• Enviar
  • Imprimir

Confidencialidad: principio esencial para la labor del CICR, pero no absoluto

20-09-2010 Entrevista

La confidencialidad es una modalidad de trabajo esencial que permite al CICR llegar a las personas afectadas por la inseguridad, la violencia y los conflictos armados. Le permite crear relaciones de confianza, abrir canales de comunicación y promover cambios. Pero ¿qué sucede cuando la confidencialidad se rompe? Entrevista al director adjunto de Operaciones del CICR, Dominik Stillhart.

     

©ICRC 
   
Dominik Stillhart, director adjunto de Operaciones del CICR. 
         

El CICR es conocido, y a veces criticado, por la confidencialidad con que trata algunas cuestiones sensibles, como sus actividades en lugares de detención y sus esfuerzos por que se respete la vida y la dignidad de las personas civiles y de otros no combatientes. Los críticos sostienen que la Institución es demasiado discreta y que debería dar a conocer públicamente sus observaciones, sobre todo las que se refieren a las condiciones de detención y al trato de los detenidos. Los defensores consideran que el diálogo confidencial es clave para poder prestar protección y asistencia a las personas afectadas por los conflictos.

     
 
             

El CICR está persuadido de que la confidencialidad es un elemento fundamental que le permite llegar y mantener el acceso a las personas afectadas por la inseguridad, la violencia y los conflictos armados. La confidencialidad es lo que permite al CICR crear relaciones de confianza, abrir canales de comunicación y promover cambios. Pero, como explica el director adjunto de Operaciones del CICR, Dominik Stillhart, es necesario respetar la confidencialidad para que realmente dé resultados.

  ¿Por qué el CICR se niega a dar a conocer públicamente sus observaciones sobre determinadas cuestiones?  

Nuestra principal preocupación es mejorar las condiciones de las personas afectadas por los conflictos y las hostilidades, independientemente de quiénes sean. Hablamos públicamente de algunas cuestiones y también ofrecemos nuestro punto de vista sobre la situación humanitaria en algunos países afectados por conflictos, pero cuando se trata de abordar posibles violaciones del derecho internacional humanitario, es muy importante que podamos hacerlo de manera básicamente confidencial.

Por ejemplo, podemos publicar un comunicado de prensa sobre los derechos de las personas detenidas o sobre los efectos de la inseguridad o el desplazamiento en el plano humanitario, pero no nos pronunciamos públicamente sobre las denuncias de abusos o de violaciones específicas del derecho internacional humanitario.

En ese tipo de situaciones, cuando nuestros delegados observan casos de abusos, necesidad o descuido, comunican directamente sus observaciones a las autoridades o a otras partes en el conflicto, sobre el terreno. Esos interlocutores pueden ser desde guardias de las cárceles y jefes militares, hasta líderes y miembros de la oposición armada. Nuestro objetivo es mantener un diálogo confidencial con quienes tienen el poder necesario para mejorar la situación.

El CICR también trabaja en muchos lugares donde las críticas y las miradas externas no son bienvenidas. La confidencialidad es la llave con la que el CICR abre puertas que, de otro modo, permanecerían cerradas. De este modo puede acceder a personas y lugares adonde otras organizaciones no pueden llegar.

  Aparentemente, el CICR a veces intercambia información con terceros. ¿Por qué?  

     

En algunos casos, efectivamente podemos manifestar algunas preocupacio nes, generales o específicas, a terceras partes seleccionadas, que en general son Estados. La finalidad de esos intercambios, que se realizan en el marco de nuestros esfuerzos por obtener apoyo para importantes iniciativas humanitarias, es explicar nuestras actividades. A veces, el objetivo puede ser influir indirectamente en las partes implicadas, de modo de mejorar una situación dada. Los intercambios son bilaterales y estrictamente confidenciales.

  ¿Denunciar públicamente los abusos no daría mejores resultados?  

Confidencialidad no significa condescendencia. El hecho de que no hablemos públicamente sobre determinadas cuestiones no significa que estemos en silencio. El CICR es muy tenaz por lo que respecta al seguimiento de denuncias de abusos, y estamos dispuestos a llegar hasta el nivel más alto, incluidos jefes de Estado o de Gobierno, para poner término a un abuso.

El CICR recuerda con regularidad a quienes participan en conflictos armados las obligaciones que tienen en virtud del derecho internacional humanitario. Desde insistir en la necesidad de respetar a la población civil durante las operaciones militares hasta facilitar la liberación de rehenes por los grupos de oposición armada, hacemos todo lo posible para mantener el diálogo con todas las partes en conflicto.

Esto no es nada sencillo. Las situaciones no siempre evolucionan tan rápida y fácilmente como nosotros, y las víctimas de los abusos, quisiéramos. Pero hemos probado y comprobado que la confidencialidad nos permite ayudar a las personas afectadas por conflictos armados.

El CICR no da a conocer información confidencial a los medios de comunicación o a terceras partes; tampoco autoriza la publicación de esa información, porque siempre existe el riesgo de que nuestras observaciones sean utilizadas con fines políticos o instrume ntalizadas por alguna de las partes.

Si abordamos cuestiones graves, como abusos o malos tratos, lejos de la atención pública, los Gobiernos y los actores no estatales suelen estar mejor dispuestos a reconocer los problemas y a actuar para resolverlos.

El CICR opta por una acción discreta porque le ha ayudado a lograr resultados en muchas oportunidades. Sin embargo, sabemos que no es éste el único medio efectivo para poner término a violaciones del derecho internacional humanitario.

  ¿Qué sucede si se hacen públicos los informes que ustedes dirigen a las autoridades?  

Quienes más pueden sufrir si nuestros informes se difunden públicamente son las personas a las que estamos tratando de ayudar, ya que las autoridades podrían suspendernos la autorización para visitar a algunas personas o lugares, y ya no podríamos ayudarlas. 

Recuperar la confianza de las autoridades y su autorización para visitar a los detenidos puede llevar mucho tiempo.

Mientras tanto, quienes pagan el peor precio de nuestra ausencia son las personas a las que el CICR trata de proteger y asistir, incluidos los detenidos, los desplazados y las familias separadas por la guerra.

También hay en juego cuestiones relacionadas con la protección de datos. Nos preocupamos por preguntar a cada persona que entrevistamos si está dispuesta a que utilicemos su nombre o detalles personales para ayudarla y encarar los problemas que nos ha descrito. Esto se aplica tanto a las personas detenidas o desplazadas como a las víctimas de violaciones o a los niños soldados. Nos esforzamos mucho por proteger la información que nos proporcionan y la tratamos de manera confidencial, ya que el hecho de darla a conocer podría poner en peligro a esas personas o a sus seres queridos.

  ¿Los jueces, los abogados, pueden leer sus informes?  

Si el CICR califica un informe como confidencial, significa que está dirigido sólo a las autoridades o a las partes en el conflicto de que se trate. Nos oponemos a que esta información se comparta o se publique sin nuestro consentimiento.

El CICR sabe que es un privilegio y una responsabilidad dar testimonio de lo que sucede en tiempo de guerra y de conflicto, y entendemos por qué los tribunales podrían querer utilizar nuestras informaciones como prueba, o pedirnos que testifiquemos. Sin embargo, reiteramos que esto podría poner en peligro a las personas que han confiado en nosotros para contarnos sus experiencias por lo general muy dolorosas. Si esa información se da a conocer públicamente, esas personas, e incluso sus familiares, podrían sufrir sanciones o represalias.

Cuando nuestros documentos pasan a formar parte de un expediente judicial, nuestra capacidad de seguir trabajando en determinado país o contexto puede verse afectada, lo cual podría comprometer la seguridad de nuestros colegas.

Por ello, el CICR ha desarrollado una larga práctica de la confidencialidad. Como resultado, los Estados no pueden pedir al CICR que testifique ante sus tribunales nacionales. Esa inmunidad testimonial ha sido confirmada por varios tribunales nacionales e internacionales, como el Tribunal Penal Internacional para ex Yugoslavia, el Tribunal Penal Internacional para Rwanda y el Tribunal Especial para Sierra Leona. 

Más de 80 países también han reconocido específicamente la inmunidad de nuestros delegados, a través de tratados o de legislación. Por otra parte, las Reglas de Procedimiento y Prueba de la Corte Penal Internacional (CPI) establecen que " el CICR tiene la última palabra sobre la revelación de su información " . A ninguna otra organizac ión se concedió este privilegio, y el CICR siente que su inmunidad testimonial subraya la importancia de la confidencialidad como pilar de su labor.

  ¿El CICR estaría dispuesto a renunciar a su norma de confidencialidad en alguna ocasión?  

La discreción puede tener límites y, en casos excepcionales, el CICR se reserva el derecho de hablar, publicar sus hallazgos o suspender su labor. Por ejemplo, si una autoridad detenedora publica extractos de nuestros informes confidenciales sin nuestro consentimiento, nos reservamos el derecho de publicar todo el informe a fin de evitar toda interpretación errónea o incompleta de nuestras observaciones y recomendaciones.

Análogamente, si, después de pedidos reiterados, los detenidos siguen siendo maltratados o si se nos impide trabajar siguiendo nuestras modalidades habituales, podemos suspender las visitas a los detenidos o nuestras operaciones y explicar públicamente la razón de esa decisión.

Si está claro que nuestro enfoque confidencial no está funcionando, por ejemplo porque un Gobierno o un grupo rebelde simplemente se niega a tomar en serio nuestras observaciones, y hemos agotado todos los demás medios de persuasión, podemos expresar nuestras opiniones públicamente, y sin duda que lo haremos. Nunca tomamos a la ligera la decisión de hablar públicamente, pero es importante recordar que la confidencialidad no es absoluta.

  ¿Qué quiere decir con "modalidades habituales"?  

Para asegurarse de que su análisis sea lo más completo e imparcial posible, el CICR sigue una serie de modalidades de trabajo cuando visita a los detenidos, independientemente de las circunstancias.

Los delegados del CICR deben poder hablar en total privacidad con ca da uno de los detenidos. Esto es importante, porque nuestra confidencialidad no se limita a las autoridades. Si un detenido nos autoriza a hablar de sus preocupaciones con las autoridades, así lo haremos, pero nunca sin su consentimiento.

Como parte de nuestras normas, los delegados deben poder ingresar en todas las celdas y recorrer todas las instalaciones. Se debe permitir que el CICR realice todas las visitas que considere necesarias, mientras las personas sigan detenidas. Por otra parte, todos los detenidos deben tener la oportunidad de escribir a sus familiares y recibir correspondencia de éstos, utilizando el sistema de mensajes de Cruz Roja.

Otro elemento importante es que los delegados del CICR deben poder mantener un diálogo confidencial con las autoridades antes y después de cada visita, a fin de plantearles sus preocupaciones y de hacerles recomendaciones, cuando corresponda.

El CICR también registra los datos particulares de los detenidos. De ese modo puede hacer el seguimiento de cada caso y, además, evitar desapariciones.

Cada año, visitamos a más de medio millón de detenidos en unos 75 países. Estas modalidades estándar se aplican en todos los lugares donde visitamos detenidos. Si se nos imponen restricciones, a veces no tenemos más opción que suspender las visitas hasta tanto no se respeten nuestros criterios.

  ¿Usted está personalmente convencido de que se puede aportar una diferencia trabajando de esa manera?  

Lo sé porque lo he visto muchas veces. En algunas ocasiones tenemos una influencia mayor que en otras, pero el proceso puede ser lento. Nuestros delegados saben que, incluso aunque no se avance muy rápidamente, a veces alcanza con " estar presentes " .

Esto se puede ver en los ojos de un detenido sentado en su celd a. Se puede ver en el rostro de una madre que trata de alimentar a sus hijos en medio de una guerra. En situaciones donde las esperanzas son pocas, ver que hay alguien que se preocupa por uno ya es una diferencia.

Lo que sé es que esa confianza no se construye de un día para el otro. Se necesita tiempo, dedicación y persistencia para entablar un diálogo constructivo con personas a las que, por lo general, no les gusta escuchar lo que tenemos para decirles. Pero, la mayoría de las veces, escuchan y, a mi entender, ésa es una razón para creer que la confidencialidad seguirá pasando la prueba del tiempo.