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Los Convenios de Ginebra siguen en plena forma a sus 60 años

10-08-2009 Entrevista

El 12 de agosto, los Convenios de Ginebra cumplirán 60 años, un hito fundamental para estos tratados, que limitan la forma en que se libran las guerras y constituyen la piedra angular del derecho internacional humanitario (DIH).

     
©CICR/J. Cadoux/hist-03538-06 
     
Ginebra, 1949. Conferencia diplomática para la revisión de los Convenios de Ginebra. 
               
©CICR/Y. Debraine/ye-e-00385 
   
Yemen, 1964. Un delegado del CICR visita a prisioneros de guerra egipcios. 
                 
©CICR/T. Gassmann/rw-d-00026-18 
   
Ruanda, 1994. 
               
©CICR/M. Kokic/lb-e-00817 
   
Líbano, 2007. Centro Ortopédico Saïda. Un joven víctima de municiones racimo. 
               
©Reuters 
   
Irak, 2004. Las funciones tradicionalmente militares se derivan cada vez más a contratistas privados. 
               
©Reuters/L. Larbi 
   
Argelia, 2007. Bomberos evacuan a una víctima de un atentado suicida. 
               
©Cruz Roja Croata 
   
Yugoslavia, Segunda Guerra Mundial. Niños refugiados en Serbia. 
                 
 
   
Knut Dörmann. 
         

En 1949, los Estados se reunieron en Ginebra para revisar los Convenios de Ginebra existentes y añadir un cuarto Convenio dedicado a la protección de las personas civiles. Desde entonces, estos tratados se han completado con tres Protocolos adicionales.

Algunos críticos han sugerido que los Convenios están al borde de la jubilación, y que no se adecuan a las formas de guerra actuales, que enfrentan a ejércitos convencionales y a grupos armados, en una época en la que la mayoría de las guerras se libran en el interior de los Estados, y no entre ellos.

Sus defensores sostienen que las normas siguen siendo pertinentes, y que los Convenios, junto a sus Protocolos adicionales, siguen conformando el mejor marco posible para proteger a los civiles y a las personas que han dejado de participar en los co mbates.

Knut Dörmann, jefe de la División jurídica del CICR, comenta los retos a los que se enfrentan hoy en día las leyes de la guerra y los esfuerzos de las organizaciones para que los Convenios sigan resistiendo el paso del tiempo.

  P: ¿Qué son los Convenios de Ginebra y para qué sirven?  

Los Convenios son el componente más importante del derecho internacional humanitario o DIH, como se conoce coloquialmente. Son un conjunto de normas que protegen a las personas civiles y a las que han dejado de participar en los combates, especialmente los heridos, el personal militar enfermo y los prisioneros de guerra. Su objetivo no es acabar con las guerras, sino limitar las atrocidades de los conflictos armados.

Los Convenios de Ginebra sólo se aplican a los conflictos armados internacionales, a excepción del artículo 3 común a los cuatro Convenios, que también abarca los conflictos armados no internacionales. La adopción de este artículo en 1949 supuso un enorme avance, ya que los anteriores tratados de DIH sólo contemplaban situaciones de guerras entre Estados. Dado que la mayoría de las guerras actuales son conflictos armados no internacionales, el artículo 3 tiene una importancia capital, ya que constituye una referencia para la protección de las personas que no participan o que han dejado de participar en los combates, que ha de ser respetada por todas las partes en conflicto, sean o no estatales.

 
Sorprendentemente, los Convenios han sido ratificados universalmente, es decir, todos los Estados del mundo son partes. (La lista está disponible en (Estados Partes en los Convenios de Ginebra)
 

  P: ¿Qué relación guarda el CICR con los Convenios?  

El CICR, ha estado estrechamente vinculado a los Convenios de Ginebra desde su creación. El fundador del CICR, Henry Dunant, fue también quien concibió el Primer Convenio de Ginebra “para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña”, adoptado en 1864.

Desde entonces, el CICR siempre ha tratado de adecuar los Convenios de Ginebra, y el DIH en su conjunto, a la realidad de los conflictos armados tal y como los vivimos en el terreno y, desde el principio, somos parte de un proceso dinámico que trata de adaptar el DIH a los cambios en la forma de hacer la guerra.

Por ejemplo, en los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial, el CICR redactó y trató de lograr la aprobación de un Convenio Internacional sobre la condición y protección de los civiles de nacionalidad enemiga que se encontraran en un territorio perteneciente a un beligerante u ocupado por este. Sin embargo, el texto no salió adelante porque los Gobiernos rechazaron organizar una conferencia diplomática para acordar su adopción.

Así, no hubo ningún tratado que protegiera a los civiles de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y, por eso, la comunidad internacional acordó adoptar, en 1949, el Cuarto Convenio de Ginebra para la protección de los civiles, lo cual supuso un acontecimiento decisivo para que la población y los bienes de carácter civil sean respetados en época de conflicto armado.

Actualmente, el mandato humanitario del CICR o, dicho de otro modo, la descripción de su trabajo, dimana de los Convenios, que encomiendan al CICR la tarea de visitar a los presos, organizar las operaciones de socorro, reunir a las familias separadas, y otras actividades humanitarias similares durante los conflictos armados. El CICR aparece citado expresamente en varias disposiciones de los Convenios.

  P: Algunos afirman que los Convenios fueron diseñados para un mundo totalmente distinto y que es preciso revisarlos, o incluso redactarlos de nuevo. ¿Qué opina usted?  

     

Yo creo que el problema no es el derecho. De hecho, los Convenios han demostrado su pertinencia durante las últimas seis décadas. Desde 1949, los Convenios se han completado con los Protocolos adicionales y con otros importantes instrumentos de derecho internacional consuetudinario, que reforzaron aún más la protección otorgada a los civiles, especialmente en los conflictos armados no internacionales, y los adaptaron a las nuevas realidades.

El problema radica en que no se respeta el derecho. Muy poca gente sabe lo que son los Convenios de Ginebra, y demasiadas partes beligerantes los ignoran o desobedecen. Estoy firmemente convencido de que si se respetaran y acataran las normas vigentes, se podría evitar gran parte del sufrimiento causado por los conflictos armados actuales.

Además, no debemos olvidar que los Convenios han cosechado muchos éxitos en los últimos 60 años, salvando innumerables vidas y permitiendo a miles de familias separadas reunirse con millones de prisioneros de guerra y consolarlos. Para mí, esto constituye un motivo de celebración. No quiero ni imaginar el sufrimiento que habría en el mundo si no existiesen.

No olvidemos tampoco que los conflictos armados internacionales y la ocupación no son algo del pasado. La guerra que estalló el año pasado entre Rusia y Georgia es un ejemplo reciente de un conflicto armado internacional en el que eran aplicables los cuatro Convenios de Ginebra.

  P: ¿De qué modo ha evolucionado el DIH en las últimas seis décadas?  

El DIH se ha extendido considerablemente con los años, a medida que evolucionaba el carácter y el impacto de las guerras, especialmente en 1977, con la adopción de dos Protocolos adicionales. El Protocolo adicional I reforzaba la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales, mientras que el Protocolo adicional II hacía lo propio en los conflictos armados no internacionales, incluidas las guerras civiles.

En 1980 y 1990 entraron en vigor nuevos tratados internacionales que prohibían ciertas armas convencionales como las minas antipersonal, así como las armas químicas. Precisamente el año pasado, más de 100 Estados firmaron un tratado histórico contra el uso de las municiones de racimo.

Por último, también se ha avanzado mucho en lo que respecta a la investigación y sanción de los crímenes de guerra, gracias a la labor de los tribunales internacionales para la antigua Yugoslavia y Ruanda, y al establecimiento de la Corte Penal Internacional.

En mi opinión, todos ello demuestra que el derecho internacional humanitario está de plena actualidad.

  P: ¿Qué más se debería hacer para desarrollar el DIH, y qué otros problemas observa con respecto al derecho y a la realidad del terreno?  

Todavía se puede hacer más por fortalecer y aclarar el marco jurídico existente. Por ejemplo, el CICR ha publicado recientemente un documento de orientación interpretativa sobre la noción de “participación directa en las hostilidades”. Ni los Convenios de Ginebra ni los Protocolos adicionales explican claramente lo que esto significa realmente. Y, sin embargo, se trata de un concepto crucial ya que el derecho establece que los civiles pierden su protección frente a los ataques cuando participan directamente en las hostilidades y mientras dure esa participación. Si no hay un acue rdo sobre lo que ello significa, los civiles corren el riesgo de ser víctimas de ataques erróneos o arbitrarios.

Permítame ponerle un ejemplo. Imagínese que el conductor de un camión, un civil, está suministrando munición en la primera línea del frente. Esto se podría considerar casi con certeza como una participación directa en las hostilidades. Pero ¿qué ocurriría si el mismo conductor transportara munición de una fábrica a un puerto alejado de la zona de conflicto? En nuestra opinión, aunque está apoyando las operaciones bélicas, no está participando directamente en los combates y debe gozar de protección frente a un ataque.

Estas preguntas son incluso más pertinentes si tenemos en cuenta que, hoy en día, las funciones militares tradicionales se están desviando cada vez más a contratistas privados, y que los civiles proporcionan apoyo a los grupos armados no estatales mediante actividades muy diversas, desde actividades militares y logísticas al suministro de víveres y alojamiento.

Los conflictos armados no internacionales también se enfrentan a otros retos, ya que los tratados de DIH existentes no contemplan algunos de los principales problemas humanitarios. Las normas consuetudinarias de DIH han suplido algunas de estas lagunas, pero todavía hay cuestiones en las que el derecho se debería desarrollar y aclarar mejor. Por ejemplo, actualmente no existe un marco exhaustivo que establezca las salvaguardias procesales de las personas que se encuentran detenidas por razones de seguridad en relación con conflictos armados no internacionales. Dichas salvaguardias son necesarias para velar, por ejemplo, por que exista un motivo válido para mantener a estas personas bajo custodia.

  P: La llamada “guerra global contra el terror” ha suscitado muchos debates en torno al DIH. ¿Qué dicen los Convenios de Ginebra y los Protocolos adicionales sobre el fenómeno del terrorismo?  

     

Creo que no exagero al decir que los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y sus consecuencias han sido la prueba más dura a la que se ha tenido que enfrentar el DIH.

Lo que ocurrió fue, básicamente, que había opiniones divergentes con respecto a si la “guerra contra el terror” constituía o no un conflicto armado, y a si los sospechosos de terrorismo detenidos en el contexto de esta lucha estaban contemplados en el DIH.

Personalmente, creo que los Convenios y los Protocolos adicionales tienen muchas de las respuestas a estas preguntas. Después de todo, el terrorismo no es un fenómeno nuevo. Tanto el cuarto Convenio de Ginebra como los Protocolos adicionales prohíben específicamente los actos de terrorismo.

En lo que atañe a las amenazas que plantea el terrorismo, creo también que los Convenios garantizan el equilibrio entre las preocupaciones de los Estados sobre su seguridad y el respeto de la dignidad humana.

En cualquier caso, el DIH sólo se debe aplicar a aquellas situaciones en las que la lucha contra el terrorismo constituya una guerra. Los atentados terroristas cometidos al margen de un conflicto armado se deben afrontar aplicando las leyes internas o internacionales, no el DIH, por ejemplo, recabando información, promoviendo la cooperación policial y judicial, congelando los activos de los terroristas, o ejerciendo presiones diplomáticas y económicas sobre los Estados acusados de ayudar a los sospechosos de terrorismo. El DIH no se debe aplicar en situaciones para las que no fue concebido.

En cualquier caso, el debate suscitado tras los acontecimientos del 11 de septiembre puso de manifiesto algunas lagunas o deficiencias del DIH. Por ejemplo, en lo que atañe a la detención de sospechosos de terrorismo en situaciones de conflicto armado, algunos aspectos del artículo 3 común son poco precisos y requieren una aclaración. Así, con respecto a las condiciones de detención, el derecho debe ir más allá del mero concepto de trato humano y ser más concreto. Asimismo, no existe una indicación clara sobre las salvaguardias procesales (la revisión de los motivos de la detención) a las que tienen derecho las personas detenidas por motivos de seguridad.

  P: Como ha señalado anteriormente, tras la Segunda Guerra Mundial el CICR promovió que la protección de los Convenios se extendiera a la población civil. ¿Por qué fue esto importante y cómo han cambiado las cosas desde entonces?  

En 1949, los países todavía se estaban recuperando de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto armado sin precedentes. Afectó a casi todos los países del mundo y movilizó a más de 100 millones de militares. Murieron más de 70 millones de personas, la mayoría civiles, lo que lo convirtió en el conflicto más mortífero de la historia.

El cuarto Convenio de Ginebra y, más adelante, los Protocolos adicionales, supusieron un gran avance en lo que respecta a la protección debida a los civiles, pero la cruda realidad es que, hoy en día, siguen siendo ellos los principales afectados.

Uno de los principales cambios que hemos observado desde 1949 es la asimetría cada vez mayor de las guerras. Con esto me refiero a que uno de los bandos posee un armamento y un adiestramiento muy superiores a las del otro. Esto suele ocurrir cuando unas fuerzas armadas bien adiestradas y equipadas se enfrentan a grupos rebeldes. En algunos casos, el bando más débil aprovechaba estas diferencias para justificar el no haber respetado las normas fundamentales del DIH. Pero esto sólo nos llevaría a un círculo vicioso en el que cada parte justificaría sus infracciones del DIH echándole la culpa al contrario.

     

Otra novedad significativa es que las operaciones militares se desarrollan cada vez con más frecuencia en zonas urbanas con gran densidad de población, en las que se ha utilizado armamento pesado o explosivo. Desde Grozni a Mogadiscio, y desde Bagdad a la ciudad de Gaza, los conflictos armados han tenido efectos devastadores entre la población civil.

  P: ¿Qué opinan la mayoría de los afectados por las guerras sobre cuestiones como la protección de los civiles o las conductas aceptables en la guerra?¿Creen las personas a las que tratan de ayudar que los Convenios de Ginebra son eficaces?  

Hace poco, el CICR encargó un estudio que se llevó a cabo en ocho países afectados por los conflictos y la violencia, en el que se preguntaba a los entrevistados cuáles eran sus opiniones sobre la conducción de las hostilidades y otros temas relacionados.

La mayoría de los entrevistados apoyaban los principios básicos del DIH y la idea de que incluso las guerras deberían tener límites, aunque el estudio también revela que cada vez son más quienes ignoran la existencia de esas normas. Algunos también dudan de que el derecho tenga un impacto real sobre el terreno.

Todo ello, unido al hecho de que se sigue matando a civiles, separándoles de sus seres queridos u obligándoles a huir de sus hogares en conflictos de todo el mundo, demuestra que lo que realmente necesitamos es que se cumpla la ley.