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Las actividades de difusión en Bosnia-Herzegovina

31-07-1997 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Norman Farrell

  Lo que hemos aprendido  

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha estado ayudando a las víctimas del conflicto en ex Yugoslavia desde junio de 1991. Seis años después, sus delegados siguen prestando servicios en la zona, ocupándose de las consecuencias a largo plazo del conflicto; pero, a medida que la situación ha ido evolucionando, también ha evolucionado la índole del trabajo que desempeñan. Esto es cierto sobre todo por lo que hace a las actividades de difusión, que comenzaron como un esfuerzo concertado para promover una mejor comprensión del derecho internacional humanitario y del cometido del CICR, pero que actualmente se han orientado hacia las necesidades de la situación postconflictiva. La finalidad del presente documento es describir y analizar el desarrollo de las actividades de difusión en el contexto actual. Pese a que las actividades del CICR durante el conflicto se centraron principalmente en Croacia y en Bosnia-Herzegovina, y a que se despliegan actividades de difusión similares en las dos regiones, el presente documento se centra en las de Bosnia-Herzegovina. Cuando corresponda, se hará referencia a las actividades de difusión en otras regiones de ex Yugoslavia.

Con el Acuerdo de Dayton y la posterior firma del Acuerdo Marco General para la Paz en Bosnia-Herzegovina, el 14 de diciembre de 1995 en París, se ponía término a los combates. También se brindaban, aunque imprevistas entonces, nuevas oportunidades para las actividades de difusión en Bosnia-Herzegovina. Durante el conflicto, la prioridad de los delegados encargados de las actividades de difusión era dar a conocer el cometido humanitario del CICR y garantizar la seguridad del personal sobre el terreno. Con la firma del Acuerdo y la llegada de las fuerzas de aplicación (IFOR), la seguridad de los delegados y el acceso a las víctimas mejoraron considerablemente, lo que permitió que el CICR ampliara y adaptara sus actividades de difusión.

En el otoño de 1995, había un delegado especializado en difusión en Bosnia-Herzegovina. En enero de 1996, eran dos, uno de los cuales en la República Srpska . Tres meses después del Acuerdo de París, las delegaciones del CICR en Bosnia-Herzegovina llevaban a cabo una campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres a nivel nacional, se habían puesto en contacto con los jefes de las tres partes que habían estado en guerra, y los delegados habían impartido cuatro cursos sobre el derecho de la guerra para las fuerzas armadas y de seguridad. Un asesor de la campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres se instaló en Sarajevo. A finales de abril habían llegado otros delegados especializados en actividades de difusión para trazar, con la Cruz Roja local, un programa destinado a promover los valores humanos.

Pero, ¿era éste el resultado de un proyecto o de las circunstancias? ¿Qué dificultades había que reconocer, y tal vez superar, para realizar estos programas? ¿En qué medida era importante que estos programas se estuviesen aplicando en una situac ión postconflictiva?

  Surgen nuevas posibilidades de difusión  

Las actividades de difusión desplegadas en Bosnia-Herzegovina tras el conflicto reflejaban un desplazamiento general de orientación, de una respuesta de urgencia a un enfoque a más largo plazo. Había menos necesidad de centrarse en la seguridad de los delegados y en el acceso a las víctimas; el CICR debía ocuparse, en cambio, de otras cuestiones importantes: instruir a las fuerzas armadas por si el conflicto estallaba de nuevo; hacer que el público en general conociese mejor el cometido del CICR, especialmente con respecto a las actividades que se estaban emprendiendo, tales como la determinación de la suerte que corrían los desaparecidos, y los programas para asistir a la población y a la Cruz Roja local, como la campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres y el programa de promoción de los valores humanos.

Para lograrlo, había que dar con una estrategia de difusión completamente nueva. La campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres y las actividades de difusión destinadas a las fuerzas armadas eran decididos intentos para evitar accidentes causados por minas terrestres y futuras violaciones del derecho internacional humanitario. Ambas actividades eran una ampliación de la experiencia y de los conocimientos que el CICR había acumulado gracias a su labor en todo el mundo. En otros aspectos, las actividades de difusión debían seguir siendo reactivas o responder a las necesidades de las actividades permanentes del CICR, tales como la búsqueda de los desaparecidos.

También se hacía necesario adoptar un enf oque distinto para con la Cruz Roja local. Durante el conflicto, la Cruz Roja había sido, en muchos aspectos, la intermediaria de las actividades del CICR, por ejemplo para la distribución de socorros y la entrega de mensajes de Cruz Roja. Antes de la guerra, éstas no eran actividades propias de las organizaciones locales de la Cruz Roja, pero les granjeaba cierta importancia en la comunidad. A medida que las actividades iban cesando, la Cruz Roja local centraba su atención en las nuevas necesidades de la comunidad, al igual que el CICR. En algunos casos, era posible atender a las necesidades mediante actividades de difusión y, en este aspecto, la función de la Cruz Roja local era, naturalmente, la de colaborar con el CICR. Del mismo modo, el personal local del CICR desempeñaba un papel esencial.

  Desarrollo de una red de colaboración local  

En el transcurso del año que siguió al cese de las hostilidades, la formación de equipos descentralizados de funcionarios locales y calificados que pudiesen responder a las necesidades relacionadas con las actividades de difusión de cada subdelegación del CICR era un elemento clave de la estrategia de difusión. El compromiso y la duración del servicio de los funcionarios sobre el terreno eran claramente una ventaja, puesto que, en muchas oportunidades, podían realizar sus tareas de difusión mejor que los delegados del CICR. El personal de difusión, contratado y formado en cada subdelegación, fue reunido para trabajar en equipo. Además, se contrató a un diseñador para que trabajase en la organización creando el material necesario y ocupándose de los artistas gráficos y de los impresores contratados en el exterior. Tanto la elaboración del concepto inicial de la campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres como la presentación de un programa de difusión en los campamentos de verano para jóvenes fueron trabajos efectuados e n equipo.

Este método de trabajo fue adoptado inicialmente en la República Srpska, pero terminó convirtiéndose en el modelo para las actividades de difusión en toda Bosnia-Herzegovina. El personal de difusión local, incluidos quienes participaban en la campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres, prepararon espacios de radio y televisión, obras teatrales y publicidad para las revistas. Con la ayuda de los delegados expatriados, cuando se hizo necesario, los equipos de difusión locales también podían realizar programas para el personal del CICR, la juventud, el personal docente, las autoridades municipales, el International Police Task Force (IPTF) y la policía local de la República Srpska .

Las operaciones del CICR se adaptaron a las divisiones políticas y territoriales entre las dos entidades: Federación de Bosnia-Herzegovina y República Srpska . Lo mismo sucedió al principio por lo que atañe a los equipos de difusión. Esta situación, pese a presentar ventajas para, por ejemplo, conocer mejor las delicadas cuestiones locales, responder a las críticas con respecto a actividades pasadas, emplear un lenguaje y expresiones correctos, y crear vínculos entre el personal, también exacerbaba un sentimiento de separación con respecto a las personas pertenecientes a la otra entidad y a la otra delegación. Los programas de difusión considerados como trazados «por los nuestros» o realizados de forma distinta «por los otros» disminuían la posibilidad de adoptar un enfoque común.

Para rectificar esta situación, se trató de lograr la uniformidad de los objetivos y que los funcionarios sobre el terreno de la República de Bosnia-Herzegovina y los de la República Srpska se reuniesen para examinar los programas como un esfuerzo a ni vel del país. La reunión de difusión conjunta, celebrada a finales de julio de 1996, fue la primera ocasión, desde el principio de la guerra, en que se vieron funcionarios locales de cada delegación o subdelegación de todo el país. Pese a ciertas sospechas y a dudas iniciales, fue un primer paso para el desarrollo de un enfoque común y el establecimiento de relaciones entre colegas de las dos partes. Al final del primer seminario, un participante dijo que estaba encantado de ver cómo el personal local «del otro lado» aplicaba y difundía los principios de la Cruz Roja igual que ellos.

  Campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres  

La respuesta de difusión más inmediata tras el cese de las hostilidades fue la campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres. En muchos aspectos, la campaña era un esfuerzo colectivo del CICR en toda ex Yugoslavia. Se propuso y se inició en Bosnia-Herzegovina a principios de marzo de 1996, con la distribución de carteles y folletos y la difusión de anuncios por radio y televisión. En Croacia, la primera fase tuvo lugar en abril de 1996. En 1997, la campaña acerca de las minas terrestres se estaba realizando también en determinadas localidades de la República Federal de Yugoslavia, especialmente en la frontera con Croacia.

La campaña en Bosnia-Herzegovina se amplió hasta llegar a ser una actividad a nivel nacional que incluía participación de los medios de comunicación, actividades basadas en la comunidad, recopilación de datos y programas para las escuelas. En la actualidad, es la única campaña de esta índole y la única que sistemáticamente reúne a estadísticas en torno al tema de los accidentes causados por minas en todo el país. Dirigen el programa un asesor especializado en mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres, 11 funcionarios sobre el terreno formados por el asesor y más de 100 instructores de la Cruz Roja formados al respecto. Tanto en Bosnia-Herzegovina como en Croacia se contrató a sendos consejeros externos especializados en mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres para formar al persona local y a los voluntarios de la Cruz Roja. Habida cuenta de que la región afectada por las minas es mucho más pequeña en la República Federal de Yugoslavia, uno de los funcionarios encargados del conocimiento acerca de las minas terrestres de la República Srpska participó en la labor de trazar el programa en esa región.

El programa para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres es un excelente ejemplo de programa de difusión basado en la noción de comunidad. También ha permitido determinar algunos problemas que se plantean al preparar un programa de este tipo. El primero es reconocer la necesidad de buscar e integrar a expertos externos. La campaña de información de urgencia fue realizada con éxito por los delegados encargados de la difusión, pero la preparación de un programa profesional y completo exigía conocimientos y experiencia que éstos no tenían.

El segundo problema era establecer la diferencia entre una campaña para mejorar el conocimiento y una campaña de información. Las actividades de difusión suelen presentarse como actividades de información, a saber, comunicación de un determinado mensaje por los medios de comunicación, charlas, distribución de material impreso. Pero, puesto que la finalidad de las actividades de difusión es, en última instancia, influir en el comportamiento, hay que recurrir, cuando se puede, a otros métodos, además de la simple presentación de la información. En este sentido, mejorar el conocimiento debería entenderse como algo que es más amplio que informar acerca de la existencia de minas en el país.

En Bosnia-Herzegovina, la mayor parte de la población que se quedó durante el conflicto sabe lo que son las minas terrestres. Una campaña de información, aunque útil para recordar a la gente, especialmente a quienes regresan al país, los riesgos que corren, puede no bastar para influir en el comportamiento. Un programa para mejorar el conocimiento acerca de las minas debe responder a las necesidades de la comunidad afectada por las mismas. Se debe evaluar el comportamiento de las personas, se han de determinar los riesgos que corren, hay que adaptar el mensaje en consecuencia. Quiénes son las víctimas de las minas y qué estaban haciendo cuando se produjo el accidente son preguntas cuyas respuestas influirán en el enfoque y en el mensaje. Si, por ejemplo, las víctimas son niños que estaban jugando en una zona minada, el mensaje y el enfoque diferirían de los que habría que adoptar si los niños, por necesidad, se hubieran visto obligados a penetrar en una zona minada para recoger madera. El enfoque sería también distinto si las víctimas son adultos que cultivaban la tierra.

Para hacerse una imagen del problema de las minas terrestres y su impacto en cada comunidad, se emprendió la realización de un programa para recoger datos. El programa consta de dos partes: investigación general sobre el impacto humano, social y económico de las minas, y acopio de estadísticas sobre accidentes causados por minas. Mediante el análisis de los datos recogidos, el programa para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres puede elaborarse y adaptarse a las necesidades reales de la comunidad. Los datos también sirven para indicar a la población las zonas más peligrosas. Esto ayuda a las organizaciones que preparan operaciones de remoción de minas a determinar cuáles son las comunidades más afectadas. En la actualidad, el programa del CICR es el único programa sistemático de recogida de datos en Bosnia-Herzegovina. Las estadísticas reunidas tienen amplia difusión y son empleadas por el Centro de Remoción de Minas de las Naciones Unidas, que se basa en ellas.

Un tercer problema que había que resolver era la necesidad de reconciliar el enfoque de urgencia del CICR con el enfoque de desarrollo de la campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres. A diferencia de muchos proyectos de difusión, la campaña tiene un objetivo a largo plazo, puesto que las minas seguirán causando estragos durante muchos años. El objetivo es hacer que el problema pueda resolverse a nivel local. Cada región del país cuenta con un funcionario encargado de mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres y con instructores de la Cruz Roja local. En cierta medida, a causa tal vez de este enfoque de desarrollo o porque era la primera vez que el CICR tenía tanta participación en un programa para mejorar el conocimiento acerca de las minas, la campaña fue acogida con cierta vacilación por parte de la Institución. Además, la estructura del CICR y su método de respuesta ante una urgencia eran poco propicios para un programa que requirió meses antes de estar en condiciones de poder funcionar plenamente.

Pese a la renuencia inicial, la campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres debe considerarse que es una extensión lógica del trabajo del CICR entiempo de conflicto y de su posición con respecto a la prohibición, a nivel mundial, de las minas antipersonal. Durante años, el CICR ha ayudado a las víctimas de las minas después del accidente, primeramente gracias a sus equipos quirúrgicos y, después, gracias a sus centros de colocación de prótesis. Los conocimientos y la experiencia del CICR sobre el terreno le han dado la credibilidad que le permite pasar de una respuesta puramente médica a la defensa de una causa. Pasar de hacer que tanto quienes toman las decisiones en materia de políticas como el público en general no desconozcan los terribles efectos de las minas terrestres como parte de una campaña de sensibilización a enseñar a la gente cómo protegerse de las minas terrestres no es sino un pequeño paso. Am bas son actividades preventivas. Las actividades de difusión, como las actividades médicas, tienen por finalidad aliviar los sufrimientos de las víctimas de un conflicto armado. Son parte integrante de un plan más amplio para ocuparse del devastador impacto de un conflicto, tanto durante las hostilidades como inmediatamente después.

Un cuarto problema, que no difiere mucho de la dificultad con la que ha tropezado el CICR por desplegar actividades en materia de detención y localización en Bosnia-Herzegovina, fue que las partes trataron de politizar la cuestión de las minas terrestres. Esto sucedió, sobre todo, inmediatamente después del cese de las hostilidades cuando, de conformidad con el Acuerdo de Dayton, el territorio controlado por una parte debía transferirse a la otra, lo que hizo que muchísima gente cruzara las que habían sido líneas del frente para ir a zonas que antes eran inaccesibles. Las personas que trabajaban en la campaña debían procurar que el hecho de advertir a los civiles acerca del peligro de las minas terrestres no fuese interpretado como que creían que una de las partes había dejado minas terrestres y trampas explosivas para matar a la población civil. El CICR debía mantener su imagen de imparcialidad y de neutralidad, sin dejar de expresarse y advertir acerca del peligro de las minas terrestres. Además, a la campaña se opusieron, tal como había sucedido en el plano internacional, quienes consideran que con ello se critica a una facción que recurre al empleo de minas terrestres para defenderse.

Otro aspecto de la politización que se intentó introducir en la campaña se evidenció en la permanente necesidad de que el material se preparase en el idioma o alfabeto «correcto». Esto afectó a todo el material impreso y a los anuncios para los medios de comunicación, no solamente a los relativos a las actividades para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres o las de difusión. Habida cuenta de que el conflicto en Bosnia-Herze govina era, en muchos sentidos, una guerra de identidad étnica, que las personas lo quisieran o no, su nombre, religión o ascendencia cultural las identificaba con una de las partes en el conflicto. Las diferencias culturales, reales o imaginarias, desempeñaban un papel importante en cuanto a la afirmación de la identidad. Determinadas palabras, la forma de pronunciarlas y el empleo de un alfabeto en vez de otro creaban inmediatamente una asociación con un grupo determinado.

La índole política conferida al lenguaje llegó a ser un punto tan fundamental para la creación de una identidad diferente que, a veces, el material de difusión era inutilizable; no porque el mensaje no fuese válido o porque fuese incomprensible, sino porque una determinada palabra era considerada inaceptable por una de las partes. Objetivamente, la preparación de diferentes versiones de una misma publicación podría parecer innecesaria, puesto que el idioma empleado antes del conflicto era bastante uniforme y la mayor parte de la población podía leer tanto el alfabeto cirílico como el latino. Pero, desde el punto de vista de la difusión, era menester adoptar un enfoque flexible. Para que las autoridades lo pudiesen aceptar, todo material, especialmente el destinado a los programas escolares, debía publicarse en todos los idiomas. Como medida de seguridad adicional, se decidió que todas las publicaciones de difusión, los guiones, las imágenes y los textos leídos (voice-over) habían de ser probados sobre el terreno por la Cruz Roja local y las autoridades de cada región, antes de ser completados y distribuidos.

La campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres fue concebida para poder crear capacidad a nivel local y para ser confiada a la Cruz Roja local como un programa viable y a largo plazo. El nombramiento y la formación de voluntarios e instructores para la Cruz Roja local y la producción de material escolar hacen q ue las estructuras locales sean responsables de proseguir la realización del programa. El CICR no actúa en lugar de estructuras inexistentes, sino que recurre a la cooperación con las existentes,

como la Cruz Roja local, que pueden seguir encargándose del programa una vez que el CICR se haya ido.

  Actividades de difusión para las fuerzas armadas  

     

La difusión para las fuerzas armadas es una de las actividades tradicionales del CICR y se realiza en tiempo tanto de guerra como de paz. Puede tener muchas formas, desde la entrega de un folleto sobre las normas básicas para los combatientes en un puesto de control hasta la enseñanza relativa al derecho de la guerra. El objetivo es el mismo en cada caso: promover la aplicación del derecho internacional humanitario durante el conflicto.

En el caso de ex Yugoslavia, se hizo mucho durante el conflicto para promover el derecho internacional humanitario entre las partes en guerra de toda la zona. A pesar de las dificultades, los delegados pudieron organizar sesiones de difusión in situ para los funcionarios, los jefes de las unidades y los oficiales de los ejércitos de Yugoslavia, Croacia, Macedonia, Bosnia-Herzegovina, así como de los ejércitos bosnio-croata, bosnio-serbio y serbio en las zonas protegidas por las Naciones Unidas.

El programa de difusión del CICR para las partes que estuvieron en guerra en Bosnia-Herzegovina ha mejorado considerablemente gracias al nombramiento, en marzo de 1996, de un delegado especializado para las fuerzas armadas y de seguridad (FAS). Por mediación de sus delegados, el CICR ofrece experiencia y conocimientos a las autoridades militares para ayudarlas a introducir el derecho internacional humanitario en el programa de formación militar. Para ser lo más eficaz posible, la promoción del conocimiento de las normas básicas de la guerra exige un enfoque general integrado en los distintos niveles y funciones de la cadena de mando militar. Para ello, los delegados especializados para las fuerzas armadas y de seguridad (FAS) que trabajan en Bosnia-Herzegovina han impartido cursos a los jefes militares y han facilitado formación en materia de derecho de la guerra a los instructores.

En los cursos hay también una parte práctica. Además de enseñar las normas básicas del derecho internacional humanitario, se emplean ejercicios prácticos y ejemplos de operaciones militares como medios educativos. Esto es importante cuando los participantes tienen una verdadera experiencia de guerra, a diferencia de los ejércitos que sólo han participado en ejercicios en tiempo de paz.

Desde enero de 1996, se han impartido 12 cursos sobre el derecho de la guerra para los oficiales de las tres partes antes en conflicto. Cada curso básico de derecho de la guerra tiene una duración de tres días e incluye temas como los principios del derecho de la guerra, la responsabilidad del mando, las precauciones para el ataque y la defensa, las personas y los objetos protegidos y el papel del CICR en el conflicto. Además, han tenido lugar, en colaboración con el ejército bosnio-croata y el ejército de Bosnia-Herzegovina, seminarios para los formadores. En julio de 1977, tendrá lugar otro seminario para los formadores junto con el ejército bosnio-serbio, y para entonces las tres partes antes en conflicto deberían contar con oficiales formados por el CICR para impartir cursos sobre el derecho de la guerra a los respectivos soldados. Más de 300 oficiales de las tres partes han sido instruidos en derecho de la guerra y 35 oficiales han sido formados como instructores por lo que respecta al derecho de la guerra.

Actualmente, la mayor aprobación con que cuenta el CICR se d ebe, en parte, a la experiencia de los delegados FAS como oficiales militares profesionales. En un entorno en que hay cierto escepticismo con respecto a la aplicación del derecho internacional humanitario, una ponencia presentada por un ex oficial con experiencia da credibilidad a la formación en materia de derecho de la guerra. Esto se evidencia no sólo en los cursos mismos sino también en las evaluaciones y los comentarios de los oficiales que asistieron a ellos.

Otra ventaja de contar con delegados FAS especializados como parte del personal es que los delegados del CICR pueden comprender mejor la cultura militar y las preocupaciones militares, y la delegación puede enterarse de cómo es vista desde la perspectiva de un oficial del ejército.

Los cursos para los miembros de las fuerzas armadas han contribuido a corregir los conceptos erróneos con respecto a la función del CICR durante un conflicto. Poniendo de relieve que sus actividades no son incompatibles con los objetivos militares lícitos de una de las partes y que un jefe militar puede, de hecho, beneficiarse de la colaboración con la Institución y del uso de sus servicios, el CICR es considerado de otro modo. Entre las distintas disertaciones para los jefes militares, las más útiles, en este contexto, parecen ser las que explican por qué el CICR recurre a determinados procedimientos o a determinados principios. La problemática que así se aborda es la relativa a los procedimientos del CICR en los puestos de control, a los contactos por radio, al no uso de cámaras o binoculares, a la aplicación del principio de confidencialidad, a la negativa en cuanto a aceptar escoltas armadas, y a la norma de que en los vehículos del CICR no se transporten armas ni personal militar.

Pese a la dificultad de evaluar el impacto de un programa como éste, el simple hecho de que se haya permitido que el CICR tuviera acceso a los jefes y a los cuarteles generales de las tres partes antes en guerra de Bosnia-Herzegovina es un indicio alentador. Las relaciones que se forjaron gracias a este programa han afianzado la imagen del CICR. Al igual que en otros conflictos, estos cursos también brindan oportunidades a los oficiales que ya se han beneficiado de servicios del CICR, por ejemplo, visitas a detenidos, o supervisión de liberación de prisioneros, de compartir sus experiencias positivas.

  Promoción de los valores humanos  

     

En Bosnia-Herzegovina, la realización del programa para difundir los principios y valores del Movimiento de la Cruz Roja y la Media Luna Roja comenzó en abril de 1996. Sus objetivos generales eran hacer que las secciones de la Cruz Roja conozcan mejor estos principios y valores humanos e incitarlas a que los respeten. Otro objetivo era promover los valores humanos entre la población en general, especialmente los jóvenes, para fomentar la tolerancia y el respecto mutuo. La intención era alentar y asistir a la Cruz Roja para que se convierta en el centro de las actividades humanitarias de su comunidad, basadas en los Principios Fundamentales del Movimiento.

Al principio, el concepto, pese a ser prometedor, se vio afectado por las consecuencias del conflicto y la falta de una estructura central de la Cruz Roja en todo el país; los delegados y el personal local se toparon con cierta resistencia frente a un programa realizado para defender la tolerancia y la humanidad inmediatamente después del conflicto, pero se dieron cuenta de que podían aplicarlo si lo adaptaban. Dado que, después del conflicto, no había actividades ni reuniones para los jóvenes de la comunidad, surgió la idea de difundir los principios y los valores humanos entre los jóvenes por medio de actividades desplegadas después del horario escolar. Las secciones locales aceptaro n una propuesta relativa a seminarios para los maestros con objeto de que trabajen como voluntarios organizando actividades de Cruz Roja después de la escuela. Tuvieron lugar reuniones de introducción y de planificación con la Cruz Roja local, y los maestros fueron escogidos con la autorización del Ministerio de Educación. Hubo seminarios en todas las regiones de la República Srpska y se formó a más de 200 docentes. En la Federación de Bosnia-Herzegovina, más de 100 maestros participaron en un seminario de dos días de duración, y se decidió que los maestros del resto de la Federación recibirían formación en el transcurso del año. Se organizaron reuniones para el seguimiento de las actividades desplegadas por los maestros colaboradores de la Cruz Roja y se programó la formación de los voluntarios de la Cruz Roja local que también iban a participar en el programa.

Puesto que el concepto del programa de principios y valores humanos de la Cruz Roja y la iniciativa en que se basa su aplicación se concibieron fuera de contexto, fue necesario un largo período de preparación para adaptarlo a la realidad sobre el terreno. No trazaron el programa las organizaciones locales de la Cruz Roja y, dado que éstas eran las principales asociadas del CICR, fue necesario cierto tiempo para hacerlas participar. Las relaciones de trabajo entre la Cruz Roja local y los delegados del CICR y el personal local sobre el terreno eran esenciales para el desarrollo del programa. Propiciar la participación de la Cruz Roja local y de los docentes no sólo garantizaba que el programa fuese aceptado, sino que destacaba lo importante que es aprender de la población local los valores que le son proprios. Uno de los logros del programa es que, actualmente, en muchas regiones del país las organizaciones locales de la Cruz Roja se refieren al programa como si fuera de ellas.

Pese a la proliferación de organizaciones internacionales, la Cruz Roja sig ue siendo la única red humanitaria local que trabaja en comunidades de toda Bosnia-Herzegovina. Realizando el programa de valores humanos, no sólo se intentó actuar con esta estructura, sino que se preparó un programa que pueda mantenerse después de que se haya retirado el CICR. Para crear las mejores condiciones, el CICR y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja trabajaron de consuno para que el programa de difusión se adapte a la estructura que la Federación Internacional está desarrollando con la Cruz Roja local.

  Conclusión  

La experiencia en Bosnia-Herzegovina puede enseñarnos mucho. Algunos programas, como el destinado a mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres, han demostrado que el CICR puede encargarse de una difusión a más largo plazo en el período de transición tras una operación de urgencia. También hacen resaltar la necesidad de incorporar a expertos externos en la delegación del CICR para preparar una respuesta apropiada a las necesidades, como las actividades desplegadas con objeto de mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres y la difusión para las fuerzas armadas. Cuando ya se ha preparado una campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres en ex Yugoslavia, se puede lograr uniformidad por lo que respecta a campañas similares en otras situaciones. Aunque es un poco delicado, se puede propugnar la prohibición de las minas terrestres antipersonal mientras se hace campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres. La delegación ha demostrado también que puede realizar y adaptar programas externos, como el programa sobre los principios y los valores humanos de la Cruz Roja.

Cabe señalar, por último, la función de las actividades de difusión después de un conflicto. Tras el conflicto en Bosnia-Herzegovina, el objetivo fundamental de las actividades de difusión era responder a las necesidades inmediatas de la delegación, para que el CICR pudiese desempeñar su cometido de proteger y asistir a las víctimas del conflicto. En los anuncios transmitidos por televisión y radio se señalaban las normas humanitarias básicas y los principios del CICR, como respuesta a los permanentes problemas de seguridad y a las continuas violaciones del derecho internacional humanitario. El programa se centraba en grupos destinatarios identificables y el método empleado consistía en la difusión directa por parte del CICR. El mensaje era claro, pero difícil de transmitir.

Una vez concluido el conflicto, era más fácil comunicar el mensaje, pero ya no era tan claro cuál era este mensaje. Esta incertidumbre estaba relacionada, en parte, con el papel diferente desempeñado por el CICR después del conflicto. La identidad del CICR en una situación postconflictiva y lo que trata de lograr afectan al mensaje de difusión. A menudo, el CICR se identifica con sus actividades más visibles o salientes, o con las actividades que despliega en exclusiva, como visitar a prisioneros, determinar la suerte que corren los desaparecidos e intercambiar mensajes de Cruz Roja. Estas actividades, propias del CICR, lo distinguen de las Naciones Unidas y de otras organizaciones sobre el terreno. Las actividades de difusión reflejan, apoyándolo, el desempeño de su cometido.

La identidad del CICR, desde el punto de vista de la difusión, es más vaga a medida que sus actividades tradicionales llegan a ser menos necesarias. ¿Se difumina también la imagen de imparcialidad e independencia del CICR? ¿Es más difícil difundir los principios cuando las actividades principales que se despliegan después de un conflicto, aparte de las de búsqueda, no son tal vez las mismas que las desplegadas como aplicación de los principios durante el conflicto?

Todas las actividades del CICR en Bosnia-Herzegovina, durante o tras el conflicto, incluidas las de difusión, reflejan una organización que responde a las necesidades que afectan a los más vulnerables como consecuencia de un conflicto, y la respuesta siempre se basa en los principios fundamentales. Pese a que, después de un conflicto, determinadas actividades disminuyen y otras comienzan, la forma de llevarlas a cabo las distinguen de las de muchas otras organizaciones. El apoyo a determinados programas, como los de formación de las fuerzas armadas o la campaña para mejorar el conocimiento acerca de las minas terrestres, no está relacionado con objetivos políticos y su aplicación no depende del cumplimiento de determinadas condiciones. El problema de las actividades de difusión es seguir determinando las actividades del CICR en situaciones creadas después de un conflicto, sin que la identidad de la Institución deje de mantenerse firmemente relacionada con el concepto de los principios fundamentales en acción.

  Norman Farrell   , canadiense, es coordinador de las actividades de difusión del CICR en Bosnia-Herzegovina, residente en Sarajevo.  

     

Original: inglés




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