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La atención médica suele ser una de las primeras víctimas de la guerra  

16-11-2009 Entrevista

Cuando estalla un conflicto armado, muchas veces se ataca a los hospitales y los trabajadores de la salud, se impide el paso de las ambulancias, que no pueden llegar a socorrer a los heridos, y se interrumpen los servicios básicos, como los de agua y electricidad, por lo que deben suspenderse los servicios de cirugía. El jefe de cirugía de guerra del CICR, Marco Baldan, explica por qué se debe respetar y proteger mejor a los servicios y los equipos de atención médica en situaciones de violencia armada.

 

©ICRC 
   
Marco Baldan, jefe de cirugía de guerra del CICR. 
           
 
             

  Al parecer, cada vez es más frecuente que, en zonas de conflicto, se amenace a los trabajadores de la salud y se atente contra su seguridad. ¿Cómo ha cambiado la situación a lo largo  de los años y qué desafíos afrontan hoy los cirujanos?  

 

Sí, desafortunadamente siempre estamos corriendo riesgos; los trabajadores de la salud recibimos amenazas, somos heridos, muertos o secuestrados. Por eso, nos es más difícil acceder a los heridos y los enfermos, que tienen derecho a recibir atención médica en virtud de las leyes de la guerra. Los pacientes con heridas graves mueren antes de llegar al hospital o a las clínicas locales, donde los médicos civiles siguen trabajando. Este es el principal problema que encontramos hoy en día. Lamentablemente, impedir el acceso a la atención médica puede ser una estrategia de guerra que tiene consecuencias nefastas en los civiles y los combatientes heridos. A veces, se nos informa de ambulancias a las que se les ha impedido trasladar heridos a los hospitales.

 

  ¿Diría que los servicios de atención médica están literalmente en la línea de frente?  

     

Absolutamente. Una de las primeras víctimas de la guerra es el propio sistema de salud. Soy médico, cuando estalla una guerra, ¿qué hago? Si tengo familia, lo primero qu e hago es llevarlos a un lugar seguro. Tal vez huyo con ellos, tal vez vuelvo a ayudar a los necesitados. Muy rápidamente, voy a descubrir que la cadena de abastecimientos está bloqueada, de modo que es muy probable que en unos pocos días se agote la reserva de drogas y otros insumos del hospital. Es posible que se corte el suministro de agua de la ciudad, lo que significa que ya no se podrá esterilizar el instrumental ni los uniformes de cirugía. Si tampoco hay electricidad, tendremos que utilizar generadores, y muy probablemente escasee el combustible. Mientras tanto, el movimiento de ambulancias disminuirá e incluso cuando la gente logre llegar al hospital no habrá garantías de que se les pueda brindar tratamiento en forma inmediata. Probablemente colapse todo el sistema de salud, que estará sobrepasado por el desequilibrio entre los recursos disponibles y las necesidades de los heridos y los enfermos. El resultado final es que los heridos morirán sin recibir tratamiento.

 

  ¿Puede darnos un ejemplo de un contexto donde los trabajadores de la salud han sido atacados u obligados a huir?  

 

Un estudio realizado en Irak, presentado en 2008 en el Foro de Ginebra por un Acceso Global a la Salud, demostró que, desde 2003, más de 2.000 médicos experimentados resultaron muertos y 250 fueron secuestrados y que más de 12.000, de un total de 34.000,  abandonaron el país. Probablemente esas cifras hayan aumentado desde que se realizó el estudio, pero es importante señalar que el país se ha quedado sólo con médicos jóvenes y poco experimentados, que no están preparados ni capacitados para atender pacientes con heridas de guerra. Tienen menos recursos, menos equipamiento y más problemas para obtener insumos.

 

Cuando los enfrentamientos son particularmente intensos, a veces el CICR no puede estar presente en el lugar para prestarles ayuda. Lo mismo puede decirse p ara el contexto de Mogadiscio, Somalia, donde las restricciones impuestas por la falta de seguridad nos impiden mantener una presencia total y ayudar a los pocos médicos y cirujanos que permanecen en el lugar para atender a los pacientes.

 

No olvidemos que los médicos en zonas de guerra a menudo tienen que trabajar en condiciones extremadamente difíciles; a veces tienen que vivir en el hospital durante días. Otros tienen que salir de su casa por la mañana sin saber si tendrán una vivienda o una familia al regresar. Seguir trabajando en esas circunstancias y dar prioridad a las necesidades de otros  es, para mí, la verdadera definición de heroísmo.

     

  El CICR recientemente encargó la realización de una encuesta, titulada   Nuestro mundo. Perspectivas del terreno   , que demostró que cuando las personas necesitan ayuda, recurren primero a quien tienen más cerca, la comunidad, la familia, los vecinos. ¿Qué papel cumple el CICR al fortalecer la capacidad de los cirujanos, los médicos, los enfermeros locales para que actúen como primeros socorristas?  

 

Para mí, eso es lo que se debe hacer. Dado que la inseguridad crece, no siempre podemos estar presentes en el lugar de conflicto. Lo que podemos y debemos hacer es aprovechar cada oportunidad que se nos presente para trabajar con esos profesionales, brindarles capacitación y demostrarles lo que se puede hacer con los limitados recursos de que disponen.

 

Además, tratamos de instalar reservas de material, como instrumental quirúrgico, vendajes, antibióticos y analgésicos, en zonas propensas a la violencia, de tal modo que, cuando estalle la violencia, los insumos necesarios estén disponibles. Y seguiremos e ntregando esos insumos donde las condiciones lo permitan. En algunos casos, enviamos equipos de cirujanos y especialistas, que se despliegan apenas estalla la guerra para reforzar la capacidad de los médicos locales.

 

Pero, para mí, es importante asegurarse de que las comunidades estén preparadas y lograr que se comprenda que los trabajadores de la salud están allí para salvar vidas. Por ello, se los debe respetar y proteger, y se les debe permitir cumplir su labor.