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El CICR y la Segunda Guerra Mundial: II. El CICR ante el holocausto

06-04-1998

Bajo el régimen hitleriano, los judíos son desposeídos de todos sus derechos y bienes, confinados a guetos hacinados, obligados a llevar una estrella amarilla, y objeto de innumerables humillaciones, vejámenes, deportaciones y masacres. Durante la guerra, se multiplican las redadas en su contra y se los deporta sistemáticamente a campos de concentración y de exterminio en donde se los aísla completamente del mundo exterior.

En diciembre de 1939, el Presidente del CICR interviene ante la Cruz Roja Alemana para conseguir que delegados del CICR puedan visitar a los judíos de Viena deportados a Polonia. Las autoridades alemanas, que no quieren en modo alguno entrar en materia sobre la suerte que corren los judíos, rechazan la solicitud.

El CICR opta entonces por la estrategia de no abordar directamente la cuestión de los judíos, sino de hacerlo mediante inte rvenciones de alcance general relativas a las víctimas de las detenciones masivas o de deportaciones; no menciona pues ninguna definición de índole religiosa o racial, aunque es evidente que las personas concernidas son, en su mayoría, judíos.

El 29 de abril de 1942, la Cruz Roja Alemana informa al CICR que sobre detenidos " no arios " no comunica informaciones y le solicita abstenerse de hacer preguntas sobre ellos.

No obstante, informaciones sobre las persecuciones de las que son víctimas los judíos se filtran fuera de Alemania y de los países que ésta ocupa; dichas informaciones llegan a los gobiernos aliados y -algunas de ellas- al CICR.

En el verano de 1942, el CICR reflexiona sobre la oportunidad de hacer un llamamiento general sobre las violaciones del derecho internacional humanitario y prepara un proyecto en tal sentido; no obstante, finalmente decide no enviarlo, pues considera que no obtendría los resultados deseados. Así pues, continúa con sus gestiones bilaterales.

En el verano de 1943, el CICR obtiene del Ministerio Alemán de Relaciones Exteriores la autorización para enviar paquetes de víveres a los internados de campos de concentración de los que conoce el lugar de internamiento; dispone de tal información por lo que concierne a cincuenta deportados, a cada uno de los cuales envía un paquete de víveres; en el transcurso del verano, le llegan recibos de acuse de recepción de los paquetes, firmados por los destinatarios, en un número superior al de los paquetes enviados. Más adelante, el CICR logra conocer el lugar de internamiento de otros deportados y amplía sus envíos de paquetes; para el 1 de marzo, dispone de información sobre unos 56.000 deportados y, al terminar las hostilidades, sobre 105.000. A partir del verano de 1944, el CICR complementa su acción de paquetes individuales con el envío de paquetes colectivos. En total, hasta mayo de 1945, envía más de 1.222.000 p aquetes a los campos de concentración. Sin embargo, esta acción no le permite llegar a los deportados sometidos al régimen más estricto, ni ofrece a los cautivos protección alguna contra las sevicias y las masacres. En consecuencia, el CICR prosigue sus gestiones ante las autoridades alemanas, a fin de poder visitar los campos de concentración, gestiones que tropiezan con un rechazo categórico.

En octubre de 1943, el CICR envía a Hungría un delegado, Jean de Bavier, a quien sucede, el 17 de mayo de 1944, Friedrich Born . Impotentes, asisten a la ola de deportaciones a Auschwitz de la casi totalidad de los judíos residentes en provincia, organizada por la SS entre el 15 de mayo y el 7 de julio de 1944.

A partir de julio de 1944, Friedrich Born obtiene del Gobierno húngaro la autorización de entregar, a los judíos de Budapest, certificados de que dichas personas se benefician de autorizaciones de inmigración expedidas por países de Latinoamérica. Aunque estos certificados no permiten a los judíos de Budapest partir de Hungría -rodeada de territorios controlados por el Reich- sí les brinda cierta protección.

Por otra parte, Friedrich Born organiza unos sesenta albergues infantiles en los que se refugian entre 7.000 y 8.000 niños judíos, muchos de ellos huérfanos; asimismo, toma, bajo su protección, todos los hospitales, asilos y cocinas populares de la comunidad judía de Budapest. Para ello contrata unos 3.000 voluntarios, la mayoría de ellos judíos, a quienes entrega documentos de legitimación.

Estas medidas se respetan en general, hasta que, el 15 de octubre de 1944, el regente Horthy es derrocado por las < < Cruces-Gamadas que > > que, en el transcurso de pocos días, deportan, hacia la frontera alemana, a más de 50.000 judíos de la capital.

Friedrich Born, que no p uede impedir esta deportación, distribuye algunos socorros a los deportados desprovistos de todo, e impide la partida de los últimos convoyes que contienen unas 7.500 personas.

En Bucarest , dos delegados del CICR, Charles Kolb y Vladimir de Steiger, se esfuerzan, sobre todo, por que se resuelvan con éxito las diversas propuestas destinadas a permitir la emigración de judíos hacia Turquía y, de allí, hacia Palestina o hacia países de Latinoamérica. Con el apoyo de organizaciones judías, estos delegados ponen en pie innumerables proyectos y gestiones, pero no consiguen ningún resultado, debido a la imposibilidad de obtener las autorizaciones necesarias. No obstante, gracias a los delegados del CICR, cierto número de judíos logran salvarse de la deportación.

El 23 de junio de 1944, un delegado del CICR, el doctor Maurice Rossel, se traslada a Theresienstadt   , en donde, mediante un montaje cuidadosamente organizado, se ha preparado su visita. Rossel, recorre el gueto bajo la guía de oficiales del SS, sin tener la posibilidad de entrevistarse con los judíos del gueto ni de penetrar en la fortaleza. Dos representantes del Gobierno danés participan igualmente en la visita.

El 27 de septiembre de 1944, el doctor Rossel se traslada a Auschwitz en donde se entrevista con el comandante del campo, pero no recibe autorización para penetrar al interior.

En los últimos días de la guerra, delegados del CICR pueden, por primera vez, ingresar en los campos de Türckheim, Dachau y Mautthausen. Logran impedir ejecuciones de última hora y, a la llegada de las fuerzas aliadas, negocian la rendición de los campos. El delegado del CICR en Mauthausen, Louis Haefliger, hace anular la orden que se había dado de que la fábrica su bterránea de aviación de Gusen -que dependía del campo-, se hiciese explotar junto con los cerca de 40.000 detenidos que allí se encontraban.

Los delegados del CICR no logran impedir la evacuación de los campos de Oranienburg y de Ravensbrück, que se efectúa en condiciones deplorables. Lo único que pueden hacer es tratar de abastecer a los deportados a lo largo de las carreteras.

Fuera de la acción de Friedrich Born en Hungría y de algunos casos esporádicos en otros lugares, la acción del CICR en favor de los judíos y de otros grupos de civiles perseguidos durante la Segunda Guerra Mundial, constituye un fracaso. Al participar, en 1995, en la ceremonia de conmemoración de la liberación del campo de Auschwitz, el Presidente del CICR, Cornelio Sommaruga, puso de relieve que el CICR es consciente de la gravedad del Holocausto y de la necesidad de preservar su recuerdo, a fin de evitar su repetición. Rindió homenaje a todas las víctimas y se lamentó públicamente de los errores y omisiones del CICR en el pasado respecto de las víctimas de los campos de concentración.