• Enviar
  • Imprimir

República Democrática del Congo: niños viajan miles de kilómetros para encontrarse con sus seres queridos

22-01-2010 Entrevista

En un país tan grande como la República Democrática del Congo (RDC), ubicar y reunir a familiares separados por el conflicto puede ser una tarea complicada, sobre todo durante la temporada de lluvias, porque algunas zonas se vuelven inaccesibles. Svetlana Yudina dirige el programa de restablecimiento del contacto entre familiares en la RDC y a continuación nos informa sobre un vuelo especial a la capital, Kinshasa, con 42 niños a bordo.

     

©CICR 
   
Svetlana Yudina 
         

  El CICR ha organizado un vuelo especial con 42 niños a bordo. ¿Quiénes son esos niños y por qué están regresando a Kinshasa en avión?
 
El vuelo traslada a niños de diferentes partes del país, de vuelta a su hogar en la provincia de Katanga. Luego recogerá a otros niños en Katanga para llevarlos de vuelta con sus familiares a Mbuji Mayi, Kisangani, Isiro, Bukavu, Goma y Kinshasa. Algunos de esos niños han estado separados de sus familiares por más de 10 años.
 
La RDC es tan grande como Europa occidental. Al trasladar a los niños en avión, evitamos enormes dificultades logísticas, dado que algunos caminos son intransitables durante la temporada de lluvias; regiones enteras quedan aisladas del resto del país.

El avión funciona como un autobús escolar. Hace varias paradas para dejar a algunos niños en los centros de reunión y recoger a otros para llevarlos a reunirse con sus familiares en diferentes partes del país. Con un avión de 19 plazas, podemos reunir a 40-50 niños con sus familiares en un solo viaje.  

  ¿Esto vuelos especiales son nuevos?
 
No, para nada. Hace más de doce años que el CICR organiza estos vuelos en la RDC. En 2009, por ejemplo, hicimos cuatro: tres a Katanga y uno a la provincia de Equateur. La operación Equateur, en agosto pasado, fue algo diferente de las demás. El CICR no tiene una presencia estable allí, lo que significó que tuvimos que organizar la operación a distancia. El vuelo trasladó a ocho niñas y siete niños, de entre dos y dieciséis años, de vuelta con sus familiares que estaban en Gbadolite, Bumba y Gemena. Algunos de esos niños eran muy pequeños cuando se separaron. Las reuniones familiares no serían posibles sin la ayuda y la motivación de cientos de voluntarios de la Cruz Roja de la República Democrática del Congo, que trabajan sin descanso, a veces durante muchas semanas, para encontrar a los familiares de los niños.
 
  ¿Cuántos niños se han reunido con sus familiares gracias a estos vuelos?  
 
En 2009, un total de 136 y, en este viaje, otros 42. Estos vuelos representan una proporción significativa, casi el 20%, de las reuniones familiares que el CICR facilitó en la RDC en 2009, que fue un año particularmente activo. Reunimos a más de 800 niños con sus familiares, 358 más que en 2008. Es decir un promedio de 16 niños por semana; 16 sonrisas y 16 familias aliviadas. Es muy reconfortante para nosotros, pero no debemos olvidar que sigue el proceso de búsqueda de familiares de otros 538 niños.
 
  ¿Recuerda algún vuelo en particular?    
 
Cada vuelo es una emoción distinta, hay mucha alegría, pero también mucho estrés. No puedo olvidar el vuelo desde Béni, en Kivu Norte, hasta Manono, en Katanga. Estábamos acompañando a un niño que tenía que reunirse con su madre, a la que no había visto durante años. Pero durante el vuelo nos enteramos de que el voluntario de la Cruz Roja de la RDC que se suponía tenía que venir a buscarlo no estaba en el aeropuerto. No tenemos una oficina en Manono, y se había previsto que el vuelo dejara al niño y siguiera su camino. La tensión crecía a medida que nos acercábamos a destino. Me imaginaba la desilusión del niño y la posible alteración del itinerario del vuelo. Finalmente, logré comunicarme directamente con la madre y ella misma fue a esperarlo al aeropuerto.

¿Cuál es el principal desafío que afronta el personal del CICR que se ocupa de la reunión de familiares?
 
Algunos de los lugares donde los niños son reunidos con sus familiares están a cinco días de viaje de la oficina del CICR más cercana. Cuando el personal está desperdigado por todo un país tan grande como éste, se necesita mucha planificación y coordinación. Durante la operación Equateur, por ejemplo, dos de mis colegas prácticamente no se despegaron del teléfono durante dos semanas. ¿Logrará aterrizar el avión? ¿Los voluntarios estarán en el aeropuerto? Pero cada vez que una operación de éstas termina con éxito, compartimos la alegría de todas estas familias, y ésa es nuestra mayor recompensa.