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Kirguistán: responder a las consecuencias de largo plazo de la violencia

08-09-2010 Entrevista

Casi cuatro meses después de los violentos enfrentamientos que afectaron la zona meridional de Kirguistán en junio de 2010, el CICR sigue trabajando activamente en Osh y sus alrededores. Ishfaq Khan está a cargo de la oficina del CICR en Osh. En esta entrevista, habla sobre las consecuencias de largo plazo de la violencia que se desató en junio.

     

 
   
Ishfaq Khan, jefe de la subdelegación del CICR en Osh, Kirguistán. 
         

  El CICR pudo iniciar sus actividades en cuanto empezó la violencia, el 11 de junio. ¿Por qué el CICR ya estaba allí y qué pudo lograr en las primeras horas y días?  

     

Tras dos años sin tener una presencia permanente en Osh, habíamos decidido reabrir nuestra oficina en esa ciudad. Desde principios de abril, nos preocupaba la violencia recurrente en Kirguistán, tanto en Bishkek como en el sur, por lo cual habíamos fortalecido nuestra presencia en la zona meridional para seguir de cerca la situación y prepararnos para una respuesta de emergencia. En colaboración con la Media Luna Roja de Kir guistán, ya habíamos trasladado a la zona materiales de primeros auxilios e insumos quirúrgicos, con objeto de responder prontamente a las necesidades de atención médica.

Gracias al traslado previo de personal y de suministros, en cuanto se inició la violencia pudimos empezar a atender a los enfermos y heridos y a proporcionar alimentos y agua para más de 300.000 personas. Pocos días después de finalizadas las hostilidades, nos concentramos en las personas que habían abandonado sus hogares o cuyas viviendas habían sido destruidas.

  ¿Cómo describiría la situación durante y después de los episodios de violencia?  

     

La situación empeoraba por momentos y los hospitales recibían cada vez más víctimas. Decenas de miles de personas traumatizadas huían de los enfrentamientos y de los saqueos, y se dirigían hacia otras regiones de Kirguistán y la frontera con Uzbekistán. Muchas personas enfermas y heridas temían acudir a los hospitales debido a la violencia, y los trabajadores de la salud eran atacados cuando intentaban evacuar pacientes. El número de personas desplazadas dentro de Kirguistán se ha situado, sin duda, en las decenas de miles, y del lado uzbeko de la frontera las autoridades registraron la entrada de 75.000 refugiados adultos. Uno de nuestros temores era que los enfrentamientos en Osh se extendieran a otras zonas del país. Durante las primeras horas y días, la situación causó gran alarma.

  ¿En estos momentos, sigue habiendo tensiones en el sur?  

     

Las relaciones entre las comunidades siguen tensas, dado que las heridas psicológicas causadas por la violencia son muy recientes. Además, hay más de 50 casos de personas desaparecidas y los familiares sufren una pesada carga emocional.

El número de personas arrestadas y detenidas en relación con la violencia también ha aumentado. En ese sentido, la actividad del CICR en relación con las visitas a personas detenidas se remonta a 1999. Desde la violencia que tuvo lugar en junio, el CICR comenzó a visitar a personas detenidas en relación con esa situación, tanto en las comisarías como en centros de detención preventiva. De conformidad con nuestra modalidad de trabajo, los delegados del CICR evalúan el trato que reciben los detenidos y las condiciones de detención y presentan a las autoridades los resultados de sus evaluaciones en un marco de confidencialidad.

El CICR también ha ayudado a las autoridades en Osh a renovar el centro de detención para personas a la espera de juicio y a mejorar las condiciones de detención en ese establecimiento.

  ¿Cuáles son las actuales prioridades del CICR en el sur de Kirguistán?  

Muchas personas continúan en situación de vulnerabilidad y están muy necesitadas de asistencia. Como se acerca el invierno, las operaciones de ayuda se centran ahora en proporcionar alojamiento, aunque también seguimos distribuyendo alimentos y agua, y prestando apoyo a los centros médicos. Otra prioridad es buscar a las personas dadas por desaparecidas y proseguir nuestro diálogo confidencial con las autoridades acerca del respeto de las normas internacionales durante y después de la violencia.

A pedido de las autoridades, el CICR aceptó participar en la construcción de 375 viviendas y refugios en Cheremushki y Furkat para las personas que perdieron sus hogares en junio. El invierno se acerca con rapidez, pero haremos todos los esfuerzos posibles por mejorar las condiciones de vida de las personas que han quedado sin techo.

Más a largo plazo, pondremos en marcha programas microeconómicos que permitan a la gente recuperar su independencia económica. Seguiremos colaborando con las autoridades para reparar la infraestructura de abastecimiento de agua, los sistemas de saneamiento y la infraestructura forense, y nos estamos preparando para dictar seminarios de cirugía destinados al personal médico de emergencia.

Durante los próximos meses, también nos proponemos fortalecer la capacidad de los servicios locales de salud y de la Media Luna Roja de Kirguistán para responder a situaciones de emergencia.

Por último, el CICR intensificará su colaboración con los organismos encargados de hacer cumplir la ley, con miras a hacer respetar las normas internacionales relativas al uso de la fuerza durante situaciones de violencia interna.