano?  

     

Hacemos todo lo que podemos, normalmente de manera informal. Procuramos compartir nuestros conocimientos con el personal del hospital de Abeche durante las rondas y en las reuniones diarias del personal.

Hay pocos cirujanos en el este de Chad. Todos pueden realizar cirugías básicas: hernias, cesáreas, etc. Pero la cirugía de guerra es muy diferente, y exige una formación especializada que, en general, nuestros colegas chadianos no han recibido.

Pero, en el futuro próximo, está previsto que tres médicos chadianos acompañen al equipo del CICR durante seis meses para aprender las técnicas de la cirugía de guerra. En noviembre de 2008, el CICR organizó un seminario en Yamena para familiarizar a los médicos con la índole especial de la cirugía de guerra. Participaron en el seminario unos 40 médicos, tanto militares como civiles.

  ¿Cuáles son los principales problemas que se presentan?  

     

Las dificultades en llegar hasta los centros de atención de la salud hacen que muchas personas no reciban los cuidados que necesitan. Por otro lado, el peso de la tradición también incide negativamente en la atención médica. Algunas personas llegan en pésimas condiciones, a veces porque no han tenido ninguna atención médica anterior, porque han tenido que recorrer grandes distancias y a menudo no se cuenta con los medios de transporte necesarios, porque no sabían del hospital de Abeche o, sencillamente, por una cuestión de negligencia. Pero, a veces, el mal estado de los pacientes se debe a que no creen en los beneficios de la cirugía. Una vez, vino un hombre a la consulta. Sufría de gangrena avanzada y le dijimos que su única esperanza era la amputación. Se negó a someterse a la operación, y murió en su casa a los pocos días. 

Otro problema es que, a menudo, el personal se ve abrumado por la cantidad de pacientes y la falta de equipos, medicamentos y otros materiales. Otra dificultad es la escasez de paramédicos, especialmente de fisioterapeutas. Los pacientes que necesitan fisioterapia, por ejemplo porque se les ha colocado una prótesis, tienen que trasladarse a Yamena, donde se encuentra el centro de ortopedia y rehabilitación apoyado por el CICR. Por estas razones, estamos evaluando las necesidades exactas del hospital de Abeche en materia de terapia postoperatoria. Según los resultados, es posible que en Abeche se inicie un programa específico o se organice un curso de formación en fisioterapia para el personal local, o ambas cosas. 

  ¿Cuál es el recuerdo más impactante que guarda de sus tres meses en Abeche?  

     

Una tarde, llegaron al hospital dos hermanos, heridos por una mina antipersonal. Sus padres habían caminado con ellos ocho horas por un sendero de tierra hasta llegar al hospital. Uno de los hermanos tenía nueve años, y traía graves heridas en una pierna y una mano. Lo operamos a la noche; la operación duró varias horas y no tuvimos más remedio que amputarle varios dedos. Pero, todavía puede usar la mano. Pronto recibirá un injerto de piel en la pierna. Su hermano, de ocho años, había sufrido múltiples heridas en todo el cuerpo, pero no eran graves y se recuperó muy pronto. Siempre recordaré la sonrisa de los niños, tan sólo unos días después de su experiencia, y el profundo alivio de sus padres.