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Salud penitenciaria: cuidar a la mujer en un mundo de hombres

27-02-2009 Reportaje

La prisión es, básicamente, un mundo de hombres. El sistema de salud penitenciaria ha sido concebido principalmente para los hombres. Por esta razón, el CICR presta especial atención a la situación de las mujeres privadas de libertad. Las mujeres detenidas forman un grupo vulnerable y, a menudo, sus necesidades especiales en materia de salud no se tienen en cuenta.

     

©ICRC/B. Heger/pe-e-00305 
   
Chorillos, Lima, Peru. Cárcel de alta seguridad para mujeres. 
         

Según la Organización Mundial de la Salud, actualmente hay aproximadamente medio millón de mujeres detenidas en el mundo. Esta cifra representa sólo entre el 4 y el 5% de la población carcelaria. En situaciones de conflicto armado, el porcentaje es más bajo aún. En 2008, el CICR realizó visitas individuales a casi 37.000 detenidos en 77 países, de los cuales sólo 960 eran mujeres.

Las mujeres detenidas se encuentran en un sistema que, en lo esencial, es administrado por hombres, para hombres. Con frecuencia, las necesidades especiales de las mujeres y los niños en materia de salud e higiene no se tienen en cuenta.

  Por qué las mujeres detenidas son más vulnerables que los hombres  

     

Todos los detenidos, sean mujeres u hombres, tienen derecho a recibir atención médica acorde a sus necesidades.

Las mujeres tienen necesidades especiales, que se relacionan principalmente con la salud reproductiva. Esas necesidades varían según la edad y la situación de la mujer. Las necesidades de una joven, de una embarazada, de una mujer que viene de dar a luz, de una madre con niños pequeños o de una anciana no son las mismas. Según un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud, en las prisiones, más mujeres que hombres consumen drogas o han contraído el VIH.

     
©ICRC/B. Heger/am-e-00188 
   
Abovian, Armenia. Colonia penal para mujeres y menores. 
         

Por otra parte, las mujeres también son más vulnerables a la violencia sexual. La violación y las relaciones sexuales " de transacción " , utilizadas como medio de supervivencia, dejan cicatrices que no son sól o psicológicas. Además, incrementan el riesgo de embarazos no deseados y de contraer el VIH u otras enfermedades de transmisión sexual.

Las mujeres detenidas sufren mayores presiones psicológicas que los hombres, y corren mayores riesgos de ser rechazadas por sus familiares y por la sociedad en general. Si una mujer está aislada de su familia, es posible que deje de recibir alimentos o artículos de aseo desde fuera de la prisión.

Cualquiera sea su situación, una mujer detenida es particularmente vulnerable. Por lo tanto, es imprescindible prestar especial atención a la prevención, el control y el tratamiento de sus problemas de salud, sean físicos o psicológicos.

  La acción del CICR  

Los delegados del CICR visitan a personas detenidas en relación con conflictos armados o situaciones de violencia interna. Entre esos delegados hay unos cuarenta médicos y enfermeras (la mitad de ellos mujeres), cuya tarea es evaluar los sistemas de salud en las prisiones. En particular, examinan los sistemas de abastecimiento de agua y de saneamiento, la higiene, la alimentación, y la disponibilidad de personal médico y de medicamentos. Tras evaluar la situación, procuran solucionar los problemas más graves. Las necesidades varían según la región y exigen soluciones diferentes.

     
 
   
Necesidades específicas
   
  • Es necesario ofrecer las mujeres la oportunidad de hacer consultas ginecológicas. Para que esto sea posible, es preciso contar con los materiales médicos necesarios, proveer un entorno que proteja la intimidad de las pacientes, y disponer de personal calificado.
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  • Cuando una mujer está menstruando, necesita protección higiénica y requiere mayor acceso a las instalaciones de aseo.
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  • Las mujeres embarazadas necesitan alimentos apropiados y supervisión médica. Si dan a luz en la prisión, deben poder hacerlo en condiciones adecuadas y con la asistencia de personal especializado.
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  • Después de dar a luz, la mujer necesita cuidados postnatales, condiciones de vida higiénicas y la oportunidad de recibir ciertos tipos de medicamentos,     como antibióticos.
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  • Los bebés y los niños pequeños también tienen necesidades especiales. Si la madre no puede amamantar, el bebé necesita alimentos adecuados. Todos los bebés y niños pequeños requieren atención médica especializada, como la aplicación de vacunas y la administración de los medicamentos apropiados y adecuadamente dosificados.
 
         

El enfoque del CICR es integral; no se basa en categorías de detenidos. Sin embargo, el CICR presta particular atención a los más vulnerables de estos grupos, sobre todo las mujeres y los niños. Si un sistema de salud penitenciaria no responde a las necesidades de mujeres y niños, los delegados del CICR proponen la solución más apropiada para el contexto. En algunos casos, la respuesta consiste en proporcionar suministros médicos, medicamentos o leche para lactantes, a fin de compensar las deficiencias del sistema de salud penitenciaria. En otros casos, la solución más eficaz es asegurar que las mujeres y los niños tengan acceso a centros médicos externos. El CICR también procura proteger a las mujeres solicitando que no se las aloje con los hombres, que tengan a acceso a instalaciones de aseo separadas y que sólo sean custodiadas por mujeres.

 
  • Acción del CICR con respecto al VIH/SIDA en las prisiones
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      De Ruanda a Georgia  

         

    El Dr. Raed Aburabi es coordinador del CICR en salud penitenciaria y ha visitado numerosas prisiones en todo el mundo. Describe el caso de dos países, Ruanda y Georgia, donde los equipos médicos del CICR han intervenido a fin de responder a las necesidades sanitarias especiales de las mujeres detenidas.

    En Ruanda, tras el genocidio de 1994, fueron arrestadas decenas de miles de personas, entre ellas unas mil mujeres. Los prisioneros carecían de casi todo lo necesario, y el CICR les proporcionó alimentos, agua y medicamentos básicos. Las mujeres tenían una necesidad especial, pero les resultaba embarazoso mencionarla al médico del CICR (que era hombre), hasta que llegó acompañado de una enfermera: no tenían telas para hacer compresas sanitarias. Entonces, en vez de darles compresas importadas, con las que las detenidas no estaban familiarizadas, el CICR trajo más mantas y las hizo cortar de manera higiénica.

    Luego, recuerda el Dr. Aburabi, se presentó otro problema: muchas mujeres detenidas daban a luz. " Las mujeres no recibían suficientes alimentos para amamantar a sus bebés, y éstos no se desarrollaban bien. Suministramos leche para los bebés y pronto se recuperaron. Luego, nos aseguramos de que todos los bebés recibiesen sus vacunas " .

    En 1998, Raed Aburabi viajó a Georgia, donde el CICR había iniciado un programa contra la tuberculosis en las prisiones.

    Todo el sistema de salud penitenciaria estaba concebido para los hombres. En Tiflis, había 250 mujeres detenidas, que se hallaban alojadas en un establecimiento separado. Pero, para recibir tratamiento médico, debían trasladarse a los hospitales situados en las cárceles de hombres.

    El CICR se aseguró, en primer lugar, de que las mujeres recibiesen tratamiento para la tuberculosis y además, que se siguiesen de cerca los casos de las que habían desarrollado resistencia a la enfermedad. 

    Después, el CICR intervino ante los ministerios competentes para reclamarles que prestaran mayor atención a las necesidades de las mujeres detenidas. Era necesario encontrar una práctica alternativa al traslado de las mujeres a los hospitales de las cárceles para hombres. " Propusimos establecer una clínica en el centro de detención de mujeres. Seguimos muy de cerca este proyecto, que se transformó en una prioridad de las autoridades penitenciarias. Cuando regresé a Georgia en 2008, el centro de detención de mujeres contaba con una clínica atendida por personal femenino calificado, incluida una médica, y con los equipos necesarios para realizar exámenes ginecológicos " .