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Personas desaparecidas: ayudar a las familias a vivir con la incertidumbre

15-02-2010 Entrevista

Los sufrimientos psicológicos de los familiares de personas desaparecidas son múltiples y duraderos. Laurence de Barros-Duchene es la responsable de los programas del CICR de salud mental para las personas afectadas por conflictos armados o por otras situaciones de violencia armada. A su regreso de Georgia/Abjasia, donde participó en la capacitación de especialistas y de ONG que prestan apoyo a los familiares de personas desaparecidas, explica cómo el sufrimiento psicológico se suma a las consecuencias jurídicas, económicas y sociales de la desaparición.

     

    Un elemento esencial de la acción del CICR      
   
    El apoyo psicológico y comunitario a los familiares de las personas desaparecidas se enmarca en la respuesta global del CICR a la cuestión de las desapariciones en situación de conflicto armado y de violencia interna.

    La Institución comenzó a realizar esa tarea a partir de las guerras en los Balcanes y el Cáucaso durante los años 1990. Organizada en 2003 en Ginebra, la conferencia internacional sobre la problemática de las personas desaparecidas permitió al CICR definir los objetivos en esa materia: además de trabajar con los poderes públicos en relación con la búsqueda de las personas desaparecidas, el CICR expresa su voluntad de apoyar directamente a los familiares. Desde entonces, el CICR ha enviado especialistas a diferentes países del Cáucaso meridional y septentrional a fin de llevar adelante programas de apoyo, de los que el caso georgiano es un ejemplo de referencia.     

Ver también: "Las personas desaparecidas", una importante iniciativa del CICR      
               
    ©CICR      
   
    Laurence de Barros-Duchene      
         

   ¿Cual era el objetivo de las capacitaciones organizadas recientemente por el CICR en Tiflis y Sukhumi?  

El objetivo era capacitar a los socios locales en materia de acompañamiento de los familiares de las personas desaparecidas. El acompañamiento es un modelo de atención de las víctimas en el que el CICR trabaja desde hace cuatro años. Promueve el desarrollo de una red de solidaridad donde participan diferentes actores locales, especialistas y no especialistas. La finalidad de ese enfoque es responder al conjunto de las dificultades jurídicas, económicas, sociales y psicológicas que afrontan los familiares.

Invitamos a los responsables de las asociaciones de familiares que se formaron después de la guerra, en los años 1990, representantes de los familiares, expertos en medicina forense, juristas y psicólogos, psiquiatras y médicos locales.

Nuestro objetivo era movilizar a todos esos actores en torno a las necesidades de los familiares y determinar, con ellos, los grandes lineamientos de sus intervenciones. Esa capacitación también dio a los familiares de personas desaparecidas la oportunidad de hablar de sus dificultades; los especialistas, por su parte, pudieron tomar conocimiento de la realidad de los sufrimientos psicológicos de los familiares.

El contenido de la capacitación se inspiró, en gran medida, en la experiencia del CICR, que nos ha permitido producir un manual práctico destinado a ayudar a quienes realizan actividades de apoyo a los familiares, para que puedan definirlas de la mejor manera. Hemos podido ver que esa capacitación servía tanto para los profesionales como para los no especialistas. En efecto, son pocos los que conocen la situación de los familiares de las personas desaparecidas y son pocos los especialistas que están preparados para afrontar el dolor moral que suscita la desaparición. Ese sufrimiento no es patológico, muy por el contrario, aun si, con el tiempo, puede alterar de manera más o menos grave el estado de salud de las personas. A veces se necesita una respuesta especializada, pero no es la única que necesitan los familiares; sobre todo si a éstos no se les informa qué le sucedió a su pariente desaparecido.

  ¿Cuáles son las necesidades propias de los familiares de personas desaparecidas en el marco de conflictos armados?  

     

Son múltiples y están interrelacionadas. La primera necesidad expresada por las personas es la de saber qué le sucedió a su familiar desaparecido. Es una cuestión que las obsesiona, les genera una angustia intensa y duradera. El CICR no tiene la responsabilidad de responder a esa necesidad, pero puede alentar y ayudar a las autoridades responsables a hac erlo. Con esa perspectiva, el CICR elaboró una Ley Modelo destinada a orientarlos en la aplicación de mecanismos de búsqueda y la definición de un marco jurídico adaptado a la situación de los familiares y a la problemática de la desaparición.

En la mayoría de los casos, las personas que desaparecen son hombres, soldados o civiles. Esos hombres suelen ser la única fuente de ingresos de las familias. De modo que su desaparición tiene consecuencias económicas para las familias, sobre todo porque a menudo deben gastar los pocos ahorros que tienen en costosos trámites administrativos o para pagar a supuestos informantes o a algún " adivino " .

A ello se añade, en las situaciones de conflicto armado, la falta de apoyo comunitario y la ausencia de voluntad política, que obligan a los familiares a afrontar solos tanto el sufrimiento provocado por la desaparición como sus necesidades cotidianas.

Esa situación, y en particular el estado de incertidumbre de las familias, no tienen límites en el tiempo. Tal vez deberán esperar a la generación siguiente para obtener respuestas y encontrar el cuerpo de su familiar desaparecido. Hoy sabemos que su sufrimiento no se disipa a medida que pasan los años. El sufrimiento está allí, a veces en silencio, listo para volver a surgir ante la menor ocasión. El proceso de duelo no ha podido tener lugar.

  Concretamente, ¿cómo se afrontan las consecuencias psicológicas?  

En primer lugar, realizando actividades simples, pero en las que no necesariamente piensan las asociaciones de familiares. Por ejemplo, organizar actividades donde los familiares puedan reunirse, hablar de su experiencia común e intercambiar información. Eso puede ayudarles a salir del aislamiento y a buscar soluciones juntos. Esas actividades, cuando están bien enmarcadas, pueden tener un efecto sumamente po sitivo en los familiares y en su manera de abordar las consecuencias de la desaparición. 

Es cierto que, a veces, con ello no alcanza. El sufrimiento psicológico de los familiares puede requerir intervenciones especializadas. Por ejemplo, algunos parientes de personas desaparecidas tienden a descuidar por completo sus propias necesidades y las de los demás miembros de la familia. Concentran toda su energía y su atención en la búsqueda del familiar desaparecido. Con el tiempo, esa actitud puede llevarlos a aislarse de su entorno social y emocional, y a privarse entonces de un apoyo externo importante. Se trata de ayudarlos a salir de esa lógica compulsiva y a paulatinamente recuperar el placer en su vida cotidiana, sin que ello les provoque un sentimiento de culpa. Porque, para los familiares, dejar de buscar a la persona desaparecida significa abandonarla definitivamente o " darle muerte por segunda vez " .

La culpa y la angustia provocadas por la incertidumbre son dos estados particularmente difíciles de aliviar. Lo mismo sucede con ese temor constante de que, con el tiempo, se olvide la existencia de la persona desaparecida y no quede ningún rastro de ella. " ¿Quién va a recordarla cuando yo ya no esté? " : esta pregunta suele asediar a muchas personas y revela su dolor psicológico, que no puede ser aliviado sólo con la intervención de especialistas de la salud o con el apoyo de la comunidad. El reconocimiento público de su situación y del estatuto particular de las personas desaparecidas, así como la inscripción de sus nombres en un monumento o en un registro, también contribuyen a aliviar el sufrimiento. Lo importante es no olvidarlas y que no desaparezcan definitivamente.

El hecho de no poder ofrecer sepultura a los seres queridos también es causa de sufrimiento y culpa. Por ello, es importante encontrar los cuerpos y devolverlos a los familiares. Esa etapa es sumamente dolorosa, pero es muy importante y necesaria. Puede constituir un verdadero alivio. En el mejor de los casos, le recuperación del cuerpo del ser querido permitirá iniciar un proceso sanador de aceptación de la pérdida.

  ¿Cuál es el papel del especialista en el marco de este trabajo?  

 
    © CICR / M.S. Desjonqueres      
   
"Por nuestra experiencia, sabemos que el dolor psicológico sigue muy presente muchos años después de transcurridos los hechos."      
         

Ayudar a los familiares a vivir con la incertidumbre provocada con la desaparición y afrontar la ambivalencia emocional que conlleva no es nada fácil. Una persona sola, más allá de su buena voluntad, no puede abordar estas cuestiones. Se necesita la i ntervención de especialistas capaces de realizar un verdadero trabajo terapéutico. El objetivo de ese trabajo no es alentar a las familias a hacer el duelo, ya que éste es imposible en ausencia de certezas en cuanto al paradero de la persona desaparecida y hasta tanto el cuerpo no se haya recuperado y honrado siguiendo las costumbres de la cultura de que se trate. Se trata entonces de ayudarles a encontrar una manera de vivir con esa situación, sin que afecte su funcionamiento y la calidad de sus relaciones sociales y emocionales.

Por nuestra experiencia, sabemos que el dolor psicológico sigue muy presente muchos años después de transcurridos los hechos. Las personas no olvidan a sus familiares desaparecidos. El agotamiento físico y mental que provoca puede dar lugar a estados más complicados, como una depresión, e incluso favorecer el desarrollo de verdaderas patologías o de enfermedades crónicas.

  Entre todos los actores que participan en esta tarea, ¿cuál es el lugar de las asociaciones de familiares de desaparecidos y qué ayuda les brinda el CICR?  

Son centrales en esa tarea. En primer lugar, porque la desaparición les interesa directamente —son asociaciones fundadas por parientes de personas desaparecidas—; tienen la legitimidad y la voluntad de abocarse a la cuestión a largo plazo. Luego, porque tienen un conocimiento íntimo de la problemática de los familiares y a menudo tienen contactos privilegiados con ellos. Pueden cumplir un papel de orientación, asesoramiento y representación ante las autoridades.

Sin embargo, ese papel tiene límites, y lo sabemos. Los miembros de esas asociaciones están en una situación emocional difícil y con frecuencia les es imposible mantener la distancia necesaria frente a las demás familias. Por ello los alentamos a trabajar en asociación con otros actores locales.

El CI CR trabaja con estas asociaciones en diferentes niveles: en el nivel local, las pone en contacto con ONG y especialistas, les propone herramientas que les permiten realizar actividades de apoyo, las ayuda a estructurarse mejor; en un nivel más político, facilita su relación con las autoridades a fin de que se las escuche y represente. El CICR a veces actúa como portavoz de las asociaciones de familiares. Y cuando no tienen visibilidad o no se las escucha, intenta prepararlas para que lo logren. 

  ¿Las necesidades de los familiares varían de un contexto cultural a otro?  

El sufrimiento psicológico no difiere de un contexto a otro. Cuando un hijo desaparece, así la madre sea nepalesa, congoleña o chechena, el sufrimiento es el mismo. Lo que puede llegar a cambiar en la manera de expresar y aliviar el dolor.

Análogamente, el tiempo transcurrido desde la desaparición no disminuye el dolor de los seres queridos. Los familiares con los que nos hemos reunido en Georgia, Guatemala, Nepal, Chipre, Chechenia, parecían vivir lo mismo, hacerse las mismas preguntas y tener las mismas expectativas.

Las necesidades pueden variar en función de otros criterios: por ejemplo, el tiempo necesario para adaptarse a una situación económica precaria; un cambio de gobierno que permitirá la aplicación de un proceso de búsqueda y de identificación.

Las necesidades de los familiares también varían en función del contexto en el que se produce la desaparición o, más precisamente, de la causa de la desaparición. Las desapariciones causadas por una catástrofe natural, como un maremoto o un terremoto, no tienen los mismos efectos. En el marco de un conflicto armado o de violencia política, se suele hacer desaparecer a las personas por su pertenencia étnica o política. Lo que no sucede en una catástrofe natural. 

La razón que motiva la desaparición tiene un efecto psicológico particular en los familiares y en la manera en que va a reaccionar la comunidad. En efecto, se observa una mayor estigmatización de los familiares cuando la desaparición se considera " sospechosa " . Frecuentar a los familiares de una persona desaparecida puede interpretarse como la prueba de una adhesión a una ideología o la afiliación a determinado grupo. En Sri Lanka, por ejemplo, las desapariciones no explicadas pueden considerarse la expresión de un karma negativo del que serían portadoras, en particular, las mujeres, y también su descendencia. Frecuentarlas es exponerse a la desdicha. Estas no son las únicas diferencias, hay muchas otras. Para nosotros, es importante conocerlas para poder adaptar nuestra respuesta.