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En medio de la guerra y el delito: prestar ayuda humanitaria en contextos de alto riesgo

09-04-2010 Entrevista

En algunas zonas de conflicto, el acceso del CICR a las víctimas se ve limitado a causa de la inseguridad. Eso es lo que ocurre, por ejemplo, en partes de Somalia, Yemen y Afganistán. Sin embargo, a pesar de esas dificultades, sigue siendo posible prestar ayuda humanitaria en los conflictos armados. En esta entrevista, el Director Adjunto de Actividades Operacionales del CICR, Dominik Stillhart, explica cómo lo hace el CICR.

     
©CICR/P. Yazdi/so-e-00426 
   
Oeste de Dusamareb, región de Galgadud, Somalia. Mujeres con artículos de ayuda provistos por el CICR tras una distribución de emergencia. 
           
     
©CICR 
   
Dominik Stillhart, Director Adjunto de Actividades Operacionales del CICR 
         

  ¿Por qué motivos el CICR puede llegar a retirar todo o parte de su personal de una zona en particular?  

Ese tipo de decisiones casi siempre están vinculadas a los peligros que enfrentan nuestros colegas en el terreno. Como por lo general no trabajamos con protección armada, nuestra seguridad en zonas de conflicto depende de todos los que aceptan nuestra presencia, en particular los portadores de armas. Lamentablemente, esto no siempre ocurre, sobre todo en lugares donde impera el delito y las autoridades no pueden controlarlo. 

Pero retirar el personal sigue siendo más la excepción que la regla. El CICR siempre trata de permanecer lo más cerca posible de las personas más afectadas por la guerra. Somos de las pocas organizaciones que están permanentemente en el terreno en algunos de los lugares más peligrosos, por ejemplo en Kandahar, Afganistán, o en Bagdad, Irak. Básicamente, tenemos que hallar maneras para poder ayudar realmente a las personas en esas situaciones sin exponer a nuestro personal a riesgos excesivos e innecesarios. 

Pero algo es seguro: aunque tengamos que retirar a nuestro personal, siempre tratamos de reducir lo máximo posible el efecto que ello tendrá en nuestra capacidad de prestar asistencia y protección a las personas afectadas por la guerra. Lo que también significa evaluar en forma constante la situación en el terreno para saber cuándo están dadas las condiciones de seguridad como para volver a desplegar al personal que ha sido retirado.

  ¿Cómo hacen entonces para trabajar en las situaciones más peligrosas?  

Básicamente, tenemos que adaptar nuestro modo de trabajar. En las situaciones más peligrosas, puede suceder que nuestro personal internacional afronte riesgos adicionales a los que afrontan los colegas locales, porque como extranjeros atraen más la atención, incluida la de los criminales. Ante esa situación, en algunos casos hemos tenido que reducir los movimientos en el terreno del personal internacional y reducir el tiempo que pasan en las zonas más peligrosas. En casos extremos incluso hemos tenido que retirar temporalmente al personal internacional, por ejemplo después del atentado contra la oficina de Bagdad en 2003 o en el norte de Yemen el año pasado.

En situaciones donde la presencia del personal internacional debe ser limitada, como en Somalia y partes del sur de Afganistán, nuestro personal nacional asume más responsabilidades. Debemos encontrar el justo equilibrio basándonos en su conocimiento del contexto y haciendo todo lo posible para reducir lo máximo posible los riesgos que afrontan mientras cumplen su tarea.

  ¿Qué más pueden hacer?  

En esas situaciones, es vital la cooperación que tenemos con las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Sus voluntarios y su personal suelen tener fuerte presencia en esas zonas. En lugares como el norte de Yemen, por ejemplo, trabajar con nuestro personal local y con la Media Luna Roja nacional nos ha permitido ayudar a miles de personas desplazadas en los últimos meses, dada la ausencia del personal internacional del CICR. Ahora los delegados del CICR han regresado a Sadá, en el norte de Yemen, donde continúan trabajando y apoyando la labor del nuestros colegas nacionales y de la Media Luna Roja de Yemen.

En el caso de Somalia, si bien la inseguridad generalizada ha obligado al CICR a instalar su delegación en Nairobi, y no en Mogadiscio, hemos podido prestar asistencia a un promedio de un millón de personas por año en los últimos años, en gran medida gracias al trabajo de nuestros colegas somalíes y a nuestra excelente cooperación con la Media Luna Roja Somalí en el terreno.

Lo importante es que, incluso cuando nuestra presencia en el terreno es limitada, mantenemos el contacto con todas las partes en el conflicto para explicarles quiénes somos, qué hacemos y cómo lo hacemos, con la esperanza de poder volver a desplegar a todo el personal necesario lo más pronto posible. 

  ¿No les preocupa que esa manera de trabajar aumente el riesgo de que la ayuda se pierda o sea robada?  

La ayuda humanitaria suele ser esencial para millones de personas en zonas de conflicto, y hacemos todo lo posible para reducir lo máximo posible el riesgo de robos o de desvíos. Lo cual no es fácil en situaciones que por lo general se caracterizan por desplaza mientos masivos de población, infraestructura dañada o destruida y ausencia de la ley y el orden. En tales circunstancias, la ayuda humanitaria y la logística necesaria para trasladarla y distribuirla puede ser un atractivo para las redes delictivas, independientemente de nuestra manera de trabajar y de nuestro despliegue en el terreno.

  ¿Esto significa que parte de la ayuda que prestan no se utiliza con el fin previsto?  

Sería ingenuo pensar que no existe ningún riesgo de que la ayuda humanitaria se utilice con otros fines que los previstos. Pero con los años hemos desarrollado un sistema de control para asegurarnos, en la mayor medida de lo posible, de que nuestra ayuda llegue a las personas que la necesitan. Para ello, son clave nuestros contactos estrechos con los beneficiarios de nuestro trabajo y con sus representantes, como los líderes comunitarios, los ancianos, las mujeres y el personal y los voluntarios de la Sociedad local de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja. Tratamos de consultarles después de las distribuciones de ayuda para identificar posibles problemas, como desvíos o robos, y adaptar nuestra manera de trabajar en consecuencia.

  ¿Puede describirnos algunas de las medidas concretas que toman para evitar que se desvíe la ayuda?  

Primero y principal, tratamos de anticipar y reducir el riesgo de que ello suceda. En Somalia, por ejemplo, el CICR sólo paga el costo de los artículos que integran la ayuda una vez que han sido entregados a los sitios de distribución designados. Es responsabilidad del proveedor asegurar que llegue a destino y a tiempo la cantidad de artículos acordada.

Otro método es elegir un tipo de ayuda que beneficie a comunidades enteras, pero que sea difícil de desviar. En ocasiones puede ser preferible proveer agua potable o un mejor servicio de salud, en lugar de distribuir socorros que podrían ser robados o vendidos.

Por último, aunque no menos importante, es indispensable trabajar con personal comprometido en todos los niveles, que crea en los objetivos humanitarios de la Cruz Roja. El CICR tiene una política de tolerancia cero respecto de todo colaborador que haya robado o desviado artículos de la ayuda. 

  ¿Por qué no convocan a organizaciones locales para efectuar las distribuciones?  

Cooperamos en forma estrecha con las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja. Cumplen un papel importante en nuestras distribuciones. Sin embargo, a diferencia de otras organizaciones, el CICR no suele subcontratar otras organizaciones, fuera del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Nuestra labor nos exige estar en el lugar siempre que sea posible, cerca de las comunidades afectadas por la guerra, para poder evaluar sus necesidades y la efectividad de nuestra ayuda.