• Enviar
  • Imprimir

Importancia de los Convenios de Ginebra para el mundo contemporáneo

31-12-1999 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Dietrich Schindler

  Resumen:

La evolución del derecho internacional humanitario en el transcurso de los cincuenta últimos años ha estado caracterizada por dos grandes tendencias contradictorias. La primera es el progreso considerable de esta esfera del derecho internacional. El derecho internacional humanitario es hoy una de las ramas del derecho internacional más exhaustiva en sus reglas: la mayoría de los aspectos de la protección de las personas en los conflictos armados y de la conducción de las hostilidades han sido objeto de disposiciones detalladas. Además, los Convenios de Ginebra de 1949 han adquirido un reconocimiento prácticamente universal. Muchas de sus disposiciones son ahora reconocidas como normas de derecho consuetudinario y hacen parte del
  jus cogens   . Este notable éxito contrasta, sin embargo, con la segunda tendencia: las violaciones flagrantes de los Convenios y el aumento inquietante del número de actos inhumanos y crueles cometidos en el transcurso de los últimos años. Las catástrofes humanitarias ocasionadas por la guerra han devenido uno de los mayores problemas de nuestro tiempo. Es evidente que las disposiciones jurídicas no siempre han producido los resultados que se esperaba de ellas en el momento de su aprobación. A este respecto, la evolución de los Convenios de Ginebra durante los cincuenta últimos años ha estado marcada, a la vez, por el éxito y por el fracaso. El autor examina en primer lugar la evolución normativa del derecho internacional humanitario desde 1949 y, posteriormente, analiza las causas de las violaciones masivas cometidas durante el mismo período.  

     

Dos tendencias contradictorias caracterizan el desarrollo del derecho internacional humanitario en los últimos cincuenta años. La primera es el enorme progreso logrado por esa sección del derecho internacional. El derecho internacional humanitario se ha convertido en una de las ramas del derecho internacional más ampliamente reguladas: se han tratado en disposiciones detalladas la mayoría de los aspectos de la conducción de las hostilidades y de la protección del individuo en los conflictos armados. Por otra parte, los Convenios de Ginebra han alcanzado un reconocimiento casi universal. Han sido ratificados por más Estados que cualquier otro convenio, a excepción de la Convención sobre los Derechos del Niño [1 ] . Asimismo, un gran número de sus reglas han pasado a ser reconocidas como normas consuetudinarias y constitutivas de jus cogens . Sin embargo, este notable éxito contrasta con la segunda tendencia, las graves violaciones de los Convenios y el aterrador aumento de actos inhumanos y crueles perpetrados en los conflictos armados de los años recientes. Los desastres humanitarios ocasionados por los conflictos armados se han convertido en uno de los principales problemas de nuestro tiempo. Es pues evidente que las disposiciones jurídicas no siempre han producido los resultados que se esperaba de ellas cuando se aprobaron. En este sentido, el desarrollo de los Convenios de Ginebra en los últimos cincuenta años está caracterizado tanto por el éxito como por el fracaso.
 

Examinaré en primer lugar el notable progreso normativo del derecho internacional humanitario desde 1949, para luego volver a las causas de las masivas violaciones que ocurrieron en el mismo período. Concluiré con algunas observaciones sobre las perspectivas para el derecho internacional humanitario.
 

  El derecho internacional humanitario desde la Segunda Guerra Mundial  

 
En términos del progreso alcanzado por el derecho internacional humanitario en el último medio siglo, pueden distinguirse tres períodos. En el primer período , comprendido entre el final de la Segunda Guerra Mundial y comienzos del decenio de 1960, el acontecimiento más importante fue evidentemente la aprobación de los cuatro Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 para la protección de las víctimas de la guerra, cuyo cincuentenario estamos celebrando ahora. Afortunadamente su aprobación se logró poco después de las Segunda Guerra Mundial y no sufrió retrasos, como sí ocurrió con la revisión de los anteriores Convenios de Ginebra en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial. En aquella época prevalecía la creencia de que la Liga de las Naciones había traído al mundo una paz permanente. Debido a dicha creencia se descartó cualquier consideración relativa a la elaboración de nuevos convenios sobre la guerra. Así pues, no fue hasta 1929 que se aprobaron dos nuevos convenios, uno sobre los heridos y enfermos y el otro sobre prisioneros de guerra. Con todo, un tercer convenio, quizás el más urgente, relacionado con la protección de los civiles, se topó con la oposición política y no se había aún aprobado cuando, finalmente, el mundo se sumió de nuevo en la guerra.
 

Tras la Segunda Guerra Mundial no hubo expectativas de paz permanente que evitaran la revisión de los Convenios de Ginebra. No obstante, las Naciones Unidas mantuvieron su distancia respecto de esta empresa porque se pensaba que la participación de la ONU en la revisión del derecho de la guerra menoscabaría la confianza en la capacidad de esa organización para mantener la paz. De conformidad con su práctica anterior, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) preparó los nuevos tratados y el Gobierno suizo convocó la conferencia internacional que los aprobó.
 

Pese a su abstención, las Naciones Unidas ejercieron una considerable - aunque poco percibida - influencia en los Convenios de Ginebra, pues sus esfuerzos para conseguir que los derechos humanos se garantizaran internacionalmente dejaron su huella en ellos. Esto no es sorprendente, ya que los Convenios se aprobaron sólo unos pocos meses después de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos [2 ] . Como consecuencia de la atención prestada a los derechos humanos, el derecho de la guerra tradicional se fue transformando gradualmente en un derecho orientado hacia los derechos humanos. Ya pueden verse huellas de esto en los Convenios de 1949, en los que se habla de los “derechos” de las personas protegidas, en lugar de limitarse a imponer obligaciones a los beligerantes, y se estipula que las personas protegidas no pueden renunciar a sus derechos [3 ] . Por otra parte, el artículo 3 común a los cuatro Convenios constituye una suerte de disposición de derechos humanos; reglamenta las relaciones entre los Gobiernos y sus propios nacionales en el evento de un conflicto armado interno, una cuestión que, tradicionalmente, era regulada únicamente por las disposiciones de derechos humanos. Por lo demás, el término “derecho internacional humanitario”, antes desconocido, fue introducido por el CICR a comienzos del decenio de 1950, sustituyendo en gran medida a las expresiones “derecho de la guerra” y “derecho de los conflictos armados” [4 ] . Pronto se generalizó su uso, difuminando de cierta manera la distinción entre el derecho aplicable en los conflictos armados y el derecho de los derechos humanos, y dando lugar a que ocasionalmente surgiera cierta confusión entre estas dos ramas del derecho internacional.
 

En los años que siguieron a su aprobación, los Convenios de Ginebra suscitaron, sorprendentemente, poco interés. No se consideraban de pertinencia inmediata. Aunque desempeñaron cierto papel, p ero más bien menor, en las guerras en Corea e Indochina a comienzos del decenio de 1950, posteriormente casi se sumieron en el olvido. En los cursos universitarios y tratados sobre derecho internacional humanitario sencillamente se omitían los capítulos sobre el derecho de la guerra. Sólo les prestaban atención unos cuantos especialistas y el CICR. En 1956, el CICR, reconociendo que los Convenios de 1949 no proveían la protección suficiente para la población civil contra la manera indiscriminada de conducir la guerra, redactó un proyecto de reglas para salvaguardar a la población civil de los efectos de las hostilidades [5 ] . Este proyecto, aprobado por la Conferencia Internacional de la Cruz Roja en Nueva Delhi en 1957, no produjo prácticamente ninguna reacción de los Gobiernos, lo que desalentó al CICR a dar nuevos pasos hacia el mejoramiento del derecho internacional humanitario, hasta que, en 1968, las Naciones Unidas, le dieron un nuevo ímpetu.
 

Un segundo período en el desarrollo de derecho internacional humanitario comenzó en el decenio de 1960 cuando estallaron varias guerras de mayor envergadura, en particular la guerra del Vietnam, la guerra civil en Nigeria/Biafra, las guerras entre los Estados árabes e Israel y las guerras de liberación nacional en África. Este último tipo de conflictos, en particular, estimuló a las Naciones Unidas a emprender una actividad aún más grande. A partir de 1968, la Asamblea General aprobó periódicamente resoluciones en las que pedía que se considerara las guerras de liberación nacional como conflictos armados internacionales en los que se debían aplicar los Convenios de Ginebra como un todo y se tratara como prisioneros de guerra a los combatientes por la libertad. Asimismo, en 1968, la Conferencia Internacional sobre Derechos Humanos, celebrada en Teherán [6 ] , y la Asamblea General de la ONU [7 ] aprobaron resoluciones identificadas con el título “Respeto de los derechos humanos en los conflictos armados”, en las que pedían al secretario general que, en consulta con el CICR, tomara medidas a) para asegurar una aplicación mejor de las actuales convenciones y normas humanitarias internacionales y b) aprobara nuevas convenciones humanitarias internacionales para asegurar la protección mejor de las víctimas y la prohibición y limitación del empleo de ciertos métodos y medios de guerra. Estas resoluciones abrieron las puertas a la elaboración de los dos Protocolos adicionales que se aprobaron en 1977.
 

En este período entre el decenio de 1960 y el de 1980, las Naciones Unidas pasaron a participar plenamente en las cuestiones de derecho internacional humanitario y, combinando ese derecho con el de los derechos humanos, hicieron que se aprobaran nuevos instrumentos de derecho internacional humanitario. Como afirma acertadamente Frits Kalshoven, con la resolución 2444de las Naciones Unidas de 1968 “se dio el impulso inicial a un movimiento acelerado que unificó en un solo caudal principal las tres corrientes: la de Ginebra, la de La Haya y la de Nueva York” [8 ] . Pese al importante papel desempeñado por las Naciones Unidas a este respecto, se dejó al CICR la preparación de los Protocolos adicionales y al Gobierno suizo la convocación de la conferencia que los adoptó. La ONU misma aprobó igualmente durante este período algunos tratados sobre cuestiones relativas a la conducción de la guerra, en particular la Convención sobre la Prohibición de Utilizar Técnicas de Modificación Ambiental con Fines Militares u Otros Fines Hostiles, de 1976 [9 ] y la Convención sobre Prohibiciones o Restricciones del Empleo de Ciertas Armas Convencionales que Pueden Considerarse Excesivamente Nocivas o de Efectos Indiscriminados, de 1980 [10 ] .
 

Un tercer período , caracterizado por un desarrollo del derecho internacional humanitario especialmente intenso y casi radical que presenta rasgos casi revolucionarios, comenzó tras el final de la guerra fría en 1989. Nunca antes las cuestiones humanitarias ni el derecho humanitario habían atraído tanto la atención internacional como ocurrió en este período. Y nunca como hoy se ha hecho tan evidente la necesidad de la acción y el derecho humanitarios.
 

Desde 1989, la mayoría de los conflictos armados han sido conflictos internos. Durante la guerra fría, la animadversión entre las superpotencias eclipsó todos los demás conflictos. Las divergencias internas, resultado de diferencias étnicas, religiosas o políticas, se mantuvieron bajo control a causa de las amenazas externas o los regímenes totalitarios. Pero cuando terminó dicha guerra, muchos regímenes se desmoronaron y los conflictos internos dejaron de estar contenidos. En varios Estados los grupos rivales, a menudo impulsados por el fanatismo étnico o religioso se trabaron en encarnizadas luchas. Pronto se desvaneció la expectativa de que el final de la guerra fría traería un período de paz y de regímenes democráticos en todo el mundo. Los conflictos internos comenzaron a ocasionar problemas humanitarios incluso mayores que los acaecidos durante el período de la guerra fría. Pronto se tomó consciencia de que esta situación sólo podría resolverla la comunidad internacional.
 
Durante cierto tiempo, las Naciones Unidas obtuvieron resultados satisfactorios mediante el envío de misiones de observación o de fuerzas de mantenimiento de la paz a los Estados afectados por los conflictos internos. Tal fue el caso en El Salvador, Camboya y Mozambique. Con todo, se hizo evidente que dichas operaciones, basadas en el consentimiento de las partes beligerantes, resultaban imposibles o inadecuadas en conflictos posteriores de mayor complejidad, como en ex Yugoslavia, Somalia, Ruanda, Liberia y Sierra Leona. No me detendré en estos conflictos ni en las medidas tomadas respecto de ellos. Me limitaré a señalar cinco novedades principales experimentadas en este período por el derecho internacional humanitario.
 

La primera de ellas es la decisión del Consejo de Seguridad según la cual las violaciones a gran escala de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, así como la magnitud del sufrimiento humano que de ellas se desprende pueden constituir una amenaza para la paz internacional y dar lugar a la adopción de medidas en virtud del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas [11 ] . Mediante esta decisión, el Consejo de Seguridad afirmó que el respeto de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario constituye un elemento integral del sistema de seguridad instaurado por la organización mundial [12 ] . Sobre la base de esta conclusión, el Consejo de Seguridad no sólo ha autorizado el uso de la fuerza en varios desastres humanitarios acaecidos desde entonces, sino que, además, ha creado dos tribunales internacionales para enjuiciar a las personas responsables de graves violaciones del derecho internacional humanitario [13 ] . Actuando de esta manera, el Consejo de Seguridad ha asumido implícitamente la función de guardián supremo del derecho internacional humanitario.
 

Una segunda novedad es que, como debe observarse, la distinción entre conflictos armados internacionales y no internacionales ha perdido mucha de su importancia. El derecho de los conflictos armados internos se ha alineado cada vez más con el derecho de los conflictos armados internacionales. Esto fue especialmente enfatizado por el Tribunal Internacional para la Antigua Yugoslavia en su Decisión Tadic (Jurisdicción) del 2 de octubre de 1995 [14 ] . Una de las causas de esta novedad ha sido la proliferación de conflictos armados internos y la gravedad cada vez mayor de sus repercusiones en la comunidad internacional. Ya no se pueden considerar, como solía hacerse, como meramente asuntos internos de los respectivos Estados. Por ot ra parte, la total disposición a recurrir a la violencia armada en los conflictos internos se ha vuelto tan generalizada y tan extrema que las diferencias entre éstos y las guerras internacionales ha disminuido constantemente. Ya en 1968 y de nuevo en 1970, la Asamblea General de las Naciones Unidas caracterizó algunos de los principios humanitarios básicos como aplicables en “todos los conflictos armados” [15 ] o en los “conflictos armados de todo tipo” [16 ] . Asimismo, en muchas resoluciones del último decenio sobre conflictos no internacionales, el Consejo de Seguridad, sin limitarse a las reglas sobre los conflictos armados no internacionales, ha hecho llamamientos a las partes beligerantes para que respeten el derecho internacional humanitario y para que desistan de sus violaciones [17 ] . Es igualmente revelador que prácticamente todos los tratados de derecho humanitario celebrados en estos últimos años se han hecho aplicables a los conflictos armados tanto internacionales como internos [18 ] . Sin embargo, no puede pasarse por alto que no sería posible aplicar todas las disposiciones del derecho de los conflictos armados internacionales a los conflictos armados internos [19 ] .
 

La gradual desaparición de la distinción entre conflictos armados no internacionales y conflictos armados internacionales ha sido facilitada por una tercera novedad : la creciente importancia del derecho consuetudinario. El Tribunal Penal Internacional en su decisión Tadic , concluyó que muchos principios aplicables originalmente a los conflictos armados internacionales habían pasado a ser, con el transcurso del tiempo, normas consuetudinarias aplicables también en conflictos armados no internacionales; el Tribunal enumeraba una cantidad considerable de tales normas consuetudinarias [20 ] . Esta conclusión constituye uno de los más importantes resultados de los nuevos acontecimientos del período posterior a la guerra fría. Muestra que los conflictos armados no internacionales están regulados por normas jurídicas en una medida mucho mayor de lo que generalmente se consideraba. La Corte Internacional de Justicia, en su Opinión consultiva de 1996 sobre la licitud del empleo de armas nucleares, afirmó también que una gran mayoría de las normas convencionales sobre el derecho internacional humanitario habían pasado a ser consuetudinarias. Sin embargo, no se refirió específicamente a las normas sobre los conflictos armados internos [21 ] .
 

La cuarta novedad importante ha sido la influencia del derecho de los derechos humanos en el derecho internacional humanitario. El hecho de que la mayoría de los conflictos armados contemporáneos sean conflictos internos ha acentuado esta novedad, ya que en estos conflictos el derecho de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario desempeñan un papel de igual importancia. La mayoría de las violaciones graves del derecho internacional humanitario son también violaciones de los derechos humanos. En la mayor parte de los conflictos armados internos, el Consejo de Seguridad y otros organismos de la ONU han hecho llamamientos a las partes beligerantes para que respeten tanto el derecho internacional humanitario como el derecho de los derechos humanos [22 ] .
 

Por último, la quinta novedad importante puede verse en la declaración de la Corte Internacional de Justicia, en su Opinión consultiva de 1996 sobre la licitud de la amenaza o el empleo de las armas nucleares, según la cual los principios fundamentales de derecho humanitario constituyen “principios intransgredibles de derecho internacional consuetudinario” [23 ] . En otras palabras, estos principios pertenecen a las normas más fundamentales del derecho internacional, normas que forman parte de lo que podría denominarse la constitución no escrita de la comunidad internacional y que son los cimientos indispensables de dicha comunidad.
 

Todas estas novedades han sido el resultado de pronunciamientos judiciales o decisiones de órganos políticos de las Naciones Unidas y no de la celebración de nuevos tratados. En efecto, habría sido prácticamente imposible lograr los mismos resultados mediante tratados, ya que muchos gobiernos se habrían mostrado reacios a dar o expresar su consentimiento a imponer limitaciones a lo que, hasta entonces, se había considerado como asuntos internos de los Estados. Con todo, en estos últimos años también los Gobiernos han demostrado una considerable disposición a aprobar nuevos tratados. Prueba de ello son, por ejemplo, los dos nuevos Protocolos de la Convención sobre armas de 1980 [24 ] el de 1995 sobre armas láser cegadoras y el texto enmendado de 1996 sobre minas; la Convención de Ottawa de 1997 sobre minas antipersonal [25 ] ; el Estatuto de Roma de 1998 de la Corte Penal Internacional; y el Segundo Protocolo de 1999 de la Convención de La Haya para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado [26 ] .
 

Otra promulgación importante que merece mencionarse, aunque no toma la forma de tratado, son las recientemente expedidas y tan esperadas reglas de “Respeto del derecho internacional humanitario por las fuerzas de las Naciones Unidas” sancionadas por el secretario general de las Naciones Unidas el 6 de agosto de 1999 [27 ] .
 

En casos en que la aprobación de convenios difícilmente hubiese tenido éxito, se han elaborado proyectos privados que reafirman y desarrollan el derecho existente. Los principales ejemplos son las normas de San Remo de 1990 relativas a la conducción de las hostilidades en los conflictos armados no internacionales [28 ] , la Declaración de Turku sobre las normas humanitarias mínimas, también de 1990 [29 ] y el Manual de San Remo de 1994 sobre el derecho internacional aplicable a los conflictos armados en el mar [30 ] . Estos proyectos privados refue rzan el derecho existente y contribuyen a la formación de normas consuetudinarias. Si los temas respectivos hubieran sido tratados por conferencias intergubernamentales, algunos de sus resultado podrían haber sido retrocesos. 
 

  Causas de la falta de acatamiento de las obligaciones humanitarias  

 
Después de haber hecho un poco de claridad sobre lo que puede denominarse la exitosa historia del derecho internacional humanitario, pasamos ahora a las causas de las graves y generalizadas violaciones experimentadas por este derecho en los años recientes. En primer lugar, existe cierta relación entre el avance progresivo del derecho y las violaciones extremas de los principios humanitarios. Todos los convenios de derecho internacional humanitario, comenzando con el Convenio de Ginebra de 1864, fueron una respuesta a situaciones humanitarias intolerables. De manera semejante, los notables progresos de los últimos diez años no habrían sido posibles sin las extremas violaciones ocurridas en el mismo período. La cuestión sigue siendo, por supuesto, hasta qué punto las nuevas normas jurídicas han evitado futuros desastres humanitarios y hasta qué punto sencillamente han promovido la ilusión de que se han tomado las medias necesarias para evitarlas.
 

Una de las principales causas de la actual falta de acatamiento del derecho internacional humanitario es que la mayoría de los conflictos armados son internos. La gran mayoría de las disposiciones de los Convenios de Ginebra se aplican únicamente a los conflictos armados internacionales. Únicamente el artículo 3 común a los cuatro Convenios y el Protocolo II versan sobre los conflictos armados no internacionales. Así pues, los Convenios no están lo suficientemente adaptados a la forma de conflictos armados imperante en la actualidad.
 

Los Convenios de Ginebra están además basados en la asunción d e que los conflictos armados los conducen fuerzas armadas con un mando responsable, entrenadas en la conducción de las hostilidades y que actúan de conformidad con el derecho humanitario. Sin embargo, los combatientes en la mayoría de los conflictos armados internos son grupos privados que carecen de una clara estructura de mando, no están entrenados en la conducción de las hostilidades y no están familiarizados con las normas del derecho internacional humanitario. Por otra parte, los conflictos armados internos siempre se han caracterizado por un mayor grado de crueldad y de odio que las guerras internacionales. Las normas humanitarias siempre han tenido menos posibilidades de ser acatadas en los conflictos internos que en los conflictos internacionales. A este respecto no puede esperarse un cambio fundamental.
 

Por lo demás, el derecho de la guerra tradicional estaba basado en la expectativa de la reciprocidad. Las fuerzas armadas se atenían a que perderían su protección si, respecto de su enemigo, no acataban las reglas de la guerra. Pero en estos últimos decenios el derecho de la guerra se ha transformado en un derecho orientado hacia los derechos humanos, a consecuencia de lo cual se han prohibido las represalias. En consecuencia, la reciprocidad ha perdido su pertinencia, especialmente en los conflictos armados no internacionales [31 ] . La implementación del derecho internacional humanitario no depende ya de la reciprocidad sino de las medidas que tome la comunidad internacional. Otro factor que puede menoscabar el acatamiento de este derecho es la desigualdad de los medios a disposición de las partes en conflicto. Si una parte puede apoyarse en la potencia aérea para combatir a su enemigo, la otra parte, carente de dichos recursos, puede verse inclinada a recurrir a medios contrarios al derecho internacional humanitario, tales como los ataques terroristas u otros actos dirigidos contra los civiles dentro o fuera de su territorio.
 

La falta genera lizada de acatamiento del derecho internacional humanitario se debe también a la incapacidad de la comunidad internacional y la falta de voluntad de los Estados para tomar las medidas adecuadas para evitar los desastres humanitarios. Aunque el Consejo de Seguridad considera que las violaciones extremas de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, por ser una amenaza para la paz y la seguridad internacionales, permiten la toma de medidas en virtud del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, los Estados han sido hasta ahora muy reacios a dar el consentimiento necesario para desactivar los conflictos internos inminentes. En lugar de ello, tienden a esperar hasta que estalle una crisis fuera de control. Una vez que las hostilidades y el odio se hayan extendido por todo el país y se estén cometiendo crímenes impunemente, es mucho más difícil, o incluso imposible, dominar la situación. Por consiguiente, en los conflictos internos, son de la mayor importancia las medidas oportunas para evitar los desastres humanitarios y, al parecer, son incluso más importantes que la aprobación de nuevas normas jurídicas sobre los conflictos armados internos.
 

Las Naciones Unidas y en particular su secretario general tienen la responsabilidad principal de prevenir los conflictos inminentes. Sería muy conveniente que se crearan servicios de las Naciones Unidas encargados de mantener una vigilancia sobre las situaciones conflictivas emergentes y de analizar las posibilidades de tomar medidas preventivas, y que se suministraran a dichos servicios los medios necesarios para ello. Su labor podría ayudar a anticipar mucho sufrimiento humano y a evitar los problemas ocasionados por las intervenciones emprendidas en momentos en que ya el desastre humanitario ha alcanzado su cúspide. Sin embargo, no parece que las Naciones Unidas estén actualmente en capacidad de intensificar sus actividades de diplomacia preventiva. Mientras no se suministre a la ONU los medios necesarios, compete a l as organizaciones regionales y a los Estados individuales asumir la labor de prevenir las crisis humanitarias y las violaciones del derecho humanitario resultantes de tales crisis.
 

De aquí se desprende que la responsabilidad por las violaciones en gran escala de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario en los conflictos armados internos debe atribuirse, hasta cierto punto, a los Estados que, pese a tener los medios para tomar medidas de prevención adecuadas se muestran reacios a hacerlo.
 

Tras haber llamado así la atención sobre las graves violaciones del derecho internacional humanitario, quizás sea apropiado poner de relieve que los Convenios de Ginebra no son en modo alguno ineficaces. Aunque a menudo son violados, han demostrado tener un efecto saludable. Han garantizado la protección de un gran número de prisioneros de guerra y de detenidos y han hecho posible grandes operaciones de socorro en favor de las víctimas de la guerra. Sus efectos positivos han sido puestos de manifiesto por la consulta “Testimonios sobre la guerra”, recientemente llevada a cabo por el CICR, en la que se preguntó a gente de todo el mundo sobre su experiencia en la guerra [32 ] .
 

  Conclusiones y perspectivas  

 
Entonces, ¿cuáles son las perspectivas para el derecho internacional humanitario? Un mundo globalizado e íntimamente interdependiente no puede existir sin valores comunes compartidos por todos. Los principios de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario reconocidos universalmente forman parte de esos valores comunes. La Corte Internacional de Justicia ha afirmado acertadamente que las normas de derecho internacional humanitario constituyen principios intransgredibles de derecho internacional consuetudinario. Mediante esa declaración ha confirmado que esas normas pertenecen a los principios fundamentales in dispensables de la comunidad internacional en su conjunto. El acatamiento de ellos es esencial para las relaciones pacíficas entre los Estados de la aldea global de hoy. No es posible ninguna coexistencia pacífica entre Estados que respeten estos principios y Estados cuyo objetivo sea la aniquilación de ciertos pueblos o grupos de personas. El comportamiento de tales Estados afecta inevitablemente a los otros Estados y da lugar a que éstos tomen medidas de respuesta.
 

Con todo, la cuestión sigue siendo que los derechos humanos y el derecho internacional humanitario distan mucho de ser reconocidos universalmente como principios de la comunidad internacional que no admiten excepciones. Los desastres humanitarios de los últimos años y las violaciones graves de los principios humanitarios son prueba de esto. Existe una obvia tensión entre lo que los juristas internacionales, los órganos judiciales y la mayoría de los Gobiernos consideran principios indispensables para la cohesión de la comunidad internacional, por una parte, y el comportamiento de amplios sectores de la población mundial, por otra. Hay corrientes fuertes, entre ellas el nacionalismo, el particularismo y varias formas de fundamentalismo que obran en contra de la aceptación de los valores humanitarios universales [33 ] . Se necesitará mucho tiempo y una determinación inquebrantable para superar estas fuerzas adversas y ganar el debido reconocimiento para los principios fundamentales de derechos humanos y de derecho internacional humanitario en todas las partes del mundo. Las medidas que se están tomando para lograr este objetivo son sumamente importantes y deben mantenerse con perseverancia. Entre ellas figuran la difusión del conocimiento del derecho internacional humanitario, la adopción de nuevas leyes que permitan a los Estados cumplir con sus obligaciones internacionales, el enjuiciamiento de los crímenes de guerra por parte de todos los Estados y la creación de la Corte Penal Internacional [34 ] .
 

No obstante, no puede esperarse que estas medidas tengan un efecto rápido y profundo en el comportamiento actual de poblaciones enteras. Por otra parte, en los conflictos internos, que siempre han estado caracterizados por un alto grado de crueldad y por una intensa enemistad, seguirá siendo difícil garantizar el respeto de las normas internacionales de humanidad. Por consiguiente, la tarea de mejorar el respeto del derecho internacional humanitario nos acompañará hasta que puedan prevenirse los conflictos armados mismos.
 
 
El profesor Dietrich Schindler enseñó derecho internacional y constitucional en la Universidad de Zurich. Es miembro honorario del Comité Internacional de la Cruz Roja y ex presidente de su Comisión Jurídica. Este texto se presentó en la XXIV Mesa Redonda sobre problemas actuales del derecho internacional humanitario como informe de introducción sobre el tema " Cincuentenario de los Convenios de Ginebra " , en el Instituto Internacional de Derecho Humanitario (San Remo, septiembre de 1999).

 
 
  Notas de pie de página  

 
  "Muchas de las citas y referencias de los artículos de la Revista tienen una traducción oficial al español de la que no disponemos aún; hemos optado por traducirlas para beneficio del lector hispanohablante. Esperamos que para el momento en que publiquemos la versión papel de la Revista ya podamos incluir las traducciones oficiales. En la versión de la Web, para la paginación de dichas referencias, cuando no disponemos de la traducción oficial mantenemos la numeración de la versión en el idioma original, la cual, obviamente, no corresponderá a la del español." [Nota del traductor]  

 
1. Los cuatro Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 para la protección de las víctimas de la guerra han sido ratificados por 188 Estados, la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989 por 191 Estados. En comparación, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 tiene 142 ratificaciones y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos 144. El Protocolo I adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados, del 8 de junio de 1977, ha sido ratificado por 154 Estados, y el Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados sin carácter internacional por 147 Estados.

2. Los Convenios de Ginebra se aprobaron el 12 de agosto de 1949 y la Declaración Universal de los Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1948.

3. Artículo 7 del I, II y III Convenio; artículo 8 del IV Convenio.

4. El Informe Anual del CICR para 1953 fue el primer documento en el que se utilizó el término “derecho internacional humanitario”.

5.  Proyecto de reglas para limitar los riesgos que corre la población civil en tiempo de guerra , 2a edición, CICR, 1958. Reimpreso en D. Schindler/J.Toman (dirs.), The Laws of Armed Conflicts , 3d ed., Martinus Nijhoff Publishers/Instituto Henry Dunant, Dordrecht/Ginebra, 1958, no 28, p. 251 (la 4a edición aparecerá en el 2000).

6. Conferencia Internacional sobre el Respeto de los Derechos Humanos (Teherán), resolución XXIII del 12 de mayo de 1968, reimpresa en Schindler/Toman, op. cit . (nota 5), no 30, p. 261.

7. Resolución 2444 (XXIII) de la Asamblea de las Naciones Unidas del 19 de diciembre de 1968, reimpresa en Schindler/Toman, op. cit . ( nota 5), no 31, p. 263.

8. Frits Kalshoven, Constraints on the Waging of War , CICR, Ginebra, 1987, pp. 22-23.

9. Aprobada por la resolución 31/72 de las Naciones Unidas del 10 de diciembre de 1976, reimpresa en Schindler/Toman, op. cit . (nota 5), no 18, p. 163.

10.  Aprobada el 10 de octubre de 1980, reimpresa en Schindler/Toman, op. cit . (nota 5), no 20, p. 179.

11. V. en particular, la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU 794 (1992) sobre Somalia, la resolución 929 (1994) sobre Ruanda, así como la resolución 770 (1992) sobre Bosnia y Herzegovina. V. también la resolución 1244 (1999) sobre Kosovo. En sus resoluciones sobre la creación de los Tribunales Penales Internacionales para ex Yugoslavia y para Ruanda, el Consejo de Seguridad determinó asimismo que “las violaciones generalizadas del derecho internacional humanitario (...) constituyen una violación de la paz y la seguridad internacionales” (resolución 808 (1993) y 827 (1993) sobre Yugoslavia, y resolución 955 (1994) sobre Ruanda).

12. Tal es la redacción del párrafo 12 del preámbulo a la resolución del Instituto de Derecho Internacional sobre “La aplicación del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos fundamentales en los conflictos armados en que son partes entidades no estatales”, aprobada el 25 de agosto de 1999, que será publicada en el Annuaire de l’Institut de Droit International , vol. 68-II. Bothe afirmaba acertadamente que la acción del Consejo de Seguridad en tales casos se basa en la asunción de que el respeto del derecho internacional humanitario es un prerrequisito para la restauración de una paz justa: Michael Bothe, “The United Nations actions for the respect of international humanitarian la w and the coordination of related international operations”, en L. Condorelli, A.-M. La Rosa, S. Scherrrer (dirs.), The United Nations and International Humanitarian Law , Ginebra, 1995, p. 226; de manera semejante, Luigi Condorelli, ibíd ., p. 462.

13. Resolución del Consejo de Seguridad 827 (1993) por la que se crea el Tribunal Internacional para el castigo de los crímenes internacionales perpetrados en la antigua Yugoslavia desde 1991, y la resolución 955 (1994) por la que se crea el Tribunal Penal Internacional para el enjuiciamiento de los presuntos responsables de genocidio y otras violaciones graves del derecho internacional humanitario cometidas en el territorio de Ruanda y de ciudadanos de Ruanda responsables de genocidio y otras violaciones de esa naturaleza cometidas en el territorio de Estados vecinos entre el 1 de enero de 1994 y el 31 de diciembre de 1994.

14. Reproducida en Yearbook 1995 of the Tribunal, pp. 54 y ss., especialmente, párrs. 96-137. V. también Theodor Meron, “International criminalization of internal atrocities”, American Journal of International Law , vol. 89, 1955, pp. 554-577; Meron, “The continuing role of custom in the formation of international humanitarian law”, AJIL , vol. 90, 1996, pp. 238-249; Philippe Bretton, Actualité du droit international humanitaire dans les conflits armés”, Mélanges offerts à Hubert Thierry , París, 1998, pp. 57 y ss., 60-64; Christopher Greenwood, “The development of international humanitarian law by the International Criminal Tribunal for the Former Yugoslavia”, Max Planck Yearbook of United Nations , vol. 2, 1998, pp. 97 y ss., especialmente pp. 128-133; Christopher Greenwood, International Humanitarian Law (Law of War) , Revised Report for the Centennial Conmmemoration of the First Hague Peace Conference 1899, mayo 1999, pp. 62-76; Marie-José Domestici-Met, “Cents ans après La Haye, cinquante ans après Genève: le droit international humanitaire au temps de la guerre civile” RICR , no 834, junio de 1999, pp. 277 y ss. especialmente pp. 288-291 (“Cien años después de La Haya, cincuenta años después de Ginebra: el derecho internacional humanitario en tiempos de la guerra civil”, ).

15. Resolución 2444 (XXIII), loc. cit . (nota 7).

16. Resolución 2675 (XXV) de Asamblea General de las Naciones Unidas: “Principios básicos para la protección de las poblaciones civiles en los conflictos armados”, aprobada el 9 de diciembre de 1970.

17. V. p. ej., resolución 771 (1992) del Consejo de Seguridad, párrs. 1-3 sobre Bosnia y Herzegovina; resolución 794 (1992), párr. 4 y resolución 814 B (1993), párr. 13, sobre Somalia. Hay que mencionar, no obstante, que el Consejo de Seguridad tiene un concepto amplio del derecho internacional humanitario: los Estatutos de los dos Tribunales Penales Internacionales incluyen el genocidio y los crímenes contra la humanidad en el ámbito del derecho internacional humanitario.

18. Tal es el caso de los dos nuevos Protocolos a la Convención de 1980 sobre armas: el Protocolo sobre Prohibiciones o Restricciones del Empleo de Minas, Armas trampa y Otros Artefactos, según quedó enmendado el 3 de mayo de 1996 (Protocolo II) y el Protocolo sobre Armas Láser Cegadoras (Protocolo IV), aprobado el 13 de octubre de 1995; lo mismo ocurre con la Convención sobre la prohibición del empleo, el almacenamiento, la producción y la transferencia de las minas terrestres antipersonal y sobre su destrucción, del 18 de septiembre de 1997. Esta última debe observarse incluso en ausencia de cualquier conflicto armado.

19. Así, por ejemplo, el derecho relativo a los prisioneros de guerra y a los territorios ocupados no podrían, como tales, aplicarse a los conflictos armados internos. En el mismo sentido, la decisión Tadic de 1995 del Tribunal Internacional, loc. cit. (nota 14), párr. 126.

20.  Ibíd ., párrs. 96-137.

21. Informes de la CIJ, 1996, pp. 256-259, párrs. 75-84.

22. V. Adama Dieng, “La mise en oeuvre du droit international humanitaire: Les infractions et les sanctions”, en Law in Humanitarian Crises , Comisión Europea, Luxemburgo, 1995, vol. I, pp. 311 y ss., especialmente, pp. 350-358.

23.  Loc. cit . (nota 21), p. 257, párr. 79. En el párr. 83, la Corte afirma que en el caso examinado no había necesidad de que la Corte se pronunciara sobre la cuestión de si esos principios eran parte del jus cogens .

24. V. nota 18.

25.  Ibíd .

26. UNESCO Doc. HC/1997/7 y ILM 38/4 (Julio de 1999), p. 769.

27. Naciones Unidas, ST/SGB/1999/13 de 6 de agosto de 1999. V. también infra , p. 795 (paginación de la versión francesa de la RICR, N. del T.).

28.  RICR , no 101, septiembre-octubre de 1990, p. 411.

29.  RICR , no 105, mayo-junio de 1991, p. 353.

30. Grotius Publications, Cambridge University Press, 1995.

31. V. Stefan Oeter, “Civil war, humanitarian law and the United Nati ons”, Max Planck Yearbook of United Nations Law , vol. 1, 1997, pp. 195 y ss., especialmente pp. 214-215.

32. V. Gilbert Holleufer, “Peut-on célébrer le 50e anniversaire des Conventions de Genève?”, IRRC , No 833, March 1999, p. 135. (“¿Es legítimo celebrar el cincuentenario de los Convenios de Ginebra?”.). Los resultados de la consulta no han sido aún publicados al momento de la redacción de este informe.

33. Forsythe señala el choque entre el globalismo y el “particularismo romántico (y peligroso)”: v. David Forsythe, “1949 and 1999: Making the Geneva Conventions relevant after the Cold War”, IRRC , No 834, June 1999, pp. 267-268. Roberts y, de manera similar, Dieng, se refieren a los temores en los Estados postcoloniales de que el aumento de la atención diplomática prestada a las normas humanitarias internacionales podría dar lugar a intervenciones y a nuevas formas de colonialismo: Adam Roberts, “The laws of war: Problems of implementation in contemporary conflicts”, en Law in Humanitarian Crises , Comisión Europea, Luxemburgo, 1995, pp. 79-80, y Adama Dieng, op. cit . (nota 22), p. 363.

34. Estas y otras medidas fueron recomendadas en la Declaración Final de la Conferencia Internacional para la Protección de las Víctimas de la Guerra, de 1993, y en la resolución 1 de la XXVI Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, de 1995. V. RICR , no 133, enero-febrero de 1996, pp. 38 y 57, respectivamente.




Secciones relacionadas

Páginas relacionadas