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Somalia: atención médica para los heridos de guerra

18-05-2009 Entrevista

Desde hace años, los somalíes afrontan una lucha cotidiana por la supervivencia, en un contexto caracterizado por el conflicto armado, la indigencia y la falta de servicios básicos. Desafiando los peligros, Mohamed Yusuf dirige el hospital de Medina que, con el apoyo del CICR, ofrece servicios quirúrgicos y médicos indispensables en Mogadiscio, su ciudad natal. El Dr. Yusuf comparte sus experiencias con la periodista Bettina Rühl.

     

© CICR/V. Louis  
   
Mohamed Yusuf opera a un paciente con herida causada por arma. 
         

  El hospital de Medina es uno de los pocos establecimientos sanitarios que todavía funcionan en Mogadiscio. ¿Cuál es su capacidad?  

     

Creo que es hoy el principal hospital del país. Su capacidad es de 80 camas, pero casi siempre, el número de pacientes que atendemos es mucho mayor. A veces, atendemos a 200 personas o más. Recibimos personas heridas por explosiones de minas terrestres, bombardeos, ataques con morteros y balas. También acuden a nosotros personas lesionadas a causa de caídas o accidentes de tránsito . Todos vienen a este hospital. Pero además, atendemos a pacientes con enfermedades.

  ¿Es suficiente el apoyo que reciben del CICR?  

     

En lo que respecta a medicamentos y suministros médicos y quirúrgicos, sí. Si sufrimos algún tipo de escasez, sencillamente llamamos al CICR y obtenemos lo que necesitamos. Pero no recibimos dinero para la limpieza del hospital, los productos de limpieza, el combustible del generador -que funciona las 24 horas- ni para otros gastos de ese tipo.

A fin de obtener ingresos, solicitamos que los pacientes paguen una pequeña suma a cambio de la atención médica. También ayudamos a la gente porque hacemos muchas excepciones en beneficio de los que no pueden pagar. Nunca decimos " este hombre no puede pagar, no tendrá atención médica " . 

  ¿Qué les proporciona el CICR?  

     

Todos los meses, el CICR proporciona al hospital suministros quirúrgicos y médicos, paga los salarios del personal y ayuda a realizar el mantenimiento de los equipos y la infraestructura del hospital. El CICR también nos ayuda a formar al personal médico y técnico.

  Teniendo en cuenta la desnutrición y otras enfermedades que afectan a Somalia, es indudable que la cantidad de pacientes que necesitan tratamiento sea mucho mayor que las aproximadamente 200 personas que recibe el hospital. ¿Qué opina usted?  

     

Lamentablemente, no contamos con los medios para organizar un centro de alimentación. Sería magnífico poder hac erlo.

     
© Reuters  
   
Una mujer con su hijo, herido por la explosión de una granada, en Mogadiscio, capital de Somalia.  
         

  ¿Puede describir el estado de salud de la población?  

     

Es muy malo. La población experimenta unas restricciones sin precedentes. La guerra afecta a Somalia hace casi 19 años, pero los dos últimos han sido los peores y los que han causado los problemas más graves. Las organizaciones humanitarias no pueden entrar al país. No pueden acceder a la gente para proporcionarles alimentos. Cuando las personas están desnutridas, su sistema inmunológico se debilita; por este motivo, las personas sufren de anemia crónica. Cuando sufren la herida que las trae al hospital, ya se encuentran muy débiles. Recibimos cada vez más pacientes a quienes no podemos ayudar porque llegan demasiado débiles. 

El hospital también tiene que afrontar otra carga: la de alimentar a los pacientes. En la mayoría de los casos, no pueden obtener alimento en su hogar, porque ya no lo tienen; es entonces el hospital quien se hace cargo de alimentarlos.

  Si sólo cuentan con 80 camas, ¿cómo hacen frente a la demanda adicional?  

     

Tenemos carpas, y hemos abierto otra estructura que, hasta hace unos meses, estaba ocupada por personal militar. Solicitamos a los militares que se trasladaran a otro lugar y nos dejaran el hospital. Así conseguimos unas habitaciones más, que han ampliado considerablemente nuestra capacidad.

  Si la afluencia de pacientes es mayor, sin duda el personal debe trabajar más horas. ¿Cómo resuelve este problema?  

     

Si se presenta una situación de emergencia, la mayor parte del personal se queda en el hospital al finalizar su turno. A veces, todos lo que trabajan en el hospital, incluso los encargados del mantenimiento, ayudan a sacar a los pacientes o a cambiar las camas. En el hospital, la actividad es incesante. Una vez terminada la crisis, el personal se va a descansar y la vida en el hospital vuelve a la normalidad.

El problema es que no quedan muchas personas calificadas en Somalia. Debido a la situación y a la inseguridad, casi todo el personal médico, o alrededor del 70%, se han ido a buscar un lugar más tranquilo para vivir.

  ¿Por qué sigue usted en el país?  

Yo he vivido en el exterior, pero decidí regresar a trabajar aquí. Este trabajo me da muchas satisfacciones. No creo que una persona que mata tenga respeto por la vida. Si nosotros, que respetamos la vida, nos quedamos aquí o incluso regresamos de la diáspora, podemos constituir una mayoría de la población. Pero, si nos vamos y creamos espacio para los qu e matan, ellos triunfarán, como están triunfando ahora; en ese caso, el país estará perdido.

     
© Reuters  
   
El personal del hospital de Medina atiende a un hombre herido en un tiroteo, en Mogadiscio.  
         

  Cuando habla de la diáspora, ¿a qué lugares se refiere?  

     

Pasé 22 años en Roma, Italia, y diez años trabajando en diferentes lugares de África. Estuve en Sudáfrica, Swazilandia y Maputo, en Mozambique; luego, en 2002, regresé a Mogadiscio. Desde entonces, tuve diferentes actividades; realicé numerosas operaciones quirúrgicas y fui docente. Ahora, enseño en la Universidad Benadir y en el hospital Medina, que es un hospital escuela.

  ¿Cuáles son los principales problemas que afronta actualmente?  

     

El mayor problema de este hospital es la falta de combustible para mantener los generadores en funcionamiento. No hace falta que le explique la importancia de la energía eléctrica para un hospital. Los refrigeradores en los que almacenamos los medicamentos y la sangre deben funcionar las 24 horas del día.

Lamentablemente, no tenemos equipos de refrigeración en nuestra morgue. A veces, los restos de un paciente no son identificados y reclamados de inmediato por sus familiares. Pero, como no podemos mantenerlos, tomamos fotografías y se las mostramos a los parientes. Les preguntamos: " ¿Es ésta la persona que buscan? " y les decimos: " Ya la hemos enterrado " . Eso no está bien. Debe darse a la gente la posibilidad de ver a sus muertos antes de que se los sepulte.