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El CICR y la Primera Guerra MundialI. Actividades generales

12-04-2000

 
    La acción en favor de los prisioneros de guerra
    La acción del CICR en favor de los civiles durante la Primera Guerra Mundial
    La posguerra: el CICR frente a las repatriaciones, así como a las revoluciones rusa y húngara

 
 

La Primera Guerra Mundial indujo al CICR a intensificar considerablemente sus actividades, de lo que estaba consciente desde el principio del conflicto. En su circular del 15 de agosto de 1914, solicitó a las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja que participaran en las nuevas actividades que realizaría en beneficio de los millones de víctimas del conflicto.

Además de su tradicional cometido en favor de los soldados heridos o enfermos, el CICR amplió su acción a los prisioneros de guerra, aunque ningún convenio le confería específicamente tal cometido. Para llevar a cabo esta actividad, estableció una entidad especializada, la Agencia Internacional de Prisioneros de Guerra , encargada de recabar y transmitir información sobre los prisioneros.

Los delegados del CICR visitaron también numerosos campamentos de prisioneros para cerciorarse de que los detenidos se beneficiaban de condiciones de detención correctas.

Durante la guerra de 1914-1918, el CICR veló por el respeto del Co nvenio de Ginebra de 1906 (versión revisada del Convenio de Ginebra del 22 de agosto de 1864 para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña, entonces vigente. Pero fiel al principio de neutralidad que la caracteriza, la Institución de Ginebra transmitió a los Estados interesados las protestas y las acusaciones de violaciones del Convenio de Ginebra de 1906 y de las Convenciones de La Haya de 1899 y 1907, en particular por lo que respecta al Convenio de La Haya de 1907 para la adaptación a la guerra marítima de los principios del Convenio de Ginebra, así como las normas básicas de humanidad aplicables en caso de conflicto. El CICR se puso también al servicio de las personas civiles, sobre todo de los residentes en los territorios ocupados por el enemigo. A lo largo del conflicto, el CICR denunció los tratos inhumanos infligidos tanto a los combatientes como a los civiles. Hizo vigorosa campaña especialmente contra el empleo de armas químicas , empleadas por primera vez durante la Primera Guerra Mundial, y cuyos efectos llegaron a un nivel de devastación sin precedentes.

Después de la guerra, el CICR desplegó también operaciones de repatriación de los prisioneros de guerra. Sus delegados realizaron, además, una acción humanitaria específica durante las revoluciones rusa y húngara.
 

 
 

  La acción en favor de los prisioneros de guerra  

En la época de la I Guerra Mundial , en los convenios internacionales no se mencionaba expresamente al CICR para que interviniera en favor de los prisioneros de guerra. Sin embargo, en el plano jurídico, la Institución podía sustentarse en la Convención de La Haya de 1907Reglamento anexo sobre la leyes y costumbres de la guerra terrestre y en su , que contienen un conjunto de disposiciones relativas a los prisioneros de guerra, como el intercambio de información, la posibilidad de visitar los campamentos de internamiento o el trato debido a los prisioneros. El CICR disponía igualmente como base una resolución de la Conferencia Internacional de la Cruz Roja de Washington de 1912, en la que se le confiaba la distribución de los socorros colectivos a los militares capturados. Pero todos estos textos resultaban muy teóricos y contenían muchos vacíos. El CICR intentó, pues, mediante la práctica, aportar una solución y emprendió varias iniciativas. El 27 de agosto de 1914, al comienzo del conflicto, estableció en Ginebra la Agencia Internacional de Prisioneros de Guerra , encargada de recopilar y transmitir información y socorros a los cautivos.

A partir de diciembre de 1914, sus delegados obtuvieron la autorización de los diferentes Estados beligerantes para visitar los campamentos de prisioneros. Gracias a estas visitas, el CICR podía darse cuenta de las condiciones de detención y comunicar a los prisioneros que no estaban abandonados a su suerte.

Durante las visitas, los delegados verificaban siempre los mismos aspectos, especialmente la alimentación, la higiene y el estado de los lugares de detenció n de los prisioneros y, tras esas visitas, redactaban un informe con sus comentarios y observaciones. Los informes se remitían luego a la Potencia detenedora de los prisioneros de guerra a fin de que tomara las necesarias disposiciones para mejorar sus condiciones de detención, así como a la Potencia de origen de los cautivos.

El CICR jamás imponía sus conclusiones a los Estados beligerantes, pues aún no existía un convenio específico que protegiera concretamente a los prisioneros de guerra - convenio que se aprobó en 1929 - pero expresaba sus deseos o desiderata . Sin embargo, el CICR disponía de medios para hacer escuchar su voz. Durante toda la guerra, publicó y puso en venta los informes de visita, para que el público pudiera informarse sobre las condiciones de detención de los prisioneros a los que sus delegados habían tenido acceso.

Cuando las circunstancias lo exigían, el CICR enviaba también, en forma de circular, a los Estados beligerantes llamamientos en los que daba cuenta del trato dispensado a los prisioneros o denunciaba las violaciones y abusos más flagrantes. Así pues, el 12 de julio de 1917, el CICR hizo un llamamiento a los Estados en el que condenaba la práctica de las represalias y, el 21 de enero de 1918, publicó una circular para la supresión de los campamentos de propaganda, cuya finalidad era aliar a los prisioneros a la causa del enemigo. El CICR trató igualmente de obtener que los prisioneros de guerra se beneficiaran de condiciones de detención menos penosas y que quienes habían sufrido un largo cautiverio fueran liberados. Pero las liberaciones tuvieron lugar solamente durante los dos últimos años de la guerra tras la conclusión de acuerdos bilaterales entre los Estados beligerantes.

Ya al inicio de la guerra, el CICR se esforzó también por conseguir la liberación de los prisioneros heridos o enfermos, tal como se autoriza en el Convenio de Gine bra.

En noviembre de 1914, el CICR solicitó al presidente del Gobierno suizo que examinara la cuestión del internamiento, en ese país neutral, de muchos heridos que, dado su estado, ya no podían soportar el cautiverio. Por primera vez, el 31 de diciembre de 1914, el CICR medió con sus buenos oficios para convencer a los beligerantes de que llegaran a un acuerdo sobre este asunto. Pero no intervino directamente y dejó a las autoridades suizas la iniciativa para obtener la firma de acuerdos entre los Estados en guerra. Gracias a esos esfuerzos, en 1916, Suiza pudo acoger, hasta a 30.000 internados, al mismo tiempo, en su territorio.

Asimismo, el CICR dirigió directamente a las partes en el conflicto propuestas en favor de los heridos o enfermos, según fuera su estado. El 26 de abril de 1917, lanzó un llamamiento para exhortar a los Estados beligerantes a repatriar a los prisioneros sanos que habían sufrido un largo cautiverio o que padecían de trastornos psicológicos graves (psicosis de la alambrada).

Los delegados del CICR no fueron los únicos en visitar los campamentos de prisioneros. Llevaron a cabo también este tipo de actividades los representantes de las Potencias protectoras – Estado encargado de defender los intereses de una de las partes en el marco de sus relaciones con la otra parte en conflicto- o de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de países neutrales. Pero, el CICR fue la única institución que efectuó durante la Gran Guerra esas visitas en los campamentos de todos los Estados beligerantes aplicando los mismos criterios de examen. Asimismo, su estatuto de neutralidad y su cometido en el movimiento de la Cruz Roja le permitieron dirigirse al conjunto de los Estados y de las Sociedades Nacionales para llamar la atención sobre la condición de los prisioneros de guerra.

De 1914 al término de la liberación de los prisioneros en 1923, los 41 delegados del CICR visitaron 52 4 campamentos repartidos en Europa (Francia, Alemania, Gran Bretaña, Austria-Hungría, Italia, Rusia, Bulgaria, Rumania, Macedonia, Polonia y Bohemia), en África (Túnez, Marruecos, Egipto) y en Asia (India, Birmania, Japón).

 
 

  La acción del CICR en favor de los civiles durante la Primera Guerra Mundial  

Gracias a su derecho de iniciativa, el CICR se encargó también de la suerte que corrían los civiles desde el comienzo de la guerra. El 17 de octubre de 1914, remitió una carta a los comités centrales de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de los Estados beligerantes – y no a los propios Estados- para preguntarles si aceptaban equiparar a los internados civiles de los países enemigos a los prisioneros de guerra, aunque ni el Convenio de Ginebra ni el Reglamento de La Haya no les eran directamente aplicables.

Para paliar esta carencia, el CICR abrió una sección de personas civiles en el marco de la Agencia Internacional de Prisioneros de Guerra, que se encargó de todos los civiles considerados como víctimas de guerra, tanto en los países enemigos como en los territorios ocupados.

Entre sus principales tareas, este servicio transmitía la correspondencia enviada a los civiles que se encontraban en territorio enemigo u ocupado, realizaba gestiones ante las autoridades para obtener documentos oficiales o la evacuación de civiles gravemente enfermos o heridos en territorio enemigo u ocupado. Les enviaba también paquetes y les asistía para las peticiones de gracia. A pedido de las familias, buscaba a los desaparecidos y hacía llegar los certificados de defunción de los civiles que se encontraban en territorio enemigo u ocupado. A veces los delegados del CICR pudieron visitar a los internados civiles detenido s en campamentos específicos o en campamentos militares.

Tras la guerra, la sección civil prosiguió sus actividades remitiendo a sus destinatarios la enorme cantidad de correspondencia que había quedado pendiente entre 1914 y 1918.

 
 

  La posguerra: el CICR frente a las repatriaciones, así como a las revoluciones rusa y húngara  

Si bien la liberación de los prisioneros de guerra de los Aliados (Francia, Reino Unido y sus aliados) se efectuó rápidamente al término de la guerra –su repatriación se estipuló en los acuerdos de armisticio- la de los prisioneros procedentes de los antiguos Imperios centrales (Alemania, Austria-Hungría y Otomano especialmente) llevó mucho más tiempo en resolverse. Los aliados decidieron que, de conformidad con la Convención de La Haya de 1907, dichos prisioneros iban a ser liberados solamente después de la concertación de la paz establecida en los tratados de Versalles, Saint-Germain-en-Laye, Neuilly y Sevres (reemplazado por el tratado de Lausana), firmados con los diferentes Imperios centrales.

En 1919, el CICR pidió, en repetidas ocasiones, al Consejo Supremo Interaliado la repatriación de los prisioneros de guerra de los Imperios centrales, en poder de los aliados o en Rusia.

El 23 de marzo de 1920, el Consejo autorizó la repatriación de los prisioneros de guerra detenidos en Siberia. El 11 de abril del mismo año, la Sociedad de las Naciones encargó al doctor Nansen que organizara, en colaboración con el CICR que se ocupó de las modalidades prácticas, la repatriación de todos los prisioneros. Así pues, en total, más de 425.000 personas fueron repatriadas bajo los auspicios del CICR.

Inmediatamente después de la guerra, la Cruz Roja prestó también socorro a las víctimas de las revoluciones que estallaron en Rusia y Hungría. En ambos países, la revolución planteó un nuevo problema al CICR y a las Sociedades Nacionales interesadas, que se vieron enfrentados, por primera vez en su historia, con una guerra civil.

En Rusia, la Cruz Roja de Rusia, que existía desde 1867, pasó a llamarse, por decreto gubernamental del 6 de enero de 1918, Cruz Roja de los Soviets, que el CICR reconoció en 1921.

Desde 1914, había un delegado del CICR residente en Rusia, Edouard Frick, que trabajaba en estrecha colaboración con la Sociedad Nacional. En 1918, a pesar de los acontecimientos, se encargó al delegado del CICR que prosiguiera sus actividades. Así pues, agrupó, por propia iniciativa, a las Cruces Rojas neutrales que habían permanecido en Petrogrado. Cuando Frick regresó a Ginebra en 1918, realizó varias actividades, particularmente en favor de las personas detenidas por motivos políticos. Sin embargo, el CICR obtuvo la autorización para volver a Rusia solamente en 1921 a fin de emprender las grandes operaciones de repatriación de los prisioneros de los Imperios centrales detenidos en Siberia.

En marzo de 1919, estalló la revolución en Hungría. El delegado del CICR, Rodolphe Haccius visitó, el 28 de abril de 1918, una prisión situada cerca de Budapest, donde había detenidos políticos. Era la primera vez que el CICR efectuaba visitas de esa índole, que salía de su ámbito de acción habitual. Haccius consiguió que se liberara a los enfermos y las personas mayores de 60 años. Ulteriormente, gracias a sus gestiones, la delegación del CICR en Budapest logró la liberación de 280 detenidos políticos extranjeros. En colaboración con la Cruz Roja Húngara, prestó también ayuda a la población civil.

La Primera Guerra Mundial exigió que el movimiento de la Cruz Roja y, sobre todo el CICR, desplegara ingentes esfuerzos. Entre las importantes actividades realizadas por el CICR de 1914 a 1918, algunas tuvieron un considerable desarrollo o importantes repercusiones durante y después de la guerra. Es particularmente el caso de la Agencia Internacional de Prisioneros de Guerra, así como de las gestiones emprendidas contra la guerra química.

   

  Marruecos, enero de 1916. Un delegado del CICR visita un campamento de prisioneros de guerra alemanes. Ref. Hist. 617/14

     

     

     

   

  Ginebra, Suiza. Llegada de un convoy de heridos graves franceses. Ref. hist. 3005-33

     

     

     

   

  Riga, Letonia, 1920-22. Campamento de tránsito para los prisioneros de guerra rusos y letones repatriados de Alemania (de Stettin) y para los prisioneros alemanes repatriados de Rusia . Ref. hist. 1126