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Kirguistán/Uzbekistán: las tensiones persisten, mientras los desplazados comienzan a regresar a sus hogares

23-06-2010 Entrevista

Trece días después de que estallara la violencia en el sur de Kirguistán, la situación sigue siendo inestable. Miles de residentes y de personas internamente desplazadas (PID) siguen necesitando asistencia básica. En esta entrevista, Pascale Meige Wagner, jefa de Actividades Operacionales del CICR en Europa Oriental y Asia Central, se refiere a la situación.

     
©CICR/M. Kokic/kg-e-00046 
   
Ciudad de Osh. Casas destruidas por los enfrentamientos. 
               
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Ciudad de Osh. Zaynab, de sesenta años, madre seis hijos, es una de las beneficiarias de la ayuda alimentaria del CICR. 
               
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Ciudad de Osh. Cargando alimentos, como aceite y harina, para distribuirlos entre los afectados. 
               
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Ciudad de Osh. Preparativos para distribuir raciones de alimentos a las personas afectadas por los enfrentamientos. 
               
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Este hospital provincial en Osh es el principal hospital de referencia y atiende a todos los pacientes con heridas graves. 
               
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Este hombre, con heridas en el abdomen tras haber recibido un disparo, es atendido en el hospital provincial de la ciudad de Osh. 
           
     
 
   
Pascale Meige Wagner 
         

   ¿Cómo describiría la situación humanitaria actual en Kirguistán?  

La situación sigue estando muy tensa. Trece días después de la violencia brutal que causó centenares de heridos y el desplazamiento de más de cien mil personas, la situación humanitaria es preocupante y queda mucho por hacer para satisfacer las necesidades de los afectados.

  ¿Cómo respondió el CICR a las necesidades y cuál es la prioridad de la Institución hoy?  

En los primeros días de la violencia, nuestra prioridad fue ayudar a las instalaciones médicas a atender a los cientos de heridos que fueron recibiendo. El CICR ayudó a los médicos a hacer frente a la crisis en cinco hospitales en Osh y a uno en Jalalabad. Junto con la Media Luna Roja de Kirguistán, el CICR distribuyó medicamentos y material para cirugía en 20 centros médicos. Unos pocos días después de que estallara la violencia, el CICR comenzó a distribuir agua a la población que había huido de la ciudad de Osh. Dar acceso al agua potable sigue siendo una prioridad. En los últimos seis días, unas 20.000 personas en poblados del sur de Osh han recibido agua a diario. Además, el CICR está apoyando a las autoridades encargadas de la distribución de agua a garantizar el suministro para los habitantes de Osh.

A fin de responder a las necesidades inmediatas, el CICR y voluntarios de la Media Luna Roja de Kirguistán distribuyeron raciones de alimentos en la ciudad de Osh y en la frontera de Kirguistán con Uzbekistán, en la provincia de Osh. Hasta ahora, más de 200.000 personas han recibido raciones de harina de trigo y aceite. También se han entregado artículos domésticos y de aseo personal para unas 1.700 familias. La semana pasada, se entregó comida a unas 1.000 personas privadas de libertad en lugares de detención de Osh y Jalalabad. Por otro lado, el CICR está trabajando con la Media Luna Roja de Kirguistán para restablecer el contacto entre familiares separados por la reciente violencia armada. Además, asesora a las autoridades para que entreguen los restos mortales de tal modo de facilitar su posterior identificación. Nuestro temor es que, cuando haya terminado la violencia, numerosas familias se queden sin información sobre lo que les sucedió a sus seres queridos, y sabemos cuánto se sufre cuando un familiar desaparece.

Otra de nuestras prioridades es poder responder a los problemas médicos de las personas que deciden regresar a sus hogares.

Para ello, hemos tenido que incrementar nuestros recursos muy rápidamente. El CICR está trabajando ahora con unos 32 colaboradores en Bishkek y otros 45 en Osh. Pronto abriremos otra oficina en Jalalabad.

  ¿Por qué algunas personas internamente desplazadas o refugiadas no pueden regresar a sus hogares?  

Si bien miles de personas han comenzado a regresar a sus hogares, otras tantas temen hacerlo por cuestiones de seguridad. También ha habido denuncias de nuevos episodios de violencia. Las fuerzas de seguridad que están intentando restablecer la ley y el orden son vistas con aprensión y sospecha, y las comunidades desconfían unas de otras. Además, muchas propiedades privadas han sido destruidas, y numerosas personas no tienen adónde regresar. El comportamiento de las fuerzas de seguridad en los próximos días y semanas será un factor clave para restablecer un clima de confianza. Las instamos a ejercer sus funciones con la debida consideración hacia las comunidades afectadas. Para evitar que se reanude la violencia, las autoridades también tienen que demostrar un compromiso en la lucha contra la impunidad de quienes han cometido crímenes en los recientes episodios.

  ¿Cómo piensa que evolucionará la situación?  

Tememos que las tensiones no se resuelvan pronto, y las personas afectadas necesitarán más protección y asistencia hasta que, esperemos, la situación se normalice. El nivel de violencia ha dejado heridas profundas en las comunidades, y las autoridades están ante el verdadero desafío de lidiar con los resentimientos y las divisiones étnicas en medio de las votaciones sobre importantes temas que están realizándose en estos días. Las comunidades que reciben a las personas desplazadas por la violencia sufren enormes presiones y necesitan ayuda. Es muy difícil realizar actividades humanitarias en un entorno tan complicado. Numerosos organismos de ayuda siguen teniendo dificultades para realizar sus actividades.

El CICR, gracias a su oficina en Osh, estaba e n el terreno prestando ayuda en el momento álgido de la violencia. Logramos responder a algunas de las necesidades más urgentes, pero sentimos que esa respuesta ahora tiene que ser sostenida. Estamos entregando una provisión de alimentos para un mes, así como artículos de aseo desechables y artículos para bebés, para unos 200.000 beneficiarios. También hemos distribuido artículos domésticos para personas sin hogar. Si es necesario, seguiremos distribuyendo alimentos y artículos desechables durante tres meses más.

Apenas sea posible, procuraremos que la ayuda promueva la recuperación de los medios de sustento para que la ola de violencia no cree nuevas vulnerabilidades a largo plazo ni alimente nuevas tensiones. Pero no lo haremos ahora.

  Se ha dicho que las situaciones en Uzbekistán y Kirguistán no son comparables. ¿Qué está haciendo el CICR en favor de los refugiados en Uzbekistán?  

La situación en Uzbekistán es muy diferente. No hay tensiones ni problemas de seguridad. Las autoridades han tenido que responder a una llegada masiva de refugiados en un período de tiempo muy corto. Inicialmente, se hablaba de unas 100.000 personas, en su amplia mayoría mujeres y niños que huyeron a Andiján y, en menor medida, a las zonas de Fergana y Namangan, en cuestión de días. Nuestro personal en el terreno ha confirmado que las autoridades han logrado atender muy bien a los refugiados, a pesar de que no estaban preparadas para un número tan alto.

De todos modos, las autoridades necesitan apoyo para sostener su respuesta, y la comunidad internacional se está movilizando. Lo que más se necesita son alimentos, agua, algunos artículos de higiene para mujeres y niños, y ropa.

La Media Luna Roja de Uzbekistán, sobre todo sus filiales de Andiján, Fergana y Namangan, han trabajado junto con las autoridades desde el inicio para r esponder a las necesidades de los refugiados. Además, gracias a nuestra capacidad de responder a las emergencias, en la primera semana distribuimos tres cargas de asistencia transportadas por avión, que permitieron satisfacer parte de las necesidades hasta que otros socios del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, coordinados por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, pudieran desplegarse.

Las actividades del CICR, que forman parte de la respuesta del Movimiento a esta crisis de refugiados, ahora se concentran en el restablecimiento o el mantenimiento del contacto entre los refugiados y sus parientes en Kirguistán, y en satisfacer las necesidades de abastecimiento de agua y saneamiento en dos campamentos en la zona de Andiján. Nuestros 13 colaboradores que están ahora en Andiján trabajan en estrecha colaboración con la Media Luna Roja de Uzbekistán y coordinan sus actividades con la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.