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La cuestión de las armas: toma de posición del CICR ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, 51° período de sesiones, 1996

01-11-1996 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja

  Declaración del 18 de octubre de 1996 ante la Primera Comisión  

Este año han tenido lugar muchos acontecimientos por lo que atañe a la reglamentación de las armas tanto clásicas como de destrucción masiva. De hecho, en el derecho internacional humanitario no se distingue entre estas dos categorías de armas, sino que más bien se las regula según ciertas normas de aplicación general, a fin de evitar destrucciones y sufrimientos excesivos. Toda la labor que ha hecho el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y sus comentarios relacionados con las armas, cualquiera que sea su índole desde el punto de vista estratégico, tienen por finalidad garantizar la fiel e imparcial aplicación de las normas del derecho internacional humanitario.

  Minas terrestres  

El 3 de mayo del año en curso, la Conferencia de Examen de la Convención de las Naciones Unidas de 1980 sobre ciertas armas convencionales modificó el Protocolo II, en el que se regula el empleo de minas terrestres. El CICR ha tenido el privilegio, de conformidad con su cometido estatutario, de participar activamente en este proceso.

El CICR está muy satisfecho de una serie de mejoras que se han introducido en el Protocolo sobre minas terrestres, en particular porque su ámbito de aplicación abarca los conflictos armados tanto internacionales como no internacionales: por la clara atribución de la responsabilidad de la remoción de las minas, por el requisito de registrar la ubicación de todas las minas, por la nueva protección del personal del CICR y de otras misiones humanitaria s, por las reuniones anuales de los Estados Partes y por el requisito de que los Estados castiguen las violaciones graves de las disposiciones del Protocolo II enmendado.

Desafortunadamente, las nuevas restricciones del empleo de minas antipersonal son débiles y complejas y, por lo tanto, se corre el riesgo de que no se apliquen al tipo de conflictos en que últimamente se han empleado esas minas. En particular, las fuerzas armadas mal adiestradas o equipadas pueden no querer o no poder acatar una compleja normativa o pagar más para adquirir minas autodestructivas. Además, la aplicación de las nuevas disposiciones relativas a la detectabilidad y a la autodestrucción puede aplazarse basta nueve años, contados a partir de la entrada en vigor del Protocolo revisado, o sea hasta el año 2007. Hasta entonces, se prevé que las minas se habrán cobrado más de 200.000 nuevas víctimas, a no ser que los Estados hagan más de lo que exige el Protocolo.

El CICR exhortará a los Estados a adherirse al Protocolo II enmendado de la Convención sobre ciertas armas convencionales. Este Protocolo tiene por finalidad restringir el empleo de minas, y no la de alentar a los Estados a emplear minas o invertir en nuevos tipos de minas. Por lo tanto, el CICR insta a los Estados a hacer mucho más de lo que se dispone en ese Protocolo y a renunciar a producir, transferir y emplear minas antipersonal.

En marzo del año en curso, el CICR publicó un estudio sobre el empleo y la eficacia de las minas terrestres antipersonal en los conflictos pasados [1 ] . Este estudio, encargado por el CICR, lo realizaron militares de alta graduación y sus conclusiones las han respaldado ya 52 jefes militares de 19 países. El estudio arrojó que es difícil, si no imposible, incluso para los ejércitos profesionales modernos, emplear minas antipersonal ateniéndose al derecho y a la doctrina militar. Ello demuestra que no se pueden limit ar, en la mayoría de los casos, los efectos indiscriminados de las minas terrestres. También se halló que la utilidad militar de tales minas suele ser mínima y sus efectos pueden ser incluso contraproducentes para quienes las siembran. El estudio llega a la conclusión de que los costos humanos, económicos y sociales sobrepasan, con mucho, el valor militar de las minas antipersonal.

Muchos Estados ya han demostrado que para poner término al problema de las minas terrestres no es menester esperar un consenso mundial negociado. El Plan de Acción trazado en la Conferencia de Ottawa a principios de octubre de 1996, demuestra cuánto se puede hacer, gracias a un liderazgo moral y político, para acabar con el problema de las minas terrestres [2 ] . El CICR se congratula de que se constituyera el " Grupo de Ottawa " , integrado por casi 50 Estados, que se han comprometido, en su declaración final, a promover y aplicar, primeramente a nivel nacional y zonal, la completa prohibición y eliminación de las minas antipersonal. Con este espíritu, 25 Estados ya han renunciado al empleo de minas antipersonal o han suspendido el empleo de las mismas por sus fuerzas armadas y 11 han anunciado la destrucción de sus reservas. En el plan dinámico del Grupo de Ottawa para el año que viene se destaca la urgente necesidad de que se realicen serios esfuerzos, tanto a nivel mundial como zonal, y de que las iniciativas destinadas a lograr una prohibición vayan asociadas a una mayor ayuda para el desminado y el tratamiento y la rehabilitación de las víctimas.

El CICR apoya plenamente la iniciativa de Canadá de invitar, para diciembre de 1997, a los ministros de Relaciones Exteriores a Ottawa para que firmen un tratado de otra índole por el que se prohíban totalmente las minas antipersonal. Considera que este paso es un importante logro y alentamos a los Estados a que respondan favorablemente a la invitación canadiense. Esta iniciativa coloca pertinentemente el Plan de Acción de Ottawa y otras iniciativas internacionales en el marco de los denodados esfuerzos desplegados para que haya un tratado por el que se que prohíban esas armas perniciosas. Aunque este tratado no consiga al principio la adhesión de todos los países, como se ha comprobado por lo que atañe a los últimos instrumentos de derecho, ayudará a crear una nueva e importante normativa

Recientes iniciativas zonales evidencian el creciente impulso en favor de una proscripción. En una resolución de la Organización de los Estados Americanos del mes de junio, se insta a designar una " Zona Libre de Minas Antipersonal " en el continente americano. Algunos Estados centroamericanos, poniendo por obra una iniciativa del Parlamento Centroamericano, han ido incluso más lejos en su empeño por prohibir la producción, el empleo y la transferencia de esas armas. Si se añade a estos esfuerzos la generosa ayuda de la comunidad internacional, América central puede ser la primera zona infestada de minas que se libere de ese flagelo. En febrero de 1996, el Consejo de Ministros de la Organización de la   Unidad Africana hizo un llamamiento a organizaciones subzonales de ese continente para que promuevan la prohibición de las minas antipersonal, de conformidad con el compromiso previo de la OUA de una prohibición total. El mes de diciembre de 1995, los ministros de la Organización de la Conferencia Islámica también hicieron un llamamiento en pro de la " completa eliminación " de esas armas.

En el marco de esta Asamblea General, el CICR quisiera abogar por que se aprueben las resoluciones más firmes posibles, es decir que:

  1. respalden, de mane ra inequívoca, la prohibición y la eliminación totales de las minas antipersonal;

  2. insten a los Estados a poner término, en una fecha concreta de un futuro inmediato, a la producción, al empleo y a la transferencia de minas antipersonal;

  3. propicien, basta que se apruebe una prohibición total, la designación de zonas libres de esas armas; y

  4. soliciten un incremento significativo de la ayuda para el desminado, así como para la asistencia a las víctimas y su rehabilitación.

  Transferencia de armas  

El CICR desea expresar una vez más su preocupación por la transferencia, prácticamente ilimitada, de armas, especialmente de armas ligeras. Sabemos por experiencia que, en todos los conflictos del mundo, hay ingentes cantidades de armas ligeras disponibles para casi cualquier grupo que quiera adquirirlas y que, con demasiada frecuencia, se emplean, siendo así evidente violación de las normas del derecho humanitario. Actualmente, la aplicación de este derecho resulta tanto más difícil cuanto que cada vez mas grupos disponen de esas mortíferas armas. El próximo año, el CICR emprenderá un estudio, solicitado por la XXVI Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, sobre la relación entre la disponibilidad de las armas y las violaciones del derecho humanitario. En el marco del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, también nos implicaremos más en el debate de este asunto.

  Armas láser que causan ceguera  

El CICR considera que la aprobación del Protocolo IV, en el que se prohíbe el empleo de armas láser cegadoras es un hito del reciente proceso de revisión de la Convención sobre ciertas armas convencionales [3 ] . No solo se prohíbe un horroroso nuevo medio bélico, sino que, por segunda vez e n la historia, la comunidad internacional ha proscrito un arma inhumana antes de comprobar sus efectos en el campo de batalla.

El CICR alienta a los Estados a adherirse cuanto antes a este nuevo Protocolo y, cuando lo hagan, a que formulen una declaración formal de su interpretación de que las disposiciones del Protocolo IV han de aplicarse en todas las circunstancias. Tal declaración reflejaría el acuerdo logrado, cuando se aprobó el Protocolo, en la primera reunión de la Conferencia de Examen de la Convención sobre ciertas armas convencionales, que tuvo lugar en Viena y que 135 Estados reafirmaron, en la XXVI Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, de que el Protocolo debe aplicarse no solo a los conflictos armados internacionales. En su declaración final, la Conferencia de Examen manifestó que es necesario lograr la prohibición total de las armas láser cegadoras, cuyos empleo y transferencia se prohiben en el Protocolo IV. Para ello, el CICR insta a los Estados a que, hasta que el Protocolo entre en vigor, controlen cuidadosamente las tecnologías pertinentes y que velen por que no se produzcan ni se transfieran esas armas.

  Armas futuras  

Los rápidos avances de la tecnología adecuada para producir armas láser portátiles que causan ceguera ponen de relieve la necesidad de que los Estados examinen meticulosamente el desarrollo de nuevas armas, de conformidad con su obligación de determinar si su empleo se aviene con las normas del derecho internacional humanitario. El CICR, como guardián del derecho internacional humanitario, seguirá manteniéndose al corriente de esos desarrollos. En las próximas décadas surgirán, sin duda alguna, nuevas posibilidades de desarrollar armas cuya índole puede socavar ese derecho y cuyo empleo lamentaría la humanidad. El Protocolo IV demuestra que la comunidad internacional puede actuar para evitar tales desar rollos.

  Armas químicas y biológicas  

El CICR acoge favorablemente la inminente entrada en vigor de la Convención de 1993 sobre las armas químicas e insta a todos los Estados que aún no lo hayan hecho a que se hagan Partes en esa Convención. Mediante la prohibición de la producción y del almacenamiento de armas químicas, esta Convención refuerza considerablemente la proscripción del empleo de armas tóxicas, basada en un antiquísimo derecho consuetudinario codificado en varios tratados.

También el CICR alienta a los Estados a que se adhieran a la Convención sobre las armas biológicas que, como la de armas químicas, refuerza el Protocolo de Ginebra de 1925, por el que se prohibió el empleo de armas químicas y biológicas. Insta a los Estados Partes a que, en la próxima Conferencia de Examen, doten a la Convención sobre las armas biológicas de los más eficaces mecanismos posibles para garantizar transparencia, control y verificación.

  Opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia sobre la legalidad de la amenaza o del empleo de armas nucleares  

Por último, el CICR desea comentar brevemente el dictamen consultivo de la Corte Internacional de Justicia acerca de la legalidad de la amenaza o del empleo de armas nucleares [4 ] .

Por primera vez, la Corte Internacional de Justicia analizó con cierto detenimiento el derecho internacional humanitario por el que se rige el empleo de armas. Es grato al CICR comprobar la reafirmación de algunas normas que la Corte calificó de inquebrantables, en particular la prohibición absoluta del empleo de armas de efectos indiscriminados, así como la prohibición del empleo de armas que pueden causar sufrimientos innecesarios. También celebra q ue la Corte haya puesto de relieve que el derecho humanitario se aplica a todas las armas sin excepción, incluidas las nuevas. En ese contexto, deseamos destacar que no hay excepción alguna en cuanto a la aplicación de esas normas, cualesquiera que sean las circunstancias. El derecho internacional humanitario es per se la última barrera contra la barbarie y el horror que engendra, con demasiada facilidad, la guerra; además, se aplica uniformemente a todas las partes en un conflicto en todas las circunstancias.

Por lo que respecta a la índole de las armas nucleares, el CICR observa que, basándose en las pruebas científicas presentadas, la Corte manifestó que el poder destructor de las armas nucleares no puede limitarse ni en el espacio ni en el tiempo... la radiación liberada por una explosión nuclear afectaría a la salud, la agricultura, los recursos naturales y la situación demográfica de una amplia zona. Es más, el empleo de armas nucleares sería un grave peligro para las futuras generaciones. Ante esto, es difícil para el CICR plantearse cómo un empleo de armas nucleares podría avenirse con las normas del derecho internacional humanitario.

Debido a los devastadores efectos de estas armas, el CICR está persuadido de que nadie quiere que sean empleadas. Espera sinceramente que la opinión consultiva de la Corte dé un nuevo impulso a los esfuerzos de la comunidad internacional para librar a la humanidad de esta terrible amenaza.

  Comité Internacional de la Cruz Roja  

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  Notas:  

  1. N. de la r.: Minas terrestres antipersonal - ¿Armas indispensables? Estudio sobre el empleo militar y la eficacia de las minas antipersonal, hecho per encargo del Comité Internacional de la Cruz Roja, CICR, Ginebra, 1996.

  2. N. de la r.: Hacia la prohibición total de las minas terrestres antipersonal. Declaración de la Conferencia internacional sobre una Estrategia, Ottawa, 3-5 de octubre de 1996, véase más adelante, p. 692.

  3. N. de la r.: Véase Louise Doswald-Beck, " Nuevo Protocolo sobre armas láser cegadoras " , RICR, n° 135, mayo-junio de 1996, pp. 293-323.

  4. N. de la r.: Cour internationale de Justice/International Court of Justice, Licéité de   menace ou de l'emploi d'armes nueléaires/Legality of the threat or use of nuclear weapons, avis consultatif/advisory opinion, 8.7.1996.