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Nigeria: un reportero de guerra habla sobre su profesión

09-08-2010 Entrevista

Los periodistas y otros profesionales de los medios de comunicación que trabajan en zonas de conflicto están expuestos a grandes peligros. Sam Olukoya, corresponsal de la BBC en Lagos, explica que tienen derecho a la protección de la ley, pero también describe lo que pueden hacer para protegerse a sí mismos.

     
©CICR 
   
Sam Olukoya 
               

  ¿Cuál es la función de los medios de comunicación en los conflictos armados y en otras situaciones de crisis?  

Los medios de comunicación cumplen una función decisiva en estas situaciones. Los informes periodísticos destacan la gravedad de la situación y aclaran los hechos cuando los rumores abundan. Para las víctimas de situaciones de crisis, la información puede salvar vidas, ya que los informes que transmiten los medios pueden ayudar a hacer llegar la asistencia a los lugares y a las personas que más la necesitan. Además, las víctimas de crisis normalmente confían mucho en estos informes para saber cuándo y adónde pueden desplazarse con seguridad. Para ellos, la información puede ser tan vital como el agua, el alimento o los medicamentos.

  ¿Cuáles son los principales peligros que enfrentan los periodistas que trabajan en zonas de conflicto?  

     

Bueno, obviamente corren el riesgo de que los maten. Por ejemplo, dos colegas nigerianos fueron asesinados mientras cubrían el conflicto en Liberia. Pero también enfrentan otros riesgos, por ejemplo que los asalten o los detengan, o que se los tilde de espías. Las periodistas corren el riesgo de ser violadas. Un solo informe desfavorable puede poner en peligro la vida de un periodista.

  ¿Por qué es importante que un periodista conozca la legislación aplicable cuando tiene que cubrir un conflicto armado?  

     

Es muy importante que los periodistas sepan que el derecho internacional, e incluso el local, los protege durante la cobertura de conflictos armados. Sin embargo, a veces esta protección no se brinda como debería, en especial bajo regímenes no democráticos o en situaciones de colapso absoluto de la ley y el orden. Si los corresponsales ignorasen la protección a la que tienen derecho en estas situaciones, probablemente no cubrirían conflictos armados, aun cuando sintieran que es su deber hacerlo. Como consecuencia de ello, importantes detalles de los conflictos jamás tomarían estado público. Y si, por ejemplo, se cometen atrocidades pero no se las hace públicas, a los responsables quizás nunca se los lleve ante la justicia.

  ¿Cómo se pueden preparar los periodistas para cubrir situaciones de conflicto? ¿Qué consejo les daría?  

Es muy importante que se capacite a los periodistas para sobrevivir en un ambiente hostil. Este tipo de capacitación puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Lamentablemente, pese a las numerosas guerras y conflictos que afectan a África, la mayoría de los medios de comunicación africanos carece de los recursos para brindar este tipo de formación a sus periodistas.

Llevar un botiquín y saber cómo brindar primeros auxilios también puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte, al igual que llevar una identificación de prensa. En estos contextos, donde son frecuentes los casos de justicia sumaria, es probable que los colegas no tengan más que una oportunidad de demostrar quiénes son.

Deben saber muy bien cómo manejarse en puntos de control militares, qué hacer cuando se enfrentan a una muchedumbre, y cómo reaccionar cuando sufren un robo o un secuestro. Además, los periodistas deben compre nder claramente el conflicto antes de aventurarse a cubrirlo. Deben conocer los peligros que probablemente enfrenten y cómo responder a ellos. Además, deberían tener un buen estado físico, y llevar consigo en todo momento todos los medicamentos que toman regularmente, en caso de que sean secuestrados.

  ¿Tiene alguna experiencia personal que quiera compartir con nosotros?  

     

Cubrí varias situaciones de crisis en Nigeria, entre ellas explosiones de oleoductos, choques étnicos, conflictos religiosos, problemas de refugiados, explosiones de cocinas, y ataques militares a civiles. Al mirar atrás, me aventuraría a decir que la mayoría de estas crisis fueron obra del hombre y podrían haberse evitado. Reflejan el escaso valor que la sociedad concede a la vida y a la propiedad. He sido testigo de la crueldad humana en su peor expresión: niños, mujeres y ancianos asesinados de las formas más horrorosas. En Odi, en el delta del río Níger, vi cuerpos de mujeres y cartuchos percutidos en un pueblo que estaba completamente destruido. En la aldea de Jesse, el incendio de un oleoducto mató a más de mil personas, y los niños quedaron huérfanos. Los abuelos, que normalmente ni siquiera pueden cuidar de sí mismos, debieron arreglárselas por sí mismos para cuidar de sus nietos. A lo largo y a lo ancho del país, he sido testigo de asesinatos y de la destrucción de bienes, todo ello gratuito, mientras las personas se enfrentaban en el marco de conflictos étnicos o religiosos. Tal vez lo más atroz sea el secuestro de personas, de las cuales nunca se vuelve a tener noticias.