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Servir y proteger: una policía profesional y capacitada es clave en situaciones de violencia

18-03-2010 Entrevista

La acción policial guiada por las reglas y estándares internacionales aplicables a la función policial puede evitar o reducir el número de víctimas al restablecer el orden público durante situaciones de violencia, subraya Pascal Progin, delegado saliente del CICR para los programas Policía y fuerzas de seguridad en América Latina y el Caribe.

     

©CICR 
   
Pascal Progin 
         

  Usted acaba de finalizar dos años de trabajo como delegado en América Latina. ¿Por qué trabaja el CICR con las fuerzas policiales los temas relativos al uso de la fuerza?  

La misión del CICR es prevenir o al menos aliviar el sufrimiento de las víctimas de los conflictos armados y de otras situaciones del violencia. La policía, por su parte, tiene que garantizar la seguridad de los ciudadanos, así como mantener o restablecer el orden público. Para cumplir con esta doble tarea difícil, la policía en circunstancias excepcionales no tiene otra opción que usar la fuerza, lo que puede generar víctimas tanto entre los efectivos policiales como en la población civil. Es desde esta óptica que podemos entender el vínculo entre el papel de la policía y la misión del CICR.

  ¿En qué consiste el trabajo que realiza el CICR con la policía?  

El CICR colabora en la capacitación de cuerpos de policía en las reglas y los estándares del derecho internacional aplicables a la función policial en el marco de talleres y seminarios. También apoya los esfuerzos de los Estados en la integración de dichos reglas y estándares en el nivel institucional. Al mejorar la doctrina, la enseñanza y la forma de entrenar de los policías, se genera también una mejor actuación policial en situaciones de violencia, lo que puede reducir el número de víctimas.

  ¿Desde cuándo trabaja el CICR con las fuerzas policiales?  

     

En 1994, el CICR inició su trabajo con las fuerzas policiales de Israel y de los territorios palestinos para mejorar el diálogo con dichas fuerzas policiales, y para ayudarles a integrar los principios humanitarios en sus currículos de entrenamiento y en las doctrinas. Llegaron solicitudes de apoyo y asesoramiento por parte de otras instituciones policiales. A partir de 1998, el programa policial también se desarrolló en América Latina, donde el CICR trabaja actualmente con las fuerzas policiales de México, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá, Venezuela, Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, Brasil, Paraguay y Haití.

     
©CICR 
   
El CICR colabora en la capacitación de la policía en las reglas y estándares del derecho internacional aplicables a la función policial, en el marco de talleres y seminarios. 
         

  ¿Cómo han recibido las fuerzas policiales de Latinoamérica esta iniciativa del CICR?  

     

En América Latina, las fuerzas policiales consideran muy positiva la iniciativa de difundir normas internacionales aplicadas a la función policial. Son los dirigentes de las mismas fuerzas policiales las que animan a sus respectivos Estados para traducir estas normas en procedimientos concretos.

El CICR apoya a las instituciones policiales en esta traducción de procedimientos concretos que pueden ser administrativos u operacionales, que permiten a su vez a la policía actuar de manera más profesional. Esta iniciativa es muy bien aceptada por los Estados.

  ¿De qué manera se puede medir el impacto del programa?  

No existen indicadores precisos para medir el impacto del programa. La actuación misma de la policía podría ser un indicio, pero naturalmente el programa del CICR no es el único factor que influye en la actuación policial.

Sin embargo, los avances del proceso de integración de los principios humanitarios aplicables a la función policial en Latinoamérica son notables. Es un trabajo que viene siendo realizado por los Estados con el asesoramiento del CICR, el cual nunca sustituye al Estado.

Podemos ver en algunos países una doctrina mucho más desarrollada en la protección de las víctimas, en el uso legítimo, necesario y proporcional de la fuerza. También vemos un mayor respeto de las garantías judiciales de las personas privadas de libertad y de las condiciones mínimas de detención según los estándares internacionales.

     

  ¿Qué retos se presentan a mediano y a largo plazo?  

El objetivo principal para 2010 es seguir asesorando a los Estados para que ellos integren estas normas en su sistema doctrinario, y lograr que se produzca una mayor aceptación de estas normas para que finalmente haya menos víctimas debido al uso de la fuerza, especialmente en situaciones de violencia.