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Sami Elhaj, ex detenido en Guantánamo, explica por qué las visitas del CICR fueron importantes para él

25-08-2009 Entrevista

Sami Elhaj, periodista de la cadena de televisión árabe Al Jazeera, estuvo detenido en el centro de detención Estados Unidos en Guantánamo durante casi seis años. A continuación, nos explica cómo las visitas del CICR le ayudaron a lo largo de ese período y recuerda la primera vez que recibió noticias de sus seres queridos.

  Después de su arresto en Afganistán, pasó casi seis años en Guantánamo. ¿Qué fue lo más significativo de ese período de detención?  

 

La pérdida de mi libertad, y desconocer el por qué, no saber cuánto tiempo iba a permanecer allí, no tener ninguna pista que pudiera darme esperanza, estar lejos de mi familia, mi trabajo, mi país… Eso es lo que más recuerdo cuando rememoro la época en que estuve detenido.

 

Una de las experiencias más difíciles fue la huelga de hambre. Fue el único modo que tuve de expresarme y negar la realidad que me fue impuesta. Fue una elección y estoy orgulloso de haberla tomado.

     

     
   
El CICR ha estado visitando a detenidos en la bahía de Guantánamo desde enero de 2002. A enero de 2009, había 242 individuos de unos 30 países detenidos en ese lugar. Durante el último año, las llamadas telefónicas entre los detenidos y sus familiares han sido facilitadas por las autoridades del centro de detención de Guantánamo, el CICR y las Sociedades Nacionales de los distintos países del mundo de donde provienen los detenidos.      

    En 2008, el CICR visitó aproximadamente a medio millón de prisioneros y detenidos en más de 80 países. Con la ayuda provista por el CICR, unos 32.700 detenidos se beneficiaron de visitas familiares, y más de 218.000 mensajes de la Cruz Roja fueron intercambiados entre los detenidos y sus familiares. Además, unas 4.000 llamadas telefónicas –organizadas por las autoridades y el CICR– permitieron a los detenidos contactar a sus familiares.      
         

Otra cosa que nunca olvidaré es la primera vez que recibí un mensaje de la Cruz Roja [una breve noticia familiar intercambiada entre los detenidos y sus familiares con la ayuda del CICR ] con la letra manuscrita de mi familia y dibujos de mis hijos. Me puse a llorar. No podía creer que tuviera en mis manos realmente un mensaje de ellos. Incluso a pesar de que estos mensajes en su mayoría fueron censurados por las autoridades, en ocasiones de una forma tan obvia que sólo podía leer unas pocas líneas, aun así eran reconfortantes y siempre iluminaban mi día.

 

  ¿Cuál fue su reacción la primera vez que se encontró con un delegado del CICR?  

 

Estar en una cárcel por largos períodos, ver sólo a guardias y las instalaciones de la prisión despierta sentimientos indescriptibles de frustración y tristeza. Ver a alguien de otro lugar tiene un efecto doble. Por un lado, genera una sensación de cautela, porque el ambiente no inspira confianza. Por otro lado, estaba la emoción de encontrar a alguien distinto de los guardias, alguien proveniente del exterior, vestido de civil. También despertó expectativas relacionadas con la posibilidad de que los delegados del CICR pudieran ayudarnos.

 

  ¿Las visitas de los delegados del CICR significaron una ayuda para usted, y, en ese caso, de qué manera?  

 

La pérdida del contacto con mis familiares y otros seres queridos fue lo más difícil de sobrellevar y aceptar. Mi mente y mi corazón siempre estuvieron con ellos, y no pasó un solo día sin que pensara en qué estaban haciendo, cómo estaban viviendo y cuándo los volvería a ver. Tuve que enfrentar la sensación de desesperanza que a veces me asediaba, la desesperación de no poder volver a verlos, pero siempre mantuve la fe.

 

Descubrir que el CICR podía ayudarme a contactar a mi familia fue la noticia más agradable, algo que había estado esperando durante mucho tiempo. Al menos alivió la sensación de incertidumbre y me ofreció consuelo.

 

Los libros que recibimos del CICR fueron un portal a un mundo exterior y nos ofrecieron un modo de tener una actividad normal. Se puede imaginar la importancia de un libro para un detenido que no tiene absolutamente nada más para hacer.

 

Pero uno de los servicios más importantes provistos por el CICR fueron las visitas médicas. Cada vez que un equipo del CICR nos visitó, lo hicieron acompañados por un médico que examinaba los casos urgentes y los elevaba a las autoridades. Esto fue crucial para nosotros.

 

  ¿Cómo evolucionó con los años su relación con los delegados?  

 

Pasó de la prudencia a la confianza. Recuerdo específicamente a un delegado que me visitaba regularmente. No era árabe, pero hablaba árabe. Me hizo bien hablar con él. A veces lo hacíamos por un largo rato. Era un hombre respetuoso y, con el tiempo, mi confianza en él fue en aumento. Había oído del CICR antes de estar en Guantánamo pero no lo conocía muy bien en realidad. Estar encarcelado y ver al CICR en acción me permitió conocerlo mejor e interactuar con sus delegados.

 

  ¿Ha cambiado su percepción del CICR? ¿Cómo era percibido el CICR por otros detenidos?  

 

Nunca tuve una percepción negativa del CICR. Se trató más de una cuestión de confianza que de forma lenta pero segura avanzó en una dirección positiva. Personalmente, nunca pude olvid ar al CICR y le estaré eternamente agradecido. Sin embargo, ahora sé que a veces esperamos grandes cosas del CICR, y que esas expectativas no siempre se alcanzan.

 

Algunos detenidos, por ejemplo, no tenían una muy buena opinión del CICR. Algunos incluso se negaron a reunirse con delegados porque consideraban que estaban vinculados con los estadounidenses. El emblema de la cruz roja fue interpretado por algunos detenidos como una indicación de que el CICR es una organización cristiana; aunque no lo es. Algunos de nosotros simplemente arrancamos el emblema y lo reemplazamos por un dibujo, pero otros se negaron a enviar mensajes a sus familias a través del CICR, sólo debido a este emblema.

 

Pero el CICR realiza un esfuerzo considerable para llevar un mínimo de humanidad a lugares de detención y para asegurar que se respete la dignidad de los detenidos.

 

Son necesarias algunas mejoras, y a veces el CICR no fue capaz de ofrecernos mucho. Pero su mera presencia fue importante para mí y para muchos otros. Su presencia nos hizo sentir menos olvidados y abandonados. A veces hubo mejoras en las condiciones de detención y a veces no. El impacto fue limitado pero igualmente importante.

 

Las opiniones expresadas por el entrevistado le pertenecen y no necesariamente representan siempre las del CICR.