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Cáucaso septentrional: pese a la creciente violencia, el CICR mantiene sus actividades

07-04-2010 Entrevista

Desde el verano pasado, las condiciones de seguridad en Ingushetia, Chechenia y Daguestán han empeorado y la situación es extremadamente inestable. Para muchas personas civiles, la vida es cada vez más difícil. Djordje Drndarski, jefe adjunto para las Actividades Operacionales del CICR en Europa Oriental, examina la situación humanitaria y las actividades del CICR en la región.

  ¿Cuál es, en términos generales, la situación humanitaria en el Cáucaso septentrional?  

Desde el verano pasado, las condiciones de seguridad han empeorado y siguen siendo demasiado inestables para muchos civiles en Ingushetia, Chechenia y Daguestán. La mayoría de los atentados no están dirigidos contra ellos, pero las operaciones de seguridad y los atentados, como el que tuvo lugar en Daguestán la semana pasada, afectan a las personas civiles. Como es lógico, esta violencia contribuye a una sensación general de incertidumbre y miedo. Aunque la situación humanitaria ha mejorado durante los últimos años y se ha registrado una relativa recuperación económica, la realidad sigue siendo dura de sobrellevar para demasiadas personas, sobre todo para los familiares de las personas desaparecidas a raíz de los conflictos del pasado. Sin embargo, a pesar de los mayores niveles de violencia, no consideramos que exista una emergencia humanitaria de gran escala en el Cáucaso septentrional, al menos en esta etapa.

  En su opinión, ¿cuál es, actualmente, la principal cuestión humanitaria en el Cáucaso septentrional?  

     
©Reuters 
   
El lugar donde se cometieron dos atentados con bombas, en la ciudad de Kizlyar (Daguestán). 
         

La creciente inseguridad tiene consecuencias de amplio alcance. Es indudable que las operaciones de seguridad y los actos de violencia tienen repercusiones de índole humanitaria. El seguimiento de esas repercusiones es, por ende, una cuestión prioritaria para el CICR. Realizamos gestiones confidenciales ante las autoridades pertinentes acerca de estas delicadas cuestiones, con la finalidad de prevenir los sufrimientos innecesarios. También recordamos a los responsables de tomar decisiones las obligaciones que les incumben en el marco del derecho internacional humanitario y de otras normas pertinentes.

  ¿Puede informarnos acerca de la cuestión de las personas desaparecidas?  

Sólo en la República de Chechenia, hay miles de familias que siguen esperando saber qué pasó con sus seres queridos. Se estima que, en el Cáucaso septentrional, siguen desaparecidas más de 5.000 personas en relación con los conflictos que tuvieron lugar en el pasado. Sus familiares tienen derecho a saber qué les sucedió. Es fundamental que se les proporcione esa información, para que puedan seguir adelante con sus propias vidas.

  ¿Qué hace el CICR con respecto a la cuestión de las personas desaparecidas?  

     

Recordamos a las autorida des federales y de las repúblicas sus responsabilidades humanitarias y jurídicas frente a los familiares de las personas desaparecidas. También seguimos promoviendo la idea de establecer mecanismos que resuelvan esta cuestión. Esos mecanismos pueden consistir en la creación de un marco jurídico apropiado y de una comisión federal sobre las personas desaparecidas, y la elaboración de listas apropiadas que contengan los nombres de todas las personas que siguen desaparecidas en relación con los conflictos de Chechenia. En 2009, publicamos un informe en el que se hacía hincapié en las necesidades económicas y psicológicas de los familiares de las personas desaparecidas. Además, proporcionamos apoyo psicosocial a los familiares de los desaparecidos, en cooperación con la filial chechena de la Cruz Roja Rusa. También hemos colaborado con los expertos forenses locales, proporcionando formación especializada y diversos materiales para los laboratorios forenses. 

  ¿Cuál es la respuesta del CICR a las desapariciones más recientes que han tenido lugar en Chechenia?  

En base a la información recibida de los familiares, transmitimos las denuncias de detenciones y desapariciones a las autoridades centrales y locales, y mantenemos un constante diálogo confidencial con las autoridades tanto de nivel local como federal a fin de esclarecer la suerte corrida por las personas desaparecidas. Hasta que los familiares sepan qué pasó con sus seres queridos, la sombra de la actual violencia y de los conflictos del pasado seguirá afectando a toda la región.

  ¿Qué actividades realiza el CICR actualmente en la región del Cáucaso septentrional?  

En la actualidad, el CICR tiene presencia en toda la región, con oficinas en Kabardino-Balkaria, Osetia del Norte, Ingushetia, Chechenia y Daguestán. La Institució n realiza actividades en el Cáucaso septentrional desde 1992 y hoy cuenta con más de 200 colaboradores en la zona. Como ya mencioné, seguimos centrándonos en las necesidades de protección de las personas afectadas por la violencia, como cuestión prioritaria. Con respecto a nuestras actividades de asistencia, los programas relacionados con los conflictos anteriores han evolucionado de la asistencia en gran escala a proyectos de recuperación individual. Nos aseguramos de que nuestras actividades reflejen el cambio de una situación de emergencia a un entorno de incipiente recuperación, marcado por la violencia.

  ¿Cuáles son esos programas?  

En 2005, el CICR puso en marcha un conjunto de iniciativas microeconómicas cuya finalidad es mejorar la capacidad de las familias vulnerables de responder a las dificultades económicas. Los beneficiarios de esas iniciativas fueron los familiares de personas desaparecidas, las personas desplazadas, las personas que viven en zonas contaminadas por minas y las familias de personas detenidas en relación con el conflicto. La capacidad de estos segmentos de la población para afrontar sus dificultades es limitada. Naturalmente, seguimos preparados para responder a otras necesidades en lo que sigue siendo un entorno inestable.

  ¿Las minas siguen representando una amenaza para la región?  

Las minas siguen planteando una apremiante cuestión humanitaria, particularmente en la República de Chechenia. Se trata de un problema que afecta a miles de personas. En Chechenia, no se ha realizado un desminado sistemático ni se han demarcado las zonas peligrosas. Esta situación impide a muchas familias participar en las actividades económicas tradicionales o estacionales. Las actividades de sensibilización de la población acerca de los peligros que representan las min as, las iniciativas microeconómicas y los proyectos para mejorar el acceso a las fuentes de agua y de energía reducen los comportamientos riesgosos, pero no bastan. Los problemas que causa la contaminación por armas deben abordarse de manera holística, particularmente a través del diálogo activo con las autoridades y las propias comunidades afectadas.