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Cisjordania: los asentamientos ilegales causan graves problemas a los palestinos

08-06-2009 Entrevista

La violencia de los colonos y las estrictas restricciones a la circulación afectan duramente la vida cotidiana de los palestinos que residen en la zona sur de la Cisjordania ocupada, sobre todo en el casco antiguo de la ciudad de Hebrón. Matteo Benatti, jefe de la oficina del CICR en Hebrón desde septiembre de 2007, nos explica la situación.

 
   
     
   
    En virtud del IV Convenio de Ginebra, es ilícito que una potencia ocupante traslade parte de su propia población al territorio que ocupa. Esto significa que el DIH prohíbe instalar asentamientos, porque son una forma de traslado de la población al territorio ocupado. También son ilícitas todas las medidas destinadas a expandir o consolidar los asentamientos. Análogamente, está prohibido confiscar tierras para construir o ampliar asentamientos.      
               
    ©CICR/F. Clarke/er-n-00020-29      
   
    Ancianos palestinos recorren largas distancias a pie cargando las bolsas de las compras.      
               
    ©ICRC / il-e-01750      
   
El CICR a veces tiene que intervenir para que las ambulancias ingresen en la parte antigua de la ciudad de Hebrón.      
               
    ©CICR      
   
El CICR entrega agua a las familias de pastores y beduinos en las colinas del sur de Hebrón.      
           
     
     
   
    Matteo Benatti, jefe de la subdelegación del CICR en Hebrón      
         

  ¿Cuáles son los principales problemas que se viven, en el plano humanitario, en Hebrón?  

Muchos aspectos de la vida cotidiana de los palestinos en Hebrón se han vuelto muy difíciles a causa de los asentamientos. En el casco antiguo de la ciudad de Hebrón, viven unos 600 colonos, muy cerca de unos 30.000 palestinos. Las autoridades israelíes han impuesto estrictas medidas de seguridad e instalado varios puestos de control en esa parte de la ciudad, donde se encuentra la Tumba de los Patriarcas, un importante lugar de culto tanto para judíos como para musulmanes. Muchas calles están cerradas para los palestinos, que no pueden ingresar en coche en las zonas donde viven.

Las restricciones a la circulación, sumada a la violencia recurrente de los colonos, están afectando la vida cotidiana de los palestinos.

  ¿De qué modo se ven afectados?  

     

Centenares de familias palestinas tienen que pasar por los puestos de control para comprar comida, por ejemplo. Con frecuencia son intimidadas por los colonos en esos puestos de control. Las mujeres son particularmente vulnerables a esa forma de abuso, sobre todo porque los palestinos no están autorizados a conducir en muchas de las calles, por lo que las mujeres tienen que cruzar los puestos a pie. Como las calles están cerradas, numerosos ancianos tienen que recorrer largas distancias cargando las bolsas de las compras.

Las ambulancias que trasladan, por alguna emergencia, a los residentes palestinos a los hospitales pueden sufrir grandes demoras en los puestos de control. Muchas personas han tenido que trasladar a sus parientes enfermos en camillas o en burros hasta algún lugar donde pudiera recogerlos la ambulancia.

La vida económica del casco antiguo casi ha desaparecido debido a las restricciones a la circulación y a la violencia de los colonos. A algunos comerciantes el ejército les ha ordenado cerrar sus comercios. Otros han perdido los clientes porque los palestinos tienen miedo de ir cerca de los asentamientos judíos. La pobreza no deja de aumentar. Según un estudio de hogares realizado el verano pasado por el CICR en las zonas donde rige la restricción, el 86 por ciento de las familias vive en una situación de pobreza relativa, ya que sólo cuenta con 97$ por persona por mes para comprar comida, ropa y otros a rtículos.

La mayoría de los palestinos que vive en la parte antigua de la ciudad ha tenido que poner alambres en las ventanas y mantenerlas cerradas, ya que no es raro que les arrojen orina, hortalizas en mal estado o piedras a través de las ventanas. Para los niños, incluso la caminata diaria hasta la escuela puede ser un riesgo, ya que los colonos los amenazan o les arrojan piedras. Es muy angustiante para las familias vivir en ese ambiente de tensión constante.

  ¿Qué puede hacer el CICR en ese tipo de situaciones?  

     

Con frecuencia recibimos llamadas de familias palestinas que están siendo atacadas en plena noche por colonos o que están esperando una ambulancia en un puesto de control. Cuando la gente está en problemas, hacemos de nexo con la administración civil local y con las fuerzas armadas israelíes. Afortunadamente esto sirve en muchos casos y, en general, tenemos una buena relación de trabajo con las autoridades israelíes locales.

También podemos ayudar a las familias de manera práctica. Por ejemplo, entregamos alimentos a unas 7.000 personas por mes. Además, muchas familias han recibido colmenas de abejas y producen miel de excelente calidad para consumo propio y para vender en el mercado. Hemos ayudado a instalar terrazas para que algunas familias puedan cultivar sus propias hortalizas. Por supuesto, esta no es una solución real a sus problemas, pero les ayuda a aliviar su difícil situación económica.

Según el derecho internacional humanitario, las autoridades israelíes, como potencia ocupante, deben garantizar la provisión de alimentos y de atención médica a la población del territorio ocupado, así como el orden y la seguridad públicos. Para nosotros, en el CICR, es frustrante no poder ayudar tanto como quisiéramos y no vemos que haya avances. De todos modos, tenemos la esperanza de que las autoridades levanten las restricciones a la circulación.

  ¿Cómo está la situación en el sur de Cisjordania?  

     

La zona del extremo sur de Cisjordania, Masafer Yatta, también está afectada por la violencia de los colonos. Allí viven miles de pastores y de beduinos que están acostumbrados a circular libremente por los campos para dar de pastar a las cabras y los chivos. Pero las personas que cuidan de los animales, por lo general mujeres y niños, muchas veces son atacadas. Algunas aldeas están ubicadas en lo que se ha convertido en la zona de entrenamiento militar israelí y puede llegar a ser muy difícil circular por allí.

Y, para empeorar las cosas, las condiciones climáticas son muy duras. La tierra es árida y estéril, y las colinas apenas se ponen verdes durante un par de meses en primavera. Muchas familias han tenido que reducir el número de animales porque no encuentran agua y alimentos para darles.

  ¿Cómo subsisten las personas en condiciones tan duras?  

     

La subsistencia es cada vez más difícil. Todo indica que este año habrá otra sequía, lo que equivale a decir que muchas familias del sur de Hebrón sufrirán un problema crónico: la falta de agua. Las autoridades israelíes no permiten que los palestinos reconstruyan las cisternas que recogen el agua de lluvia, por eso el CICR entrega tanques de agua móviles a las familias con problemas más graves.

Así pueden reducir el tiempo que pasan yendo a buscar agua, porque los tanques pueden contener agua suficiente para una semana. Antes le pagaban a alguien para que les llevara agua, a veces grandes sumas, incluso. Ahora pueden guardarse ese dinero para otros artículos esenciales.